Todo el cuerpo de Claire temblaba luego de haber sentido en su mano el suave contacto de los labios de Stefano. Era una experiencia totalmente nueva para ella y no sabía muy bien como actuar. Stefano percibió enseguida el nerviosismo de Claire y esto lo complació mucho.
Finalmente, una sirvienta salió a recibirlos y los condujo hasta el salón. Durante el breve recorrido Stefano no dejaba de ver a Claire con intensidad. Claire estaba doblemente nerviosa por tener que encontrarse después de tanto tiempo con su madre y su hermana y también por las miradas insistentes de Stefano.
En el salón estaban sentadas Blance y Adelaide, vestidas con un lujo que rozaba lo rídiculo. Blanche había perdido algo de su antigua belleza. El paso del tiempo la había engordado más de la cuenta y su afán por vestirse como lo hacía cuando era una señorita la hacía lucir un poco grotesca. Algunas arrugas en su frente y a los lados de su boca delataban que Blanche no había tenido una vida muy tranquila. Bajo las capas de maquillaje y joyas había algo amargo en la expresión de Blanche. En cuanto Adelaide era una joven muy voluptuosa y de facciones agraciadas. Aunque su belleza se veía opacada por los excesos en su vestir y arreglo personal y también por su forma tan artificial de sonreír y coquetear.
-Usted debe ser Stefano, el brillante profesor de música que me recomendaron. Todo lo mejor para mi hermosa Adelaide ¿No crees usted que es una preciosura?-dijo Blanche dirigiéndose hacia Stefano y señalando a Adelaide ignorando por completo la presencia de Claire.
-Sí, mi buena señora.Soy Stefano Canio, para servirle a usted y a su bella hija-dijo Stefano mirando fijamente a Adelaide para luego besar la mano de Blanche y luego la de Adelaide.
-Sea usted bienvenido en mi casa. Si no tiene hospedaje puede quedarse en esta casa. Aquí será muy bien atendido- dijo Blanche con algo de coquetería.
-Se lo agradezco mucho y no dudo de que me brindaran la más cálida acogida- dijo Stefano mirando el pronunciado escote de Adelaide- Acabo de llegar de Italia y me siento algo fatigado.Me encontré en la entrada con su otra hija, Claire ¿también ella será mi alumna?-dijo Stefano sonriendo y mirando a Claire.
-No-dijo Blanche cortante- Las clases son exclusivamente para Adelaide. Retírate a tu habitación, Claire-dijo casi sin mirar a su hija recién llegada.
Adelaide miró a Claire por encima del hombro y luego volvió a dedicar toda su atención a Stefano. Claire levantó su pequeña maleta mientras Stefano la miraba. Rápidamente, percibió que Claire no era bien recibida ni por su madre ni por su hermana. La situación le parecía muy interesante.
-Señorita Claire, permítame llevar su equipaje-dijo Stefano tratando de quitarle la maleta de la mano.
A Claire le sorprendió que Stefano se tomara tantas atenciones con ella. Era un caballero, un músico virtuoso y no debería cargar maletas. Pese a que a Claire le agradó de sobremanera el gesto de Stefano sabía que no debía aceptar su ofrecimiento. La mirada de su madre estaba clavada en ella de forma amenazante. Claire negó con la cabeza y agarró con fuerza la maleta.
-Querido Stefano, usted es nuestro invitado de honor. Así que jamás permitiré que se rebaje efectuando tales tareas... Tenemos sirvientes en esta casa-dijo Blanche.
De mala gana Blanche llamó a un sirviente que levantó la maleta de Claire. Ella comenzó a caminar hacia su antigua habitación.
-Señorita Claire, espero verla pronto-dijo Stefano ante la mirada estupefacta de Blanche y Adelaide.
Claire solo ofreció una media sonrisa y no dijo nada. Los ojos de Blanche ardían de rabia y Claire apuró el paso.
Cuando llegó a su antigua habitación de niña los recuerdos se agolparon en su cabeza. Recordó los buenos momentos con su padre pero también recordó los malos momentos y las humillaciones constantes a las que la sometía su madre. Por lo poco que había visto su madre no había dejado de detestarla y su hermana hacía todo por demostrarle lo insignificante que era. Claire estaba llena de sentimientos encontrados. El encuentro con su madre y su hermana fue desagradable tal como lo había imaginado pero, por otro lado, el encuentro con Stefano fue muy agradable. Él era muy guapo y fue demasiado atento con ella. Su presencia en la casa tal vez haría más agradable su estadía...
Por ahora Claire debía dejar de soñar. Su antiguo cuarto era ahora una especie de depósito lleno de telarañas. Su pequeña cama estaba llena de polvo. En esto vio Claire como su madre le demostraba de diversas maneras como la despreciaba. En tales condiciones la habitación era imposible de habitar. Así que se dirigió hacia la cocina para hablar con una sirvienta. En la cocina encontró a Berthe, una anciana que llevaba varios años trabajando en casa.
-Berthe, soy Claire ¿Me recuerdas?-preguntó Claire
La anciana la observó con detenimiento.
-Si te recuerdo. Esos ojos tuyos son difíciles de olvidar No debiste regresar niña-dijo Berthe pensativa.
-Mi abuela recibió una carta, el sacerdote Timothée desea hablar conmigo. Por eso estoy aquí-respondió Claire observando que la cocina no estaba tan esplendorosa como el salón.
-Sería mejor que estuvieses con tu abuela. Las cosas no están bien aquí. Muchos sirvientes se han ido. El dinero escasea y la señora está de muy mal humor siempre...-dijo Berthe como queriendo decir algo más.
- ¿Y el abogado?-preguntó Claire con miedo a escuchar la respuesta.
-El señor Bonnet es como el señor de la casa. Maneja por completo las finanzas y toma todas las decisiones importantes-dijo Berthe.
-Dices que es como "el señor de la casa" ¿eso significa que se casó con mi madre?- preguntó Claire
-Es más posible que yo me convierta en una hermosa hada del bosque que el señor Bonnet se case con tu madre. Pero mejor me callo ¿Has venido porque encontraste un desastre en tu habitación?- preguntó Berthe.
-Sí, no creo que pueda dormir allí-dijo Claire.
-Tu madre ordenó que nadie debía ayudarte a limpiar esa habitación. El que lo haga será despedido. Así son las cosas, niña. Los implementos de limpieza están allí y los objetos los debes trasladar al sótano. Me gustaría ayudarte pero soy una pobre vieja y no tengo adonde ir por ahora-dijo Berthe avergonzada.
-No te preocupes, Berthe. Sé que si me ayudas mi madre te echará. La conozco. Yo me encargaré de limpiar todo-dijo Claire tomando los implementos de limpieza para luego salir de la cocina.
Estaba acostumbrada al trabajo duro, así que no le asustaba limpiar y ordenar. Aunque su cuerpo era muy frágil para levantar algunos objetos pesados. Así que los arrastró como pudo y los puso frente a su habitación. A la hora de la cena Claire fue llamada a la cocina.Su madre no quería su presencia en la mesa. A lo lejos Claire oyó las risas de Adelaide y Stefano. Escuchó el sonido del piano y se imaginó a Stefano tocándolo con sus finas manos. La velada se extendió.Mientras tanto Claire seguía trasladando los objetos que podía llevar al sótano. Así estuvo hasta la una de la madrugada.
Mientras intentaba arrastrar un objeto pesado alguien posó una mano sobre su hombro. Claire se sobresaltó y al darse la media vuelta vio a Stefano en ropa de dormir.
-Parece que necesitas de mis servicios, querida Claire-dijo Stefano de manera seductora.
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Comments
Gleni Santos
pero q falta de respeto en ropa de cama en casa ajena por los pasillos??
2024-10-01
0
esterlaveglia
y dónde merde está el cura que envió la carta 😳🤷♀️😨
2024-08-01
2
deldel
Para que regresaste Claire, si siempre supiste que tu madre y hermana no te quieren ?
Que tooonta ?
2023-09-05
5