Pocas veces Víctor llegaba temprano a clases. Ese día sería una de aquellas ocasiones. Sabía que Dante solía llegar temprano. Esperaba encontrarse con él en el corredor para cortejarlo un rato cuando una fémina de cabello rubio y cuerpo voluptuoso le llamó.
- ¿sí? -preguntó él. Acortando la distancia entre ellos. Víctor estaba seguro de haberse acostado con ella\, pero no recordaba su nombre.
- ¿quieres salir hoy a la noche? -Víctor le sonrió. Estaba a punto de darle una respuesta\, cuando escuchó una voz detrás de ellos.
- ¿por qué no se van a un hotel? -Víctor sintió que la sangre descendía a sus talones. Al girarse vio una sonrisa en los labios de Dante\, quien se había detenido en el pasillo al verlos. Aunque tenía ese gesto en la cara\, Víctor sabía que sus ojos no lo hacían\, incluso le pareció ver decepción en ellos. Por un momento también pensó que Dante lo iba a patear porque este se inclinó hacia atrás y apoyó su peso en uno de sus pies. Pero no lo hizo. Quizás se contenía para hacerle pasar un infierno después.
Nunca había temido tanto por su seguridad como la última vez que tuvieron un partido de fútbol entre los alumnos de la misma clase. Dante no le dio tregua alguna luego de que le hizo una broma y se empeñó en marcarle pese a que había más jugadores en la cancha. Sobra decir, que su manera de jugar estuvo lejos de ser amistosa. Tanto así, que sus compañeros tuvieron que intervenir.
La novatada había consistido en difundir rumores falsos sobre la supuesta escasa estabilidad mental de Dante y decir que esa había sido la razón de su enfrentamiento con el tipo que terminó lamiéndose las heridas. Víctor puso de manifiesto su capacidad para manipular e influir a las personas. Solo tuvo que elegir a los sujetos correctos para que estos se encargaran de expandir el rumor. Aquello hizo que muy pocos quisieran simpatizar con Dante. Sin embargo, no contó con que alguien diría la verdad sobre que había sido el que empezó el chisme. Después de eso, Dante se vengó. Si lo pensaba bien, se lo tenía merecido. Había ido demasiado lejos. Desde entonces había aprendido a poner una raya a sus mofas.
Dante pasó por un lado suyo en dirección al salón de clases. Ahora menos dejaría que se le acercase.
...
Como era de esperarse en los siguientes días, Dante se hizo el difícil cada vez que intentaba entablar una conversación con él. Cuando se aproximaba a su posición, Dante se alejaba cuanto podía y componía una mueca hosca cada vez que le tocaba. Además, se empecinó en llamarlo por el apodo de ´´Vicky´´. El apelativo le generaba malos recuerdos, pues era la manera en que lo llamaba su madre y esta era una arpía. En otras palabras, odiaba el diminutivo y Dante estaba disfrutando hacer uso de él.
- ¿por qué no te vas con esa amiga tuya del otro día? -repuso Dante después de media hora de seguir sus pasos por el instituto. Víctor habría querido regodearse diciendo que parecía una novia celosa\, pero no le convenía incitar su ira- ¿te acostaste con ella no? -su amigo lo miró entornando los ojos. Estuvo a punto de responder que no\, pero pensó que mentir empeoraría las cosas. Dante era la clase de personas que recordaba los pequeños detalles. En eso se parecía a una mujer.
-no después de preguntarte si querías hacerlo conmigo. -Por la expresión de su cara, Víctor intuyó que no se esperaba esa contestación. Sonrió por dentro. A partir de ese momento solo era cuestión de medir sus palabras -mira, lo siento. Te invito a comer algo y hacemos las paces, ¿qué dices?
-no- expresó Dante rotundo. Víctor sintió que se contraía un nervio en su mejilla. A veces le impacientaba la actitud de su compañero.
-vamos, te compro un helado al salir. ¿Quieres? -Intentó sonar lo más amable que podía- Sabes, ha estado haciendo mucho calor últimamente -Dante pareció meditar su propuesta.
-está bien – “que fácil”. Solo tenía que haber algo dulce de por medio y Dante aceptaría sin pensárselo demasiado. O tal vez fuera su persistencia. Al parecer Dante era de los que se ablandaban con el tiempo, podía usar eso a su favor.
A la salida, en el camino de regreso a casa se detuvieron en una heladería y Víctor compró dos paletas. Como gesto de disculpa le habían salido baratos. No era como si no pudiera dispensar algo más caro. Además, no había nada perverso en comer helados en una tarde calurosa, pero la intención de Víctor siempre fue ver cómo Dante se lo metía en la boca. Sin embargo, este último pareció sospechar sus intenciones porque giró la cabeza después de que sus miradas se encontraran y dijo:
-lo comeré cuando llegue- “estará derretido para entonces” reflexionó Víctor. Probó un bocado del suyo. Le pareció ver un leve sonrojo en las mejillas ajenas o tal vez solo era el bochorno. El sol era tan intenso que sentía su piel ardiendo y el sudor resbalando por su espalda. Había sido buena idea lo de comprar helados. El frío contrarrestaba el calor de su cuerpo.
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Luna_Jago
❤️💜💜❤️
2024-07-20
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