Mason se había levantado por una taza de té para él y para Sarah. Decidió esperar que el agua caliente en la cocina, que estaba abierto a la sala. Es decir, podía ver con claridad la sesión de fotos. Tan sólo los tenía a unos pocos metros.
—¿Quieres descansar un momento?—pregunta Isabelle.—Creo que tengo una idea para la última foto.
—Bien. Confío en tí.—responde Aron sentándose en el sofá.
Mason se acerca a Isabelle.
—¿Hace cuánto están con la sesión?—cuestiona.
—Hace un rato. ¿Por qué? ¿Necesitabas estar en la sala?
—Oh no, no. Simplemente por curiosidad. Yo no me atrevería a sacarme fotos así de seguro.—comenta riendo él nerviosamente.
—¿Por qué no? Viéndolo a Aron, me estoy dando cuenta que las fotos que solía sacar eran muy simples.
—Lo simple no significa que sea malo. A veces es mejor. Depende de cómo lo quieras ver.
—¿Acaso es algún reproche o estoy mal?
—¿Por qué te reprocharía? No. Sólo quería comentar algo.—responde él mirándola.
—Creo que ya está el agua. No sé si será tuyo, Mason.—añade Aron desde donde estaba sentado.
Mason dirige agita su mirada hacia él.
—Gracias, Aron.—responde casi entre dientes. Mason casi no soportaba la actitud tan confiada de Aron. Le recordaba la forma en el que actuaban la mayoría de sus ex compañeros del colegio. Y, en este caso, debía tolerar su presencia en el mismo lugar en el que está viviendo temporalmente.
Se dirige hacia la cocina nuevamente y prepara sus bebidas.
—Mason...—vuelve a comentar Aron.
—¿Qué, Aron?—responde con las tazas en la mano.
—¿Te parece que cambiemos la semana de nuestra pelea por la siguiente?—cuestiona.
—¿Y por qué deberíamos hacer eso? El entrenador dió un plazo. Se supone que deberíamos cumplirlo.
—¿En serio vas a preguntarme eso?—ríe irónicamente.
—¿Disculpa?—pregunta Mason apoyando las tazas en la mesada. Quería poner su máxima atención a lo que sea que salga de la boca del astuto de Aron.
—Por favor, Mason. Por tu...—dice Aron y se frena señalando su cuello. Haciendo alusión al moretón que llevaba en él.
—Aron...—prosigue Mason negando con su cabeza.
—¿De qué están hablando?—interrumpe Isabelle.
—Mejor...no digo nada, porque Mason está mirándome raro.—continúa Aron rascándose la cabeza.
—No estoy mirándote mal, Aron. Sólo que...
—Vamos, Mason. Estoy esperándote.—pronuncia Sarah con una sonrisa.
—Ya voy, Sarah.—termina diciendo Mason llevándose sus bebidas.
Isabelle lo miraba extrañamente. Recién cuando Aron señaló su cuello, notó haberle parecido que algo similar a un moretón tenía allí. ¿Por qué le molestaría tanto lo que le había comentado Aron? ¿Era algo personal? ¿Por qué ella no tenía idea de loq ur estaban hablando? Tal vez no debía meterse.
—Tengo una idea que deberás seguir si quieres hacer de nuestra ultima foto, la mejor.—dice rotundamente Aron acercándose a Isabelle, quien veía las fotos que había tomado anteriormente.
—Te escucho, Aron.—continúa ella sin levantar aún la mirada hacia él. Estaba concentrada en su cámara. Empezaba a notar que fueron pocas las fotos que la había convencido. Entre ellas, la dictada por Aron.
—¿Podrías tirarme ésto?—pregunta él mostrándole un frasco, que contenía algo líquido dorado, de su bolso.
—¿Y eso para qué es?—pregunta ella dirigiéndole su atención.
—Es gel con glitter. Nada de otro mundo. Me lo desparramas por el rostro y...si quieres por el torso. Tendrás unas fotos de qué hablar, créeme.—explica luego.
—Wow. No sé si estoy bastante perdida y sé menos de fotografía de lo que creía o tú eres muy osado y te atreves a cualquier cosa.—continúa Isabelle sonriendo.
—Tal vez ambas. Pero si me haces caso, ya no tendrías que pensar una y otra vez. Sé que es difícil tu trabajo. Por eso estoy ayudándote.
—No tengo nada que perder. Intentémoslo, Aron.—prosigue ella abriendo el frasco. Lo sentía algo pegajoso, pero tenía cierto olor a vainilla. Luego, comienza a desparramar lentamente en el rostro de Aron. Empezando por encima de su cabello. Apenas lo hizo, tomó su cámara, que ya tenía colgado sobre su cabello y tomó las primeras fotos. Debía aprovechar que el fluido caiga con suavidad. Prosiguió, también, por su cuello y finalmente por su torso desnudo. No podía negar que las fotos que iba recolectando ya se veían bien sin siquiera editarlas. Tal vez, Aron era más de lo que podía pedir.
Mason notaba la situación aún más extraña. Le solicitó a Sarah poder continuar otro día. La presencia de Aron allí lo descolocaba. Y ahora, además, debía pensar en cómo enfrentaría las preguntas gracias a su dicho.
—¿Y...? ¿Dicen que salieron buenas?—pregunta Aron acomodándose el cabello.
—Creo que tenías razón. Debía salir de mi zona de confort.—continúa Isabelle.
—Isabelle...—menciona Mason.—¿Cómo...? ¿Cómo vas con ésto? ¿Te falta mucho?—cuestiona.
—Supongo que ya es suficiente, ¿no?—responde ella mirando a Aron.
—De las fotos sí. Me gustaría que aceptaras que tomáramos algo ahora. Si quieres...—invita él.
—Estoy de acuerdo. Tengo un poco de hambre. ¿A dónde quieres ir?—continúa ella.
—Bueno...Aquí traigo una botella de champagne. Creo que podríamos celebrar que terminamos la sesión de la mejor manera. ¿No?
—Oh. Con razón pesaba el bolso—ríe.
—Bella...Creo que no deberías seguir tomando.—reprende Mason escuchando su conversación.
—¿Por qué no?—se interesa Aron.
—Puede caerle mal, Aron.—Explica.
—Mason...No hace falta que hablemos de eso. Me cuidaré.
—¿Él sabe cómo tuve que irte a buscar la otra noche, Isabelle?
—Wow. ¿Y de dónde sale todo ese enfado?—cuestiona ella.
—No es enfado, Bella. Intento cuidarte.—responde Mason apoyando su brazo derecho en el hombro de ella y dedicándole su profunda mirada a la de ella. Quizás lo comprenda.
—Bien. Lo dejaré aquí. No te preocupes, Isabelle. Podríamos ir a tomar café en Kicks. Si te parece. Si te parece a tí.—responde mirando en la última frase a Mason. ¿Comprenderá que quería que los dejara a solas aunque sea por un momento?
Isabelle recoge su bolso y, luego de limpiar el poco líquido que llegó a caer en el suelo, se dirige a acompañar a Aron.
Fueron a una cafetería que se encontraba a tres cuadras. Estaba casi todos los sectores ocupados. Pero el dueño conocía de sobra a Aron y les apartó un lugar.
—¿Siempre te reciben así?—pregunta ella sacándose la campera.
—Mmm, se podría decir que sí.—ríe.
—Y...¿siempre traes a tus citas aquí también?—alza las cejas.
—¿Entonces estamos en una cita?—concluye él sonriendo aún más.
—No es lo que...
—Muchachos...¿Qué les sirvo?—interrumpe el mozo.
—Queríamos pedir dos cafés y la torre de panqueques escocés. ¿Puede ser?—respondió él.
—¿Y en qué momento discutimos eso?—ríe.
—Estoy seguro que si te daba a elegir, optarías por algo más simple.
—Tal vez. ¿Tiene algo de malo?—continúa ella.
—Nunca dije eso. Pero tendrías que probar cosas nuevas. Incluso las que te da miedo probar. Sólo si haces eso podrás decir si es para tí o no.—reprende él apoyando su mano en la rodilla de ella.
—Realmente sabes cómo convencer a alguien de cualquier cosa...
—Estoy trabajando en ello, en realidad.—responde él mirándola fijamente a los ojos.
El pedido de ellos llegó un momento después.
Mason se había dirigido a su entrenamiento. Ese día debía estar lo más enfocado posible y no era lo que más fácil le resultaba por el momento.
—Al fin, has llegado.—comenta el entrenador.
—Me has estado matando éstos días. Tienes suerte de que siga viniendo.—bromea Mason.
—¿Por qué no vamos a hablar a algún lugar más alejado?
—¿Ahora?—responde él.
—En lo posible.
Ambos se dirigieron al cuarto en el que tomaban descanso.
—Escucha Mason...Entiendo que quieres dar lo mejor de sí, y realmente lo demuestras. No quiero que pienses que estoy diciéndote lo contrario. Pero...
—No me salgas con que no te parece suficiente lo que hago, por favor.—añade Mason colocándose las manos a los costados de su cintura.
—No es por eso. Es que tu lesión me preocupa. Que técnicamente no es lesión. Y lo sabes perfectamente.
—Escucha, Brandon.—prosigue resoplando.—Agradezco lo que me estás proponiendo pero...—piensa—Espera. En realidad, ¿qué me estás proponiendo?
—Quiero que te cures eso. Que cuides eso. No seré responsable de lo que pueda pasar en el ring.—continúa el entrenador.
—No puedo creer que seas justamente tú el que menos me tenga fé en ésto ahora. ¿Te olvidas que me convenciste para estar aquí? El inseguro se suponía que era yo.
—No quiero que dejes de entrenar conmigo. ¿No puedes comprender lo que te digo? Si Aron te hace daño inconscientemente yo no sé si...
—¿Por qué Aron me haría daño? ¿Lo ves?—interrumpe—Inconscientemente tú no confías en que yo podría hacerle daño a él.
—¿Te cuidarás o no? Te daré ésta semana. Por fuerza mayor tendré que hacértelo entender. Si no cuidas tu salud no puedes cuidar de nada ni nadie.—continúa Brandon dándole la espalda para guardar sus guantes de boxeo.
—¿Ni siquiera eso me puedo llevar?
—¿De qué sirve que no vengas aquí para que practiques en tu casa?
Mason vuelve a resoplar y se retira sin volver a decir nada, pero dando un portazo que da a entender lo que tenía dentro.
Llegó nuevamente al apartamento de Stefani. Ella aún no había llegado. E Isabelle tampoco. Él se sentía muy impotente. No había nada que podía hacer para convencer a Brandon. Y el quedarse sentado con los brazos cruzados en un sitio que ni siquiera le pertenecía, lo hacía tener tanta rabia que no sabía cómo expresar que no sea sanamente en el boxeo. El moretón se había agravado un poco más de lo que tenía hace dos días aproximadamente. Y, por momentos, comenzaba a arderle. Pero su deseo por competir en el ring. Y mucho más por ganar, era más fuerte que cualquier dolor. Y ahora, se sumaba la situación con Isabelle. ¿Por qué sentía que su apoyo por Aron lo descolocaba?
Salió al balcón. Mientras sentía como su herida latía y latía, su cabeza comenzaba a pensar en irse de allí. Tenía más por perder que otra cosa. Pero, ¿podría realmente dejarlas? Volvió adentro. Agarró la botella que anteriormente Aron había descartado por su demanda y comenzó a beber. Todo este tiempo que ni siquiera había probado una gota de alcohol por exigencia de su afición, ya no lo estaba agradeciendo. Sentía que todo se iba oscureciendo poco a poco.
Isabelle llegó a la casa alrededor de las once. Se habían quedado a caminar más tiempo de lo normal. Aron era un joven que tenía todo bajo control. Y eso la hacía sentir controlada. Por lo menos, le daba otra perspectiva. No sentía que debía "cuidarlo". Como tuvo que aprender a hacerlo con David. O soportar pequeñeces actitudes inmaduras que luego se volvían una bola gigante que no tenía freno. Simplemente lo escuchaba y ya.
Se dió una ducha y se recostó. Había notado que su cabello ya no se le caía como antes. Debía ser una buena alarma.
Tan sólo le faltaba reescribir un pequeño prólogo a las nuevas fotografías tomadas de ese día y finalmente podría respirar con tranquilidad. Por unos días.
Stefani le había mensajeado. Quería constatar que ya había realizado las fotos, que no necesitaba de ella para algo y que se encontraba todo en orden. Ella nuevamente no iba a volver ese día. Tenía una supuesta reunión y quería quedarse a un bar luego. Así que no le quedó otra que hacerse cargo del hogar por esas horas.
Apagó el televisor cuando nada de lo que había para ver la convencía. Las historias de terror no eran su primer opción por su miedo irracional si se encontraba sola. Y con las románticas, si bien solían ser sus favoritas, comenzó a verlas como irreales, tal vez por su experiencia, pero ajenas a ella al fin.
Recibió, cuando había encontrado una cómoda posición para poder dormir, una llamada.
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