Isabelle miraba una y otra vez la foto tomada mientras tomaba un descanso bebiendo una botella de agua. Había algo en Aron que reflejaba seguridad y mucho, pero mucho fanatismo. Eso era realmente cautivador.
—Es hora de irnos Bella.—comenta Mason secándose el rostro con una toalla.
Isabelle se sentía completamente sonrojada. Ese apodo no lo había escuchado hace tiempo. Y menos que saliera de su boca. Suspiró, y con su cámara en mano, siguió a Mason. Sin embargo, unos segundos de duda invadieron su cabeza, ¿lo saludaría también a él?—pensó Isa con respecto al joven Aron luego de hacerlo amablemente con Alice. Ésta chica tenía que ser una gran ayuda. Así que sin pensarlo más realizo tres pasos más y lo más directa posible le dió una tarjeta con su número por si quería las fotos. Esa fue la mejor excusa que ideó.
—¿Puedo ver las fotos que has tomado?—pregunta Mason mientras había frenado el auto en un semáforo en rojo.
—¿Las que tomé ahora?—cuestiona Isa mirándolo de reojo.
—Sí. Ví que estabas tomando fotos. Es un lugar agradable. ¿Te sentiste cómoda?—pregunta él nuevamente.
—Claro. Bien cómoda.—respondió ella mirando por la ventanilla como si la pregunta anterior se hubiera esfumado.
—¿Y entonces?—ríe Mason a la vez que sus intrigantes manos se ubican en el volante.
—¿Qué?—voltea.
—No quieres mostrarme.—finge poner cara triste.—Igual ya estamos llegando.
—Lo siento. Creí que no hablabas en serio.—responde ella tragando saliva e inevitablemente prendió su cámara.
Luego, comienza a ponerse más nerviosa cuando la cinta de su aparato se atasca en el cierre de su escote. Un atuendo cómodo pero peligroso.
—¿Puedes?—reprende Mason mientras intenta estacionarse.
—Eso intento—responde ella riendo de los nervios nuevamente.
Mason intenta no dar vuelta su cabeza para no incomodarla.
—Creo que se me enganchó la cámara con mi...—lo mira—remera. Qué vergüenza.
—Lo siento.—comenta él.
—¿Por qué? Tú no me hiciste ésto, ¿o sí?—bromea Isabella desesperándose de a poco.
—No, pero por querer ver tus fotos te sucedió eso. Déjame te ayudo.—responde Mason acercándose a ella y colocando sus manos en la cinta gruesa y negra de su cámara, intentando, que no se rompiera la hebilla que, a su vez, produjo ese acercamiento.
—No hace falta...—replica Isa sin dejar de sostener su mirada en el rostro de él, quien mantenía sus ojos cerrados para no llegar a disgustarla. Fue un momento raro para ella porque tenía la respiración de él tan cerca que imaginaba que si pensara en tan sólo su nombre, Mason podría darse cuenta. Pero, además, había soñado reiteradas veces con que el aspirador a boxeador de grandes ligas por un título a su edad actualmente, cuarenta años, algún día la mirara y se acercara a ella sin sentir que fuera algo imposible o incómodo. Pero ella sabía que, si bien Elliot estaba ocupando su cama ahora, desde aquel otoño hace, cuatro años atrás, él jamás dejó de ocupar su mente.
Sólo le tardó cinco segundos desatarlo y volvió a ubicarse en su asiento.
—Gracias Mason.—dice Isabelle regalándole una mueca.
Él sólo asiente y ambos bajan del auto, finalmente.
El edificio no estaba muy concurrido, a pesar de que era un horario en el que constantemente varias personas salían y entraban por la tarde.
Mason e Isabelle entraron, y se dirigieron al ascensor. Querían llegar lo antes posible a ducharse.
Al llegar, notaron la ausencia de Stefani. Aún no era su horario de salida.
—¿Quieres ducharte primero?—pregunta ella mientras tomaba un vaso de agua.
—Lo necesito. Más que nada porque tengo que ir por tu tía.—responde él apurado.
—Ah. Claro.—prosigue sencillamente Isa suspirando y dirigiéndose a su cuarto en busca de su ropa. Se sentó en la cómoda cama blanca y recreó en su cabeza una y otra vez la sensación de tener tan cerca a Mason. Se sentía muy confundida. ¿Por qué estaba sintiendo ésto ahora? Y, ¿por qué con él? ¿La destruiría saber que su tía había vuelto con él? Esos pensamientos que sobrepasaban sus límites la dejaban tristemente desconcertada.
Ahora sólo debía tener cabeza para concluir con su proyecto que había dejado pendiente. Debe ser igual de fantástico como esperaba ser reconocida. Tomó nuevamente la cámara y editó la fotografía de Aron. Tal vez podría servirle de algo. Él parecía haber sido modelo en otra vida. Se le notaba su dedicación en los entrenamientos y su deseo por la cámara. La forma en que posaba y atraía a quien pudiera verlo, eso debía admitirlo.
Buscó su anotador y escribió su primer título. "El joven prometedor y cautivador". Quería buscar e indagar un poco más acerca de su vida, pero necesariamente debía consultarle a Aron si estaba de acuerdo en que le cediera la opción de usar su imagen.
No tardo más de un minuto en escribirle el texto:
—Hola Varón. Disculpa el horario en el que te escribo. ¿Podría usar éstas imágenes tuyas para un proyecto de la revista para la que estoy en curso?—escribió y mandó al instante en el que terminó el último signo de interrogación. No tuvo tiempo ni de releerlo, como para por ejemplo darse cuenta que su nombre fue corregido incorrectamente y por ser la tarde, no habría problema en que se disculpara por el horario. Y junto con eso, adjuntó las cinco fotos que habría conseguido sacarle.
Suspiró, como estaba haciendo últimamente, y esperó a que respondiera. Si es que lo hacía. Pero, suponiendo que él le pidió su número, imaginaba que debía hacerlo así.
No quería pensar en nada de lo que su coeditora le había dicho. Sólo necesitaba tener la mente en blanco. Pero porque necesitaba enfocarse, no porque no tuviera ni media idea en mente. Por más difícil que parezca esa realización.
El sonido de un teléfono comenzó a sonar minutos después. Isabelle se levantó, y trató de seguir ese sonido imparable e irritante. Aunque cualquier sonido le parecía irritante de todas formas. Cuando se acercaba al cuarto que pretendía ser de Mason, o por lo menos, en el que lo había visto entrar, encontró su celular cargando en la pequeña mesa de luz de madera, que, a su vez, combinaba con los muebles rústicos que tenía allí dentro.
No llegó a contestar. Moría de ganas por saber de quién se trataba. O mejor dicho, de quién se trataba ella, Sarah. El nombre que había podido ver como la autora del irritante sonido.
Isabelle dejo que sonara y sonara. No se atrevía a ser de las personas que atienden un celular ajeno, a menos que se lo pidieran. Pero eso no iba a suceder. Salió nuevamente de la habitación. Para su suerte, Mason aún no había salido. Aunque no tendría por qué enojarse. No había invadido su privacidad, simplemente tenía curiosidad.
—Ya está el baño.—comenta Mason desde el pasillo, bajándola de la nube en la que estaba sentada en su escritorio.
—Gracias Mason. Iré enseguida.—contestó ella.
Apenas entró al baño, recibió el mensaje de Aron.
—Hola. Claro que estoy de acuerdo Isabelle. Tenía pensado llevarlo al curso de modelaje también. Pero tu ayuda me servirá mucho.—concluía el mensaje en cuestión.
—Disculpa, quise llamarte Aron. Podría hablar contigo en el entrenamiento. ¿Tienes un tiempo?—cuestionó ella.
—El predictivo suele hacer eso con mi nombre, descuida. Sólo puedo los miércoles. Si estás de acuerdo, me alegraría.
Isabelle aceptó sin dudar. Estaba segura que debía servir de algo.
Se centró, luego, en ducharse lo más rápido posible para hablar con Simón, que debía haberse encontrado con ella hace veinte minutos según su acuerdo.
Cuando salió, así era. Él estaba esperándola abajo mientras de su boca podía verse emanar el humo del cigarrillo.
—¡Al fin te dignas a bajar!—bromea Simón dándole un abrazo que la apretuja un poco.
—Mira hemos coincido en nuestro atuendo. Bastante raro que tú tengas buen gusto.—ríe Isabelle.
—¿Te parece ir al bar? Debí haber abierto hace una hora.
—Eres tan manipulador, ¿lo sabías?
—Mmm, pero, ¿me servirá? Sino debería considerarlo un insulto—responde guiñándole un ojo. E Isa sólo le da un leve empujón en su brazo izquierdo mientras caminaban por la calle pedrada.
Llegaron en aproximadamente una hora. El bar, conocido como La agonía de Tántalo, haciendo referencia a la antigua mitología griega, en el que la ignorancia y la traición para beneficio propio del hijo de Zeus provocó un enorme suplicio sin fin. Pero en este caso, la sed de probar lo que uno cree necesitar. Esa fue la razón que explicó Simón al menos por quien lo pregunte.
Isabelle se sentó en uno de los cómodos sillones color rojo fuego que se encontraba en el centro del lugar, pero pegado junto a la pared del mismo.
La decoración parecía ser antigua. Mesadas y sillas rústicas. Iluminación clara, del tipo anaranjada. Pero de noche solía usarse uno de rojo intenso. Aún así mantenía una comodidad que podría ser formal si se quisiera. Todo dependía de la cantidad de personas que estaban en el lugar, y de los shows que cada día se presentaban.
—Habla ya.—comenzó diciendo el astuto hermanastro sentándose justo enfrente de ella, en otro de los cómodos asientos, y relajándose con un trago con bastante hielo en su mano.
—¿Y yo qué? Qué egoísta eres.—reprende Isa mirándolo con los ojos entrecerrados.
—Tú tienes algunos problemitas con eso. Mejor ten, toma agua.—responde él guiñándole un ojo y acercándole el vaso que ya estaba apoyado sobre la mesada ratona entre ellos.
Isabelle revolea los ojos.
—¿Hay algo interesante o sólo querías perder mi tiempo?—ríe Simón.
—Eso ya lo haces de todas formas—bromea Isabelle mirando alrededor del bar.
Ambos ríen.
—Apareció Mason.
—¿Williams?
—¿Quién más?
—Bueno. Mason Es el nombre más común de todos.—alza sus manos apenas termina su frase.
—Vino a buscarme para quedarme con la tía Stefani. Y lo curioso es que él se quedará estos días también.—accede ella a tomar de su vaso.
—Vaya. Interesante.
—Me siento muy rara.
—¿Y Elliot?
—¿Qué tiene que ver Elliot? No lo he visto desde la mañana del día que salí de allí.
—¿Sabe donde estás?
—No se lo he dicho.
—Creo que estás obsesionándote nuevamente con él.—responde directamente Simón volcando sus codos en sus rodillas, y haciendo ese charla aún más íntima.
—¿Con Elliot?
—Con Mason. Sabíamos que era tu "amor imposible" desde hace tiempo, pero se te fue eso cuando desapareció de nuestras vidas.
—¿Estoy completamente jodida?
—Creería que debes olvidarte, en primer lugar, del imbécil.
—¿Olvidarme de Mason?
—De Elliot.—revolea los ojos.
—Oh. Ya no lo veo de la misma forma, pero si hay alguien que estuvo últimamente fue él.
—Tampoco puedo decidir todo por tí, reina. Debes aprender a equivocarte.—respondió finalmente él levantándose hacia la barra.
Isabelle lo miraba pasar, pero su mente estaba completamente perdida. Sus pensamientos se entremezclaban.
Los clientes comenzaban a llegar de a poco, y de eso se dió cuenta cuando la curiosa Alice decide acercarse a ella y saludarla.
—¿Qué haces aquí?—le pregunta
—Alice. Vine a saludar a mi hermanastro, Simón.—responde levantándose.
—Creí que venías a tomar desde temprano. No te veía de ese tipo.—continuó.
—No, no. O no ahora.—ríe.
—¿Quieres tomar algo con nosotros?—pregunta ella señalando la mesa en la que habían entrado con sus compañeros, pero que Isabelle no había reconocido.
—No. Ahora sólo quiero descansar. Otro día yo te invito, Alice. Pondré en marcha tu ayuda.
—Descuida. No tengas dudas en ningún momento cuando lo presentas. Eso te asegurará la aprobación.
Isabelle sonrió y salió de allí con su saco en la mano.
El viento recorría todo su rostro. Pero su apuró por llegar a su casa, o mejor, a la de su tía, era aún más rápido.
Tomó el bus y decidió, en el transcurso del viaje, mensajear con Aron y continuar la charla en la que le había solicitado alguna información no errónea que le gustaría que sea publicado.
Tenía todavía alguna esperanza en cerrar la boca de Marion y León, principalmente.
Llegó, y pudo saludar de un gran abrazo a Stefani. Aunque en su rostro se le podía notar una profunda preocupación.
—¿Pasó algo?—cuestionó Isabelle.
—Más problemas que me trae Carlo. Todo se va complicando.—responde ella suspirando.
—¿Puedo ayudarte en algo?—pregunta ella nuevamente.
—Nada que puedas hacer Isabelle. Agradezco tu apoyo.—responde dándole un beso en la mejilla derecha.
—Si me necesitas estaré en el cuarto. Intentaré armar algo.
—Claro. Igual te dejé una caja de pizza. Iré a cenar con Carlo. Intentaré reunir más pruebas. No me esperes.
—Está bien. Y...¿Mason?—preguntó ella colocando su cabello detrás de sus orejas.
—Él me dijo que saldría también. No entendí si con un amigo o una amiga. Pero que vendrá mañana para su entrenamiento.
—Bien.—respondió finalmente Isa. A la mente sólo se le venía el nombre de Sarah. Debía ser ella.
Se recalentó la pizza, que tenía casi todo el queso derretido en el plato. Le agregó bastante rúcula y se sirvió en una de las pocas copas vino.
Se adentró en sus ideas, retomando su cámara. Pudo elegir después de media hora, la tercera foto de Aron como la principal. Ahora sólo debía escribir algo interesante que pueda relacionarlo, además, con el concepto de lo que ella tiene de 'arte' y 'fama'.
—¡Te tengo Aron!—se dijo a sí misma.
Dejó que el ritmo de "Daría" de Daddy Yankee la hipnotice y, con los tragos que ya estaba ingiriendo, no había forma que pudiera sentirse sola y triste después de haber hecho para atrás la invitación de Alice, e incluso no haberse quedado con Simón, por intentar relacionarse más con Stefani en su dura situación y con Mason, a quien lo sentía tan cerca y a la vez tan lejos, como la canción que escuchaba.
Se obligó a no volver a derramar una lagrima más por algo que todavía podía tener solución. O al menos debía intentarlo.
Pero toda esa efusividad se apagó, como si de un corte de electricidad se tratara, cuando Elliot tocó a su puerta.
—Ay, ¿Elliot?—se pregunta tratando de no sonar ebria.
—¿Donde te habías metido Isabelle? Eres una ingrata. Te vas así nada más.—acusa Elliot entrando lentamente dentro y dejando su bolso con algunos de sus objetos.
—¿Y por qué te tengo que decir donde estaría? No creo que necesites saber lo que hago de mi vida Elliot.
—No me trates como si no nos conociéramos, por favor. Te conozco demasiado. ¿Me usaste?—cuestiona él replanteándoselo intentando acercarse a la lentamente.
—¿Qué diablos estás diciendo? Eres el típico que se da cuenta lo que pierde hasta que lo tiene. O como sea.—prosigue ella dándose la vuelta y dirigiéndose a la cocina por un vaso de agua.
—Estás muy ebria para hablar en este momento. ¿Por qué no vamos a casa? Te extraño Isabelle.
—Este es el horario en el que ninguna de tus "amigas" puede, ¿cierto?—responde ella determinante y se diga a empujarlo hacia afuera, y por inercia, cerrándole la puerta en la cara. Quería intentar olvidar aquel rato, pero viendo que su reloj quedó tirado en el suelo luego de haberse caído en algún que otro empujón le devolvió la misma insatisfacción.
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Comments
Edith Jimenez
a la amiga Isa le gusta chupar alcohol no es bueno
2023-06-01
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