Parte 7

Mason se había levantando súper temprano para continuar con su entrenamiento. Había podido conseguir, por medio de una prestación, algunas pesas que usaba, cuando podía, en el edificio. Mientras no sea una molestia principalmente para Stefani.

—Mason...—dice Stefani levantándose de su cuarto.—Pensar que antes odiabas que te despertara temprano.

—Lo recuerdo.—sonríe—Ahora me guste o no tendré que hacerlo cada día.

—¿Estás atrasado?—continúa preguntando ella mientras prepara dos tazas de café.

—Más de lo que debería. En dos semanas se supone que pelearé y ni siquiera he llegado a pesarme.

—¿Qué tienes aquí?—pregunta ella observando con detenimiento su moretón en su cuello.

—Stefani...no te preocupes. No es nada. No debería de asustarme de moretones si pienso estar en las ligas, ¿no crees?

—Ni pienses en pedir mi opinión porque no me gusta para nada esta afición tuya y lo sabes.

—Me cuidaré.

Stefani le entrega la taza y ambos se sientan en el sillón. Stefani se le queda mirando unos segundos.

—¿Qué?—pregunta él dando un sorbo a su taza.

—Me traes buenos recuerdos. Antes de que me pasara todo ésto.

Mason sigue bebiendo.

Isabelle llegó al bar de su hermanastro, Simón. Ésta vez no le había dicho que se aparecería fugazmente, pero prefirió encontrarlo aunque estuviera limpiando.

—¿Simón?—pregunta ella al notar que sólo dos distribuidores se encontraban en el exterior pero nadie más dentro.

Al principio, no se oía a alguien contestar, luego aparece Simón bajando las escaleras.

—¿Isabelle? No sabía que vendrías...

—Obviamente, porque no te lo he dicho.

—¿Y por qué?

—Simplemente tenía ganas de aparecer aquí antes de que los demás despertaran.

—¿Has venido a hablar conmigo o robarme mercadería?—cuestiona él bromeando y acomodándose la corbata.

—Ambas cosas no estarían mal eh...

—Siéntate. Iré por algo de tomar.

Isabelle se ubicó en una de las butacas que estaban en la barra. Mientras esperaba a su hermanastro, observó una cartera roja en uno de los sillones. Se dirige hacia ella y lo toma.

—Mira...—dice ella cuando ve a Simón trayendo dos tazas de té hacia ella.

—¿Qué es?

—Una cartera. Revisaré de quién es y lo...—intenta terminar d e decir ella cuando él se lo quita amablemente de sus manos.

—¿Por qué me lo quitas?

—Lo guardaré en la caja. Usualmente vienen cuando hacen sus reclamos. Es mi deber.—guiña el ojo.

Isabelle no quería insistir. Lo dejó pasar.

—¿Recuerdas mi proyecto?

—Claro que lo recuerdo.

—El compañero de...Mason, Aron, está en los mismos entrenamientos que él. Lo conocí allí. Es mi última carta.

—¿Cómo es él?

—¿Recuerdas ese personaje que aparecía en ciertos videos de internet en el que se había mudado a una casa llamada Sway House?

—¿Josh Richards?

—No, ese no...

—¿Bruce Hall?

—¡Sí! Ese. Bryce—lo corrige—Bryce Hall.

—Wow. No pierdes el tiempo por lo que veo.

—¿Qué?

—De seguro algo habrá pasado entre ustedes.

—¿Perdón?

—No te hagas la que no entiendes.

—Es que realmente no entiendo, Simón. ¿Te parece que soy alguien manejable?

—¿Acaso le pagarás?

—Por supuesto que no, Simón. Es sólo una ayuda la que me está dando y si sale bien su rostro se conocerá por toda la Ciudad. Será él quien termine dándome las gracias al final de todo.

—Com más razón. Un joven que hará trabajos para tí, sin nada a cambio, es más que suficiente que...

—Cuidado con lo que vas a decir...

—Le gustas bastante. Sólo eso.

—En realidad, ya lo besé.

—¿Ves? Lo sabía.

—Es tan considerado pero hay algo en él que no me cierra. No quiso invitarme a su casa cuando le comenté que no tenía espacio en el edificio. A menos que pidiera el permiso de Stefani. Y eso no lo podría asegurar.

—Curioso. Tendrás que seguir trabajando en él, supongo.

—Por cierto, ¿de dónde estás bajando?

—¿Cómo de dónde?

—¿No se suponía que el piso de arriba estaría casi listo para ser destruido?—replantea ella dándole el último trago de su té.

—Sí. Se suponía. Ahora intentaré rearmarlo desde cero.

—¿En serio?

—Si no me sale más del presupuesto que tengo pensado, en dos meses ya podría estar como nuevo.

—Qué increíble Simón. Y a mí me cuesta armar un archivo con fotos...—ríe.

—A tí lo que te cuesta es ser tan ingenua y no tener la facilidad de elegir a quien quieres amar.

—Pero...

—David. Luego Elliot. Ahora Aron. Sólo prométeme no te volverás a obsesionar con Mason.

Apenas terminó de oír su nombre, algo en Isabelle se resquebrajó. Como si tocaran una herida que estaba ardiendo levemente y que sería difícil volver al principio. Simón supo desde el primer día que Isabelle lo miraba prácticamente perdida a Mason, que algo le llamaba la atención de él. Y no era algo pasajero. A menos que él no esté.

—Ni tienes idea cuánto me molesta que me digas que me obsesioné con él.

—¿No?

—No Simón. ¿Por qué crees que estoy intentando conocer a Aron?

—Tal vez porque sería difícil sin otra persona que te olvides.

Isabelle no dice nada y baja la mirada.

—Lo ví con otra mujer. Otra que no es Stefani.

—¿Mason?

—Sí Mason.—vuelve a levantar la mirada.—¿Qué tiene?

—¿Estás segura?

—Simón por favor...¿por qué no lo estaría?

—Es que me había parecido que...

—¿Que, qué?—cuestiona ella levantando sus cejas. Pero para su mala suerte, no terminó de haber respuesta porque los proveedores ya se cansaron de esperar por el cheque. Hicieron su reclamo de cheque y pidieron un adelanto por la semana próxima. Para cuando Simón estaba nuevamente libre, Isabelle ya se había retirado dejándole el gasto de su té en la mesada.

Caminó un buen rato por el pequeño puente con el lago en el que normalmente se encontraban los patos. No estaba segura de que tanto le ayudaría a esclarecer la mente el aire puro. Pero con tal de que sea algo puro, iba a servirle de alguna forma.

¿Por qué era tan difícil intentar olvidar a alguien que no sabía lo que sentías y con ni hubo un beso? Se supone que debía ser aún más simple y fácil.

Mientras recorría las calles empedradas, recibió la llamada de Marion. Le solicitaba que por las dudas tenga un plan b, en caso de que su primer modelo no pueda presentarse o haya algo en el que ella o León coincidan sobre algún error o dificultades en ella producción.

Isabelle no tenía idea a quien podía pedir algo tan complejo como eso. Es decir, tampoco estaba solicitando hacer algo que pudiera incomodar a la otra persona pero debía ser justamente ese alguien quien le sirva a ella. Quien le transmita lo que Aron estaba comenzando a lograr.

No quiso perder más tiempo y tomó un taxi. El destino ahora era el departamento de Elliot. Quería terminar de aclararle algunas cosas, y aprovechando que se encontraba a tan sólo quince cuadras de allí, no dudó en tocar a su puerta.

Elliot estaba aún dormido. Se lo podía notar en su rostro.

—¿No te has levantado a ésta hora?

—Isabelle...¿por qué vienes sin avisarme antes?

—¿Te interrumpo?

—Isabelle, es que ayer yo...—intenta terminar de explicar Elliot cuando una joven se escucha saliendo de la ducha envuelta en toallas. Tanto para el cuerpo como para el cabello.

—Bien. Ya entendí. Estabas con alguien. ¿Era eso?

—Tú dijiste que...

—No te estoy reclamando nada Elliot. Iba a preguntarte algo simplemente.

—Dios mío Isabelle. No quería que me vieras de ésta forma. Te debo parecer completamente ebrio.

—No importa lo que me parezcas. ¿Podrías hacer una sesión de fotos conmigo mañana?

—¿Para qué? ¿Fotos contigo?—guiña un ojo.

—Sí Elliot—se cruza de brazos—Yo te tomaré fotos a tí. Y eso es todo—revolea los ojos.

—¿Para qué?—cuestiona él nuevamente.

—Para mi proyecto.

—¿Te olvidas que me conocen?

—Elliot, ya lo sé, pero de camino hacia aquí, busqué y leí que si dices que te encargarás de la parte administrativa simplemente sin tener que sustentar el trabajo de financiación tal vez no...

—No voy a renunciar a nada, Isabelle.

—Ni siquiera es un trabajo que realices tú. ¿No se lo encargabas a Theo?

—Sí Isa, pero no porque sea alguien que no pueda hacer las cosas bien, sólo quiero tener tiempo para mí y...

—Y para mí sólo tienes cuando tú lo prefieres.

Elliot la mira a los ojos y no sabe cómo responder a su pedido.

—Recuerda que te envié mi invitación a tu correo para mi cumpleaños en el club de siempre. Quiero verte ahí realmente.—concluye.

—No creí que fuera buena idea pedirte ésto, pero tampoco creí que fueras tan egoísta.—dice finalmente ella retirándose por donde vino. La única carta que tenía en mente fue descartada.

Llegó nuevamente con su tía Stefani. Pudo ver en el suelo la carta enviada por Elliot. La abrió cuidadosamente, y la leyó, pero sólo le bastó unos segundos reimaginar esa situación que vivió con él después de todo, para romperla y dejarla en su bolsillo. Por lo que sabía, su tía, ese día se tomaría el día libre. Tal vez podría pedirle ser ella su misa inspiradora. Ya que parte de su vida lo fue. La inspiró en cierta forma a continuar con su obstinación por el curso de fotografía y edición. Quería ser reconocida en su trabajo como ella reconocía a los demás.

Stefani se encontraba en el balcón. Parecía haberla escuchado llorar apenas había abierto la puerta de entrada. Y mientras más pasos hacía acercándose, podía observar con claridad apoyada en el pecho de Mason. Quien estaba a su lado sosteniéndola en ese momento de bastante angustia y presión.

Notó que ellos no la habían visto ingresar, ya que ni siquiera había emitido palabra hasta verlos. Se dirigió a la cocina por un vaso de agua para llevárselo y frenó cuando Stefani se acerca a la boca de Mason y decide besarlo.

Isabelle no estaba entendiendo para nada esa situación. ¿Lo hacía por que se sentía sola o porque el amor hacia él sigue intacto?

Retrocedió y tiró el vaso en el lavado.

¿Qué estaba pasando con ella? Si Simón viera esa situación probablemente se hubiera alegrado de ver a su tía volver a los brazos de quien alguna vez fue su amor. Pero ambos extrañaban y tenían cierta aprecio por su pareja anterior, $/$/, a quien sí consideraban como un tío.

Se encerró en el cuarto. Se puso a editar las frases de Aron. No podía concentrarse. Era más difícil de lo que creía. No la edición. El hacerlo mientras ellos estaban a unos pasos. ¿Qué tenía Mason que la cautivaba tanto? ¿Acaso la seducción jovial de Aron no era suficiente?

Sus manos temblaban. Sólo David sabía que cuando le ocurría ésto, era porque posiblemente algo peor venga después. La controlaba dándole cubos de hielos y fumando hierbas de menta en su rostro. Parecía algo extraño, pero realmente solían calmarla. Pero David no estaba. A Isabelle lo que menos se le podría pasar por la mente, sería razonar en momentos así.

Bajó la escalera nuevamente, mientras se corría las lágrimas de la cara con la manga de su campera, y pidió a un joven que estaba fumando en la esquina con otros amigos si la podía alcanzar hasta un lugar. Él accedió sin dudar.

—¿A dónde te llevo?

—¿Conoces La agonía de Tántalo?

—¿El bar nocturno?

—Exactamente.

—Allá vamos entonces.

Llegaron en aproximadamente veinte minutos. El joven estacionó su moto en frente y apenas esperó a que ella se quitara el casco para poner su mano en su cintura y traerla hacia él. Intentando obtener un beso que no conseguiría. Ella lo rechazó de una cachetada, y, para colmar su paciencia, mientras él comenzaba a insultarla a lo lejos, ella volvió hacia él. Sacó la botella de agua que tenía en su bolso y decidió tirarle en la camiseta de él. Donde contenía estupefacientes en uno de sus bolsillos de su pecho que eran notorios a pesar de su intento por ocultarlo. Lo desintegró. Y volvió a ingresar al bar.

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Comments

Ester Ayala

Ester Ayala

buena historia

2024-02-09

0

Edith Jimenez

Edith Jimenez

Isa no sabe lo que quiere se deja llevar por el momento

2023-06-01

0

katty

katty

ella es algo impulsiva , y loca por así decirlo

2023-01-23

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