Parte 9

Isabelle sostenía con fuerza el trapo bastante frío que tenía apoyada sobre su frente. Ya no le dolía el abrir los ojos y ver luz brillante.

Recordaba que había llegado a su cama por ayuda de Mason, pero no lo que había pasado en todo aquel trayecto. Se sentó de un sobresalto y se agitó. ¿Por qué no lo recordaría? En el estado en el que estaba, tranquilamente podía haber reaccionado mal o disgustadamente. Tenía sentido. Se miró a ella misma y se dió cuenta que llevaba puesta la camisa de Mason nuevamente. ¿En qué momento se había cambiado? Y justo con esa camisa. No había nada peor que no recordar algo que deseas co ansias que sí se pueda.

Mason tocó la puerta. Sabía que ella podía haberse despertado.

Isabelle se sentía insegura de dejarlo pasar. No tenía miedo. Al contrario, era demasiado temprano, o más bien, recién se había despertado, como para que pensar en qué explicaciones podría darle.

A pesar de que ella no contestara a sus golpes. Utilizó la llave del cuarto y entró sigilosamente. Temía que estuviera aún descansando.

—Mason...

—Isabelle, ¿ya estás despierta?—pregunta con un vaso de agua en la mano.

—Eso creo. Aunque preferiría que me digas que estoy soñando. O que todo ésto es una pesadilla. Lo que pasó fue tan...

Mason demuestra una leve sonrisa.

—Por cierto. ¿Qué fue exactamente lo que sucedió cuando vine? Al parecer tomé más de lo que creí.

—No creo que sea momento de hablar de eso.

—Dios mío. Te hice algo. ¿Te hice algo?—pregunta sorprendida esperando que su respuesta no la descoloque.

—¿Qué me podrás haber hecho? No. Tranquila. Simplemente que tu estado en ebriedad y sintiéndote mal contigo misma no es de lo que más me gustaría hablar contigo en este momento.

—¿Entonces?

—Estás con esa ropa porque te cambié apenas llegaste aquí.

—¿Qué?

—En realidad te lo coloqué arriba de la ropa que ya tenías puesto, no te preocupes. Después creo que te lo quitaste tú sola. Cuando me fui.

—Lo recuerdo. Estaba muy acalorada. No sé qué decirte...

—Yo sí. Lo del otro día, ¿recuerdas?—pregunta él apoyando su mano en el escritorio mientras estaba parado.

—¿Lo de Sarah?

—Sí. No creí que supieras su nombre.

—Bueno...ella me lo dijo.—mintió.

—No es lo que crees. No quiero que pienses de mí de una forma que no lo soy sólo porque la apariencia así lo indica.

—No debe importarte lo que yo piense. Mírame. ¿Lo que yo piense? ¿En serio?

—Bueno, sí. Me importa más de lo crees, Bella.

—Claro...—acepta irónicamente.

—No estoy saliendo con Sarah, si es lo que pensabas.

—Últimamente ni sé lo que pienso.—continúa ella.

—La conocí hace unas semanas. Realmente fue una de las pocas personas con la que pude sentirme seguro. No soy tan fuerte como parezco.

—¿Sentirte seguro?

—Sí. A veces no estoy tan seguro de que haber elegido pelear haya sido mi mejor decisión.—explica él mirando hacia la ventana. Ese paisaje mostraba el patio interno. Con dos árboles de pinos bellísimos y el suelo cubierto de un pasto verde fascinante. Las rosas rojas y blancas también proporcionaban su encanto.

—¿Por qué lo dices?

—No me siento seguro de que podría ganar. Tal vez, ahora entiendo un poco más sobre el miedo de Stefani en cuanto a eso.

Isabella asiente. El que haya mencionado nuevamente a Stefani le hace pensar que tuvo una profunda conversación con ella.

—¿Mi tía ya...?

—Si te referías a si te vió llegar, no. No estuvo. Por eso te había llamado yo toda la noche. Ahora entiendo porqué no respondías.

—¿Y...?—piensa ella juntando con sus manos—Nada, nada.

—Dime.

—¿De...? ¿De qué forma te ayudó Sarah con eso?

Mason ríe. Le hacía gracia que le costara formular esa pregunta.

—Ella es tarotista y sanadora espiritual. Por eso pedí de su ayuda este último tiempo.—responde él mientras notaba a Isabelle mirarlo con detenimiento.

—¿Por qué haces eso? No creo que lo necesites...

—No es tan fácil como parece Bella. Yo...Bueno. Lo siento. Había olvidado que no querías que te llamara así.

Isabella ríe nerviosamente.

—No te preocupes por lo que dije. Haremos como si no te hubiera dicho eso. En realidad me gusta más como me lo dices.

—¿Sí?

—Bueno...Bella sueno lindo. A pesar de que técnicamente sería "Belle" pero eso no tendría sentido.

Mason vuelve a reír.

—Cuando vino aquí fue porque creí que no estabas ni tú ni Stefani. Si te digo lo que debía hacer en ese cuarto, me avergonzaría mucho.

—¿Qué hiciste?

—Una especie de "desquite". Fue extremadamente raro. Ya a lo ultimo solamente se dedicó a escribir las cosas que podría hacer. Y ahí fue cuando salí y te ví.

Isabelle se levanta y se dirige a él. Toma su mano y la aprieta.

—Gracias por explicármelo, Mason. Creí que...—intenta decir Isabelle bajando su mirada. Mason corre suavemente la mano de ella de la de él. Apartándola nuevamente a su posición inicial. Mientras veía su camisa puesta en ella.

—¿Crees que podrías bajar a almorzar?—pregunta él saliendo por la puerta.

—Seguro.—dice ella finalmente sentándose en la cama con las piernas cruzadas.

¿Lo había notado algo raro o ya estaba desvariando? Por lo menos, le había aclarado lo de Sarah. No sólo porque le hubiera calmado el dolor que le hubiera provocado lo que verían sus ojos, sino porque no se esperaba que él actuara de esa forma. Tan impulsivamente sin importarle ni un poco lo que piense el resto.

O, en este caso, ellas.

Bajó por las escaleras aún intentando en ciertos momentos sostenerse. Y observó a Mason y Stefani tomando jugo en la mesada. Se procuró de que no fuera una situación en la que podía estar interrumpiendo.

—Isabelle...Acompáñanos.—anuncia Stefani, quien estaba acariciando el cuello de él antes de que notara la presencia de su sobrina.

—Imagino que aún te siguen gustando las batatas fritas, ¿no?—pregunta él levantándose.

—Claro.—respondió ella sin escuchar con claridad lo que le había preguntado. Sólo estaba prestando atención a la forma en que su tía miraba a Mason. Le recordaba a lo de hace un tiempo atrás.

Los tres se sentaron a comer. En la mesa habían habichuelas, las preferidas de Stefani, las batatas y rolls de queso de queso y crema.

—¿Te gustan?—pregunta Stefani.

—Los rolls están increíbles. No podría decir lo mismo de las habichuelas—ríe Isabelle.

—Bueno. Me alegro. Las pedí porque me lo habían recomendado de un tal chef llamado Evan. No lo conozco. Pero lo he escuchado nombre mucho.—responde Stefani.

Mason se dispuso a servirles la bebida en sus vasos.

—¿Y tu proyecto?—prosigue su tía.

—Estoy en eso. Quería consultarte si...—pensó Isabelle. Al instante, había algo que le hizo cambiar de opinión en cuanto a pedirle a Stefani ser su musa. No tenía ganas de retratarla. Además, sentía una enorme frustración pensar que dependía de un hilo para salvar su idea. O, más bien, de ella. Podría no salir como esperaba, y resolvió no darle la oportunidad.

—Te escucho...

—¿Podría tomar fotos aquí?—terminó diciendo. No estaba segura todavía de qué fotos ni a quién, pero sabía que algo iba a tener que hacer.

—¿Fotos aquí?

—Bueno...Es cálido, y amplio. Y me siento más a gusto. Pero, si te disgusta podría buscar otro lugar.

—No me disgustaré por eso, Isabelle. Tienes todo mi apoyo desde ya.—responde Stefani. Y sostiene la mano de su sobrina. Brindándole de ésta forma su compresión. Sin embargo, así Isabelle termina por notar el anillo que llevaba en su dedo medio de la mano izquierda. Era un anillo de piedra negra. Tenía unas terminaciones que parecían ser relieves irregulares. Básicamente, lo primero que pensó fue en que haya sido un regalo de Mason.

—Lo aprecio. Apenas tenga todo en orden, te avisaré.—comenta Isabelle juntando los platos. No tenía tantas ganas de hablar, y sinceramente, apenas podía tragar la comida con las náuseas que tenía.

Más tarde, Isabelle llamó a Aron. Coordinaron en cuanto a el tipo de vestimenta que quería que lleve puesta. Todo debía estar sincronizado. Sólo le quedaba esta semana para juntar todo lo que pueda y luego enviarlo para editar. Aún así, lo que más le molestaba era no haberle hecho caso al consejo de Marion. Y no porque no quisiera.

Aron llegó un poco tarde. Pero a Isabelle no le importó porque ella también estaba atrasada. No encontraba sus materiales. Y eso la ponía más nerviosa.

Sin pensarlo, Aron la saludó con un beso. Fue sorpresivo. Y junto con él trajo dos bolsas. Una con champagne y chocolates, y otra, con algunas cosas que fueron pedido de Isabelle.

—¿Entonces no estás tan molesta?—pregunta él acariciando su rostro.

—No. Sólo que no sé cómo responder a tu beso. Me desconcentras.—ríe.

—Bien. Bien. Tienes razón. Soy culpable.—responde él sonriendo también.

—Ubícate allí. La luz del sol que da al balcón te favorecería mucho.—explica ella.

—¿Y la camisa? ¿Me la tengo que dejar o cómo?—cuestiona Aron.

—Sí. Pero...—intenta decir ella, pero se frena cuando puede ver por primera vez su torso desnudo. Sólo tenía una chaqueta por encima que se lo coloca. Combinando con el pantalón ajustado de color blanco.

—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo.—responde él, ubicándose.

Isabelle se pone en posición y sostiene su cámara. Lo enfoca y comienza a disparar flashes. Realiza tomas de un lado y del otro. Algunas más cerca y otras más lejos. Trataba de ser lo más objetiva posible.

—¿Sabes que estuve viendo fotos de modelos?—comenta Aron.

—¿En serio?—prosigue ella.

—Sí. Y las que más llaman la atención, o parecen no ser tomadas con tanta frecuencia son las que se enfocan desde abajo. Sin ánimo de incomodarte. Sólo sugiero.—responde él.

Isabelle entrecierra los ojos. Intenta captar lo dicho por Aron. No podía negar que podría ser 

atrevido, pero ya había sacado de todas las formas posibles y tenía razón, podría llamar la atención.

—Dame un minuto. Ya vuelvo—dice ella yendo por un vaso de agua.

Escuchó la puerta abrirse y se dió vuelta inmediatamente. Se trataba de Mason. Y tras él, la carismática de Sarah Russo.

—Isabelle, disculpa que...—intenta decir Mason viéndola en la cocina y a Aron en el gran ventanal, frente al balcón.

—Él es Aron. Estoy tomándole fotos aquí como le había dicho a Stefani.—explica ella mientras se dirige a saludarlos. Aunque Sarah no le inspiraba tanta confianza, como parecía ser que a Mason sí.

—Intentaré no molestar.—dice Sarah.—¡Aron! Qué sorpresa verte aquí. Estás muy...¿sensual puedo decir o quedo mal?—ríe.

—Qué tal Sarah. Me halaga que me lo digas.—ríe también.

Mason mira a Aron de arriba a abajo. Sin hacerlo de mala forma. Se sorprende por la poca cantidad de ropa que llevaba puesta y se sienta del otro lado. Había en el lugar dos balcones. Uno que daba a la calle. A la cantidad de autos pasar. Y otro, en frente, de forma paralela, que parecía ser más relajado porque daba al patio del vecino, que sólo tenía una pequeña piscina. Y ahí estaba Mason, sentado frente a Sarah, quien se supone que iría a hacerle algunas preguntas que anotaría en su libreta.

Se ubicó entonces, en frente de Aron. El seguía en la misma posición. Se sentó cerca de sus pies y comenzó a sacar lo mejor de él en su cámara. Aron lo agarraba con su mano como si se tratara de la cabeza de ella. Era visible la capacidad de modelo que tenía. Incluso Isabelle, que sólo lo veía a través de un ojo, se sentía atraída.

Mason no podía concentrarse en profundidad con la lectura de Sarah. En ciertas ocasiones miraba la forma en que realizaban la sesión. Sabía que era parte de su trabajo. Pero le incomodaba ver a Isabelle así. O tal vez, porque él no entendía nada de este tipo de cosas.

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Comments

Adriana Padron De Parra

Adriana Padron De Parra

,Hay mucha química entre ellos, aparte de que Bella tiene los cables en corto no sabe definir sus sentimientos por Mason

2023-09-06

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