Blanche viajaba sola en el carruaje. La desesperación estaba devorando su última porción de calma. Quería actuar con cabeza fría, no podía dejarse llevar por chismes de mujeres inferiores e insignificantes. Ellas seguramente envidiaban su posición, su belleza y su relación con Paul Bonnet, el mejor abogado de la ciudad.
Blanche se animaba a sí misma. Sin embargo, la duda como una serpiente entraba en su mente
¿Paul estaba engañandola? ¿Tenía una amante? ¿Cómo sería esa mujer? Todas estas interrogantes poblaban su mente de forma descontrolada. No. No podía ser verdad. Paul la amaba. Cuando era el abogado de Gastón poco a poco comenzó a ser cada vez más galante con ella. Y ella aparecía de vez en cuando por su despacho en el centro de la ciudad con pretextos sobre los asuntos de su esposo...Duraba horas para arreglarse, frente al espejo practicaba la pose más favorecedora posible y sí bajaba cada vez más su escote para que sus generosos senos quedaran a la vista de los hambrientos ojos de Paul.
A decir verdad aunque Paul fue galante. Ella fue la que se arrojó a sus brazos y él aceptó de buena gana lo que se le ofrecía. No era tan exitoso con las mujeres como él hubiese querido y no estaba en la posición de desperdiciar las oportunidades que la vida le regalaba. La primera vez lo hicieron en su despacho sobre el escritorio fue un encuentro violento, rápido y sudoroso. Él mismo no se creía la facilidad con la que Blanche se había entregado a él. Ella misma planificaba sus encuentros en el despacho o en el mismísimo estudio de Gastón Bellamy.
Blanche hablaba de sueños románticos y boda. Y Paul le seguía el juego sin hacerle mucho caso. Estaba también aprovechándose de la confianza de Gastón que le encomendaba sus finanzas y gestiones legales. Poco a poco sustraía algo de la modesta fortuna de Gastón. Cuando él se marchó a las minas, Blanche pensó que podría vivir con mayor intensidad su historia de amor con Paul y así fue por unos días...Luego de la muerte de Gastón todo cambió.
Paul no la visitaba con tanta frecuencia. Él alegaba que ella debía guardar las apariencias.Era una viuda y tenía que estar de luto por un tiempo prudencial. Eso decía él. Pero habían transcurrido nueve años de eso. Durante ese tiempo los encuentros con Paul se volvieron esporádicos y rudos. Lo que más entusiasmaba a Paul era hablar de las finanzas de la viuda de Bellamy. Todo lo que tenía que ver con el dinero animaba al ambicioso abogado. Por eso Blanche fue entregándole cada día más el control de sus finanzas al punto que tenía que pedirle a él (casi rogarle) para poder hacer uso de su propio patrimonio.
Cuando finalmente llegó a su destino apenas comenzaba la odisea de Blanche. Tenía que encontrar a Paul Bonnet. Lo buscaría en cada hotel y en cada posada. No sería fácil pero tenía que encontrarlo.
Mientras tanto, Stefano se encontraba en la habitación de Adelaide. Desde que Blanche había puesto un pie en el carruaje Stefano no había desperdiciado ni un segundo. Con palabras en italiano susurradas al oído había conseguido desnudar a Adelaide. Él acarició todo el cuerpo de Adelaide sin sutilezas. Ella pensaba que al entregar su cuerpo de esa forma él jamás podría olvidarla. Estaba muy confiada de su belleza. Esa noche Stefano pudo hacerla suya, pero solo la manoseó durante un largo rato.
-Esto no está bien,mi adorada Adelaide. Creo que lo mejor es que salga ahora de tu habitación y tal vez deba salir para siempre de esta casa también-dijo Stefano de forma dramática y separándose abruptamente del cuerpo de Adelaide.
Ella estaba desnuda frente a él temblando de rabia. No podía creer que él después de tenerla en sus brazos ahora quisiera dejarla.
-Pero Stefano...-dijo Adelaide, pero fue interrumpida por el joven.
-No digas nada. Debo irme ahora-dijo él para luego salir de la habitación.
Adelaide estuvo a punto de correr desnuda tras él. Esa noche lloró de rabia. Estaba demasiado confundida y loca de pasión por él.
Stefano sabía muy bien lo que estaba haciendo. Él no solo quería poseer a Adelaide, quería enloquecerla. Y sabía que dejarla así la volvería loca por él. Ella ahora haría todo por tenerlo y sería muy divertido para él ver el proceso.
De la habitación de Adelaide pasó a tocar la puerta de la habitación de Claire. Con ella haría las cosas de otro modo.
Claire se sobresaltó al oír que tocaban su puerta porque faltaba poco para la medianoche. Sin embargo, pensó que tal vez podría ser Berthe que necesitara algo de ella así que se decidió a abrir la puerta.
-Buenas noches, querida Claire-dijo Stefano con el tono más dulce posible.
-Buenas noches-dijo Claire sin más. Ella sabía que lo mejor era no acercarse a Stefano.
-Disculpa que interrumpa tu descanso.La verdad es que me siento muy mal.Creo que ardo en fiebres y no quise molestar a la señorita Adelaide-dijo Stefano fingiendo sentirse mal.
-Si quiere llamo a Berthe, señor. O al mozo. Tal vez él pueda ir a buscar al médico-dijo Claire con cautela.
-No. Creo que tú me puedes ayudar Claire.Solo quiero que me guíes hasta mi habitación.Estoy un poco débil-dijo Stefano fingiendo estar al borde del desmayo y sujetándose del brazo de Claire.
A Claire no le quedó otra opción que llevarlo del brazo. El se quejaba de sus dolencias y se deshacía en agradecimientos hacia Claire. Al llegar a la puerta de la habitación de él Claire lo soltó y cuando estaba a punto de marcharse él la detuvo.
-¿Podrías llevarme hasta mi lecho?-preguntó Stefano.
-No creo que sea conveniente, señor.Si necesita ayuda puedo llamar al mozo-dijo Claire dando un paso hacia atrás.
-No visitarás el lecho de un hombre sino el de un enfermo. Tú eres la que está aquí ahora y puedes brindarme ese servicio. Dios te lo recompensará con creces-dijo Stefano en tono suplicante.
Finalmente,Claire accedió y cuando lo ayudó a sentarse en la cama. Él empezó a lamentarse.
-Oh Claire, me siento tan mal-dijo Stefano con voz lastimera.
-Creo que debo llamar al médico señor-dijo Claire asustándose por la reacción de Stefano.
-No. Ningún médico podrá sanarme, mi querida y adorada Claire.Mi mal no es físico. Es un mal del corazón. Estoy ardientemente enamorado de ti-dijo Stefano sujetando la mano de Claire para luego llevarla a su pecho, específicamente a su corazón.
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Comments
esterlaveglia
espero que Claire no sea tan estúpida como el infeliz del musicucho 🙄😵💫🤦♀️
2024-08-01
3
Bernardina Cruz H
Claire debes ser más inteligente
2023-03-07
5
Bernardina Cruz H
No debe de caer
2023-03-07
1