Paul Bonnet se sentía incómodo. En su nueva vida no cabía la viuda de Bellamy. Sin embargo, sabía que tendría que ser cauteloso. No quería perder todo lo que había construido año a año. Hace seis años vio a Junie por primera vez, en la casa de uno de sus clientes un viejo banquero. Junie era la institutriz de la nieta de su cliente. Frecuentemente Paul lo visitaba. En la casa solo vivían la pareja de ancianos, la niña, Junie y algunos sirvientes. Fue imposible para él no admirar a Junie, que era muy vivaz y amable. Además de todo era bonita. Tenía una cabellera tan larga y negra que Paul se quedaba boquiabierto al verla. Su conversación le era grata y ella parecía sentir agrado hacia él. Entre tazas de té y largas conversaciones Paul fue cayendo en algo desconocido hasta entonces para él. Quería ser otro hombre. Quería verse mejor. Quería tener más dinero y mucho para ofrecer. Pero para ser más precisos quería convertirse en el salvador de Junie. Ella era huérfana y pobre. Más allá del cobijo que recibía en la casa del banquero ella no tenía a nadie más en el mundo. Paul no se atrevía a dar un paso más arriesgado. Esperaba una oportunidad.
Y la oportunidad llegó en forma de desgracia. La peste cayó sobre la casa del banquero de forma despiadada y se cobró la vida de su anciana esposa y su pequeña nieta. La casa se convirtió en un lugar desolado y sombrío. Paul estuvo presente como una compañía perenne y útil, ofreció su hombro para brindar consuelo al anciano banquero y a Junie que dadas las circunstancias se había convertido en la única familia del pobre anciano. Luego del fallecimiento de su esposa y nieta, el anciano enfermó y tuvo una larga convalecencia. Junie lo cuidó en todo momento. Antes de morir el anciano decidió que Junie debía heredar la casa y Paul se encargó de todo los trámites. Junie desconocía dicha circunstancia y con sinceridad cuidaba a su benefactor. Cuando el anciano falleció no había dejado una gran fortuna, mucho había perdido en negocios infructuosos pero la casa era muy grande aunque algo anticuada y señorial. Estaba cerca del mar y Paul se imaginó todo tipo de fantasías románticas con la heredera de la mansión. Junie había preparado sus maletas, estaba lista para partir en busca de un nuevo empleo cuando Paul le notificó que ella era la nueva dueña de la casa. Tuvo que explicárselo varias veces para que ella pudiera creerle.
Paul le ofreció ayuda. Despidieron a todos los sirvientes a excepción de una sirvienta que acompañaría a Junie. Ella no tenía dinero y Paul le proporcionaba dinero, era su dinero pero le mentía diciendo que era parte de la herencia. Junie quiso trabajar pero Paul se opuso radicalemente.Ahora ella tenía otra posición en la vida. Era la dueña de una gran casa y solo necesitaba a un amigo leal e incondicional como él a su lado. Él la guiaría y la salvaría de la tristeza pues ella no había olvidado a sus benefactores y a su pequeña alumna. Por eso la había invitado a la playa. Le había costado tanto que ella aceptara la invitación...Quería hacerla reír y lo logró...pero Blanche había llegado para interrumpir su estadía en el paraíso.
Ahora estaba junto a ella en la habitación de la posada. Ella se había abalanzado sobre él y lo besaba con desesperación. Paul no sentía nada con sus besos. El cuerpo de Blanche no le atraía. En realidad hace mucho que no le resultaba atractiva. Él había tomado lo que ella le entregó con facilidad pero él nunca habría elegido como esposa a una mujer como Blanche. Él tenía derecho a elegir y quería elegir a Junie. Cuando Blanche hablaba sobre sus sueños acerca del matrimonio él siempre rechazaba el tema. Quería alejarse de ella y de su insustancial conversación, de su cuerpo pesado que carecía de toda gracia...En cambio Junie...ella estaba llena de gracia y belleza. Era la esposa que quería tener así tuviese que sacar dinero debajo de las piedras.
Sabía que podía sacar algo más a Blanche. A pesar de los años aún no había podido vender la mina de Gastón. Tal vez con ese dinero Paul podría hacerle una propuesta matrimonial a Junie. Así que todavía no podía deshacerse de Blanche. Así que de mala gana estuvo con ella. Luego del encuentro íntimo Paul fue directo al grano y le indicó los pasos a seguir para la venta de la mina. Blanche todavía estaba desnuda en la cama mientras él ya estaba de pie y completamente vestido.
-Con ese dinero tengo que pagar la boda de Adelaide-dijo Blanche.
-¿Está comprometida?-preguntó Paul con curiosidad.
-Pronto lo estará.Es cuestión de semanas, tal vez de días. Es un caballero muy distinguido pero no cuenta con gran fortuna. Debo asegurar la felicidad de mi hija así que ese dinero quiero entregarselo a ellos una vez estén casados-dijo Blanche rizando con un dedo uno de sus cabellos.
-Es el músico miserable ¿Verdad?-dijo Paul con sarcasmo.
-No le digas así. Es un virtuoso de la música. Ama a mi hija y ella también lo ama-dijo Blanche rizando con más fuerza su cabello.
A Paul le causó gracia. Blanche quería mantener al futuro esposo de su hija con el dinero de la mina pero él lo usaría para alcanzar lo que anhelaba: casarse con Junie. No sentía compasión alguna hacia Blanche. Seguramente el músico era un vividor y haría lo posible para quitarles hasta el último centavo. De la risa pasó de nuevo a la incomodidad. Él sudaba a chorros y la visión del cuerpo desnudo y fofo de Adelaide lo hizo sentir náuseas. Por un momento quiso lanzar sobre ella una sabana para no ver más esa imagen grotesca. Sin embargo, solo se limitó a decir que tenía que irse pronto por asuntos de trabajo. Él le escribiría y pronto se reunirían para tratar los asuntos de la mina.
-Creo que lo mejor es que partas mañana mismo, Blanche-dijo el abogado Bonnet.
-No. Quiero conocer a esa joven de la playa.Organiza una cena para mañana-dijo Blanche con firmeza.
Paul sabía que Blanche podría ponerse muy escandalosa si no hacía lo que le pedía. Así que aceptó. Luego salió a toda prisa a la mansión de Junie donde desde hace un tiempo se hospedaba. Mientras hacía el amor con Blanche solo pensaba en Junie, necesitaba volver a verla con urgencia.
Blanche se quedó sola en la habitación de la posada. Sabía que algo no andaba bien pero al menos había logrado que Paul y ella intimaran. Se imaginó que luego de varios encuentros íntimos todo volvería a ser como antes...pero primero le haría saber a la señorita Junie quien era la mujer de Paul Bonnet.
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Comments
Clodin Sldb
forro! lo único q supo hacer fue robar! no lo quiero! !a Adaline la quise porq entendí toda su vida pero a este infeliz q tenía una profesión con la cual ganar su propio dinero no lo soporto! y para colmo tendré q leer como le va bien en la vida😮💨 lo odio😒
2025-03-28
0
Caridad Gallardo
son un par de alacranes igual que el musicucho
2024-09-16
3
esterlaveglia
qué se jodan entre ambos que bien merecido lo tienen 😡🤬💪
2024-08-01
1