Al comienzo, sólo se escuchaba un ruido ambiente. Isabelle tuvo que hablar varias veces para constatar que alguien se encontraba del otro lado. Y cuando estuvo a punto de colgar, alguien parecía querer decirle algo.
—Por favor...No...no me preguntaste nada. No...me...preguntes nada.—habla por fin.
—¿Mason? ¿Eres tú? Dime que estoy delirando.—responde ella.
—Só dá você, só dá você, só dá você ieieieieeee—termina cámara do como podía como respuesta.
—¿Qué? ¿Estás bien?—se levanta de la cama—¿Qué estoy preguntándote? No estás para nada bien.
No se volvió a escuchar a Masón decirle algo, pero el teléfono seguía corriendo los segundos sin cortar. Isabelle no sabía que hacer para saber donde se encontraba. Entró a sus redes, y pudo notar un video subido por Mason. Era algo raro para ella. No solía subir cosas suyas. Seguramente porque no le dedicaba tiempo. Porque con lo que hacía y con el rostro que tenía podría vivir subiendo lo que quisiera. En el video en cuestión se lo podía ver saltando en un lugar al aire libre. Tenía luces colgadas color verde y atrás un pequeño escenario en el que parecía que hacían karaoke. Al instante intentó buscar algún bar al aire libre. Sabía que por la zona habían sólo tres. Y por lo menos, rogaba que haya escogido salir por la zona.
—¡Acá estás!—grita ella al encontrar la ubicación. Aunque la zona le resultaba conocido.
Cuando estaba a punto de salir, escucha un auto llegar. Mira por la ventana. No podía distinguir muy bien quien se bajaba del asiento del conductor, pero sí a quien traía a su lado sosteniéndolo del brazo.
—¡Mason!—grita ella al reconocerlo.
Baja inmediatamente por las escaleras y se dirige al primer piso al recibirlo.
—¿Isabelle, cierto?—pronuncia Brandon, quien conducía el auto.
—Sí. ¿Tú no eras su entrenador?—pregunta ella mirando el rostro caído de Mason.
—Así es.—continúa.—No ha entendido algo que le dije y parece haber estado tan enfadado con él mismo que se provocó ésto. Lo traje porque a pesar de todo lo aprecio, y lo hago por si bien. Cuando esté listo para pelear que vuelva. Lo recibiré con los brazos abiertos.—comenta Brandon llevándolo por el ascensor con la compañía de Isa.
—Lo intentaré.
—Sé que a tí te escuchará. Tal vez un poco más que a mí.
—Uff. Si me escucharan tanto créame que no tendría tantos traumas.—responde ella riendo.
Brandon comienza a reír.
—Perdona. La situación no es nada agradable pero eres graciosa. Aunque sospecho que lo dijiste realmente.
—No. Para nada.—miente.
—¿Podrás tú con él?
—Lo intentaré.—responde nuevamente.
Brandon la deja a Isabelle los brazos sostenidos de Mason. Él se sostenía de ella con más fuerza. Apenas entraron, se sentó en el sillón.
—Es raro tiene que reprenderte.
—Al revés. Tendría que ser...al...al revés.—continúa Mason rascándose los ojos.—Todo tendría que ser al revés.
—No vuelvas a lo mismo. Que yo sea más chica que tú no significa que tenga más equivocaciones. No que tú tendrás que no volver a cometer errores, ¿entiendes?
—Sólo quería...quería salir a divertirme. Como cualquiera. Como Stefani. Como Brandon. O como...como tú y Aron.
—Vaya Mason. No sé qué decirte para que te sientas mejor.—responde ella acercándose a él y sentándose frente a sus rodillas.
—No me mires...estoy mal. No quiero que me veas así.
—Bueno. Tú ya has tenido que verme así. Soportar las idioteces que dije. Estamos ahora a mano, ¿no?
—Bella, no...—intenta decir mientras la miraba fijamente y acariciaba la mejilla derecha de ella con delicadeza. Y con la otra, sostenía su mano.
—No necesitas hablar ahora. Dormirás hoy aquí.—responde ella y se dirige a buscar alguna manta. No logra encontrar las que tenía en el cuarto de Mason ni Stefani porque las puertas estaban cerradas con llave. Decide, entonces, sacar una de las que tenía en su cama, y tapar con eso a él. Luego va por agua.
—Bella, ¿quedarte?—pregunta él bebiendo el vaso de agua que trajo Isabelle.
—¿Cómo, Mason?—abre los ojos y aprieta su mano izquierda. Estaba nerviosa.
—¿Puedes quedarte?
—Está bien. Me quedaré a dormir aquí. Por suerte el suelo está cubierto de una suave alfombra.—ríe.
Isabelle se dirige un momento al baño. Se lavó la cara y se miró unos segundos al espejo. Se acarició la misma mejilla en la que Mason lo había hecho un momento antes. Se sentía raro. Era imposible desprenderse de él. Cada segundo que lo tenía tan cerca ella se debilitaba aún más.
Volvió junto a él. Se supondría que debía estar en la misma posición. Pero no, se había caído ésta vez. Estaba recostado en el suelo.
—Mierda. Mason. —responde ella acercándose y moviéndolo nuevamente al sofá.
—Estoy bien. Estaré bien.—continúa él.
Isabelle se apoya en el respaldo del sillón. Dándole la espalda. Pero si tan sólo movía un centímetro su cabeza podía verlo con claridad.
—Si Stefani te viera así...
—Stefani siempre me había apoyado cuando solía no medirme. Aunque...nunca...nunca fueron muchas.
—Entiendo. Intenta dormir entonces. Le alegrará verte de ésta manera, espero.—dice ella revoleando los ojos y luego intenta cerrarlos para conciliar el sueño. Mason sonreía cuando ella hizo eso. La observó cuidarlo durante unos minutos y terminó por quedarse dormido también.
Mason nota una pequeña mancha en una parte de la sábana prestada por Isabelle.
—Es sólo...sólo helado de chocolate.—responde ella entredormida, abriendo un sólo ojo para acomodarse de forma paralela a él.
Mason vuelve a sonreír, y vuelve a taparse.
El sol terminó por pegar en el rostro de Mason. Lo despertó e hizo que se levantara.
—¿Isabelle?
—Aquí estoy...—continúa ella saliendo de su cuarto.
—¿Stefani aún no ha llegado?
—No. Pero si la necesitas la llamo.
—No. No es por eso.
—¿Entonces?—pregunta ella desde la cocina preparando café.
—Necesitaba que alguien pueda ayudarme. Y realmente me gustaría que fueras tú. Sé que si Stefani estuviera no sería nada fácil de hacerlo.
—¿Ayuda en qué?
—¿Podrías ponerme ésta inyección en el cuello? Quiero ver si hace efecto y puedo practicar.
—¿Es recomendable lo que quieres que haga o sólo...?
—Espero que sí.—responde él sonriendo.
Isabelle asiente y sostiene la jeringa en su mano. Espera a que él se siente derecho, tome su pastilla y esté listo.
—Apretaré tu mano. No te asustes.—continuó él.
—Claro.—terminó por decir ella. Si alguien le hubiera dicho que estaría sintiendo a Mason sin camisa. Vulnerable frente a ella y apretando con fuerza su mano, no lo hubiera creído.
Ubicó, luego de colocarse sus anteojos, la herida de Mason y lo inyectó sin pensar. Él sentía un leve ardor que lo hacía notar en su queja y en su apriete. Pero, a medida que los segundos transcurrían, la calma también se apoderaba de sus venas.
—¿En otra vida fuiste médica?—sonríe.
—Bueno. Practiqué seis meses de enfermería. Pero a nadie le interesaba ni aprender de mí ni solicitar de mis servicios. Así que lo dejé.—explicó.
—Es increíble. Eres. Eres increíble.
—Te agradezco por decir eso. A veces sólo necesito escuchar que sirvo realmente para alguien, sin tener que ser yo la que se lo reconoce.
—¿Tienes que hacer algo?—pregunta levantándose lentamente del sillón.
—Debo ir por Aron. Quiere sacarse fotos desde el puente. No creí que se dedicara a innovar tanto con la fotografía.—comenta ella buscando su cámara.
—Claro. No...no te preocupes. Ten cuidado. Disfruta tu día.—prosigue él dirigiéndose al baño y apretando su mano antes de hacerlo.
Isabelle ya no las sentía tan frías. Estaban cálidas.
Salió con su bolso y su cámara puesta en el cuello nuevamente. Bajó en el ascensor. El día estaba comenzando a nublarse. No estaba tan segura de que no lloviera y puedan realizar su esperada última sesión. Intentó tomarse un minuto para buscar en internet lo que podría ser del clima próximamente. Pero el internet no tenía buena señal en la recepción. Por más que diera vueltas y vueltas, seguía sin funcionarle.
—Qué más da.—termina diciendo ella resoplando. Había decidido volver arriba. Quizás Aron la entendería. Sus fotos, que en realidad ya no eran necesarias, podrían esperar.
Abrió nuevamente la puerta de entrada del apartamento.
Caminó sigilosamente. Notó a Mason en el balcón principal observando hacia la calle. Evidentemente se había quitado la remera que llevaba puesta y se quedó con un jogging suelto de poliéster y los pies descalzos.
—¿Mason...?—pregunta ella acercándose.
—Oh dios. Isabelle...—responde él dándose la vuelta.—Creí que ya te habías ido.
—Es que lo hice. Pero volví. El día no favorece. Prefiero quedarme.—explica ella.
Mason asiente.
—¿Cómo estás de tu herida?
—Ya me siento mejor. Ahora veré cómo puedo practicar mi rutina.
—¿No tienes ningún material de entrenamiento?
—No. Brandon es un cretino cuando quiere.—ríe.
—¿Entonces cómo harás?—cuestiona Isabelle.
—Lo haré con tres almohadones que tengo en el cuarto. Descuida, no sirven. Y los ataré con esta cinta aislante.
Ella sonríe.
—Realmente tienes ganas de boxear.
—Exactamente. Otros no lo entienden.
—Los traeré.—responde ella.
—No hace falta. En serio.
—Si me quedo quiero ser de ayuda, Mason.
Isabelle, ante la aprobación de él, se dirigió en busca de los almohadones y la cinta.
Se los entregó, luego, en sus manos.
Juntos, terminaron armando una especie de bolsa que se utiliza para el boxeo. Él sostenía las almohadas y ella los enredaba con la cinta. Cada vez que él, inevitablemente, la miraba, ella largaba una sonrisa notablemente nerviosa. Mason se daba cuenta, pero aún así seguía haciéndolo.
—Bueno. Creo que ya estamos.—anuncia él apretando con fuerza la bolsa armada. Está bien fuerte.
—Es cierto. Ha quedado bien. ¿Y ahora qué?—pregunta ella sentándose en uno de los asientos que se encontraba en la barra de la cocina.
—Tendré que ir practicando. Disculpa que esté así.—continúa él haciendo referencia a que no tenía remera.—Pero suelo tener calor a los pocos minutos.
—No. Claro. Entiendo.—responde ella tomando de su vaso de agua.—Editaré, mientras, algunas fotos que tengo guardadas.
—Pondré música de fondo.—prosigue él apretando el botón de la radio. Comienza sonando, entonces, One Dance.
Se dejó admirar por la forma en la que Mason daba golpe tras golpe. Estaba realmente enfocado. Y tenía razón. A los minutos ya estaba comenzando a sudar. Desearía poder tener esa disciplina trabajando. Y mucho más, estar así al día siguiente de aparecer completamente ebrio. Algo que la había asustado mucho. Ya que, que recuerde, jamás lo había visto así. Solía ser muy cuidadoso. Imaginaba que el haber convivido con Stefani también tenía algo que ver con eso.
Mientras más lo miraba, más se sentía esa joven de hace cuatro años atrás. La Isabelle de dieciocho años que se derretía cada vez que lo tenía en frente. Evidentemente los años pasados no habían servido de nada para que lo olvidara completamente.
Luego, sin que Mason se diera cuenta, levantó su cámara. Quitó el flash y comenzó a tomarle fotos, se veía tan bien y tan eufórico que quería retratar su momento después de todo. A medida que lograba hacerlo, sonreía.
—Uf. Pararé un momento.—interrumpe luego Mason quejándose. Como si algo comenzaba a molestarle de pronto.
—¿Qué sucede?—se levanta Isabelle dejando su cámara en la mesada.
—Creo que es la inyección. Había...había leído que podría bajarme la presión.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
—No me lo hubieras puesto, supongo. Bella.—dice él sonriendo de forma avergonzada.
Ella revolea los ojos.
Mason, ya sentado en el suelo, alienta a que ella lo acompañe. Y así lo hace. Intenta respirar profundo y calmarse y luego se recuesta sobre las piernas de Isabelle.
—¿Te...? ¿Te molesta?
—No...para nada, Mason.—responde ella resoplando.
Él la miraba mientras intentaba calmar su agitación. Y ella respondía a su contemplación de la misma forma. Aunque ayudándolo a respirar para evitar que su corazón sea el que se agite más de la cuenta.
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