Estiro mis extremidades lentamente y un bostezo surge cuando ya estoy despierta. Las campanas que me despiertan todos los días no sonaron y eso se me hizo extraño, por lo tanto, por eso estoy despertando de mi rico sueño.
Mi mano tantea a mi lado en un vago gesto de tocar a Alessa y mis intentos son inútiles porque no encuentro nada de lo que busco.
La flojera está en mi y no quisiera abrir los ojos porque no quiero levantarme, así deba hacerlo.
— ¿Alessa?— la llamo
Cuando estoy recobrando los sentidos, através de los párpados puedo ver sentir esa claridad de la luz del día y eso es motivo suficiente para abrirlos. Y en efecto, ya el sol está ascendiendo y... Miro el reloj y con eso me levanto con una velocidad inhumana.
¿¡9 de la mañana!? ¿¡Ha!? ¿Por qué mierda no sentí nada? Siquiera escuche la alarma de la tablet.
«Estoy en problemas», es lo único que llega a mi cabeza. Alessa quizás también se quedó dormida y la pudieron haber visto escabullirse hacia su dormitorio ya de día y además ¡Saliendo de mi habitación!
La anciana me va a meter en ese cuarto otra vez. Piensa Kate ¿Que te hizo dormir tan profundo?. Hice acabar Alessa dos veces, luego ella cayó dormida al instante y a mi me invadió un sueño profundo también, así que dormí sin nada cubriendo la parte inferior.
Alessa se quedó dormida de costado y creo... Creo que le dije que debía irse antes del amanecer, creo. No lo recuerdo bien. Luego de eso... Me mantuve lejos de ella... Y ya... ¿Como no recuerdo si, siquiera la vi removerse o al menos sentir cuando se fue? Mi sueño no es tan pesado.
Suspiro largamente y decido ir a lavarme mis dientes. No fue nada. Alessa se fue a tiempo —creo— y es lo que importa por ahora.
«Relajate, Kate»
Ya cambiada de ropa y aún con el miedo dentro de mi, decido ir a ver a la señora Ross. Mis clases son después de la una de la tarde y eso me da tiempo de hacer algunas cosas.
Eso después de comer el desayuno que está sobre la pequeña mesa.
Cada vez entiendo menos a esa anciana.
El plan su no puedo llevarlo a cabo por su... Extraña petición de comer el día anterior, así que no pude lograr extasiarla del todo y dejarla cansada.
Unos toques a la puerta me hacen voltear a mirarla, deteniendo la última ración que faltaba para terminar, pero no es algo que me importe y termino de comer en los siguientes toques.
— ¡Adelante!
Resoplo al pasar la mano por mi rostro y al momento una monja se muestra al pasar la puerta.
— Señorita Jöhnsson, tiene visita.
Esas palabras tienen toda mi atención y frunzo el ceño, confusa e incrédula. ¿Visita? Eso me parece verdaderamente falso y... Increíble.
— ¿Disculpa?— replico, incrédula.
Puede que haya escuchado mal o entendí mal lo que mencionó al entrar. No es posible. Creí que esto era una cárcel o algo así, no creí que pudieran venir a verme.
— Su padre quiere verla
Me quedo fría durante varios segundos y el escalofrío me azota fuertemente hasta provocar sudor frío en mi frente.
¿Acaso el señor ya lo perdono por golpearme?
De seguro si le muestro la cicatriz en mi espalda se alegrará mucho porque es parte de mi disciplina.
— Creí que no se aceptaban visitas— espeté entre dientes, apretando mis puños por la sensación.
— El señor es un buen devoto, así que es una excepción
— Que se regrese por donde vi...
— Es una orden de la directora— irrumpe y me señala la puerta, indicando que es obligatorio.
Cierro mi boca por su palabras cortantes y aprieto mis dientes entre sí. No quiero ver a ese hijo de puta. No quiero ver a ese señor que se proclama mi padre. Ese que me rechazó cuando descubrió mis gustos por las mujeres.
Demuestro mi disgusto en cada paso que doy e ignoro las miradas que caen nuevamente sobre mi persona. Me causa una sensación incómoda y mucho más cuando las veo con intención de acercarse, pero cuando aparece en mi campo de visión la mujer que me excita, ella las detiene.
— Para otro momento, niñas
Los refunfuños se escuchan por parte de las pequeñas y ahora es ella quien se ubica a mi lado, dejando una mano en la parte baja de mi espalda y eso... Mierda... Me envía un estremecimiento delicioso.
— ¿Qué hace él aquí?— murmuro sin quitar la mirada de mi camino.
La señora Ross pasa por mi lado, a lo que yo sonrío algo forzada y me da una caricia en mi mejilla como muestra de saludo para después seguir su camino. Y quizás son ideas mías, pero sentí que la monja a mi lado hundió más sus dedos.
«Ideas mías»
— Intervine amablemente, pero es un amigo de la directora.
«Se la folla»
No sería raro por parte de ella, ya que no veo que respete su religión, tendría mis dudas por mi padre, pero sinceramente ya no se que creer.
— Amigo —ironizo— Claro
— Kate...— detiene la mano que rodea el pomo y siento su aliento en mi oido. «Joder» Eso me eriza los pelos rápidamente y me hace apretar lo que tengo en mi mano— Vendré a buscarte
Se retira tan rápido como se ubicó y siento un aire frío golpearme por tan repentina separación que me causaba calor.
Esa mujer... Extraña
Respiro hondo para tomar la paciencia que lo tengo por la persona que está adentro y giro el pomo para terminar con esto.
Padre está sentado frente al escritorio y hay una silla a su lado sin nadie en ella volteada en dirección a dónde está él, sin embargo, yo tomo asiento en el sofá que está más allá de éste.
Su cercanía me causa alergia.
— Kate... Hija mía— demuestra alegría en su tono— Tanto tiempo sin saber de ti...
— Al grano, padre. No me apetece seguir viéndote la cara— mencioné, gélida, sin importarme como lo tomó.
Evita fruncir el ceño y sus labios forman una línea, para después demostrar una sonrisa forzada. Gira su silla y ahora estamos frente a frente, mirándonos fijamente como si fuésemos dos desconocidos.
Él parece demostrar enojo contenido.
— Vine a ver cómo estabas, como vas con tu recuperación— comenta con voz tosca.
En ese momento me percaté que el no vino por preocuparse por mi o saber de mí, él vino asegurarse que este consiguiendo el camino de su señor.
— Oh, padre— muestro mi sonrisa descarada— Eso está bastante lejos...— jadeo descaramente y eso lo hace enfurecer, al punto de levantarse bruscamente de su comodidad— Hasta la directora gime mi nombre...
El sonido de su mano contra mi mejilla resuena en el lugar y mi rostro se voltea por lo fuerte que es. Saboreo mi propia sangre en la boca y aprieto mi mandíbula con fuerza.
— ¡Que falta de respeto! ¡Necesitas un psicólogo, porque ya estás imaginando situaciones inexistentes!— proclama, exigente y autoritario.
Solo está a unos pasos lejos de mí cuando regreso la mirada con más frialdad que la anterior.
Él es quien necesita un psicólogo por no poder aceptar que el amor entre mujeres existe y él es quien tiene un puto problema en su cabeza por ser un maldito homofóbico de mierda.
La rabia me está consumiendo y trato de contenerla como puedo. Su ceño fruncido demuestra la molestía por mi actitud y su cuerpo tenso me da a entender que se está conteniendo de no volver a golpearme.
— Inexistentes— río por lo bajo— También imagino como se masturba una sierva de Dios... Como la masturbo...
— ¡Cállate!— otra bofetada en mi otra mejilla, volviendo a voltear mi rostro— Lo inventas. La directora mencionó...
No reprimo una risa entretenida y me yergo, recortando la distancia que tenemos. Él es mal alto, por lo tanto debo levantar la mirada para ver sus ojos iguales a los míos. Sus facciones se endurecen al escucharme.
— ¿Mencionó como la hago llegar con mi boca?— ironizo y su mano vuelta puño, se levanta para caer en mi pómulo.
Jadeo de dolor cuando caigo en el sofá por lo fuerte de su impacto y contengo las lágrimas por el dolor que tengo en mi rostro. Arde, duele, punzadas van y vienen y hasta creo que rompió mi pómulo.
— ¡Señor Jöhnsson!— su reprimenda me sobresalta y mis ojos se dirigen a ella, apunto de desbordar lágrimas que logro retener— ¿Qué le advertí?
— Hija, ¿Estas bien?— se preocupa, intentando tocarme— no debiste caerte así, déjame mirarle...
— Hijo de puta— mascullo cuando lo alejo de mí.
— Señor...
La irrumpe apartandola con brusquedad y eso me envía una ola de enojo por todo mi cuerpo. Así que lo empujo lejos de su cuerpo, y logro moverlo gracias a su asombro de mi actitud.
— Ni te atrevas a tocarla de nuevo, imbécil— advierto, cubriendo el cuerpo de la monja con el mío.
Podré tenerle molestía por lo que me provoca con sus acciones extrañas viniendo de una monja, pero eso no quita que sienta cierta protección hacia ella, porque no me permitiría que la dañen o toquen en este caso.
El frunce el ceño aún más.
— ¿Qué dijiste?— pregunta con amenaza.
— Kate, vete...— no me inmuto— la visita ha terminado. Kate...
Sus pasos son detenidos por la monja y yo... Yo decido largarme adónde no hay tanta hipocresía en el ambiente, así que, me escabullo por el pasillo donde está la puerta secreta.
No quisiera tener que responder preguntas que, lo más probable, no me creerán por ser quién soy o al menos dudar e ir donde las monjas para certificar lo que digo.
Me tumbo sobre la arena y me apoyo en la pared con lo ojos cerrados, conteniendo el impulso de ir y verificar que no hay golpes de por medio, que no la está tocando o empujando.
Con eso no veré su rostro por aquí en unos cuantos días más, eso... Eso sí es antes de que me largué de aquí.
La sensación calurosa me golpea cuando el sol está ascendiendo a su punto más alto y me está robando la sombra en la que estoy.
Creo que le debía un almuerzo a la señora Ross para hoy. Tendré que darle una excusa cuando la vea.
— Hey...— abrí los ojos ante su llamado discreto y volteé a mirarla. Con tanto calor ¿Como soportan?— Estuve buscandote, pero me dijeron que... Hey...
Su asombro con preocupación es tierno y hace un etéreo roce con sus dedos, me contengo de quitarla, ya que no lo hace con mala intención. Su preocupación es evidente.
— Estoy bien, Al...— menciono, cerrando los ojos nuevamente para ignorar el dolor.
Sigue su toqueteo tierno y suave en mis partes golpeadas, provocando una extraña molestía por querer que sea otra persona que esté aquí conmigo y no ella, pero hago lo que puedo para no apartarla.
— Vamos a la enfermería, podrán aliviarte el dolor— sugiere, ahora con toda su mano sobre mi mejilla.
No creo que sea conveniente.
— ¿No tienes calor?— evado su sugerencia, abriendo mis ojos para quitar lo que cubre su cabeza— Aún no entiendo cómo lo soportan
Ella sonríe por mi murmuro y niega lentamente.
— Debo hacerlo, es una obligación— refuta
Dejo salir un suspiro lentamente y su cabellera negra cae sobre sus hombros cuando no tiene quien lo retenga. Y ciertamente, Alessa es bonita, sus facciones demuestran ternura. Y muchos más cuando gime de placer.
— Vale— busca que mi mano acaricie su mejilla, así que lo hago— ¿Almorzaste?
— No, la hermana Ross me envió a buscarte— comenta con sus ojos cerrados, mostrando felicidad por acariciarla— Estoy... Estamos esperando por ti— corrige con nerviosismo.
Por mí. Lamentablemente yo no iré por ese almuerzo por muy agradable que me sea la compañía de Ross. Al menos por hoy. Cuando baje lo enrojecido de la bofetada mañana, iré por eso.
— Ve a comer— suspiro— No me siento del todo bien, Alessa. Dile a Ross.
Acaricio sus labios entreabiertos lentamente y dejo de tocarla para volver apoyarme en la pared rústica que me incomoda.
Creí que refutaria ante mi respuesta, pero solo asiente. Sin embargo no se va, permanece sentada en sus muslos bastante cerca de mí y con sus manos sobre su regazo, estrujandose entre sí.
— Sueltalo, Alessa
Predecible. Suspira y esos ojos curiosos caen en mis labios.
— ¿Puedo... besarte?— su petición me deja impactada, asombrada unos segundos y enarco la ceja, escéptica. Sus mejillas enrojecen y baja la mirada— anoche... Lo hiciste... Y... Me hizo sentir bien... Solo... Puede... Tus mejillas...
Qué tierna. Aún no comprendo como no caigo ante ella con tanta ternura e inocencia que se carga. ¿Cree que con sus besos me hará sentir mejor? Obviamente no, no me quitara el dolor, pero me parece lindo y tierno de su parte el creer eso.
Cuánto me gustaría que esa ternura me cautivara, no como esa mujer... Aún no comprendo como... Como c*ño me gusta tanto.
— Está bien
Su sonrisa aparece con nerviosismo y la distancia empieza a reducirse, siento su respiración alterada y diría que su corazón estará palpitando como loco. Solo supongo.
Sus labios tocan mis mejillas tiernamente con algo de nerviosismo incluido, el cálido aliento golpearlas y su mano sudorosa manteniendo mi rostro firme.
Cierro los ojos, conteniendo de estirar mis labios en una sonrisa. Hace a un lado mi rostro y continua con los mismo en mi otra sona golpeada, la suavidad no se siente mal con la delicadeza que me besa. Son segundos en que deja varios besos y culmina con mi boca.
— ¿Y ahora?
Muestro una expresión pensativa y su puchero formado aparece lentamente. Muerdo mi labio inferior y una de mis manos cae en su nuca.
— Quizás otro... Más largo.
Mis labios caen en los de ella nuevamente y empiezo a moverlos, sin embargo, su parálisis hace que me detenga con una sonrisa.
— Intenta imitarme, es fácil
Asiente con las mejillas teñidas de rojo y es ella quien se acerca a mi boca, intentando imitar los movimientos lentos que hago sobre su boca.
Empujo más su boca sobre la mía y mi lengua se adentra en la de ella, provocando que suelte un gemido y se aleje con la respiración alterada.
— Mucho mejor, gracias— digo con una sonrisa.
— Iré por... Comer. La hermana m-me espera— balbucea, evitando mirarme.
— Nos vemos después
Asiente para después levantarse e irse demostrandose algo desorientada por lo que acaba de pasar.
¿Debería tomarla como sustituta? Puede que esté solo sintiendo curiosidad por mi y las sensaciones que le causo cuando la toco, pero es mejor que pensar en una que no siente absolutamente nada por mi.
Siquiera curiosidad.
Permanezco no sé cuánto en el mismo lugar, omitiendo la molestía en mi espalda y mirando más allá de la hierba alta, soportando el calor que está presentandose mucho más fuerte.
Son minutos en que decido rodear la mansión para irme directo a mi habitación sin necesidad de pasar por frente a la entrada y toparme con curiosas.
Espero que esté bien.
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