Todo se volvía oscuro para Stefani. Su divorcio con Bruno Germani estaba viviéndose cada vez más tormentosa. Sentía que la presencia de Mason era lo único que la mantenía a salvo de cometer la locura que había jurado no hacer frente a él. Ni siquiera su hermano Arnaldo sabía las miles de cosas que pasaba por la cabeza de ella. No eran muy compatibles. La diferencia de catorce años entre ellos era notorio. Las distintas formas de ver la vida era algo que no les sorprendía a ningún miembro de su familia.
—¿Hola Stefani?—pregunta Mason respondiendo el teléfono mientras salía del camino del centro médico.
—¿Me acompañarías a la reunión con mi abogado?
—Sabes que no me negaría. ¿Cuándo es?
—Es este fin de semana. Pero, luego, me quedaría a descansar por el domingo.—añade.
—Vaya...
—Bueno sé que puede sonar algo apresurado pero...no lo sé, Mason. Si no te agrada, entiendo que no aceptes.
—No he respondido aún, Stefani.
—Bueno pero...
—Me han recomendado descanso. Imagino que...si iría sería un buen plan descansar.
Se escucha a Stefani sonreír.
—De acuerdo. Cuando llegue a casa coordinaremos mejor. No quisiera algún imprevisto.
—Estoy de acuerdo.
Mason cuelga y se dirige hacia donde estaba estacionado su auto. Cuando alza la mirada, nota una revistería. Recuerda haber charlado con Isabelle, hace un tiempo atrás, sobre modelos que le agradaban. Estaba a punto de llamarla para preguntarle si aún le seguía gustando. Pero prefirió que sea sorpresa y que, en caso de que no le gustara, lo pudiera simplemente cambiar por a otra cosa.
Ingresó al local, se llamaba Fedit, era muy amplio. Tenía aproximadamente quince vendedores tras los mostradores y era entendible cuando observó las personas que están allí dentro. Tomó su número, y esperó su turno. Lo atendió un joven carismático que luchaba con que sus anteojos no se le cayeran.
—¿Qué estaba buscando?—cuestiona el joven que tenía un pequeño cartel con el nombre de "Alexander".
—Estaba buscando las revistas de moda en el que salen los modelos Mark Vanderloo y Jon Kortajarena, ¿puede ser?—cuestiona.
—Son revistas antiguas.—continúa.
—Oh, entiendo. Ya ni las tienen...—dice Mason resignándose.
—No, no es éso. Sí las tenemos. Es que cuestan más de las actuales.—explica Alexander.
—Mmm. Bien. Me llevaré de igual forma. Ya estoy aquí.—continúa.
—En aquel sector tienes todos los modelos de los diferentes años. Puedes elegir y luego te cobraré aquí.
Mason vuelve a su auto luego de hacer su compra. Había escogido tres. Debió pagar en cuotas de su tarjeta. Pero no se arrepentía. Sentía que Isabelle merecía un pequeño mimo después de haberlo ayudado en su situación tan bochornosa.
Llegó al apartamento. Isabelle se encontraba limpiando su cuarto.
—¿Puedo pasar, Isabelle?—pregunta él con la bolsa de papel madera en su mano.
—Mason...dios. Sí, sí puedes. Estaba limpiando. Estoy extremadamente...mugrienta.
—Quería darte ésto.—prosigue él. Nunca se había sentido tan nervioso en algo así.
—¿Para mí? ¿Qué es?—pregunta ella abriendo los ojos y apoyando el trapo que tenía en la mano en su cama.
—Bueno...tómalo como una especie de agradecimiento.
—No debiste hacerlo—sonríe—pero...¡Dios mío! ¿¡Las últimas colecciones de Mark Vanderloo y Jon Kortajarena!?—continúa gritando de la emoción.
—Wow. No sabría que te gustaría tanto.—continúa Mason admirando la forma en que se alegraba por eso.
—Es que...Mason...¡Son las últimas ediciones! Si no me emocionaría por ésto, no serviría para ser fotógrafa.—continúa ella intentando abrazarlo pero deteniéndose ante su vergüenza por la forma en la que se encontraba.
—No te preocupes...si no quieres acercarte lo haré yo.—prosigue Mason aproximándose a ella y dándole un beso en su mejilla antes de retirarse.
Isabelle se sentía tan débil. Como no se había sentido antes. Un regalo tan preciado que fuera tan propio de Mason tan sólo con haber recordado la conversación de sus gustos hace tiempo atrás, era mucho más especial que cualquier otra cosa.
Stefani le había solicitado a Mason que pueda acompañarla a retirar los pasajes que se encontraban en la Central de la Ciudad. Él accedió. Ya le había aceptado la propuesta y no iba a echarse para atrás.
Isabelle buscó en internet qué sucedió de la vida de aquellos modelos. Encontró, a medida que iba bajando, que tres de ese gran grupo iba a dar una conferencia ese mismo fin de semana. Ella decidió reservar dos lugares. Eran gratuitas. Simple te debían colaborar a beneficio si querían alguna foto con uno de ellos. Isabelle llamó a su tía Stefani. Quería comentarle esa idea que tuvo. Un día en el que puedan disfrutar juntas como antes. Sabía que su pasión por la moda tenía mucho que ver en su adoración por las y los modelos y retratarlos.
Ella no contestaba. Creyó que tal vez podría esperarla. Se supondría que en una hora estaría allí.
Stefani y Mason habían llegado a la Central un momento antes de que cerraran sus puertas. Es decir, antes de que la venta y retiro de pasajes ya no esté disponible para ese día.
Tuvieron que hacer una fila más larga de lo normal y luego de media hora pudieron conseguirlas.
—¿Notas lo feo que está poniéndose el día?—comenta Stefani mientras veía a través del gran ventanal.
—Es cierto. No me había dado cuenta. Deberíamos apurarnos.
Stefani estaba muy emocionada. Mason se sentía tranquilo. No acompañaría a cualquier persona. Se trataba de Stefani. A quien el cariño que le tenía probablemente no desaparecería nunca.
—¡Mason!—grita Stefani alzando la mano ya que se encontraba saliendo del sanitario.
—Aquí estoy. ¿Ya podemos irnos o debes retirar algo más?—cuestiona él mientras ella se sostiene de su brazo.
—No. Ya terminamos.—continúa ella sonriendo.
Luego de recoger sus pertenencias, se dirigieron hacia la puerta de salida. Allí había que realizar otra pequeña fila pero que avanzaba normalmente más rápido.
Uno de los guardias de la terminal advierte a los pasajeros, que estaban esperando para devolver el pase de salida y retrase al fin, que estaba comenzando a caer un fuerte granizo. El cielo se volvía de celeste grisáceo a gris oscuro u eso no era buena señal. Debían ser precavidos y estar alerta. Su trabajo principal era proteger a sus clientes, les guste o no.
—¿No podemos irnos por cuanto?—pregunta Mason al corpulento guardia.
—No sabría decir señor. Como le dije a todos los pasajeros, por su seguridad deberán quedarse los que tienen que viajar mañana temprano. En lo posible.
—¿Está seguro de lo que está diciendo?—añade Stefani.
—Claro que lo estoy. Usted misma puede notar el cielo.—reprende el guardia.
—Ya entendimos.—contesta Mason de mala forma. Sentía que el hombre estaba siendo irónico tanto en cómo hablaba y cómo los miraba.
Stefani y Mason se asomaron un poco más cerca de la ventana. El clima empeoraba aún más, y según las noticias seguiría toda la noche así.
—Tengo tres llamadas de Isabelle.
—Debe creer que ya estás por llegar.—añade él para tranquilizarla. Al momento, él también estaba recibiendo una llamada entrante. Nuevamente se trataba de Isabelle.
Mason contestó.
—¿Isabelle? ¿Estás bien?—pregunta él al mismo tiempo que miraba a Stefani.
—Claro que estoy bien. No sé nada de Stefani ni de tí. ¿Dónde estás?—cuestiona ella.
—Es que...estamos juntos aquí en la terminal.
—¿Qué?—cuestiona Isabelle sin entender.
—Isabelle. Soy yo, Stefani. No te preocupes. Mason me acompañó a que retirara algo. Se nos hizo tarde. No te contesté porque había apagado el teléfono...—explica nerviosamente Stefani luego de haberle arrebatado el celular a Mason.
—Y...¿cuando llegarán?—continúa Isa.
—Tal vez más tarde de lo normal Isa...Mason tiene bastante apuro también, pero el día no ayuda.—prosigue Stefani.
—Pásamela.—interrumpe Mason solicitándole su teléfono a Stef.—Bella...creo que nos quedaremos aquí. El guardia nos lo había recomendado, pero no estaba seguro. Es más ni siquiera lo pensé. Pero consideramos que será lo mejor si mañana viajaremos temprano.
—¿Qué? ¿Mañana viajan? ¿A dónde?
—Es que...—continúa él mirando extrañamente a Stefani.—¿No le habías dicho?—pregunta en voz baja.
Stefani niega con la cabeza y reconoce que iba a contárselo cuando llegase. Pero eso ya no era una opción.
—Tendrá que viajar por el fin de semana y la acompañaré. ¿Estarás bien?—pregunta él cerrando los ojos que se le estaban volviendo cristalinos por la situación. No le agradaba la idea de tener que dejar a Isabelle por esos días y mucho menos después de pensar que ni siquiera se lo imaginaba.
—No...Está bien. Avísenme cuando vuelvan. Estaré bien.—continúa ella y luego cuelga. Su respiración también estaba algo agitada. Había llamado a Mason, después de que Stefani no diera respuesta, porque creyó que tal vez podría ser él su segunda opción para acompañarla. Y después de todo, sabiendo que ninguno de los dos podrían estar con ella. Se resignó a pensar en no asistir directamente.
Notó el cielo. Y debía admitir que el clima estaba realmente asustándola. Ella odiaba las tormentas. Y ahora estaba sola además. No quería seguir trabajando con sus fotografías. Lo dejó en el cajón de su cuarto. Y decidió ponerse a juntar toda la cantidad de ropa que había para doblar y guardar. De igual forma, la mayoría le pertenecían a ella. Se había cambiado notablemente éstos días cada vez que salía o debía recibir a alguien en el apartamento. Stefani casi no estaba en casa últimamente como para acumular mucha ropa. Y Mason menos. Aunque estaba segura que a partir de ahora quizás empiece a ser el que más acumule con los días de práctica que parecía tener en mente.
Entró al cuarto de su tía. Tan sólo tenía que guardarle cuatro prendas. Su cuarto olía a frutilla. Como lo recordaba casi siempre. Notó uno de los cuadros que había allí. Era la tomada por ella en aquel viaje a Cenotes. Se veían radiantes. Isabelle deseaba poder volver a sentirse así con ella. Sentía que cada día la veía menos a pesar de que estaba viviendo en su propia casa.
Uno de los vestidos de Stefani cae del armario que tenía la puerta entreabierta al suelo y llama la atención de Isa. Se quedó mirándolo unos segundos y lo levantó.
La tela era de seda cruda. Color azul intenso. Olía a un perfume de vainilla. Y cuando decidió volver a guardarlo notó la cantidad de ropa que tenía allí guardado. De igual forma, no esperaba menos. Era una diseñadora y modista espectacular. No podía imaginar que tenga prendas de mala calidad. Y su buen gusto no era una simple casualidad. Tenía de casi todos los colores.
Ella apretó con fuerza uno de color verde oscuro. Lo sacó de su percha e intentó probárselo. Quería saber si le gustaba tanto como para creer que en algún momento podría comprarse uno.
Pero fue un inesperado rechazo por parte del vestido. Y una decepción para ella. No le entraba. Ni siquiera había llegado a pasarle los muslos. Buscó otra prenda. Un sweater, ésta vez, color marrón. Intentó ponérselo. Pero le apretaba el vientre. Casi hasta le comenzaba a dificultar la respiración. Tenía miedo de llegar a rasgarlo mientras se lo quitaba. Y cuando se sentó en el borde de la cama de Stefani. Notó un largo pantalón negro. Recordaba habérselo visto puesto a su tía. Ella siempre le insistía en que quería regalárselo. Pero a Isabelle el color negro no le agradaba mucho en ese entonces. Fue, entonces, la última oportunidad que le dió a las prendas de Stefani. Se probó y nuevamente el espejo no estaba siendo su mejor aliado. Tuvo que quitárselo resignadamente. Ella sabía que su tía era una mujer alta, esbelta y cuidada, pero creía que algo de eso aún así podía quedarle bien. Tenía la cintura marcada. Dos líneas coloradas que le había dejado el maldito pantalón. Volvió a guardar todo esos "ideales" donde los había encontrado, y salió por la puerta. Entró a su habitación. Ahí tenía su camisa hecha a su medida.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 46 Episodes
Comments