—Opinamos exactamente igual Isabelle. Creemos que les falta algo de rudeza.—comenta primeramente Marion atajándose el cabello con una hebilla.
—No tiene que ver con el modelo. Sino con lo que busca transmitir. Ya se lo hemos dicho anteriormente. No están mal. Algunas incluso son provocativas, no vamos a deshonrar sus trabajos pero vamos a ver en qué categoría podremos ubicarlos.—añade Leon.
Anastasia, Saúl e Isabelle no tenían idea de cuánto les costaría su trabajo. Si se lo aprobarían realmente o los descartarían a la primera. Pero debían elegir sólo tres fotos con los que se quedarían para la presentación.
—Ahora vamos contigo, Isabelle. Luego, te preparas tú Romina.—dice Marion bajando sus anteojos para que le quede aún más claro.
Isabelle volvió a conectar su cámara. Mientras la pantalla cargaba y cargaba, intentaba pensar cuáles serían su elección. Y definitivamente las sugeridas por Aron debían ser las correctas.
—Bien. Ésta es una.—responde ella señalando la foto de él sin camisa y con el líquido dorado sobre su cabeza y parte de su torso.
—Perfecto.—anota Marion en su agenda.
—Ésta si les parece también.—continúa Isabelle mostrando otra de Aron desde un panorama desde abajo.
—Anotado.—prosigue Marion.
—Y...—sigue buscando Isa cuando nota que su cámara, al tener poca batería, comienza a trabarse.—Esperen...
Marion y Leon se miraban entre sí. Habían tenido las esperanzas en que al menos tenía su proyecto armado.
La cámara siguió trabándose en cada pasada de imagen. De ésta forma se estaba retrasando.
—No vean éstas. No...no sé cómo las tenía aquí. Evidentemente se me olvidó borrarlas o...¡Mierda! ¿Por qué demonios no corre?—responde alterada y nerviosa Isabelle en el momento en que su adorado y cuidado artefacto comenzó a levantarle los pelos de punta cuando decidió grabarse también con las fotos que tenía de Mason. Aquellas que había sacado el día que él estaba practicando boxeo en el apartamento y ella era su compañía. El retrato puro de quien la había cautivado en todas sus formas posibles. Simplemente siendo él.—Disculpen mis palabras. Lo siento, tanto. No tendrían que ver ésto.
—Espera...Isabelle. Deja deja deja de tocar el botón.—prosigue Marion mirando a Leon y quitándose los anteojos.
—¿Qué?—preguntan al unísono Isabelle, Saúl y Anastasia. No podían creer lo que estaban oyendo.
—¿Qué pueden querer ver de ese viejo?—comenta Anastasia revoleando los ojos.
—Cierra la boca.—apunta Isabelle.—¿Y tú fotografiando a una supuesta bruja porque se viste de negro y usa cosas raras?
—¿Estás diciendo que estoy mintiendo?—replica Anastasia mirándola fijamente y con los brazos cruzados.
—¿Qué llegaste a conocer de tu tal Kayla en todo los días de entrevista? A ver, dime.—comenta ella esperando oír una respuesta.
—Todo lo necesario está ahí escrito. No necesito conocerla. Ese no es mi trabajo. ¿Y tú qué puedes decir de ese tipo? ¿Te dedicas a retratar a hombres más grandes ahora? Por favor. No seas ridícula, Isabelle.
—Aficionado del boxeo y respetuoso de los sparrings. Con cuarenta puede hacer lo que Saúl no llega hacer ni en bicicleta. Amante del invierno y sabría perfectamente cómo coser cualquier tipo de vestido. Como el descosido que tú, Anastasia, tienes en la parte de la falda. ¿Necesitas que siga? Porque yo sí conozco a los que fotografío.—menciona ella enfrentándola.
—Isabelle...—pronuncia Marion apretando la mano de Leon.—¿En qué parte escribiste eso? No lo encuentro.
—No lo decía por Aron, Marion...
—Increíble. Ni siquiera hace bien su trabajo y pretende robarse el mío—continúa Anastacia irónicamente.
—No puedo creer lo que tengo que soportar. ¿Saben qué? Denle todo el crédito a ella. Estoy cansada.—continúa Isabelle retirando los cables de su cámara para retirarse.
—Espera. Isabelle Tonnies, espera.—continúa Marion, haciendo que ella se diera vuelta y le prestara atención.
—Aunque te pueda parecer loco...ese modelo tuyo...—continúa levantándose de su asiento lentamente—Que no tengo idea de dónde lo habrás sacado. Es perfecto. Al menos las fotos que le tomaste. ¿No lo crees tú también Leon?
—Es cierto. Escucha lo que dice Marion, Isabelle.
—¿¡Qué!?—vuelven a decir a la misma vez Anastasia, Saúl e Isabelle. Ésta vez más asombrados.
—¿Podrías intentarlo?—agrega Leon.
—Además la forma en la que lo describiste es mucho mejor de lo que esperaba.—replica Marion.—¿Estás de acuerdo o no, Isabelle?
—¿Y todo el trabajo que hice con Aron es un descarte simple?—pregunta ella cruzándose de brazos.
—No lo hemos descartado del todo. Pero sería más bien nuestra segunda alternativa. ¿Cómo se llama tu modelo?
—Mason...
—Perfecto. Nos podremos enfocar en Mason, si estás de acuerdo.—continúa.
—Marion agradezco que hayas notado que cada vez que hago una fotografía, lo hago desde mi pasión por eso.
—O por él por lo que se ve.—añade Anastasia aún con los brazos cruzados.
Isabelle sólo la mira pero no responde.
—Haré lo mejor que pueda. Lo intentaré.—termina diciendo ella su típica frase.
Se retira finamente con su cámara en mano. No estaba tan errada en cuanto a que aún seguía en pie. Aún su trabajo era valorado. Pero para nada de la forma en que quería ni esperaba. Estaba más perdida que nunca. ¿Cómo podría proseguir de ahora en más? Tan sólo por unas fotos que había olvidado borrar. O, al menos, guardarlas en otro lado. Necesitaba y quería despejarse de Mason. Pero al parecer eso sería algo muy lejano por el momento.
Stefani había dejado las maletas en la recepción. Se suponía que los agentes de allí debían chequera que todo esté en orden y luego poder subirlos a la puerta de cada huésped. Mason se dedicó a dejar el auto en el mecánico. No estaba seguro de que el auto estuviera en óptimas condiciones. Los ruidos que comenzó a mostrar a la vuelta de la terminal, eran notorios. Probablemente porque tuvo que dejarlo allí a la intemperie hasta volver. Ya que durante su estadía, su medio de transporte se trataba de un vehículo prestado por la cabaña.
—¿Isabelle? ¿Estás aquí?—pregunta Stefani mientras dejaba su cartera en la mesada.—Oh. Aquí estás. ¿No me has escuchado llegar?—cuestiona acercándose.
—Tía...no, no te he escuchado. Te estaba esperando en la mañana. Realmente creí que llegarían antes. Recién he vuelto del estudio.—responde ella sin alzar la vista mientras anotaba algo en su libreta. Y termina cerrándolo inmediatamente cuando nota que está hablándole Stefani a tan sólo unos pasos.
—Fue un día extremadamente largo. ¿Tú ya has almorzado?—pregunta Stefani acercándose aún más a ella.
—Aún no. Pero me traje este sándwich. Lo compré cerca de la estación de...
—¿Qué? No. Comeremos todos juntos. Hace dos días que no te vemos y de seguro tenemos cosas de qué hablar.
Isabelle sonríe falsamente ante la sugerencia de Stefani. Sólo tenía ganas de echarse a la cama, ponerse sus audífonos, escribir en su libreta y no pensar en nada más. Y mucho menos de hablar.
Lamentablemente se dirigió a la mesa cuando su tía la vuelve a llamar. Dispone de intentar tener su mejor cara para evitar las preguntas que a ella tanto la disgusta. Mason ya estaba allí sentado. Había ido a retirar comida que desde ya Stefani se había encargado de solicitar. Se trataba de pizza ésta vez.
Hablaron de lo que fue superficialmente sus mini vacaciones. El lugar era maravilloso. La tranquilidad era muy notoria. A Stefani, y principalmente a Mason, le habían servido mucho.
—Fue realmente extraño el clima éstos días.—comenta Isabelle.
—Fue más que extraño. Yo no creí que luego no podríamos volver.—añade Stefani.
—Espero que hayas podido estar tranquila éstos días. ¿Cómo va tu proyecto?—cuestiona Mason, quien estaba sentado frente a ella en la mesa.
—El proyecto...el proyecto va bien. Supongo que si hubiera prestado atención más de la cuenta, hubiera podido convencer de pleno con la a fotos de Aron. Y no descartarlas como lo hicieron.—termina diciendo Isabelle mirando un punto fijo.
—¿No les gustó lo que hiciste con Aron?—cuestiona Mason.
—No. Sí. Es decir, no....deberé practicar mejor mis fotos con él. Simplemente éso.—termina diciendo Isabelle nerviosamente.
—¿Seguirás sacándote fotos con él entonces? ¿Es algo así?—continúa cuestionando Mason.
—Mira, Isabelle. Si quieres usar este espacio, con gusto puedes hacerlo.—añade Stefani apretando su mano.
—Quizás te lo tomen y no tengas que recrearlo nuevamente.—responde Mason rascándose la mejilla. El pensar tan sólo en tener que soportar la presencia de Aron nuevamente lo incomodaba un poco. Pero no quería decirlo. No buscaba arruinar la idea de Isabelle. A pesar de haberlo sugerido.
—Veré qué puedo hacer. Lo intentaré.—vuelve a decir Isabelle. Y pensó en las veces que usaba las mismas palabras. Ya se sentía en modo automático al decirlas, porque en ninguna ocasión tenía una respuesta a ciencia cierro de cómo continuar.—Estás más radiante que nunca.—comenta mirando a su tía.
—Wow. Gracias por el piropo, Isabelle. Tú también te ves preciosa. ¿Ese tal Aron es algo más que amigo?—indaga su tía.
Isabelle se sonroja y lo niega.
—Es sólo un amigo. Me facilitó él quiera ayudarme con ésto.—continúa explicando ella.
—Bueno, tal vez el día de mañana pase de ser algo así como tu amigo a algo más.—guiña el ojo Stefani.
Isabelle tose. Mason termina por hacer fondo blanco a su vaso de cerveza.
—Nosotros comenzamos así también. Eso ya lo sabes. Y bueno, míranos ahora. Nunca digas nunca es una frase muy acertada.—continúa Stefani.
—¿Ahora?—cuestiona Isabelle mirándolos a ambos.
—¿Qué te puedo decir? Éstos días nos cambiaron mucho. O mejor dicho nos acercó.—explica ella.
—Stefani...creo que no debemos apresurarnos en esos temas, ¿no?—reprende Mason sosteniendo su mano.
—No sé qué decirles...—termina diciendo levantándose cuidadosamente de su asiento.
—¿Cómo te has sentido?—cuestiona Stefani.
Isabelle se volvió pálida. No quería que su tía le siga insistiendo con preguntas. Si tan sólo fuera su amiga, sería mucho más fácil frenarla.
—¿Con qué tía?
—Con la idea de que hagas tu trabajo aquí...
—Oh. Lo haré. Apenas arregle cómo, lo haré. Si me disculpan iré a mi cuarto. Tengo un fuerte dolor de cabeza.—continúa ella intentando no levantar la mirada.
Se encerró en su cuarto y se sentó en el suelo. Frente al espejo. Se observaba unos segundos. ¿Qué le estaba pasando? No tenía ganas de seguir esforzándose en vano.
Acariciaba sus piernas una y otra vez. Como si esperara que cambiaran en cada pasada. La idea de ser familiar directa de Stefani y no tener casi ningún rasgo parecido la hacía sentir débil. La misma debilidad que podría ocurrir si todas las personas que te vieran te criticaran o vieran algo malo en tí cuando en realidad sólo eres tú misma.
Mason tocó a su puerta un rato después. En el momento exacto en que el que ella estaba pensando en operar su nariz o agrandar sus labios seriamente.
—¿Stefani?—cuestiona ella levantándose embarazosamente.
—Soy Mason.—responde él.
—Oh...—termina diciendo ella abriéndole la puerta.
—¿Puedo pasar?—cuestiona él.
—Lo siento. Mi cuarto está hecho un desastre. No sería muy oportuno.—continúa ella mirando sus zapatos.
—Está bien. Tal vez si...—intenta decir cuando observa algo tras ella que le llama la atención.—¿esa es la camisa que te dí? ¿Está en el tacho?
Isabelle viajaba en una completa nube cuando él realiza esa pregunta y la convierte nuevamente en un tomate nervioso.
—No. Es...son mis cosas para lavar. No importa. Te...te dije que está hecho un desastre.—termina diciendo rascándose la frente.
—Quería saber si querías ir por un helado.—continúa él.—Tal vez.
—Mmm.¿Ahora?—cuestiona ella.
—Es que en este horario Stefani realiza sus videollamadas con sus modistas. Y suelen tardan horas.
—¿Y qué tiene que ver Stefani?
—Ella no me ha dejado comer postre éste fin de semana. Bueno, anteriormente tampoco.—ríe.
—Está bien.—termina diciendo Isabelle. Se dirige en busca de un saco y salen.—¿Y el auto?
—Está en el mecánico. Tendremos que caminar.
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