Isabelle se recostó en la suave cama que le había preparado Stefani.
No había sentido esa calidez desde que se había ido de la casa de sus padres hace dos años. Cuando decidió integrarse de lleno en el curso de la fotografía y en el diseño de tapas de revistas. Aunque por ahora ese sueño estaba cada vez más lejos por las insignificantes trabas que se le aprecian por el camino.
Abrió su teléfono, y decidió buscar el nombre de 'Beauty&Pain' como le había mencionado Mason. La página no tenía tantos seguidores aunque tampoco muchas fotos subidas.
Sin embargo, sus ojos posaron exclusivamente en la que subieron del nuevo integrante de Mason Williams. Estaba con los guantes de boxeo puestos, con una camisa desarraigada color blanca, y un pantalón de lana color beige. Isabelle en ese momento sintió algo que no sabía explicar, pero de lo que sí estaba segura era de que él podía lograr eso que quería.
Volvió a mirar esa foto una y otra vez, como si quisiera encontrar algo en cada aspecto de su cuerpo trabajado en este tiempo, o tal vez, en sus ojos celestes que combinaba perfectamente en su piel morena y podían hacer poner nerviosa a cualquiera que lo mirara fijamente, por eso ella no lo hacía tanto.
Isa se desesperó cuando notó la llamada entrante de Elliot en es eminente en que su cabeza estaba viajando en las nubes.
—¿Qué quieres?
—¿Te fuiste así nada más?
—¿Y qué pretendías? ¿Que me quedara a esperar que tus amigas te soltaran? Estás muy equivocado.
—¿Dónde estás Isabelle?
—Estoy bien Elliot. Si llamas por eso no te preocupes. Te dejaré tranquilo por unos días.
—¿Estás con alguien?
—¿Alguien como quién?
—Un hombre imagino.
—Sabes perfectamente que nuestra relación es lo menos parecida a una "normal". Cada uno hace lo quiere, y yo jamás te pido explicaciones.
—Lo sé Isabelle, pero...
—Así habíamos hablado, así que por favor tengo que concentrarme en lo que ya sabes. Que descanses.—dice ella finalmente cortándole.
No quería seguir con la misma historia de siempre, al menos, con él. Y necesitaba ocupar ese tiempo en recrear una escena fotográfica en la que pueda poner también algo de su esencia. Sería un trabajo difícil con el tiempo en contra, pero algo debía tener que idearse.
Stefani, la joven tía de él, con una cabellera rubia que olía usualmente a almendras por los variados productos que tenía en su baño, en su cuarto y en la despensa, y ojos verdes que podían convertirla en la protagonista de cualquier cuento perfecto. Aunque solía ser altanera y manipuladora en ocasiones. Y por eso, los padres de Isabelle, en especial Alexander, el hermano, no tenían una relación tan cercana, aunque siempre dejaron que Isa pasara varios días, semanas, tardes junto con ella. Porque sabían de su intención en mimarla, a ella y a Simón, su hermanastro.
Isabelle se levantó de la cama porque necesitaba su pastilla para dormir. Que últimamente no había tenido la oportunidad de seguir su consumo por las bebidas alcohólicas que tomaba.
Caminó por ese trecho del pasillo y se dirigió a la cocina. Tardó como cinco minutos en encontrar el vaso para ello.
—Oh dios. Acabas de asustarme.—dice Mason saliendo del baño.
—Vine por un vaso de agua.—comenta ella señalando su pastilla en la mano izquierda.
—¿Te sientes mal?
—Es que me cuesta dormir. Y más con lo que conté de hacer las fotografías sin nada en mente.
—No sé si te parezca una buena idea. Pero mañana tengo que ir como te conté a entrenar, y si quieres puedes acompañarme, porque tengo una compañera que es fotógrafa y quizás pueda hablar contigo.
—¿En serio?
—Sí, no le veo nada de malo.
—Me gustaría realmente. De algo me servirá. Gracias.—sonríe dándole un beso en la mejilla, aprovechando que él se encontraba sentado en una de las butacas altas de la cocina. Aunque debió hacer puntillas por la diferencia de veinticinco centímetros de diferencia que se llevan entre ellos.
Mason sonríe levemente y la observa entrar en la habitación.
Isabelle sentía su corazón agitado.
—¿Hola?
—Soy Isabelle imbécil.—responde hablando por su teléfono en voz baja.
—Ya lo sé ingeniosa. ¿Qué sucede?
—responde Simón del otro lado.—¿Tienes idea la hora que es?—ríe.
—Estás exagerando. Ni siquiera duermes a esta hora.
—Dime qué sucede antes de que me muera de intriga.
—Mañana necesito hablar contigo. ¿Estás en el bar por la tarde?
—Sí, mañana estaré. Te espero entonces lunática.—ríe nuevamente y cuelga.
Isabelle suspira y mira a su alrededor. Sólo tenía que encontrar el bendito contrato antes de pensar en hacer fotos.
Buscó nuevamente en su maleta, en su bolso y hasta en la ropa que había llevado puesta, pero no volvió a resultar. Se resignó. Pero recordó que lo tenía digitalizado en su celular entre sus archivos, así que nuevamente se dispuso a chequear eso.
—¡Aquí estás!—grita eufóricamente y se calma al darse cuenta que no quería despertar a su tía, y probablemente a Mason.
Y se distrajo viendo el video que había grabado con Mason en el auto. Pensaba en subirlo, pero no quería que él se disgustara, así que decidió tenerlo guardado en su galería.
La mañana siguiente la despertó el golpe en la puerta. Se levantó dormida y en camisón a abrirle a su tía. Hasta que se dió cuenta que no era Stefani, sino Mason nuevamente. Su rostro no podía ocultar su vergüenza porque la viera así, y le cerró la puerta en la car, dejando que lo que iba a decir se lo volviera a guardar.
—Lo siento. Me había olvidado. Me cambio y te acompaño.—se disculpa.
—¿Por qué demonios no le pregunté el horario?—se pregunta a sí misma.
Rebusca y rebusca entre sus atuendos, el más adecuado para la ocasión. Y optó por un pantalón negro y una remera del mismo color que tenía una pequeña abertura con cierre en la parte del escote. No tan informal, pero llamativo a la vez. Nada que la misma Stefani no aceptara.
—Estoy lista.—dice mientras veía a Masón y Stef reír como nunca.
—La llevaremos a su trabajo y luego vamos a mi entrenamiento.—comenta él buscando sus llaves.
—¿No quieres desayunar nada Isabelle?
—No, gracias. No estoy acostumbrada ciertamente.
Los tres salieron en el auto a sus correspondientes destinos.
Isabelle no podía ocultar su cierto desagrado, cuando la dejaron fuera de su conversación y tuvo que sentarse en el asiento trasero como si se tratara de la hija pequeña de ambos, cuando se acostumbró a ser quien tome el lugar de acompañante, y que en este momento estaba siendo ocupado por su tía.
—Estás algo dormida.—comenta Mason viéndola por el espejo retrovisor.
—No estoy dormida. Simplemente tengo prisa por llegar.
Stefani la mira e intenta hacerle un gesto abriendo sus ojos, dando a entender de que está actuando groseramente.
—¿Qué?—pregunta ella, sin obtener respuesta.
Y en el momento en el que pensó que escucharía nuevamente a Lady Gaga, Stef cambia de estación por una en la que suena Kanye West. Algo que la disgustó aún más, pero prefirió no decir nada y pensar en qué forma podría contentar a los invasores de Marion y León principalmente. Su vara, en cuanto a qué tipo de trabajos aceptaban para una portada, era muy alta. Debía esforzarse si quería el reconocimiento que la haría famosa.
Llegaron hacia el estudio Babybell de Stefani y la despidieron. Aunque notó cómo había una cierta tensión entre Mason y ella, después de todo.
—¿Quieres pasarte adelante?
Isabelle lo hizo sin decir nada.
—¿Vas a volver con mi tía?—pregunta sin más.
—¿Volver con tu tía? ¿Por qué lo preguntas?—prosigue él.
—Volver con mi tía. ¿Si o no? No hay tanto que decir.—cuestiona con un tono más furiosa.
—No lo he pensado. Yo la aprecio, pero ahora está pasando por un mal momento y la acompaño, nada más. No te gustaría que vuelva con ella y tengas que ser nuevamente mi sobrina, ¿cierto?—bromea haciéndole suaves cosquillas en el cuello.
—No...no es éso...—ríe ella también y saca su mano lentamente mientras lo mira.
—Siempre te caí tan mal, ¿no?—ríe.
—Si supieras...
—¿Si supiera qué?
—Nada. No importa. Pero no vuelvas a llamarme sobrina, porque sabes que no te considero así. Mi tío es Bruno, lo siento.¿Aquí es?—intenta cambiar de tema, viendo que estacionaba al frente de un un alto establecimiento color negro, con letras rojas con el nombre de "Beauty&Pain".
—Llegamos. Espero que te sientas cómoda.—sonríe.
Isabelle baja con su cámara colgada en el cuello y una libreta por si debiera anotar algo de importancia para ella.
Entraron y escribieron sus nombres en la recepción, en la que un corpulento hombre de barba blanca los atendió. Y abrazó amablemente a Mason. Al parecer, lo conocía de todo éste tiempo que estuvo allí.
Isabelle, no quería demostrar su nerviosismo. Se lo había propuesto hace varios meses atarás cuando su jefa la comparó con la segura de Anastasia. No quería volver a quedar como la "debilucha" ante nadie.
—¡Mason! Creía que hoy no vendrías.—comenta Brandon, su entrenador y profesor.
—Pues aquí me ves. Listo para que me hagas desear estar muerto.—bromea.
—Eso intentaré. ¿Has traído a tu hija, hermana o novia?—pregunta consecuentemente.
Ambos se ponen nerviosos.
—Es...es una amiga.—comenta él finalmente, dándole una pequeña sonrisa a ella.
—No soy tan joven para ser su hija. Nos llevamos sólo dieciséis años.—aplica ella levantando los hombros.
El entrenador simplemente asiente diciendo su nombre y le da la bolsa de boxeo a Mason para que pueda proseguir con su rutina. Y mientras tanto, Isabelle se sentó en uno de los comodines que estaban frente al espejo del lugar. Notó la presencia de varios hombres y muy poca cantidad de mujeres. Eso la descolocó un poco.
—Ella es Alice. Le comenté ayer que eres fotógrafa.—dice Masón agitadamente.
—Hola Alice, un placer conocerte.
—le estrecha la mano.
—Hola Isabelle, lo mismo digo.—responde Alice devolviéndole el saludo.
—No quiero robarte mucho tiempo. Sólo ver de qué forma podrías ayudarme.
—La idea es que me comentes qué fue lo que te pidieron, para que yo pueda darte mis ideas y si te parecen lo tomas. Simple.
—Bien. Simple.
Isabelle comienza contándole qué es lo quiere mostrar en sus fotos, para que pueda transmitir a el público de la editorial el énfasis y esfuerzo que da en cada uno de sus pasos. Principalmente, acerca de su idea de 'el miedo', esa sensación de terror a que algo malo ocurra y sólo se te pase por la cabeza el final de todo. Y puede ocurrir de muchas maneras, no sólo abarcando la muerte. Sino, además, el miedo a la pérdida de alguien o algo, al cambio o incluso a la rutina. Cualquiera de sus variedades es lo que Isabelle quería mostrar en sus fotografías, al menos, es lo que tenía en mente.
—Yo creo que vas por buen punto. No digo que se te hará fácil. Pero...¿por qué el miedo, precisamente?—pregunta Alice secándose el rostro con una toalla de mano.
—Creo que será una de las pocas ideas que sea distintas a todas las demás ediciones. Y además es lo único que se me ocurrió.—responde algo desilusionada.
—Entiendo. Hay una idea que pensé usar hace años cuando ingresé al curso de fotografía. Pero lo descarté porque me empezó a llamar la atención ésto—dice abriendo sus brazos y señalando el lugar de entrenamiento que la había atrapado.
—¿Y cuál es?—pregunta Isabelle interesada.
—Allí está la respuesta.—dice Alice señalando a su entrenador, Brandon.
—¿Brandon?
—Sí. Le pedí que sea mi inspiración por así decirlo.—dice sonrojada mirando a sus pies.
—¿Tu idea entonces fue fotografiar a tu entrenador que te gustaba?
—¿Ves? Justo ahí radica el problema. Si piensas subir fotos que transmita a las personas, no tienes que dejar que opinen antes de ver la imagen por sus propios medios.
—No logro entenderte Alice.
—Quise que vean a través de esas fotos lo que yo veo cuando las tomo. Básicamente, que vean a través de mis ojos. Eso es transmitir. ¿Entiende mi punto?
—¿En serio se te ocurrió todo eso en tan sólo tus primeras clases?—pregunta Isabelle riendo.
—Creo que es cuestión que busques algo que te inspire a tí primero más que a los demás y transmitas eso. Supongo que aceptarán sin duda.
—Intentaré buscar mi inspiración entonces. Aunque espero que no sea Brandon.—bromea Isa.
Alice ríe, se despide de ella y vuelve a su entrenamiento.
Isabelle volvió a sentarse. Se quedó pensando en las palabras que escuchó recién. No le veía nada de malo en tomar una idea que tampoco había sido usada anteriormente. Sólo se le pasó por la cabeza pedirle el favor a Elliot. Es decir, intentar ver si podía reflejar en él esa empatía que sintió cuando lo conoció por primera vez. Y, aunque últimamente se habían alejado, nada de lo que pasó últimamente podía cambiar el cariño que ella demostraba hacía él después de haberla ayudado en muchos aspectos de su vida.
Luego, de alrededor de media hora, aparece un joven un poco aún más alto que Mason, es decir, con un poquito más de un metro ochenta y cinco, castaño, con unos abdominales marcados que se le podían notar, incluso, por encima de la musculosa que llevaba puesta. E hizo contacto con ella sólo unos segundos para luego saludar al amigable Brandon.
—Nos iremos en unos minutos.—se acerca Mason hacia Isabelle y buscando su botella de agua.
—Claro, no te preocupes.—respondió ella algo agitada.
Era difícil que pueda pensar con el joven, que, por lo que escuchó, se llamaba Aron, casi a pocos metros de ella. Y en frente, tenía a Mason, que por más que intentara disimular tenía una cierta debilidad por él.
Agarró su libreta, e intentó reescribir sus ideas, y las maneras en la que podía capturar esa "esencia" de Elliot.
Pero fue interrumpida por un—Hola, noté que tienes una cámara. ¿Podrías tomarme una foto?—pregunta Aron acercándose a ella con su compañero más bajito, Eloy.
—Hola...¿Ahora? Digo, sí ahora—ríe nerviosa.—¿Cómo...? ¿Cómo quieres que te tome?
—Sosteniendo esta barra. Hoy intentaré superar mi récord, y si lo logro mejor es ser capturada, ¿no?—sonríe.
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Comments
yorly's
de verdad quise entender la historia y engancharme con ella y tener esa conexión q te hace emocionar y soñar q tú estás dentro de ella pero lastimosamente no lo logré así q hasta qui la sigo leyendo como dije en el primer capítulo si no lograba con el segundo capítulo me retiraba de la lectura y deseándole autora muchas bendiciones gracias 🤗
2023-07-21
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Edith Jimenez
a Isa le gusta Masom
2023-06-01
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