Parte 8

El viento se podía notar. El cielo estaba despejado. Las estrellas brillaban más que nunca.

—¿A dónde estamos yendo?—pregunta ella poniendo sus manos en su bolsillo.

—¿Conoces Darkness?—cuestiona él.—Normalmente a ésta hora sirven varios tipos de fondue. Podría ser divertido. Tiene dos pisos.

—He...he venido una vez. Lo conozco sí. No recuerdo igual que había pedido.—comenta ella recordando su primera vez allí. De la mano de David. Cuando sentía que él luchaba por su amor incluso en esos pequeños detalles.

—Escuché que preparan un buen tazón de chocolate. Podríamos ver si...

—Creo que ésta vez paso del chocolate—interrumpe ella.—Tal vez algo más liviano para mí.

Él sólo la mira unos segundos.

—¿Estás segura? Stefani hubiera hecho lo mismo, pero no es divertido venir en un lugar como éste sino.

—¿Sabes qué? Probemos ese chocolate.—termina diciendo ella. No quería ni ser la aburrida ni aguafiestas del momento. ¿Qué más importaba?

Entraron al local, y rápidamente los ubicaron en una mesa.

—Si te pregunto qué fue lo que te sucedió aquí, ¿me dirías?—continúa ella.

—Es que me he caído. Sólo eso.

—¿Estás seguro?—pregunta ella abra levantando una de sus cejas.

—¿Piensas que te estoy mintiendo?—continúa él.

—Pienso que me estás ocultando algo. Dime una cosa. ¿Eso fue lo que le dijste a Stefani? Imagino que sí. Entonces, ¿podrías decirme qué tienes allí? A mí. Que te estoy acompañando en ésta salida nocturna clandestina.—ríe y señala la parte del cuello de Masón que continuaba teniendo un moretón visiblemente oscuro.

—Todo lo que había buscado conseguir se esfumó. Así sin más.

—¿Y eso te provocó lo que tienes?

—No...es que no había terminado—ríe.

—Oh disculpa. Prosigue.—responde ella agarrando las bebidas que la moza traía.

—Empezaba a tener bajo rendimiento hace unos meses. Creía que podía ser alguna infección simplemente. Pero no. Nada de eso.

—¿Es algo peor, Mason?—reprende ella acercándose a él mientras apoyaba sus antebrazos en la mesa.

—Un hematoma. Probablemente me lo provoqué entrenando justamente. Por esa razón Brandon no me dejó continuar allí. Bueno, por éstos días. Porque no pienso dar marcha atrás con la pelea.

—¿Has ido a un médico?

—El me ha diagnosticado eso. Y me recetó pastillas que estoy intentando tomarlas.

—¿Intentando tomarlas?

—Es que con las proteínas que consumo, suelen marearme.

—¿Sabes qué hacía cuando me ocurría eso?—cuestiona ella sonriendo.—Lo mezclaba en la comida. A veces la cabeza tiende a actuar en base a lo que sabe. Es decir, si yo no recordaba que estaba tomándome pastillas probablemente ni siquiera me sentía mal. Sólo es una sugerencia.

—Lo intentaré.—ríe él.—¿Y...? ¿Cómo lo ves preparado a Aron?—cuestiona.

—No lo he visto en el gimnasio. Pero sé que ha estado yendo.

—Cuando pienso que es con él. Me digo qué tal vez me hubiera gustado pelear con otro.

—¿Por qué?

—¿Te enojarías por lo que pase en esa pelea?

—¿A qué te refieres?—pregunta ella dándole un sorbo a su bebida.

—No diré más nada. Dejaré que la suerte decida.

Isabelle sonríe.

Salieron a caminar por la vereda otra vez. Notaron los lugares con las luces encendidas. Casi ni había personas en la calle.

—¿Oyes esa canción? Lo escuchaba como loca hace unos años.—comentaba Isabelle notando uno de los bares más icónicos de allí. La música estaba realmente alta. Recordaba que la canción precisamente se trataba del año en que conoció a Elliot y en el que Mason apareció en sus vidas. No podía registrar con exactitud en quien pensaba en ese entonces pero la cantaba con fuerza.

—¿Cuál es?—cuestiona él intentando reconocerla.

—Lady loca se llama.—respondía ella tomando de su mano y terminaron por cruzar la calle para acercarse a la puerta y oírla mejor.

El guardia la frenó cuando ella intentó acercarse más de la cuenta.

—Señorita, es para mayores de veinticinco años.

—¿Y? Nadie dijo que pasaría. ¿Y qué sabe cuántos años tengo?

—¿Tiene su identificación a mano?

—No. Pero tranquilamente podría tener edad para pasar.

—Aquí tengo la mía.—responde él entregándole la de él. Que llevaba consigo en su billetera.

—Bien. ¿Usted está con ella?

—Claramente estoy con ella.—continúa él. Haciendo de ésta forma que les permitan el ingreso.

—¿Estás seguro de que quieres entrar?—pregunta Isabelle.

—Escucharemos unas canciones más y nos iremos. Tú me hiciste compañía en lo que quise hacer y ahora te toca a tí. ¿No?

—No creí que terminaríamos así nuestro día. Tal vez podríamos tomar algo más...Oh espera. Ahora lo recordé. No podrías tomar.

—Cierto. Pero tampoco me negaré que entremos y disfrutemos un rato.—continúa él.

Cuando ingresaron, terminaron por sacarse los abrigos. El ambiente climatizado que tenía era agradable.

Escucharon los temas que el dj iba pasando. Isabelle se terminó subiendo, incluso, en la cabina del dj y Mason le tomaba fotos con la cámara de su celular. La veía tan alegre como nunca antes.

—¿Podríamos hacer un karaoke y nos vamos?—pregunta ella juntando sus manos en forma de súplica.

—Está bien. Pero lo harás sola. Soy un desastre para hacerlo. Realmente no lo haré. Aunque me lo pidas con esa cara.—continúa él riendo.

—¿Me dejarás hacer el ridículo sola? ¿Qué clase de acompañante eres?—prosigue ella ésta vez cruzándose de brazos.

—Uno que vino a cuidarte.—sonríe él.

Uno de los presentadores del lugar los alienta a que lo hagan ambos. Casi no les dió tiempo a pensarlo siquiera. Se subieron al escenario e intentaron elegir algún tema que sepan.

Los nervios le comenzaban a preocupar, por el hecho de que la clase de canciones que escuchaban eran diferentes entre ellos. Mason se enfocaba en la música reggae e Isabelle en el reggaetón. Tal vez porque además asistió a clases de baile durante un tiempo cuando era una niña. Su madre la había incitado a hacerlo. Y ella no se negó. De allí su gusto por la música y bailar en cada ocasión que puede aunque no lo haga profesionalmente.

—Está la letra aquí. Creo que podrías cantarla sin ninguna duda.—termina diciendo ella sonriendo.

Mason resopla y acepta. Cuando el ritmo de I don't want to miss a thing comenzaba a sonar, los nervios de ellos comenzaron a disiparlos. Él apretó su mano y comenzó cantando. Isabelle lo admiraba nuevamente. Volvía a tener otro tipo de talento que no podía negar. Luego, ella lo acompañó también.

Las personas del lugar estaban absolutamente quietas. Ellos no entendían si les agradaba, o al menos, su parte era suficiente. O si estaban realizando un desastre que recordarán.

El público se levantó. Aplaudiendo. Ellos se miraron unos segundos y dejaron de hacerlo cuando el presentador volvió a interrumpirlos. Se sentían distintos y lo podían notar. Como si estuvieran en preparatoria y esa diferencia de edad era simulada.

Llegó nuevamente a recostarse en su cama. Si cerraba los ojos, automáticamente se le venía a la mente la mirada profunda como el mar de Mason. La idea de que se tratara de alguien "imposible" la dañaba. La dañaba aún más pensar que no era la única que pensaba en él. Y aunque no quisiera tener que pedirle nada más. Todavía quedaba algo pendiente. Algo que debía resolver cuanto antes.

—¿Qué diablos voy a hacer?—se dice a ella misma.

Decidió llamar a Elliot ésta vez. Sentía qué tal vez podría ser quien la escuche. Tenía ganas de desahogarse sin que alguien le pregunte el por qué de aquello. Tan sólo de hablar y que alguien le haga compañía. Compañía en soledad.

—¿Quieres que pase por tí?—pregunta ella sentándose en la cama.

—No. Preferiría que fuera en casa si tú puedes.—continúa Elliot del otro lado del teléfono.

—Bien. No. No tengo problema.

—¿A qué horario te parece bien?

—Si es por la tarde mejor. O incluso en la noche ya estoy.

—Bien. Te avisaré cuando iré mañana.—termina diciendo ella antes de cortar.

Isabelle se despertó por la baba que había sentido que derramó mientras dormía en su almohada. La única satisfacción que tuvo fue que podía dormir una más hora luego de ver que su alarma aún no sonaría.

—¿Tía? ¿Stefani?—pregunta ella levantándose un rato después golpeando la puerta de su cuarto.

—Isabelle...—contesta Mason abriendo la puerta de la habitación de ella.

—¿Mason? Creí que...—prosiguió ella rascándose la cabeza y sin saber si continuar allí o volver a su cuarto.—¿Stefani está allí dentro? Bueno. Qué pregunta estúpida. Desde ya que estaría ahí. Hablaré con ella más tarde.—terminó diciendo ella. Se dirigió al baño y se lavó la cara. Mason la hacía confundir. Y a la vez no. Él no tenía la culpa de lo que ella sintiera o pensara con respecto a él. Pero sus actitudes de acercamiento como un amigo y luego de papel de tío que está en un busca de conquista de su tía, la hacían confundir. No podía actuar de ambas formas. No con ella. Porque en una, ella lo veía con otros ojos.

Salió y decidió prepararse el desayuno. No quería seguir pensando en nada más que no sea en su proyecto. Pero no tenía la habilidad de actuar como si nada le estuviera pasando a pesar de que pueda serle de beneficio propio. Sentía que debía arriesgar mucho. Y no lo había pensado lo suficiente.

Cuando bajó rápidamente las escaleras. Antes de que Stefani y Mason pudieran verla, notó a Aron, quien estaba nuevamente en la planta baja. Parecía estar esperando para tomar el ascensor. Y se sorprendió cuando la vió llegar oportunamente.

—¡Isabelle! Estaba buscándote.—termina diciéndote.—Mira. Vine a traerte ésto porque te lo olvidaste la otra noche en el bar.—continúa él dándole su pañoleta.

—Gracias, Aron. No debiste venir hasta aquí por ésto.—continúa ella.

—Necesito que me digas qué sucedió para que te fueras de la forma en la que lo hiciste esa noche. Esto en realidad es una excusa. Creí que si te llamaba no contestarías.

—¿En serio te molestaría que yo me enfade contigo? Porque no me pareció lo mismo.

—Sabes...yo también quería hablar contigo.

—Dime. Aquí estoy, ¿no?

—¿Puedes llevarme a tu entrenamiento?

—¿Ahora?

—Cuando sea que vayas, Aron.—prosigue Isabelle siendo un poco más distante con él.

—Hoy por la tarde tengo que ir. ¿Quieres acompañarme?—continuó el rascándose el cabello.

—Bien. Te veré allí.

—¿No iremos juntos?

—Te veré allí.—vuelve a decir ella.

Espera a que uno de los taxis que suelen pasar por allí, frene y lo toma. No quería seguir perdiendo más tiempo. La idea que tenía en mente era renunciar a su proyecto. Lo que le estaban solicitando Marion y Leon era algo que ella no tenía previsto. En realidad, no se lo había puesto a pensar. Y no quería hacerlo tampoco.

Aron estaba siendo buena con ella. No podía negarlo. Ella creía que sin la ayuda de él, no hubiera sido posible haber encontrado, en primer lugar, un modelo como lo estaba siendo. Y eso si mencionar la ayuda de Alice. Su sugerencia fue la idea que le salvó. Que le dió un motivo para seguir intentando y darse cuenta que todavía hay ideas usadas, que pueden ser renovadas o nuevas que deben ser practicadas para que no pierdan la tan ansiada eficacia que se busca en el mundo de la fotografía. Y eso, ella lo sabía más que nadie.

La idea de que conociera a las celebridades que ella admiraba se sentía extraño. No iba a usarlo en favor a eso. ¿De qué le serviría? Podría hacerlo. Peor no quería hacerlo. Sentía que si eso ocurría debía ser naturalmente. Sin esforzarse de más. Sin tener que tener interés de por medio. Esa era otra razón por la que se obligó a distanciarse poco a poco de Elliot. A veces sentía que la relación no estaba siendo clara ni sincera. Parecía una especie de amarre porque ella no tenía otra persona en quien sinceramente apoyarse. La dependencia emocional era una desventaja muy desgarradora.

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