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No llevo ni cinco putos dias y ya me siento como una mierda. Debo llamar a J y para eso necesito un móvil. «Mentalizate».

Solo debo ganarme la confianza de las mojigatas y sacar de ventaja que no impiden que se acerquen a mi, al menos por ahora. Puedo hacerlo, es la unica manera... porque en las monjas no puedo confiar.

Esa mujer me dió eso para que me tacharán de ladrona. ¿como no lo vi?. No ocurrió nada después de dos días de ese incidente y pude comer gracias a Alessa que me daba la comida antes de que yo llegara al comedor.

Me levanto con el animo peor por el recuerdo de lo que me hizo esa mujer y voy por mi tablet para buscar mi entrenamiento que no tenía por la culpa de papá. Busco los auriculares y dejo un oido al descubierto para no tener sorpresa. También corro la cortina, cerrando la ventana.

Hay oscuridad total.

Busco mis videos favoritos y casi la mitad de la memoria de la tablet esta llena de +18, tanto mangas como anime. Cuándo no pueda escucharlo, podré leerlos. Busco cualquiera y los gemidos me estremecen el cuerpo. Envian varias olas de excitación a mi entrepierna y siento la humedad desbordarse.

—Ah... —contengo el jadeo cuándo mis dedos se adentran bajo mi short.

Muerdo mi labio inferior por la excitación aumentada y el solo frotar no me agrada, pero igual es estimulante. La tablet queda a segundo plano, y solo escucho los gemidos del video y mis propios gemidos que los dejo en mi garganta.

El sudor aumenta cuándo esa sensación se instala con mucha rapidez cuándo muevo mi cadera al ritmo de mis dedos.

«Joder»

Muerdo mi labio inferior cuándo los espasmos llegan y las palpitaciones en mi entrepierna son rápidas. Me hubiese gustado dedearme para sentir en ellos, sin embargo, no puedo sentir esa relajación que buscaba porque al momento tocan la puerta.

Me levanto tan rápido que caigo en la cama otra vez por las piernas un poco temblorosas. Lo hago con más calma y lavo mis manos cuando entro al baño. Porque estoy segura que la masturbación no es algo aceptable y no quiero ir a la celda de castigo.

No me importa el sudor y corro la cortina para después abrir la ventana y por último voy a mi tablet para buscar cualquier video de naturaleza y en el tercer intento, abro la puerta.

— ¿Qué?

Miran la tablet y luego mi rostro. Mis mejillas aun están rojas y me alegro por primera vez que los mocos no se queden en su sitio, así que debo sorber para que regresen.

Es la misma mujer que me dijo ladrona. Torcí el gesto

—La directora quiere verla —pongo algo en mis pies y saco el auricular—, puedes traerla. No tendrás con que estudiar y eso te servirá.

Frunzo el ceño y guardo la tablet en mi bolsillo. Indico que se adelante para seguirla. Mas miradas curiosas y sonrisas forzadas. La tal Alessa me saluda y yo solo sonrío cordial.

También veo a la señora Jeanne de perfil con algo en sus manos, saludando a las niñas y no percibe que la estoy mirando. «Una hipocrita mas»

La mujer se dirige a la sala de estar, cruza la gran sala y luego se adentra a una puerta doble que dice: "Directora".

Quizás es alguien bastante desagradable para la vista.

Dejo mi mejor cara de pocos amigos y me adentro al lugar que me dice la monja estupida. Un lugar bien cuidado, biblioteca se diría y un escritorio con una mujer mayor detrás del mismo con una cara de culo que me vale mierda.

No se niega que... mis espectativas han sido destruidas. La mujer no es para nada desagradable a la vista.

—Puedes retirarte, Esther.

Su voz demandante y autoritaria.

— Si, directora

La mencionada se retira, dejándome con la mujer que no me aparta su mirada y yo tampoco la desvío. No le tengo miedo si es lo que quiere provocar.

— Señorita Kate Jöhnsson —anuncia— Por fin la conozco —dice. Mantengo el silencio, esperando que diga sus estupideces para regresarme a mi celda— Parece que quieres ir al punto...

—Es lo que mas deseo, señora —mascullo, tensando mi cuerpo por esa voz irónica.

— Ha roto una de las reglas básicas en este lugar —comienza— Nadie lo ha hecho en años y usted ya lo hace en dos dias que lleva aquí.

— Al punto. No se de que mierda habla —le soy clara para que se deje de rodeos.

— Y esa es la segunda. Las malas palabras no son permitidas y los robos tampoco.

— Yo no robé nada, señora.

—Has incumplido dos reglas en solo minutos. Increible —aprieto mis puños y mi mandíbula se va a desencajar por lo fuerte que aprieto.

¿Quien puede creerle a una endemoniada? Tan patético que solo me provoca reir, siquiera sé para que me defiendo si no me van a creer de todas formas.

— ¿Que coñ* quiere? —gruñí

Ya rompí reglas, asi que no me importa seguir haciéndolo porque de igual manera me van a castigar.

—Son cuatro —anuncia, aperece una mirada maliciosa en sus ojos—, cuatro semanas en el cuarto de castigo.

Muerdo mi lengua para evitar la mala palabra y me señala al fondo de la biblioteca. La miro ceñuda y muestra una sonrisa por primera vez, una bastante escalofriante.

Solo será un puto mes. Puedo soportarlo.

— Seras la segunda persona que pruebe ese lugar, señorita Jöhnsson.

Ignoro como puedo sus palabras y sólo la sigo sin abrir mi boca. Apenas veo los libros que están en los estantes y cruzo cuando la anciana lo hace. Entramos a un pasillo y al fondo esta una puerta roja.

Esto me esta dando mala espina.

Abre la puerta cuando llegamos y se muestra un cuarto con apenas una ventana y por lo que percibo un baño algo decente. El castigo ¿cuál sera?. Dudo que sea el estar aquí porque se parece mucho a el dormitorio donde estoy. Excepto por la ventana que es pequeña y tiene barrotes.

— Anteriormente había alguien que se encargaba de esto, pero debido a que hacian años que no venia alguien aquí, se retiró. Así que para suerte tuya seré yo quién dé tu castigo —declara con una voz que me advierte que debo salir de aquí.

Mi corazón se agita ante la señal de peligro y la frente se llena de sudor lentamente.

— ¡Que honor!— ironizo, sacando la tablet de mi bolsillo para ponerla sobre la cama. Mis manos están temblando.

Se vuelve para cerrar la puerta, entretanto, se dirige al costado de la puerta a unos metros y empuja un ladrillo que sobresalía. El ruido me dan varios escalofríos más y retrocedo por inercia al ver lo que se descubre cuando se desliza completamente.

«Joder»

— Quitate la sudadera, no querrás dañarlo, preciosa.

Aprieto mis puños cuando se vuelve con una ceja alzada y trae consigo un latido... Un puto latido. Retengo las lágrimas de frustración y humillación cuando empiezo a quitarme lo que ordenó.

«Hija de puta»

— Las manos en la pared, querida —indica, tocándome, pero le doy un manotazo y hago lo que pide sin necesidad de que ponga una mano encima— Contarás cada latigazo que golpee tu piel.

Las respiración se me altera cuando se aleja y escucho el objeto arrastrarse por el suelo en cada paso que retrocede. Controlo como puedo las respiraciones rápidas para que no vea lo que me causa eso.

No quiero que vea mi miedo.

Solo debo soportar y ya. Puedo soportar sin dejar salir un solo quejido. Soy fuerte, soy fuerte, soy fuerte. Solo aleja al dolor y centrate en algo bonito.

— Quita también ese pequeño short —su voz me saca de mi ensimismamiento.

— No me importa que lo dañe —digo entredientes.

— Vale...

El impacto en mi espalda inunda el lugar y el ardor me hace abrir los ojos que no sabia que había cerrado. Me trago el quejido y dejo salir un suspiro para hacer lo que ordenó.

— Uno... —inicio con una voz débil

— ¡Mas fuerte! —ordena, impactando el segundo. Cierro mis puños sobre la pared y contengo el jadeo de dolor.

Es difícil soltar las palabras cuando mantienes la mandíbula bastante apretada.

— ¡Dos!

— ¡No! —el ardor empeora mucho mas y lágrimas empiezan a salir sin mi permiso.

Intento tomar aire en mis pulmones entre los jadeos que estoy soltando. Y es bastante complicado ante la zozobra que pasa mi cuerpo.

— ¡Uno... —gruño lo suficiente alto para que la maldita me escuche. Lanza el segundo por mi costado y no puedo evitar el sobresalto cuando me quema— Dos... Tres... Cuatro...

Sigo con el conteo entre gruñidos y ella solo rie cuando dejo salir un gemidos adoloridos o un sollozo por el gran dolor que me causa y por la sensación de tener la carne a la vista. Intento imaginar ese lugar bonito para salir de esta realidad y solo es peor porque me hace iniciar cuando me quedo ida.

Me ha roto mi piel.

Caigo de rodillas apenas manteniendo mi cabeza gacha cuando el ultimo me hace llorar mucho mas. El dolor esta bastante crudo en mi piel y la sangre siento que brota por la... Cantidad de laceraciones y cortes que me provoca la maldita.

Pero no grité. Evité lo mas que pude soltar sollozos altos. Lo que no pude retener fue gemidos bajos y eso no le causó gracia.

— Perdí la cuenta de cuantos fueron... —murmura, acercándose— Espero que estadía aquí sea agradable, me gusta atender bien.

—Me encanta... No se... Se preocupe...

«Puta»

Sus tacones se escuchan cuando esta lejos de mi hasta que cierra la puerta y medio volteo para verificar que se largó.

Dejo salir los sollozos que me trague con gruñidos fuertes de mi garganta. Me mantengo encorvada y golpeo débilmente el piso, para ver si así puedo calmar el maldito dolor que tengo en mi espalda.

— Duele, J... Duele como el demonio...

Incluso estar como estoy duele, pero no me verá rendida la maldita. Voy a soportar sus maltratos. Malditos hipócritas. De esto hablaba cuando decian que se camuflajeaban con la religión.

Ellos ven esto bueno porque es castigo para que yo regrese al camino que tenia antes, es decir, no es maltrato, es "castigo del señor"

Religiosos de m*erda.

Me tambaleo cuando me pongo de pie y debo apoyarme en la pared para caminar al baño y lavarme las heridas antes de que se infecten, aunque es dudoso cuando es agua y no alcohol.

Eso lo revisaré después, sólo... Necesito lavarme.

Tardo demasiado en llegar al puto baño de mierda y las lagrimas no dejan de salir aun si yo intento retenerlas. Es tan inevitable cuando me duele mucho.

«Puedes con esto, Kate» me motivo. Claro que puedo. Quito mi short que se ha cubierto gran parte de sangre de mi espalda y procedo a lavarme. Grito cuando el agua toca las heridas y puedo ver como las baldosas cae el agua cubierta de sangre.

— Mier... Mierda... Puta... Hija.. De puta.

La maldigo muchas veces

La sangre no para de salir y el dolor no para de joderme. Cierro la llave y apoyo mi frente en la pared, dejando salir mas lagrimas de mis ojos. Duele, duele, duele, duele.

Siento mi espalda arder, punzadas, dolor... Punzadas de dolor constantes, provocando que no pare de llorar y el hambre no ayuda. Tengo hambre... Jeanne... Sollozo al pensar que fue ella quien me metió aquí y quisiera que el enojo opacara este maldito dolor, pero no es así, siento en carne viva esa mierda.

Camino con la misma lentitud a mi nueva cama y dejo la espalda al descubierto, ya que si me cubro con algo cuando lo quite sera mucho peor. Me acuesto boca abajo y cubro mis oídos con los auriculares para centrarme en dormir.

Solo debo dormir para calmarlo.

La musica me relaja de cierta manera, pero no alivia el dolor. Mantengo los ojos fuertemente cerrados y los temblores que me recorren con un sudor en mi frente no ayudan, sin embargo, lentamente caigo en sueño por el cansancio, hambre, dolor... Tantas cosas que me hubiese gustado no despertar nunca.

...---------...

Nota: Esto es solo ficción. Los religiosos no son así.(Al menos los que yo conozco) Así que espero no se lo tomen a mal si hay alguien que sea religioso.

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Comments

Veronica Varón

Veronica Varón

los "religiosos" no son así, son peores..... voladores, pedófilos, avaros, doble moral....

2023-07-18

6

Magaly Arellano

Magaly Arellano

son pedofilos

2023-03-08

1

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