— Kate, levantate.— ordena, quitando la sábana que cubría todo mi cuerpo de pies a cabeza— prepara tus cosas para que te vayas.
Evito de sobremanera gruñir por su manera de despertarme. Me jode tanto no poder decirle sus cuantas palabras por... Un puto respeto que ellos no me tienen a mi.
Dejo salir un suspiro lleno de pesadumbre y obedezco sus palabras: Empiezo a preparar lo que llevare a esa carcel. Aunque, ¿que puedo llevar? En ese lugar no deben aceptar mis cosas porque son "indecentes".
«Mierda»
—Es por tu bien y lo sabes, jovencita —refuta "calmado"
Me hubiese gustado ver a J antes de internarme en esa... No se que mierda es eso, durante un año de mi vida. Lo único que me alegro es que no vere a mis padres homofóbicos y lo que me jode de sobremanera es que hartaré de mas mierda cristiana.
Guardo en la mochila mi ropa favorita, iPad, tablet (que pude robársela a mis padres), reloj, diario y los audífonos.
Veremos cuanto me dejan entrar a ese lugar. Probablemente ni mas de la mitad, siquiera dejaran pasar algo si son tan "estrictos".
Entro al baño antes de salir con la mochila en mi hombro para lavar mi rostro y cepillar mis dientes, luego de eso ignoro a papá que esta en la puerta, mirando cada cosa que hago y percatándose de que mis pasos son con molestia.
—Nos agradecerás esto, Kate. Solo queremos lo mejor para ti y nuestro señor...
No puedo evitar soltar un gruñido, ya fastidiada de sus malditas palabras cristianas.
— "Enmendara mi camino y me guiara a uno mejor" ¿no?— ironizo, sonriendo con mucha falsedad.
—¡No me hables así, jovencita! Recuerda lo que te dije, agradecerás.
—No me jodas. Recuerdalo, padre— digo lo ultimo con brusquedad, dando un paso para que vea que no le temo.— En ese año que este allá, me voy a foll*r a todas las chicas...
Me trago mis palabras por la bofetada que me envia a mi mejilla, haciendo que voltee mi rostro por el intenso impacto, sin embargo, lo dejo en el mismo lugar con la vista en la puerta de madera que esta mi costado.
La mandíbula se tensa por el ardor que recae constante gracias a su golpe.
— Eres el diablo en persona— comenta con desagrado— Camina al auto, mientras mas rápido vayas, mas pronto seras la misma de antes.
Reanudo el rumbo que tenía, siquiera dandole una mirada a ese señor, solo sigo, imaginando que su golpe estara marcado unas horas, ya que mi piel es blanca y sensible.
Amarro mi cabello castaño a medida que avanzo para dejar a la vista el recuerdo de mi padre sobre mi. Mamá muestra algo de preocupación cuando ve el golpe ya marcado en mi mejilla, ¿en serio?. Que estupidez. Paso de ella cuando su mano se dirige a ver a detalle el golpe y solo le doy un manotazo para evitarlo.
— ¿No te querrás volver lesbiana, o si?
Debería modificar lo que he mencionado. "Mis padres", no. Mamá quisiera mostrar y ayudar en algo, haciendo comentarios o apaciguando las discusiones entre nosotros. No diría que no es religiosa, pero es un poco mas flexible que papá.
Eso no sirve para nada, porque de igual manera lo que dice papá es lo que se hace y ella debe callar por ello.
— Ya vamonos, ¿no?.
El auto es antiguo, diria que de los años ochenta o por ahí. Lo lleva una monja, o no sé y tampoco me interesa saberlo.
Ella me ignora, viendo a papá que se aproxima a la ventana del asiento donde me encuentro. Al momento mi cuerpo se pone rígido, pero no me aparto porque no le tengo miedo.
— Kate, que el señor este contigo. Sé que él te guiará por el camino correcto.
— Yo ya tengo mi camino y eso no va a cambiar.— hablo con seriedad. Él endurece sus facciones y hace un ademán de querer golpearme nuevamente— oh, vamos. ¿Acaso lo que ibas hacer no es cosa del señor?
Eso enciende mas su mirada de furia y su mano vuelve a caer en mi mejilla, excepto que en la contraria. El estruendo del golpe se escucha, inundando el pequeño espacio y enciende más la frustración que tengo.
— ¡Señor Jönhsson!. Este tipo de trato no es aceptado por el señor. Haga la penitencia necesaria para que el señor lo perdone —le reprende y yo ruedo los ojos.
Con rezar no se le quitara lo maltratador. No reparo a la mujer que está al volante. Hago lo posible por no hacerlo, aunque su voz es delicada y suave.
— Si, madre. Ahora mismo. Cuide bien de mi hija y guiela por el buen camino —pide con una inclinación, ahora frente a la puerta de copiloto.
Aprieto mis dientes para no soltar lagrimas por el ardor en ambas mejillas. Mi aspecto no debe ser agradable, pero no voy a llorar por esos golpes, al menos no frente a la mujer que empezo a conducir hacia quien sabe donde.
El silencio se apodera del pequeño lugar y siento los ojos de esa mujer a cada momento en mi, mas que todo en los golpes que han quedado marcados.
¿Lastima, en serio?
«Que estupidez»
Este tipo de cosas es que perdona su señor cada momento, cada instante cuando -según ellos- se arrepienten de su actos, pero ¿de que sirve?. He leido muchas noticias que esos "siervos de Dios" han matado o incluso han violado niños.
Entonces ¿cada vez que hacen eso, el señor se los perdona y ya esta, las víctimas dejan de sentir esa sensación de asco?
Patético.
— ¿Cuál es tu nombre? —cuestiona con una serenidad que no me agrada. De los religiosos no me agrada nada.
Es por ello que no quiero fijarme en su aspecto. Tampoco puedo ver mucho porque tiene todo cubierto y solo se ve su rostro.
— Ya lo sabe, ¿para qué pregunta?— mascullo sin siquiera mirar su rostro.
La escucho suspirar, como si estuviese acostumbrada a lidiar con actitudes parecidas a la mía. No debería ¿o si?. Nadie la obliga a lidiar conmigo justo ahora.
— Sé como te sientes, hija...
— ¿No me diga?— ironizo, sonriendo.
¿Lo sabe, en serio?. A mi se me hace que no sabe absolutamente nada de lo que estoy pasando y mucho menos como se siente tener que soportar un maldito adicto a esa mierda de religión.
No, no lo sabe y dudo que eso que siente sea lo que yo siento en este momento.
— Regresarás a ser la chica de antes, normal y por el camino que el señor te guíe— asegura, devota de ese señor.
Mantengo el silencio, no porque sus palabras se adentren en mi cabeza, no. Simplemente no me interesa seguir escuchando babosadas de una anciana ignorante de su religión.
Puede que yo tenga algunos fallos, pero no me ando camuflando en creencias para seguir haciendo esos fallos y que nadie pueda notarlos porque creen que eso es algo normal.
El camino que tomo fue hacia un lugar sin asfalto, por lo que entiendo, es un lugar bastante apartado de la ciudad porque llevamos bastante minutos andando y aun no se detiene, solo veo la ruta llena de pasto a cada lado.
¿Podre salir sin volverme loca?. La idea solo me enloquece; de convivir con mojigatas enfermas de esa religión hipocrita todos los putos dias de mi vida durante todo ese año que debo vivir aquí.
«Escalofriante»
«Mi-er-da» Supe que era un convento, pero no pensé que fuese tan grande. Puedo ver la capilla desde mi asiento. Parece un estilo romano por lo rústico de las paredes y tienen dos plantas, o al menos es lo que parece.
— Llegamos
Agarro la mochila para proceder a salir a mi tortura impuesta por mis padres. Hay niñas pequeñas jugando frente a la capilla con una de las monjas, otras están entrando y voltearon a ver a nuestra posición.
«Solo es un año, Kate. Un puto año», me motivo a mi misma al cerrar los ojos y luego soltar un extenso suspiro.
— Por aqui, señorita.— me indica con su mano.
Siento las miradas sobre mi presencia, miradas inquisitivas, curiosas y otras minuciosas. «Tan molesto»
— No sabía que las siervas de Dios fuesen tan chimosas— comento con ironía, lo suficientemente alto para que me escuchen quienes esten cerca.
Aveces me gusta tener atención, pero no este tipo de atención que ellas me dan, y que causa algo que no me gusta tener en mi cuerpo. La monja se vuelve con el ceño fruncido, pero no mirándome a mi, sino a quienes están a mi alrededor.
— ¡Atiendan sus labores, hijas mías! —vocifera. Ahora sus ojos en mi. Ojos grises. Parpadeo para salir de la impresión y que no lo note— es por tu atuendo. Como ves, nadie tiene esa ropa mundana.
Es tan increíble que no responda con desdén. Lo prefiero así, porque de lo contrario pueden salir cosas que me niego a sentir.
— Es la unica que tengo —mascullo.
Reanuda su caminata a la casa. Las monjas que se atraviesan en nuestro camino le hacen una reverencia y luego siguen en lo suyo. Las pequeñas me saludan mostrando curiosidad.
¿Acaso esas batas de monjas son lo unico que han visto que pueden ponerse?, ¿eso no es privarle de información, no es un arma de doble filo?
Llegamos a un parte donde son los dormitorios luego de recorrer el claustro bastante llamativo por la fuente que está en medio. "Aposentos" Una palabra anticuada.
«Ojala sea solo para mí»
— Tendrás una habitación solo para ti— informa, indicando que entre a una habitación bastante básica, pero al menos tiene una vista al sendero que esta a través de la ventana—, tu ropa también, te sacaremos medidas para que hagan tu atuendo.
Eso es bueno por el momento, pero mis pasos se detienen cuando, mi teoría es cierta, no hay televisión y también detengo la acción de esa mujer cuando agarra mi mochila que dejé sobre mi cama.
— ¿Disculpe?. Eso no es suyo, señora
— Será devuelto, solo es una revisión que se le hacen a las recién integradas —explica.
Aprieto mas el agarre sobre su mano unos segundos, pero no se inmuta, así que suelto la mochila con esperanza de que esa requisa no me quiten nada de lo que traje, al menos mi tablet y iPad; son el unico entretenimiento que tengo en esta mierda.
La mujer se retira con mis cosas y cierra la puerta al salir.
«Jodida mierda»
Disfrutaré mientras pueda de la ropa que tengo porque cuando me llegue ese horrible atuendo que se cargan las personas aquí, no podré ni mirarme al espejo.
Solo debo pensar en las cosas positivas. Una de ellas es dormir sola; dormiré sin una molesta mojigata hablando de su señor, lo segundo; es que en mi tablet todo esta encriptado, es decir, debes saber utilizar y manejar ese tipo de tecnología para que descubras la fachada.
Este cuarto huele a... No podría descifrarlo con claridad, pero al menos no es un mal olor que te afecta la nariz.
Unos toques a la puerta hacen que voltee a ella y mi ceño fruncido por lo extraño. ¿Eso aún existe así la puerta este sin seguro? «Interesante»
— Pasa
Tardan unos segundos hasta que se deciden abrir la puerta. Una cabellera negra se muestra con unos ojos marrones claro. Enarco la ceja cuando no se quien es y para que me explique que quiere.
— ¿Te conozco?— mascullo.
La chica se ofende, o es lo que creo cuando se echa hacia atras con el ceño muy fruncido.
— Disculpame— dice y entra completamente con ese atuendo de monja, excepto que este es blanco completamente de pies a ¿cabeza?.
Imagino que trato de arreglarse esos cabellos, pero su intento falló de esconderlo todo porque puedo verlo. ¿Y si también se ocultan los ojos?, así nadie podrá llenarlas de impurezas con plenitud.
— Mucho gusto. Soy quien les da la bienvenida a las nuevas almas perdidas o que buscan confiar en nuestro señor— dice con tanta devoción que me asquea.
Alza su cabeza, ya que la tenía inclinada al soltar tantas... Cosas que me valen, y su confusión es clara cuando me estoy riendo con diversión muy evidente. Almas perdidas ¿eh?.
No mentia cuando le dije a padre que iba a f*llar a quienes pudiera en este monjero-reten de vírgenes, para no aburrirme y llevar la contraria a mi padre, así que reduzco la distancia que los separa hasta quedar a una distancia bastante corta.
Sus mejillas se muestran sonrojadas por la mirada fija que le estoy dando, pero imagino que eso es de vergüenza por tanta atención
— ¿Almas perdidas?— ironizo, ladeando mi rostro— ¿Siquiera sabes la definición de eso...— dejo es suspenso, esperando su nombre.
Abre su boca y vuelve a cerrarla cuando no puede soltar nada, o se le hace difícil. Su voz desprende inocencia y gentileza.
— Alessa... Alessa Park— se presenta, retrocediendo para hacer una reverencia.
— Alessa— acaricio su nombre con mi voz hipnótica, luego muerdo mi labio inferior.
Primero veré mis opciones.
— Son quienes se han desviado del camino que nuestro señor le ha indicado y necesitan de un empujón para que regresen— menciona con carisma por ello.
Sonrío de lado y niego. ¿Indicado?.
— Pues...— me acerco al lugar donde esta su oído—... Yo no he perdido ningún camino, a mi me lo quitaron de mis manos, Alessa.
Quedo a solo centímetros de su rostro, viendo esos labios sin una pizca de labial, y aun así, llaman la atención. Las mejillas de la chica se han enrojecido nuevamente y su respiración esta un poco mas acelerada.
— Ehmm... ¿Por qué...
Unos toques a la puerta hacen que cierre esa boca provocativa y retroceda para regresarme a tomar asiento en la cama con una sonrisa maliciosa.
— Adelante. —aviso— quien coñ* seas...
Lo ultimo sale en un susurro para mi misma. La pelinegro sigue mirándome con curiosidad, ¿cuál era esa pregunta que iba a hacerme?
La monja aparece al abrir la puerta y veo mi mochila con ella. ¿Cuantas cosas me habrán requisado por ser mundanas?. Su mirada estaba abajo y cuando la levanta sus ojos caen en la pelinegro y luego en mi. Su ceño se frunce tan divertido que no puedo evitar reir entre dientes.
— ¿Alessa? ¿qué haces aqui?
— Madre, soy quien le da la bienvenida a las nuevas...
— ..."almas perdidas o que buscan confiar en nuestro señor", si cariño, lo sé— la chica enrojece nuevamente.
En cambio la monja se adelanta a ponerse frente a ella, como si estuviese protegiéndola de un ataque que yo, podria hacerle.
— Esta prohibido que vengas a ver sola a esta chica, Alessa. Es la orden que dió la directora —explica mirándome con tranquilidad.
Vuelvo a reír para despues levantarme a reducir la distancia que tenemos la mujer y yo, sin embargo, ella no retrocede, más bien me ofrece las cosas que se llevó a revisión. «Deberia ordenar no entrar a nadie aquí»
Esta mujer desprende amabilidad en esa mirada grisácea.
— ¿Que me dejaron?— comento con alegría.
No tendré molestas mojigatas entrar a mi habitación gracias a la monja frente a mi.
— No hubo necesidad, no había nada extraño y su tablet solo hay informes. La ropa te la quitaremos cuando te traiga el atuendo apropiado— contesta sin dejar de mirarme.
— Podrías quitarmela ahora —insinué con picardía, pero no recibí nada. Solo frunció el ceño.
— No tengo un extra para ofrecerte —dice ajena a la propuesta que hice. No entiende el doble sentido.
La alegría me recorre todo mi ser vía do regreso la mirada a la mochila y lo demuestro en mi expresión. La mujer cambia la mirada a una curiosa y segundos después me ofrece una... ¿medicacion, crema para aliviar el dolor?
Sonrío de lado, tomando su humilde ofrecimiento.
— Gracias, señora... ¿Cuál es su nombre? —susurro con una mueca.
Por primera vez la señora sonríe desde que la ví en el auto y es... una sonrisa linda. «¡Por ahí no es, Kate!» La sorpresa se adueña de mi y mi boca se entreabre por tal motivo. ¿Podia sonreir?. Wow. Impresionante. ¡Estas mujeres sonríen!
— ¿Como te imaginas que eramos?— cuestiona risueña.— Me llamo Jeanne. Puedes decirme hermana o madre.
«Decirle preciosa o hermosa. Anotado», tuerzo el gesto por mis pensamientos contradictorios. Sé que es hermosa. Pero ya. No me interesa mujeres como ella.
— Paso, señora Jeanne. Gracias por regresar mi ropa temporalmente y si me disculpa...— señalo la cama— debo untarme la crema para luego dormir ¿le parece?
Asiente con esa tranquilidad nuevamente y se lleva con ella la chica que ahora es muda.
— Ve a mi oficina cuando descanses, debes saber nuestros horarios y reglas— dice al estar en la puerta a punto de cerrarla— A partir de mañana comenzaremos a buscar tu verdadero camino...
— Hasta allí llego mi simpatía, señora Jeanne. Gracias por todo.— le señalo la puerta.
Ella, sin embargo, no demuestra lo contrario y sigue con esa tranquilidad aun por mi comentario, cerrando la puerta cuando se va.
Inspecciono el lugar que me entregaron como dormitorio; una cama no tan pequeña, baño incluido, una mesita de noche, lampara y un lugar donde imagino va otra cama. Es de un color opaco y lo único llamativo es las mantas que cubren el colchón, ya que son violeta.
Me doy un baño rápido -10 minutos- y salgo, destilando agua por donde estoy caminando. No me importa que la ventana no tenga nada cubierto, a fin de cuentas, aquí no hay seres impuros que puedan espiarme.
Lo principal es aliviar ese dolor que tengo en mis mejillas. Tener una piel delicada es una maldición, solo un simple toque te puede marcar como si fuese un golpe enorme.
— Esto es una obra del señor —susurro, caminando hacia el espejo del baño.
Mi rostro se ve terrible. Lleva una expresión que demuestra rabia o enojo, puede que ambas y la marca de los golpes se han convertido en moretones que apenas se ve la forma de una mano.
Eso evitará que se acerquen esas chicas vírgenes sin vida social que están aqui encerradas.
La crema se siente bien cuando la unto sobre una de mis mejillas, tan refrescante y en cada movimiento te da un dolor pasable. Tardo segundos en eso antes de salir para terminar de secar mi cabello.
En este lugar no hay aire acondicionado, por lo que... Debo dejar la ventana abierta para no morir de calor en estas cuatro paredes. «Genial»
Solo tomare un descanso para procesar mas esta nueva vivencia.
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Nancy Narvaez Banda
por lo que veo va a convertirse en el dolor de cabeza de las monjas
2023-06-14
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