13

— Monja... ¿Debo decirlo en que idioma?

— Es una clase sin cristianismo de por medio. Solo es lo que te enseñaban antes de venir aqui— murmura, muy cerca.

Me mantuve pegada a la puerta y cuando la abri, ella también se mantuvo junto a la misma y ahora solo son unos centímetros que separan nuestras bocas. Eso me altera todo mi cuerpo y las ganas aparecen intensificadas mucho.

—Iré cuando...

— Kate, estoy lis...ta... Oh, madre. Buenos días— balbucea nerviosa y el sudor que tiene sobre su frente empeora

La mujer frunce el ceño sin apartar sus ojos entre la chica y yo.

— ¿Que haces aquí... Sola? Te....

— Genial. Alessa, parece que nuestra charla de biologia no se terminara nunca. La señora ha dado una orden— estrecho mi mano y ella la toma confusa— Fue divertido

— Lo fue. Lamento utilizar tu baño...

— No importa

Abro mas la puerta y la monja debe retirarse a un lado para que la aprendiz nerviosa salga de mi habitación, justo cuando lo hace, termino cerrando la puerta cuando vi que tenia intenciones que hablar.

La puerta puede responder sus dudas sobre el porque no fui a su clase.

Quiero... Apoyo mi frente en la puerta y aprieto mis puños para contener esas terribles ganas de... Besarla. «mierda» ¿en que me he metido?. Se supone que con besar a la anciana pervertida se quitarían esas ganas de besarla ¿por qué no funcionó? ¿tendré que besarla otra vez?

Me siento como una puta. La diferencia es que no me dejo foll*r por ella y tampoco va a suceder. No me dejare tocar por ella, ni por ninguno de esos religiosos.

Las heridas las he sentido menos intensas, las punzadas ocurren cuando siento un roce o golpe en ellas, de lo contrario no siento la incomodidad que se presenta. El asco aun lo siento todavía y dudo que lo deje de sentir.

— No se borraran esas cicatrices.

No me importa. Aquí nadie verá mi cuerpo aparte de la monja y la directora pervertida que fue quienes ya lo vieron y saben porqué las tengo, ya que Alessa las vió pero no sabe nada por lo que pasé.

Dejo sonar la música en la tablet y dejo mis auriculares en mis oídos para ir a mi destino. Cuando estuve con la pervertida no pude sugerirle mi petición acerca de la comida, pero esta vez sí me escuchará y estaré en suspendo por su respuesta.

Porque no quiero salir a ver esas monjas, al menos no por el momento.

El sol a esta hora es pésimo, siento lo caliente através de la sudadera y me voy a sancochar con tanto calor si no llego rápido.

Se me atraviesan unas monjas dándome miradas confusas al recorrer mi vestimenta y yo ignoro como puedo. Ya se que parezco una loca caminando con una sudadera puesta, la capucha y las manos en los bolsillos de la misma con el sol ardiendo.

— Buenas tardes, señoras— gruñi a otras que se tropezaron conmigo cuando iba a cruzar para llegar al pasadizo y... Arde, el sudor no es bueno en mi espalda en este momento.

— Señorita Jönhsson— me llaman. Aprieto mis párpados con fuerza y maldigo por lo bajo cuando tenían que llamarme— La hora de la comida ya llegó, ¿Que hace aquí afuera y no en el comedor?— pregunta no-se-quien expresando confusión.

Debí esperar al menos unos minutos antes de venir, o rodear por el lado contrario la casa aunque fuese más lejos. La flojera a veces no es buena en casos como estos.

Respiro hondo para tener un poco de simpatía y me vuelvo formando una mueca por el calor.

— Me disculpo, tenía ganas de... Ehmm ¿Vomitar? Y no quería hacer algo que las incomodara... Por eso...— rasco mi mejilla enrojecida por el calor y dejo salir una sonrisa nerviosa.

Y entre todo eso, capto una mirada ámbar de soslayo y tengo que volver a mirar por curiosidad.

Mis mejillas enrojecen más cuando parece que me ve de pies a cabeza, pero con más lentitud de quién está a su lado.

Me escudriña con la mirada de pies a cabeza durante unos segundos, buscando indicios de mentiras, para después mostrar un rostro lleno de compasión.

Necesito irme rápido y ellas están pensando mucho. Además, creo haber visto que se le oscurecía la mirada a una de ellas... a la más alta.

— No deberías caminar con esas fachas bajo el sol, señorita. Vas a morir de calor— sonríe amable y señala la puerta principal quien me reviso muy lentamente— En la enfermería hay medicina, ve y pregúntale a la encargada por algo que pueda aliviar tu estado.

— Gracias, espera... Unos segundos creo que... Quiero...— hago una mueca de asco y ellas entienden lo que quiero decir

— Ve cuanto antes. La hermana Jenny estara contigo, ella sabe de medicina— se despiden con una leve inclinación y se van.

Creo que esa mentira no me convenía para nada. Ahora debo seguirla para que no me tomen por mentirosa y ser hipócritas como ellas.

Cruzo con rapidez para retomar mi camino y entro por el pasadizo secreto que me encontré. Inhalo profundo lentamente y quitó la capucha de mi cabeza al estar a solo unos pasos de la puerta de la pervertida. Guardo la tablet en el bolsillo y procedo abrir para entrar al lugar.

Suspiro de alivio cuando el aire acondicionado golpea en mi rostro lleno de sudor y cuánto me gustaría poder quitarme la sudadera para que mi cuerpo también lo sienta.

Recorro el lugar con la vista y la biblioteca oficina está vacía. En el escritorio no hay nadie, pero si logro ver una bandeja de comida sobre el mismo. ¿Donde estará esa anciana?

— ¿Natasha?

Me responde es el silencio de estas extensas cuatro paredes. Debería estar afuera, de no ser así y no estuviese aquí, no le hubieran traído la comida. ¿Estará en el baño?

Empiezo a matar la curiosidad que me causaba la biblioteca, viendo cada columna. Es un total de 4 y todas llenas de libros. En el primero es la dirección de aquella habitación, así que empiezo a caminar por el segundo para entretener la vista en la espera de la anciana.

Libros de historia, literatura, matemáticas y química. Creo que serían novelas. Me tomo el atrevimiento de tener uno entre mis manos y las matemáticas dan escalofríos. No es que sea inepta en ellas, pero tenía notas no muy altas en ellas.

Los números dan miedo si no prestas atención a la clase.

No sé cuántos libros llevo desde que estoy, pero la anciana aún no aparece. Decido pasar al tercer pasillo. Física, Biología, Psicología, Ciencias, Lenguaje... Wow... Este llama más mi atención.

Escojo el de biología. La vida humana llama mi atención desde pequeña, me gusta saber de dónde proviene cada ser viviente o de dónde creen hacerlo. Las tantas teorías que existe de la vida, ciclos, cruces... La biodiversidad.

— Me encanta...

— Kate Jöhnsson

Estaba tan ensimismada en la lectura que olvide por completo cual era mi objetivo mi principal, por lo tanto, no puedo evitar sobresaltarme ante su llamado repentino y que el libro toque el suelo.

Cabello húmedo, bata de seda apenas cubriendo su cuerpo, ya que no está del todo bien amarrado y descalza.

Después de todo si estaba en el baño.

— Perdón, Natasha... Yo...— recojo el libro que cayó en mis pies y lo ubico en el mismo lugar que lo conseguí, volviéndome al momento, y no sé cómo le hace para encerrarme entre el estante y su cuerpo— Lo siento, esperaré...

Su boca no me deja hablar cuando está sobre la mía y su lengua se adentra sin permiso alguno a mi boca, invitándome a que la mía se enlace con ella. No le correspondo del todo, ya que no he venido a... Esto.

Sin embargo, su manera de besar es muy... Intensa... Apenas puedo seguir su ritmo.

Se aleja en segundos de estar besándome y lame sus labios sin una pizca de labial para después sonreír con picardía.

— ¿Que haces aquí? No recuerdo haberte llamado— cierro mi boca entreabierta y respiro hondo para tener la respiración que me robó.

— Tengo hambre— enarca la ceja escéptica y su sonrisa se extiende más

— ¿Soy tu comida?— insinúa, indicándome que camine dónde está el escritorio— No me llegó el informe que faltaba comida en la cocina...

El sudor en mi frente se crea con rapidez y las manos estrujando sus dedos entre sí.

— No me avisaron...

Busca entre los papeles con el ceño fruncido y después de unos segundos cuando por fin entiendo lo que quiere decir y mucho más cuando agarra el teléfono al estilo antiguo, empezando a marcar números... Es que lo entiendo...

— ¡No!...— enarca la ceja ante mi tono repentino— no hace falta. En el comedor está todo en orden...

Deja de tener el teléfono en la mano y la seriedad se presenta en sus facciones maduras. Paso saliva y bajo la mirada, porque tengo una idea de lo que se viene.

— Kate. El hecho que me complazcas, no te da derecho a venir a quitarme el tiempo en mi oficina. Es tu asunto si tienes hambre o no, ese no es mi problema cuando sabes que en el comedor nunca falta la comida— dice con naturalidad esa directa. Aprieto mis puños en mi regazo y veo como se ponen blancos de la presión que hago— No te aparezcas cuando se te da la gana. Tu deber como aprendiz es estar del otro lado, con las monjas. O las soportas o te quedas en tu habitación, pero aquí no vengas como entretenimiento...

Sus palabras son ecos y solo empeoran el odio que tengo había ella. No pensé que fuese una buena persona, pero tampoco creí que le afectará que yo estuviera aquí, aunque fuese a pasar el tiempo.

No se que mierdas está diciendo, ya que lo escucho lejos, como murmullos por el enojo que esta creciendo con rapidez.

Supongo que el placer que le proporciono no es del todo bueno de ser así.

Me levanto lentamente e ignoro si me está hablando o no, yo solo me levanto para salir e ir a la enfermería como me indicaron las monjas que me tope cuando venía aquí, no quiero me tachen de mentirosa.

»—... Lo necesite. Cada que quiera y espero no lo malinterpretes. No quiero tener una lesbiana detrás de mí— escupe lo último con asco

No se que dijo y tampoco me interesó, lo que entendí las frases finales, ¿Piensa que me gusta, que lo hago para llamar su atención? Que estupidez. Exageradamente estupido.

Jamás me gustaría alguien tan cruel y frío. Me maltrata, me utiliza y luego me desecha, haciéndose la heterosexual. Pues los "heterosexuales" jamás follarian con alguien de su mismo sexo, por eso son hetero.

Regreso por el mismo camino que entré y me enruto al lugar donde me indicaron con el enojo a niveles muy altos. Estoy que me tocan e insulto a quien sea que lo haga. Es una perra la maldita. Después de ella besarme así ¿Me viene a decir que soy yo quien está detrás?

Puta. Se merece unas cuantas maldiciones por ser así. Es bueno que nadie aquí la conozca.

— ¡Kate!

Me sobresalto cuando ponen una mano sobre mi hombro y me hago a un lado bruscamente. Suspiro intentado relajarme y Alessa muestra un rostro confuso por mi actitud.

— Lo siento, Al. No estoy del todo bien...— sigo mi camino y escucho sus pasos detrás de mí.

Y oh "sorpresa". Detengo mis pasos en seco cuando estoy en un lugar que no es el que estoy buscando. «mierda». Habitaciones más grandes que las aprendices y decoraciones más... ¿Cristianas? Son pocas y tienen una distancia considerable entre ellas.

— Kate ¿Que haras en los dormitorios de las hermanas?

¿Disculpa?, ¿Hermanas?.

...----...

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