Isabelle había llegado de la mano de Aron al bar. Instantáneamente cuando Simón estaba mirándolos llegar a ellos, lo fue soltando poco a poco.
Sabía que no quería dar de qué hablar aún. Tampoco lo conocía en profundidad como para arriesgarse a tener una relación seria.
—¿Isabelle puedes acercarte? Me surgió más trabajo del que esperaba.—comenta Simón desde el otro lado de la barra.
—Dime. ¿Qué quieres que haga?—prosigue.
—Es difícil tener que explicártelo. Lo que sí podrías hacer tú sola es servirte lo que quieras que vas a tomar para tí y supongo que también para él.—añade Simón mirándolo de reojo.
—¿Estás seguro? Después no quiero escucharte decir que abuso de tu confianza.—continúa ella riendo.
—¿Por qué crees que no te he cobrado nada desde que has estado apareciendo por aquí?—cuestiona él sonriendo.
—¿Porque eres mi hermano y me adoras mucho?—prosigue ella levantando las cejas piadosamente.
Aron se ubicó en un grupo de jóvenes que parecía, nuevamente, conocer.
—Aron...¿puedes esperarme aquí un minuto? Traeré algo para tomar. ¿Tú que quieres?—pregunta ella cruzándose de brazos.
—Un jugo para mí está bien. Sabes que no estoy tomando.—sonríe.
—¿Podría pedirte un vaso de tequila?—cuestiona uno de los integrantes de aquel grupo. Se trataba de un joven un poco más bajo que Aron. Ojos color miel. Tenía el cabello rubio dorado por los hombros y se lo había sujetado con una coleta. Estaba más abrigado que los demás, a pesar de que la calefacción del bar era el adecuado.
—Claro.—responde ella apretando los dientes. Fingiendo estar del mejor humor posible.
Se dirigió a la barra y sirvió dos vasos de tequila. Resoplaba pensando en que iba a tener que soportar una larga noche.
Se quedó sentada al lado de Aron un buen rato. Y aunque se sentía rara encajando en un grupo en el que no conocía a nadie, se alegró demasiado cuando vió ingresar por la puerta a Alice. Estaba acompañada de otra joven a su lado.
—¿Isabelle? Oh...no...no sabía que vendrías.—comenta ella respondiendo al abrazo que le estaba brindando Isabelle.
—Alice...últimamente no nos estamos viendo en ningún lado. Excepto aquí. No creí que vendrías muy seguido.—prosigue ella sonriendo.
—Me gusta el bar. Pero...realmente no quiero meterme en tu vida ni algo parecido, pero dime que estás aquí conscientemente de lo que harás. Me preocupo por tí, Isabelle.—comenta Alice sosteniendo ambas de sus manos.
—Yo no he venido para beber si es lo que crees.
—¡No! No era eso lo que quería decir.—sostiene su rostro.
—Estoy bromeando, Alice. Ya sé tu intención. No te preocupes. No soy tan arisca.
—Veo que has venido con alguien...¿es Aron?
—Sí. Aunque no sé ni para qué vine aquí si él no toma.
—Bueno. Por lo que veo, está pasándola bien.—comenta ella observándolo reír y abrazando a otra chica que estaba al lado suyo.
Isabelle gira su cabeza también y lo nota. No estaba celosa. No estaba enojada. Se sentía relajada. No quería pedir explicaciones ni darlas. Luego de todo lo que enfrentó con David, y luego, abriendo un poco más el panorama, con Elliot, se dió cuenta de que quería que las situaciones, las personas y los sentimientos fluyeran. Que nada sea forzado. Aunque muchas veces eso le facilitaría pensar demasiado.
Se acercó nuevamente con Aron. Ésta vez tuvo que sentarse al lado del joven del tequila, llamado Pietro. No le agradaba mucho. Terminaba haciendo comentarios que ella creía que lo hacía a propósito.
—¿Piensas pagar lo que estás tomando?—cuestiona ella mirándolo a los ojos.
—Oye. Tranquila, ¿quién dijo que no lo haría? Cálmate.
—¿Tú vas a decirme que tengo que calmarme?—responde ella levantándose bruscamente.
Aron se levanta y la corre unos pasos hacia atrás.
—El actúa como un imbécil todo el tiempo. No es algo nuevo para nosotros. Pero como tú no lo conoces, puede que te resulte cuestionable.—responde él acariciando su cabello.—¿Quieres que vayamos a otro lugar?
—No. Está bien.—dice ella intentando enfocarse en la música.
Volvieron a sus asientos. La mitad de ese grupo se había esparcido en la pista de baile. Cuando Isabelle intentó buscar un tema de conversación con Aron, terminó siendo sorprendida por un profundo beso que él estaba robándole. Estaba convencida de que podía darle una oportunidad a Aron. Pero Elliot rondaba por su cabeza. Sentía que debía cerrar la etapa con él o, al menos, continuar con una relación de amistad. Si fuera por ella no lo quitaría nunca de su vida. Pero él tendría que poner de su parte. La cuerda no funciona si sólo una parte se esfuerza en brindar todo de sí.
Terminó bailando al compás de la canciones de Rihanna. Alice estaba cerca de ella. Aunque parecía controlar que su prima no se le perdiera de vista.
—¿Me acompañas al baño?—pregunta Alice sosteniendo el brazo de Isabelle.
—Claro. Te guiaré. Vas por las escaleras y luego...—intentó explicar cuando Alice le pide que la acompañara hasta la puerta. Tenía miedo de equivocarse de cuarto. Tuvo que insistirle porque Isabelle no le gustaba hacer filas.
Hasta que terminó accediendo.
—¿Después me ayudas a buscar a Ashley? Siempre se pierde. Empiezo a pensar que lo hace a propósito.—comenta ella entrando al sanitario.
Isabelle esperó quince minutos afuera. Miraba hacia arriba. Admiraba las luces que había puesto Simón. Le daba otro tipo de toque. También notó que Elliot la había llamado. Ella podía llegar a responderle, pero terminó cortándole. No tenía ganas de generar algún diálogo que se trate de lo mismo de siempre.
—Bien. Ya estoy. ¿Tú no quieres pasar?—pregunta Alice recogiéndose el cabello.
—No. Estoy bien. Ni siquiera he tomado mucho.—responde riendo—Ésta vez.—termina diciendo en voz baja.
Cuando caminan unos pasos nota a dos personas que habían entrado a uno de los cuartos en servicio. La puerta estaba entrecerrada. No se podían cerrar del todo aún.
Isabelle no creía lo que estaba viendo.
—¿Ese no es...? ¿Aron?—cuestiona Alice apretando la mano de ella.—¡Y esa es Ashley!
—Shhh, Alice. No quiero que nos escuchen.—responde ella nerviosamente.
—Pero quiero sacarla de aquí. ¿Qué diablos cree que hace aquí?—pregunta Alice enfadada.
—Sí. Tienes razón. Pero no nos corresponde a nosotras sacarlos. Volvamos abajo.—termina diciendo Isabelle agarrando de la mano de ella hacia la escalera nuevamente.
—¿Acaso quieres que termine furiosa con Ashley?
Isabelle sólo revolea los ojos.
Simón continuaba atendiendo a un grupo de personas que llevaban traje. Parecían ser quienes querían ser parte del bar y ampliar el negocio junto con él. Algo de lo que le había comentado él anteriormente.
—¿Simón?—espera que él la mire—¿Podrías venir un momento?
—¿Qué sucede, Isabelle? Estoy realmente ocupado.—continúa él.
—Es que quiero que saques a las personas que están en el piso de arriba. No es por otra cosa.
—Sabes que también todo ésto es tuyo. ¿No podrías hacerlo tú?—continúa él apurado.
—Es que...créeme que si pudiera lo haría. A menos que quieras que la poca dignidad que creí que tenía se disipara como el humo de tu cigarro.
—¿Tan así? ¿Qué ocurrió? Iré en dos minutos. ¿Puedes esperar? Mira que me he aguantado hasta las gana de ir al baño.—ríe él.
—Claro. ¿Sabes qué? No importa. Disculpa por haberte distraído.—continúa ella finalmente cuando nota que Aron bajaba nuevamente. Primero ella, luego él.
Se quedó tomando unos tragos en la barra más solitaria que nunca. Sólo tenía a Pietro al lado. Era el único asiento libre. No le quedaba otra. Sólo actuó como si no lo estuviera, para evitar algún diálogo del que se arrepienta.
Mientras, con la mirada buscaba a Alice. Ya que la había perdido de vista luego de su búsqueda de Ashley. Notó simplemente que el mismo bolso rojo que había visto días antes en el bar de Simón estaba allí nuevamente.
—¿Sabes de quién es ese bolso rojo, Pedro?—pregunta ella sin dejar de quitarle la vista al objeto en cuestión.
—¿Disculpa? ¿Ahora sí puedo hablarte?—comenta él alzando la vista hacia ella.
—¿Puedes responder o debo preguntarle a otro?—continúa revoleando los ojos.
—Es de Alice. Y mi nombre no es Pedro, me llamo...—intentó decir él.
—¿¡Qué!?—pregunta ella levantándose.
—Que mi nombre no es...
—No por eso. ¿Dijiste que es de Alice? ¿Estás seguro?
—¿Y si no me crees por qué no le preguntas a ella? ¿No es más fácil?
Ella sólo lo mira de reojo, pero no le contesta. Estaba enfocada en lo nuevo, además de lo de Aron, que acababa de descubrir.
Se dirigió en busca de su bolso, y su saco. Evitó que Aron la pudiera ver. Trató de pasar desapercibida y agarró su celular y decidió ser ella quien llame a Elliot ahora. Trató de ubicar la dirección y salió por la puerta del bar. Miró a los costado y notó que ningún taxi pasaba por allí. Así que volvió hacia donde estaba sentada antes y sin pensarlo dos veces, le pidió a Pietro si podría llevarla hacia el cumpleaños de él.
—¿En serio estás pidiéndome que te lleve? Soy un idiota y un desconocido, ¿no?—continúa él riendo.
—Mira, si quieres puedo pagarte y con eso te alcanzará, probablemente, para que te operes de la sordera. E idiota no era palabra. Imbécil te he dicho, Pedro.—continúa ella dándose la vuelta.
Pietro caminó tras ella.
—Eso es lo que quería escuchar. Vamos. ¡Y es Pietro!—continúa él sosteniendo las llaves de su auto en la mano.
Isabelle sólo sonríe.
—Y...¿que te digan "imbécil" es peor que "idiota"?—cuestiona él luego de que se subieran al auto.
Isabelle vuelve a reír.
—No puedo creer lo que estás preguntándome.—prosigue ella. Al final, terminó siendo la persona que menos esperaba que pudiera hacerla reír. Cuando se supone que quienes estaban allí dentro no debían haberla decepcionado.
Llegó a unos treinta minutos de allí. Sentía un enorme alivio de haber salido de allí y haberse dirigido a la casa de Elliot. Ya no se trataba del apartamento de él. En el que ella había pasado días allí. Sino la casa de padre. Una quinta con un enorme patio.
—¡Elliot!—grita ella abrazándolo.—¡Feliz cumpleaños!
—Isabelle...por un lado creí que no vendrías. Y por el otro lo supuse porque me pediste la dirección. Pero...¿no te lo había puesto en la tarjeta de invitación?—cuestiona él rascándose la cabeza.
—Claro. Pero...—piensa—Lo he perdido. Por eso no me acordaba. Espero que no haya venido más tarde de lo normal.
—En realidad sí. Pero mi familia son las que han venido temprano.—contesta él acariciando la espalda de ella.
—Estás muy linda, Isabelle.
—Dios. No había notado que llevaba puesto el vestido que tú me regalaste.
Entraron a la sala principal. Habían varias personas tomando y comiendo trozos de pizza de la mesada.
Era algo totalmente diferente a lo que esperaba de Elliot. Se caracterizaba por hacer ostentosas fiestas hasta altas horas de la noche. No sabía aún qué tanto debía hablar. Cómo decir, o cómo preguntar en qué situación se encontraban, siempre fue lo más difícil para ella. Y más si tiene que ser la primera en dar el paso.
Se sentaron en una larga silla de descanso cubierta con cómodas almohadillas. En frente de ellos, tenían un angosto lago.
—Te noto extraña. ¿Dejarás que te pregunte o me dirás sola?—cuestiona Elliot mientras daba un sorbo a su bebida.
—Pf, ni yo misma quiero pensar en eso ahora. Estoy nerviosa porque mañana tengo que entregar mi proyecto y hoy no fue un buen día para mí.—comenta mirando el lago—Excepto porque es tu día—lo mira.
—¿Te peleaste con alguien?
—Me decepcionó alguien...aunque mientras más lo pienso, me doy cuenta que yo soy la que pone en un pedestal a una persona y luego se desilusiona.
—Sospecho profundamente que se trata del joven del que me hablaste la otra vez. ¿Es así?—cuestiona él dándole su vaso.
Isabelle resopla.
—Puede ser...
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