Parte 5

Isabelle aún conservaba la última foto que tenía con Elliot. Lo guardó en un álbum en donde también habían fotografías con todas las personas que había querido. David, por ejemplo, no era una excepción.

—¿Qué te dijeron?—pregunta Mason cuando la vuelve a ver entrar por la puerta de su escritorio.

Isabelle mira al piso sin decir nada. Se acerca de a poco hacia él y salta a darle un fuerte abrazo de alegría.

—¡Les encantó cómo me presenté!—comenta ella gritando.

—Lo...sabía.—responde él mientras respiraba el aroma de almendras que largaba su cabello en ese acercamiento.

—Igual...verificarán la propuesta. Pero, créeme, que cuando lo agarran sin debatir entre ellos ya es una buena señal. Al menos, puedo decir ésta vez que empecé con el pie derecho.—sonríe.

—Isabelle...yo...—intentó decir Mason.

—¿Qué? Dime—le presta atención.

—La camisa te queda mucho mejor a tí que a mí. Quédatelo.—responde con otra sonrisa.

—¿Hablas en serio?

—Sí, ¿por qué no lo haría? No me costó mucho. Imagina que tengo más camisas.—bromea.

—Gracias Mason.

Mason e Isabelle vuelven al apartamento de Stefani. En ese trayecto casi no tuvieron conversación porque él emprendía una larga comunicación con su entrenador.

—¿Sabes si Stefani ya llegó?

—No lo creo. Hoy llegará tarde, como de costumbre.

—¿Y tú irás a entrenar?

—Claro. Acaba de exigirme que haré una hora más de tiempo. Él sí quiere sacarme bueno.

—Ya lo estás...—contesta Isabelle mirándolo—y...¿podrías llevarme?—intentó cambiar de tema ante el nerviosismo que le volvió a jugar en contra lanzándola sin pensar a quién se lo estaba diciendo.

—¿Quieres...? ¿Quieres acompañarme?

—Lo necesito.

Mason sonríe y asiente.

Apenas llegaron. Él buscó a su entrenador y ella a Aron. Estaba realmente efusiva por empezar con su proyecto. Contar sus ideas y poner sus pies sobre la tierra.

—Podemos empezar cuando quieras Isabelle.—responde Aron ante su pedido.

—Si es por mí, empezaría ahora. Pero no quiero hacerte perder tiempo con tu entrenamiento.

—Si puedes esperar. Podríamos quedarnos un rato después. No me falta tanto para terminar. ¿Qué dices?

Isabelle mira a Mason. Se dirige hacia él, quien estaba de espaldas y apoya su mano derecha en su hombro. Podía sentir el sudor que corría de sus brazos. Realmente estaba dándolo todo.

—Mason...—intenta que su debilidad por él deje de controlarla.

—Bella. Dime.—prosiguió dándose la vuelta y dejando las pesas en el suelo.

—¿Te molesta que me quede para hablar con Aron luego de que termine?—pregunta ella hipnotizada por sus ojos.

—Yo te llevaré. Te espero si es lo que me pides.—respondió él.

—No...es que...

—Espera. ¿Es por trabajo que te quedas o por otra cosa?

—Mason.—ríe—Es por la entrevista obviamente.

—¿Entonces? No entiendo.

—Él me llevará luego. No quería que te preocuparas y si podrías avisarle a Stefani.—responde ella finalmente dándole un último saludo en la mejilla.

Mason sólo sonreía, hasta que la veía acercándose a Aron. ¿Quién era? ¿Qué buscaba? ¿Ella prefería acercarse con quien sería su rival? Los pensamientos se iban entretejiendo de a poco en su cabeza. Como una telaraña.

Isabelle anotaba cosas en su cuadernillo mientras esperaba que Aron terminara.

Luego, se ubicaron en los asientos cómodos que estaban uno de los espacios ventilados. Tomaban una bebida energizante y empezó:

—¿Qué te gustaría que pusiera de título?—cuestiona.

—¿Qué pensaste?

—"La bomba de (este) tiempo"—le mostró.

—¿La bomba de, este, tiempo?—preguntó—¿Por qué?—sonríe.

—Bueno. Haría referencia a dos cosas.

—¿A cuáles?

—La bomba que está a punto de estallar. Estás a punto de dar tu gran salto en ésto del boxeo.—concluyó.

—¿Sólo eso?

—Además, incluí de "este", porque como verás los demás están hace tiempo o son muy muy recientes. Creo que no pueden siquiera competir. ¿No?

—Es cierto. Soy medio punto se podría decir.

—Y bueno, podría decir que en doble sentido tú también eres una bomba.—ríe.

—Eso es lo que más quería escuchar. Me agrada.—dice sonriendo.

Pasaron alrededor de una hora armando la historia de él. Aunque sólo irá una parte muy superficial para el principio. Pero no estaba de más a quien estaba entrevistando.

—Es interesante que hayas dejado tu país para venir aquí a seguir tu carrera. Debió ser duro.

—Me entiendes tanto. Siempre recordaré eso. Pero siempre me dijeron que debo exprimir al máximo el talento que ven en mí.

—¿Igual debes trabajar para conseguir pagar todos éstos entrenamientos?

—En mi caso no. El entrenador ha dado un par de becas. Yo fui uno de ellos.

—Qué suerte tienes. Igual puedo notar cómo te esfuerzas en eso.—sonríe. Y a la vez piensa en cómo estaría haciendo Mason para pagar semejantes entrenamientos a la semana. Más los productos que veía que consumía. Sabiendo, precisamente, que estaba quedándose con Stefani, su ex pareja, y que aún compartían el auto. Era todo muy raro. Pero si tenía alguna molestia debía preguntárselo. Las dudas en su cabeza pocas veces le resultaron como esperaba.

—¿Sabes? En el curso de modelaje me dijeron que nada de eso serviría para estar en una portada. Y mírame. Aquí estoy.—comenta pensativo.

—Tienes todo para estar en cualquier portada, Aron.—responde ella. De a poco, el joven se inclinaba lentamente sin dejar que su mirada se apartara de la boca de Isabelle. Se acercó finalmente y la besó.

Ella estaba sorprendida. Podía notar que él era de los hombres seductores que, si se las ingeniaba, podía conquistar a quien gustase. Y, si bien Isabelle tenía la cabeza en otra persona, no le impidió que aceptara el beso.

Isabelle llegó alrededor de las once de la noche a la casa de Stefani. Tenía muchas ganas de contar que su portada estaba en pleno proceso. Tal vez, de esa forma, podía de una vez, encontrar un lugar propio de ella y dejar de buscar refugio en personas que ya de por sí tenían sus propios problemas que resolver como para sostener las de ella. Y aunque ella no contara nada de sus cosas, era notorio que tenía cuestiones que no funcionaban en ella misma.

Las luces estaban completamente apagadas. Como si ya estuvieran completamente dormidos.

Se dirigió a su habitación. Dejó sus cosas y se cambió la remera. Aún podía ver la camisa tirada en la cama. La agarró y sintió su olor. Realmente era el aroma de Mason. La sostuvo con fuerza. Como si alguien se lo estuviera por quitar. No tenía ganas de desprenderse de ese objeto que le pertenecía a él y que ahora pasó a manos de ella. Ni mucho menos de desprenderse de él. Su cabeza pocas veces le hacía caso. O más bien, nunca. Era bastante difícil luchar con eso.

Escuchó unos ruidos en la habitación de Mason. Creía que lo había despertado. Estaba a punto de golpear, pero al escuchar la voz de una mujer riendo, algo en ella hizo que no se atreviera. Se sentó en la silla de la mesada y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Lágrimas que intento que no desparramaran por todo su rostro. No sabía cómo manejaría la idea de verlo con alguien más. ¿Ese alguien era Stefani?

Cinco minutos después, Stefani abrió la pittas de su apartamento. Traía una gran caja junto con ella. Isabelle se quedo mirándola perpleja.

—¿Estás bien, Isabelle?—le pregunta dejando sus cosas en la mesada.

—Tía...claro...—respondió limpiándose disimuladamente la cara.

—¿Sucedió algo?

—No. Recién acabo de llegar de algo de un trabajo que debía terminar y...—apenas dice eso y Mason sale lentamente del cuarto.

—Mason estaba buscándote. Necesito que me ayudes con todas las cajas que tengo en el auto. ¿Podrías ahora?

—Claro Stefani. Ya voy.—le sonríe. Y luego, mira a Isabelle, podía notar su seriedad y su confusión. Quería decirle algo pero nada oportuno se le ocurrió.

—Qué ridículo que te pida ésto, pero, ¿podrías no hablar de ésta situación con Stefani, Bella?—pregunta Mason tragando saliva y mirando hacia atrás, haciendo entrever que alguien se encontraba allí dentro.

Ella sólo asintió y no le respondió con la mirada que solía utilizar.

Cuando volvió a sentarse, vió salir a una joven pelirroja. Parecía ser carismática también. Tenía ojos claros de color verde. Una sonrisa impregnada y llevaba un vestido suelto de color blanco con algunas flores color rojo.

—¿Eres Isabelle?—pregunta cuando la ve sentada en la esquina bebiendo de una botella.

—Sí. ¿Por qué?—responde ella mirándola sin dejar de beber de la botella. Que para ese momento ya lo tenía bajado por la mitad.

—Simplemente quería saludarte. Mason me dijo que convivía por ahora contigo y Stefani, y que eres la mejor sobrina que ha tenido.—sentenció con una sonrisa sin maldad y salió por la puerta colocándose una campera. Isabelle no llegó a ver si se trataba de una campera de él o una desconocida que le pertenezca a ella. Pero lo que menos entendía es en qué se basaba para sentirse mal por lo que vió, y recurrir, nuevamente a tomar para dejar de pensar. Es decir, no lo comprendía después de que ella también había tenido lo suyo con Aron horas antes. Y ni siquiera sabía en qué situación estaba con Elliot. ¿Seguiría o no con él? Cada día parecía estar más convencida de que Elliot se estaba enamorando de ella. La forma en que la buscaba y celaba, luego de haber acordado que cada uno haría lo que quisiera por su camino y aún así estar para el otro, era lo que más le provocaba creer en eso.

—Isabelle, ¿quieres tomar un té o algo?—pregunta Stefani luego de que Mason dejara todas sus cajas en el suelo.

—No, gracias tía Stef. Prefiero recostarme. Estoy muy agotada. Que tengas buenas noches.—responde ella ocultando la botella bajo uno de los almohadones para no preocupar a Stefani y dándole un beso en la mejilla a su tía, y sin pensarlo dos veces, también a él, a quien se lo notaba algo incómodo. No quería demostrar disgusto ni nada por el estilo. ¿Por qué debería? Sentía lo que sentía, pero con que sólo ella se entendiera y supiera lo que pasaba por su cabeza era más que suficiente. Eso lo había aprendido gracias a las tantas y variadas críticas que tuvo que escuchar sin haberlo pedido.

Stefani la nota rara, pero prefiere no molestarla y se dirige a tomar un baño.

Mason se sentó en aquel sillón en el que estaba Isabelle. Tocó bajo el asiento y pudo ver la pequeña botella de vodka en él. Había comprendido la razón de su extraño comportamiento. Sin embargo, no le parecía del todo correcto que vuelva a verla en esa situación. No quería entrometerse en su vida, pero le preocupaba que sienta que la descuidaba siendo alguien a quien le importaba.

—Isabelle. ¿Aún estás despierta?—pregunta Mason tocando la puerta de la habitación de ella.

Al principio no hubo respuesta, pero luego del tercer golpe, Isabelle se levanta y abre.

—Mason...—se rasca la cabeza—¿Qué sucede?

—Pensarás que soy entrometido pero, ¿puedo preguntarte por qué estás tomando a ésta hora?—cuestiona él cruzándose de brazos.

—Mason, ¿de qué hablas?— responde ella tragando saliva.

—De ésto.—responde él mostrándole la botella que había encontrado.

—¿No recuerdas lo que sucedió aquel cumpleaños que...?—intentó proseguir él.

—¡Ya para! Mason...¿Crees que no lo sé? ¿Que no lo recuerdo?—responde ella d runa forma totalmente inesperada para él. Y para ella.

—Bella..

—No me digas Bella. Isabelle me llamo.—responde ella recostándose y dándole la espalda.

Mason la mira unos segundos sin decirle nada y le deja la botella casi vacía en su escritorio. Se acerca para darle un beso en la mejilla e intenta apoyar su mano en su cintura lentamente. Pero cuando está a punto de lograrlo retrocede y se retira. Isabelle lo sentía. Cuando apoyó su mano en su cintura, él ya no estaba. Era agonizante que lo quisiera de una forma, que al parecer, él no veía de la misma manera. Se sentía muy extraño y doloroso.

Isabelle intentó dormir. Tenía tanto en qué pensar si quería ingresar en el mundo de las portadas de famosos. Aron lo tenía todo. Era como decía el dicho, un anillo para su cansado dedo.

Simón debía saber eso. Siempre le comentaba cada cosa que aparecía en su mente, ya sea nuevo, o algo con lo venía arrastrando hace tiempo. Sólo ser ella quien le pedía consejos, pero casi nunca los seguía. A menos que sea lo que quiera escuchar sinceramente. Daba vueltas y vueltas. Le costaba encontrar un lugar en ese estado. No se había sentido bien con la respuesta que tuvo que recibir Mason. Y todavía sostenía la camisa entre sus manos. Se secó las lágrimas que ya tenía entremezcladas con rímel y luego se levantó lentamente. Su cabeza comenzaba a darle vueltas, pero nada peor de lo que ya sufría estando absolutamente sobria. Se colocó la camisa encima de su ropa interior. Se miraba en el espejo una y otra vez. ¿Había algo que la desesperara peor que la incertidumbre? Para ella no. Tenía ganas de quemar esa ropa y olvidarse de él como se olvida de una carrera que hayas cambiado luego de que te das cuenta que no era lo que esperabas o un trabajo en el que no te recibían como te lo merecías. Y que el tiempo fuera quien decidiera si te imponía algo mejor o no. Pero no. Nada de eso era real. Se estaría mintiendo si se dijera eso a ella misma. Y lo sabía. Sabía que desde aquel verano hace cuatro años que su cabeza se sentía extraña en pensar en Mason de una forma que no fuera la típica de pareja de su tía. De alguien "de la familia". Y lo más difícil de admitir era que debía dejarlo ir. No exponerse a sufrir de la misma forma que con David. Debía hacerlo si realmente lo quería. Irónico pero cierto. No podía odiarlo. Ni siquiera en lo más mínimo.

Se recostó en la cama. Abrió su galería y borró el video en el que lo había grabado sonriendo en el auto. Otra lágrima volvió a brotar con más razón. Abrió su aplicación de música y decidió que el momento era más que suficiente para escuchar It Must Have Been Love de Roxette. Había algo en esa profunda canción que estaba describiéndola.

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Edith Jimenez

Edith Jimenez

Isa tienes que hablar con Masón

2023-06-01

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