Mason se había despertado por los ruidos del megáfono que los guardias estaban haciendo. Stefani abrió los ojos unos minutos más tarde. El sol estaba comenzando a salir.
—Mason...¿Piensas que podremos llegar a dar una vuelta por el apartamento?—pregunta Stefani levantándose de uno de los sillones de la sala que los guardias recomendaron a los pasajeros que debían quedarse para viajar.
—¿A qué hora era el vuelo?
—A las once del mediodía.—responde ella constatándolo d ellos boletos recibidos.
—Estamos a media hora de nuestro vuelo, Stefani. No llegaremos ni aunque quisiéramos.—comenta Mason resignado.
—¿Entonces?
—¿Tú estás segura que las cosas más necesarias las tienes en el auto?—pregunta él.
—Sí. Sólo los documentos. Las cosas de mi bolso y nada más. Si hablamos de ropa y comida, no lo necesitamos. Allá en el hotel sabrán cómo recibirnos.
—Entiendo. Bueno. Iré por café para ambos.—dice él finalmente tocando su codo suavemente.
Isabelle se había levantado temprano. En realidad, casi no había podido dormir por la tormentosa noche anterior. Ese sábado sólo ansiaba que el atardecer llegue con más rapidez para poder ir a visitar nuevamente a Simón. La había llamado esa mañana para hablar con ella.
No tenía tantas ganas de desayunar, así que esperó el almuerzo. O mejor dicho, cocinarse algo. Estaba sola. No le quedaba otra opción. Cuando abrió uno de los estantes, encontró los chocolates que Aron le había regalado y en la heladera los sándwiches de huevo que había preparado hace unos días Stefani para ella. Recordaba que eran sus favoritos. Sin embargo, algo en Isabelle le decía que podía cuidarse. Mirarse para afuera como intentaba hacerlo para afuera. Tal vez, algún día, uno de esos preciados vestidos podrían ser de su talla. No era lo que más deseaba, pero un pequeño momento en ella provocó una lágrima. El sueño de ser modelo que Isabelle Tonnies creía que tenía a los cinco años. Con el tiempo eso se iba desvaneciendo como el humo en el aire. Tal vez no quería esforzarse. No tenía tiempo para esforzarse. Al menos, prefería tener sus propias prioridades. Y el modelaje no era precisamente uno de ellos. Entonces, un plato de sopa terminó siendo su elección.
¿Estaba mal querer ser envidiada? ¿Estaba mal pretender ver algo más en ella que sus deseos? ¿Cuánto podría costar la belleza?
Se sentó resoplando en la mesada. Corrió la botella de cerveza que creía querer y lo cambio por un vaso de agua.
Cuando sentía que poco a poco estaba pretendiendo cambiarse, decidió dejar de pensar. Quiso dejar de pensar. Los pensamientos podían llevarla a un lugar que luego sería muy difícil que pudiera salir. Y más sin la ayuda de nadie a su lado.
Tocaron el timbre un rato después. Isabelle lo abrió todavía en pijama.
—¿Aron?—pregunta ella asombrándose.
—Isabelle...—intentó hablar Aron pero dejó de hacerlo cuando ella cerró la puerta en su rostro. Ya su día estaba siendo vergonzoso como para que él tenga que verla así. Se colocó por encima una chaqueta de Jean y se dejó una calza que tenía abajo. Se realizó un rodete en su cabello y abrió nuevamente.
—Disculpa. No avisaste que vendrías. Me agarraste recién levantada.—dice ella.
—Es que...realicé nuevamente bun trabajo para Sarah. ¿Recuerdas?—explica él.
—Claro...¿Recién?
—Así es. Acabo de salir de allí. Y por eso quise pasar a saludarte.—continúa él.
—Gracias por querer venir a verme después de tu día de trabajo.
—No me agradezcas. Pero...¿valdrá la pena?
—¿Qué cosa?
—Bueno...el venir a verte. No me he tomado muy bien el que me hayas rechazado nuestra salida el otro día.
—Lo había olvidado por completo, Aron. ¿Podríamos ir ahora? No estoy haciendo nada. Estoy sola y aburrida.
—Si esperas que realice otro trabajo al señor de aquí al lado, iremos.
—Claro. Esperaré.
Pasó alrededor de una hora. Aron vuelve a tocar el timbre de Isabelle. Ella lo atendió ya cambiada pero con la toalla envuelta sobre su cabeza. Se había entrado a duchar. Perdió la noción del tiempo. Ni siquiera se había llegado a maquillar tanto como quería.
—¡Dios! Me lo quitaré ahora. Haces muy rápido tu trabajo.—sonríe ella.
—Por eso me contratan mucho. Y tú si entiendes eso.—sonríe también.
Ambos viajan por el autobús hacia el lugar de Madrid en donde se encontraba el puente. Alrededor habían grandes parques floreados y muchos locales de comida. Ya presentía que no iban a aburrirse.
—¿Sabes qué?—comenta ella mientras caminaban por el puente.
—Te escucho, Isabelle.
—No quiero que hoy nos dediquemos a tomar fotos. Quiero que disfrutemos el día. También tenemos derecho, ¿no?—argumenta ella.
—Tienes razón. No te lo dije porque creí que te enfadarías. Y no soy bueno para que hacer desenfadar a las mujeres.
—Wow. Qué confesión.—ríe.—En realidad estaba pensando en...si me quisieras acompañar a un evento. Es cerca de aquí. Puede que te guste.—continúa ella mirándolo.
—¿Cuál es?
—"El modo de la moda" es el nombre del evento. Creo que...
—¿Hablas en serio?
—Claro. ¿Acaso te disgustaría?
—Por el contrario. Creí que era la próxima semana. Estuve tan atareado éstos días que no llegué a fijarme nada de eso.
—Me alegra que quieras ir.
—Por supuesto. Tenía miedo de qué tipo de evento me estabas por decir, pero escogiste el mejor.—responde Aron sonriendo y abrazándola por los hombros.
Llegaron rápido porque estaban a tan sólo cinco minutos de allí. Isabelle tenía las entradas. Se ubicaron en el centro. Estaba repleto. Parecía que la conferencia empezaría cuando la slices comiencen a apagarse lentamente. Todo hacía prever que habría una gran recaudación.
Comenzó a presentarse la directora de la cadena. Es decir, la creadora de este proyecto. Que obviamente incentivó a que grandes figuras quieran asistir por voluntad propia para aficionados como Isabelle.
—Mira...se acaba de desocupar un lugar de allí adelante. ¿Quieres estar en segunda fila?—pregunta Aron abriendo los ojos, esperando con ansias una respuesta positiva. Y así fue, Isabelle aceptó la idea. ¿Por qué habría de negarse? Nadie lo había ocupado. Tal vez sería la única oportunidad que tendría de conocer lo más cerca posible a sus modelos preferidos. Él no soltaba su mano. Eso la hacía sentir acompañada.
Empezaron con una similitud a un musical. Parecían ser jóvenes adolescentes de alguna institución coral. Realmente sabían lo que hacían. Estaban muy preparados. Y transmitían alegría a todo el público.
Luego, el panorama cambió para que hablara Ashton Well. Fue uno de los diseñadores más influyentes desde hace diez años. Isabelle lo seguía porque quería copiar su estilo al principio, cuando quería todavía pensar en la idea de ser modelo. Luego, cuando se dió cuenta de que podía captar la esencia de cada persona a través de su postura, empezó a creer que su destino tal vez sea otro. Otro muy diferente al que la razón le decía. Cada aplauso que la multitud hacía, ella lo sentía aún más. Se paraba entre el público y con los ojos llorosos aplaudía también y alentaba a que continuara con sus palabras. Aron sonreía desde el asiento mientras la miraba admirar a sus ídolos.
—¿Quieres que te traiga algo de beber?—pregunta él aprovechando que se había dado un momento de receso para que el público pueda descansar e ir al baño si lo requerían.
—Creo que es mejor que no tome nada por ahora.
—¿Por qué?
—Me dan ganas de ir al baño muy seguido, y no quiero volver a perderme nada, ¿entiendes? Nada.—continúa riendo.
—Como quieras, Isabelle.
Cuando el receso acabó, por fin, salió al escenario, correctamente iluminado, Jon Kortajarena. Esperó a que todo el público terminara de ovacionarlo y prosiguió a sentarse en el diván blanco frente a la entrevistadora Wanda Gómez. Isabelle tenía tantas expectativas de lo que podría aconsejar que hubiera deseado con toda su alma que su cámara estuviera allí con ella. Pero, los encargados de la producción de aquel evento no dejaban ingresar a las personas con cámara, ni teléfonos o cigarrillos. Lo más clásico posible. Así que sólo tenía lo que sus ojos podían regalarle y su memoria ayudarle.
Se concentró mucho más que antes.
—¿Hay alguien del público que quiera hacer alguna pregunta?—cuestiona Wanda alzando su micrófono.
—Alguna pregunta legal en lo posible—bromea Jon.
Isabelle se había levantado con las manos en alto. Al igual que casi todas las personas presentes. Como si de ser salvada por Superman se tratara. Se escuchaban indescifrables murmullos. Pero aún así ella insistió e insistió. Desde que podía recordar, daba por hecho la pregunta, o al menos, una de las preguntas que le hubiera gustado que Jon escuchara y respondiera.
-"¿Qué esperas que las personas sientan cuando te vean?".
Wanda terminó de decidir señalando a una mujer vestida de blanco entre el público de primera fila. Isabelle resopló. Tenía muchas más esperanzas que si hubiera estado en el centro.
—Mujer, ¿cómo te llamas?—pregunta Wanda.
—¡Anna!—responde eufórica.
—Perfecto. Ana, dime, ¿cuál es tu pregunta para el señor Kortajarena?—reprende la entrevistadora insistiendo a que una de las asistentes le traslade algún micrófono con el que se la puede escuchar claramente.
—Dios mío. Estoy temblando. Querido...querido Jon Kortajarena, ¿quieres casarte conmigo?
El público enmudeció por unos segundos.
—No puedo creer que todos desperdiciamos nuestra oportunidad para que ésta lunática haga una pregunta semejantemente estúpida.—le comenta Isabelle a Aron en voz baja acercándose a su oído. Cuando la intentó ver un poco más de cerca haciendo puntillas de pie, se dió cuenta que no había prestado atención a su velo blanco en la cabeza y que el vestido justamente blanco no era uno básico, sino que tenía agregado detalles de tul.
Aron sólo ríe disimuladamente ante su comentario.
—Wow. No sabíamos que teníamos hoy un público atrevido y dispuesto a todo. Pero...¿qué respondes Jon? Si es que tienes alguna respuesta—continúa Wanda.
—Voy a decirte dos cosas señorita Anna. Primero que no podría aceptar casarme contigo porque traicionaría con quien estoy viéndome ahora y probablemente rompa su corazón—ríe—O eso esperaría, ¿no?—bromea y hace reír al público.
—¿Y segundo Jon?—prosigue la entrevistadora.
—Y segundo que, a pesar que de lo que acabo de contar públicamente recién es cierto, podré regalarte un beso. Uno que guardarás—tose—espero, de recuerdo.—apenas termina de decirlo y el público se levanta de pie a aplaudirlo. Él baja por la corta escalera negra que tenía el escenario y se dirige a la valla que separaba su lugar del público. Y cómo Anna se encontraba en primera fila, no había que caminar mucho. Se inclinó y le dió un beso de cinco segundos. Esos cinco segundos que Isabelle contó con detenimiento mientras observaba si era cierto lo que le estaba prometiendo. Al terminar, se quedó plasmada en su asiento. Como si estuviera decepcionada de algo y sintiendo envidia a la vez. Pero no dijo más nada.
—Espero que él te guste menos de lo que te guste yo—comenta Aron sonriendo para romper el hielo que parecía empezar a formarse.
Isabelle ríe. Baja de la nube en la que estaba. Ahora sólo esperaba que diera sus típicos últimos discursos y vuelva a aplaudir.
Cuando las cortinas se cerraron, y el público comenzaba a despejarse lentamente luego de la cálida despedida a los que pisaron aquel escenario, Aron insistió para que Isabelle pasara al baño. Inventaba que de igual forma en el camino no podrían quedarse aunque quisiera.
Ella le hizo caso. Salió a los cinco minutos. Y volvió a buscar a Aron. Cuando lo encontró, lo tomó del brazo y se dirigieron a la salida.
—¡Aron!—grita alguien de atrás de ellos.
—¿Qué?–se dan vuelta Isabelle junto con Aron.
—¡Robert! ¡Cuánto tiempo!—pronuncia él abrazándolo.
Isabelle no podía creer que el representante de Jon, Víctor, conozca a Aron.
—¡Por dios! ¿Se conocen?—cuestiona ella apretando su mano.
—¿Cómo no? Hace mucho tiempo muchacha. Además él es gran amigo de Jon.—reprende Víctor.
Isabelle mira a Aron fijamente. No podía creer lo que había escuchado.
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Comments
Cristina Sandoval
me gusta la novela pero siento que no avanza no pasa nada nuevo ni se desenreda lo que pasa en la vida de Isabelle disculpa autora pero es lo que pienso
2024-02-02
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