Nunca había sentido que el agua se sentía tan rica. Tan hidratante. Tan desintoxicante. Y, ¿por qué no? Tan claro. Tan transparente. Isabelle deseaba que ojalá pudiera tener esa claridad en su cabeza, y por consecuencia, en sus acciones. Sólo pensaba una y otra vez las mismas cosas, pero en ninguna ocasión tenía una respuesta certera.
—Aron. ¿Podemos vernos ésta tarde?–pregunta Isabelle luego de intentar desayunar. Aunque eso correspondía empezar conquistar botella de agua y las pastillas.
—¿A qué hora te queda mejor?—responde él del otro lado del teléfono.
—Hablaré con mi tía y si no tiene problema en que vengas aquí. Nos juntaremos aquí. Realmente no me siento de lamejor forma para salir. Espero me entiendas.—prosigue ella.
—Me parece bien. Lo único que no entenderé de tí es por qué te fuiste tan temprano ayer.—se puede escuchar una coqueta sonrisa de su parte.
Isabelle sonríe y no sabe cómo responder a tal indirecta bastante directa.
Cuelga el teléfono luego de que hayan podido coordinar entre sí. Aron le hacía recordar algo a David. Una similitud muy insignificante. Nada en relación con el físico. David se trataba de una joven con rasgos muy particulares. Ojos marrones oscuros. El cabello castaño lo tenía por los hombros y siempre lo llevaba atado con una coleta. Solía vestir con ropa que le quedara grande. Un estilo bastante interesante. Pero no era mucho más alto que Isabelle. Le sobrepasaba por sólo siete centímetros. Era muy conversador. Esa era la razón de haberla conquistado en un punto. Isabelle no suele ser alguien que saca conversación a cualquier persona que mire. A menos que tenga una real confianza en esa persona. Y de esa forma, era lo más diferente a Aron. Bastante tímido para ser modelo. Con un cuerpo escultural. Se notaba que trabajaba por un objetivo. Simplemente que había algo en su mirada cada vez que Isabelle intentaba esquivar alguna pregunta de ella, que parecía hacer que no les agradaba. Como si quisieran saber lo que pasara por su mente. Aunque no tenía para nada claro para qué.
Stefani se había ido a su estudio bastante temprano. Le había dejado una nota en la alacena a su sobrina, quien no lo vió hasta el momento de lavar su plato y su taza.
"Vendré al mismo horario que ayer. Si no te contesto es porque apago el teléfono. Cuídate. Te quiero lo que ya sabes que sabemos." Esa frase típica de ambas. Una frase que llevaba tiempo sin decirse. La diferencia de edad entre ellas era se trataba de dieciséis años. Stefani sí que sabía conservarse. Aún así, mantenían una relación muy intensa. Antes de que Stefani decidiera irse a este apartamento. Lejos del hogar de Isabelle. Lea gustaba salir a vacacionar cada otoño y cada primavera a algún lugar cerca de allí. De esos que tenían lagos. Grandes paisajes verdes y variedades de animales. Incluso ambas conservan la fecha de un día en particular en el que fueron a Cenotes, en la Ciudad de Tulum, Quintana Roo. Donde entraron a esa cueva nadando en aquel agua tan transparente y tan puro que se volvía inexplicable. Si no fuera por saber perfectamente la edad de cada una, nuevamente se dirían entre ellas que fueran hermanas. Tan sólo una más mayor que la otra y ya. Esos días de verano se fueron disolviendo con los meses. Las cargas de trabajo. De estudio. De líos amorosos. Poco a poco ya no se veían con frecuencia. El amor permanecía tan intacto que habían remitido en mandarse cartas mientras permanecían a la distancia. Se escribían sus actividades del día y palabras que quería que la otra escuchara. Eso hacía que la distancia fuera tan sólo un impedimento para escuchar la risa en directo de la otra pero nada más.
Isabelle suspiró y se dirigió a cambiarse. Dejó la camisa otra vez en su cama y se propuso a continuar con su proyecto. Estaba segura que de ella no se ayudaba nadie más lo haría.
Aron llegó por la tarde. Cerca de las cuatro. Ya sabía de sobra la dirección del lugar. Su trabajo de "mantenimiento" que solía hacer cuando tenía tiempo libre era casi siempre en el mismo edificio de Stefani. Y Sarah solía ser clienta número uno.
—¿Quieres algo de tomar?—preguntó Isabelle mientras se acomodaba en uno de los sillones.
—Una cerveza si tienes.—responde él acomodándose.—Si me acompañas.
—En esta ocasión te diré que tomaré un té. Ayer ya tomé y no quiero sentirme culpable.
—Vamos...no lo harás.—sonríe.
Isabelle sonríe y trae nuevamente dos botellas.
—¿Estás sola ahora?
—Por ahora sí. Mi tía y mi...—piensa.—Aquí no vivo yo. Es de mi tía el lugar. Me quedaré por un tiempo.
Aron asiente.
—No me hablas mucho de tí. ¿Todavía sigues haciendo tus trabajos con la tal Sarah?—cuestiona ella tomando un sorbo.
—¿Estás segura que no la conoces?
—¿Por qué lo haría?
—Bueno. Viven en el mismo edificio a tan sólo dos pisos de diferencia. Y la ví la otra vez hablando con...no recuerdo el nombre. ¿Mason?
Isabelle no podía ocultar su sorpresa.
—¿Con Mason? ¿En dónde?
—Fue a platicar un rato con él en el entrenamiento. Se acercó a pedirme otro favor y se fue. ¿El no es tu tío? ¿O estoy confundiendo las cosas de nuevo?
Isabelle se levanta. Intenta no decir nada que pueda hacerla quedar mal. Y sin pensarlo trae otra de las botellas. Debía apretar sus ojos con fuerza para evitar derrumbarse.
—Creo que me equivoqué. Lo siento.
—No hay nada de lo que tengas que disculparte, Aron. Sólo que no tengo ninguna vinculación con él. Era pareja de mi tía. Sí. Pero nada más.
—Entiendo.
—Pero...¿de dónde sacaste que es mi tío?
—Me lo comentó Sarah.
A esta altura, Isabelle no quería seguir oyendo el nombre de esa mujer.
—Qué raro. Está completamente equivocada.
Aron sólo muestra otra pequeña sonrisa.
—¿Qué?—pregunta ella levantando una de sus cejas.
—Es la forma en la que te enojas cuando hablo de ella. ¿Estás celosa?—cuestiona bromeando.
—Aron...—ríe.
—Eso es lo que quería ver. Una sonrisa. Aunque no sé si podré concentrarme para simplemente hablar.
Isabelle no deja de mirarlo. Y sin pensarlo, se lanza a su boca nuevamente.
—¿Quieres empezar?—prosigue él mientras acaricia su cabello.
—Claro.
Isabelle prendió su grabadora y comenzó su cuestionario posterior.
Le agradaba la idea de que sea una persona con una vida tranquila. Dedicada al modelaje. Al boxeo y a la compra de su primera en casa en otro país. Portugal para ser más exactos. Y si con ésto no fuera poco, aspiraba en algún momento ser actor. De lo que sea. Cuando sea. El sólo hecho de actuar era suficiente para tomarlo. Tenía la misma edad que Isabelle y las cosas muy claras.
Al finalizar, Aron le pidió que le dejara releer lo que había escrito.
—Debo aclararte que es sólo un borrador. Debería corregir lo...—no terminó de decir ella cuando el que se lanza por un beso ahora es Aron.
Se fue unos minutos más después de eso.
Se echó en el sillón en el que estaban antes. ¿Qué hará con ésto que está pasando con Aron? ¿Se la jugaría por él? ¿Que más daba? No podía esperar a que otros se dignen a mirarla como esperaba.
Recibe, ya por la noche, una llamada de Elliot. Ella accede a atender. Esperaba, como casi siempre, algún reclamo o alguna invitación. Pero se equivocó. Nunca lo había escuchado que le hablara con una calma infinita.
—¿Qué sucedió Elliot? Explícame porque no te entiendo.—cuestiona.
—A mi padre lo hirieron, Isabelle. En este momento está en el hospital.
—Qué locura, Elliot. No puedo creerlo. Iré junto a tí. ¿Dónde estás?
—En mi apartamento. No me dejarán verlo hasta mañana.
—Bien. Iré junto a tí.
Isabelle cuelga y resopla. Debía juntar fuerzas para apoyar de la mejor manera a Elliot.
No quería que sufra.
Llegó unos minutos más tarde lo planeado. Era difícil conseguir taxi en ese horario.
—Gracias por venir, Isabelle.
—Como siempre.
—¿Ya has comido?
—Si cuenta haber dejado a la mitad mi plato, entonces sí.—ríe.
—Yo no tengo ganas de comer ahora. Me prepararé un café. Y a tí un té de matcha, ¿no?
—Exacto.
Ambos se sentaron en la mesada. Ella no dejaba de sostener la mano de él. Tal vez así sus nervios se calmarían un poco.
—¿Qué le pasó exactamente?
—No quisiera entrar en detalles ciertamente.
—¿Hablas en serio, Elliot? Siempre nos contamos las cosas. Qué podrás decirme que me asuste después de lo que te hice.
—Le dispararon. Todas las cosas que él hacía no eran precisamente legales. Lo que tu conoce sí. Pero imagina que no yo entiendo muy bien sus movimientos.
—¿Y tu madre?
—Mi madre no quiere verlo. Ya sabes que se habían separado hace años. Sólo en mi cumpleaños solían reencontrarse. Y con ésto, es más que obvio para que no quiera verlo más.
—No he venido a verte porque he estado intentando terminar algo de mi proyecto.—prosiguió ella.
—¿Cómo vas con eso?—pregunta él levantando la cabeza mientras continuaba apoyando sus antebrazos en su rodilla y ella parada frente él.
—Recién estoy empezando. Si sale bien, ésta semana tendré más novedades. Sino, no sé qué haría.
—¿Y cual es tu idea?
—Retrataré a un...compañero. Tiene aspiraciones de boxeador y es modelo. Un mini relato de él.—concluyó ella.
—¿No te parece curioso?
—Que sea modelo y boxeador a la vez.
—¿Por qué sería raro?
—Dos aspiraciones tan diferentes...
—Eso puede ser...
—¿Tiene novio?
—¿Novio?
—Bueno...tal vez sea gay.—¿Y quien es?—se levanta.—¿Lo conozco?
—Ya vas a empezar...
—¿Qué? Conozco a casi todos los aspirantes de por aquí. Deberías tomártelo con calma. ¿Ahora no puedo preguntarte nada?
—Sabes perfectamente que no es eso.
—¿Entonces?
—¿Yo te pregunto quien es la joven rubia con la que te viste esa semana que me fui?
—Ahora lo estás haciendo...—prosigue él cruzándose de brazos.
—Ahora sólo la estoy mencionando, Elliot.—responde ella revoleando los ojos.
—Vaya...
—¿Qué?
—Nada...
—Dijste vaya. ¿Vaya, qué?
—Es raro que no seamos nada serio como para tener discusiones tan estúpidas como éstas.
Isabelle sonríe y no dice nada.
Después de unos minutos, se sentaron en el balcón que tenía Elliot. Era una noche bastante cálida. No era necesario que usaran abrigos. Se podían observar con claridad las estrellas que les regalaba el cielo.
—¿Qué haremos ahora?—pregunta seriamente Elliot.
—Descansar, supongo. A menos que quieras que hablemos de...–intenta decir ella.
—De nosotros hablo.—interrumpe él.
Isabelle se queda mirándolo fijo a los ojos durante unos segundos y mira su taza, agachando la cabeza.
—No quiero que perdamos ésto. Te aprecio demasiado, pero no puedo aferrarme a tí.
—Sé que yo te había pedido que no hagamos nada en frente de los ojos de los demás. Pero...no puedo evitar querer tenerte a mi lado, Isabelle.
—Yo también te quiero en mi vida. Pero no de esa forma. Elliot, diablos, sabes todo lo que sufrí incluso mientras nos conocíamos, no es necesario que te aclare que no tiene nada que ver contigo. Si no es lo que buscas en mí, puedes dejarme fuera de la tuya, pero me estarías lastimando más de lo que imaginas.
Elliot sólo la mira y no responde más.
Isabelle saca de su pequeño bolso el reloj que se le había caído a Elliot.
—¿Por qué lo tienes?
—Se te cayó la noche que fuiste allá.
—No recuerdo que se me haya caído.
—Sólo dije que no recuerdo que se me haya caído.
—¿Entonces que yo lo tomé?
—Bueno, Isabelle, ¿te olvidas que me obligabas a que parara en el autoservicio en cada recorrido que hacíamos juntos para que puedas tomar las pequeñas botellas de whiskey importadas?
—Eso era lo que últimamente estaba saliendo de tí hacia mí. Ni en ésta situación dejas de ser tan idiota.
—¿Qué estás...?
—No vuelvas a llamarme a ésta hora. Yo también tengo cosas que hacer. Tal vez robar más botellas, ¿no?—responde ella irónicamente levantándose hacia la puerta.
Elliot sólo la sigue y la frena sosteniéndola del brazo.
—Quédatelo.—le responde él devolviéndole el reloj y colocándosela en su mano.
Ella acepta sin seguir la discusión. No tenía ganas de pensar en argumentos para alguien que no se pondría a pensar si estaba en lo correcto o no.
—Y para tu información, tal vez no sepa si mi compañero Aron sea gay pero sé cómo besa.—dice ella finalmente retirándose. No escuchó que Elliot dijera nada tampoco.
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Updated 46 Episodes
Comments
Edith Jimenez
estás con tu novio Eliot
2023-06-01
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