19.

Ciudad de Yakima

El suelo volvió a retumbar bajo sus pies con el pasar apresurado de los camiones de carga. Seguían llegando uno tras otro en un intervalo de tiempo de cada treinta minutos pero pronto notó que con el paso del tiempo la cantidad disminuía drásticamente.

Alex sospechaba que en algún momento dejarían de pasar los camiones por la vencidad. A través de la ventanilla de la puerta, los podía ver perfectamente. Debido a que todas las demás ventanas de la casa habían sido cubiertas por tablones de madera, esa ventanilla era la única que le permitía avistar el exterior de la calle.

Los militares vestidos de negro patrullaban las calles cada cierto tiempo sin descansar. Alex sospechó que no eran militares normales. Lo sabía porque su madre solía ser uno de ellos, y esa gente tenía más pinta de contratistas militares que de miembros del ejército de los Estados Unidos. ¿Qué estarían haciendo en la preparatoria? La curiosidad lo carcomía por dentro.

Un sonido a sus espaldas lo alertó y cuando se dió la vuelta, se encontró con su hermanito pequeño bajando las escaleras de madera con la mirada bastante cabizbaja y una expresión indescifrable en su rostro.

Ya no tenía puesto su pijama de figuritas. Ahora vestía un par de pantalones azules oscuros, un abrigo blanco con capucha y una chaqueta grisácea con tejidos rojos.

Al darse cuenta de la mirada de su hermano, se incomodó un poco.

—Es que... aquel pijama ya comenzaba a oler mal —se explicó rápidamente el más pequeño con un suave tono rojizo en sus mejillas pecosas—. Tuve que cambiarme de ropa.

Alex se removió un tanto incómodo y al ver que Ben no se movía del lugar, comprendió de inmediato las cosas.

—¿Quieres hablar? —le preguntó.

Su hermano pequeño levantó la mirada de inmediato. Alex notó que tenía los ojos enrojecidos y unas bolsas oscuras los rodeaban, dándole un aspecto cansino.

Ben asintió con la cabeza y de inmediato corrió a la sala donde se sentó en el diván y esperó a que Alex lo imitara.

El silencio que los siguió era extremadamente tenso e incómodo. Ninguno sabía como proceder con el otro y aunque tenían las palabras claras en su mente, no tenían el valor para decirlas. Alex deseaba disculparse con su hermanito, después de todo, en los últimos tiempos había sido muy grosero con él además de insensible. Estaba tan concentrado en sobrevivir que a veces se olvidaba que Ben solo tenía 9 años y había cosas que aún no podía entender por si solo.

La ciudad actualmente era un caos y no había forma de saber que pasaría en el futuro, pero eso no era justificación para ser un imbecil con su propia sangre.

No ahora, que la incertidumbre y el peligro rondaba por las calles.

—Primeramente... quiero decir... —procedió a decir pero su hermano pequeño de inmediato lo interrumpió.

—Lo sé... se que vas a decir, pero ahora mismo de eso no quiero hablar —se explicó Ben con la vista fija en la pantalla oscura de su televisor. Podía ver el reflejo de su hermano y sus rasgos perfectamente— Se que seguro piensas que soy un niño que no entiende nada, pero en estos días que he estado solo encerrado en mi habitación, he comprendido algunas cosas —Alex frunció el ceño y abrió la boca dispuesto a decir algo pero su hermanito alzó su mano y lo calló antes de que emitiera una sola palabra—. El peor error que cometieron nuestros padres fue dejarnos atrás. En un principio debimos haber ido con ellos y se que la decisión no era nuestra para tomarla, pero ahora que todo está hecho, solo tenemos una opción. Debemos encontrarnos con ellos a como de lugar, Alex. No podemos seguir en estas cuatro paredes.

Alex se sorprendió mucho de aquellas palabras. Sus ojos se abrieron impresionados y cuando menos lo esperó, Ben retiró su atención de la pantalla de la tv y miró hacia su hermano mayor, por primera vez en estos últimos tres días sin hablar ni dirigirse la palabra.

—En un principio no quería, me negaba a salir de casa —continuó hablando—, pensaba que si esperaba, nuestros padres volverían en algún momento con Zoe... pero al ver lo que sucedió con esa pobre familia en la mini van, comprendí que el mundo ya no era lo mismo. Ya no podemos esperar la ayuda inexistentente de los demas... Debemos ayudarnos nosotros mismos, sin importar que.

Alex no pudo evitar sonreír ante las palabras de su hermanito. Ahora entendía porque decían que era tan maduro para su edad. Había sido un error subestimarlo en un principio.

—¿Estas seguro? —preguntó Alex, un tanto aliviado, aunque nunca lo admitiría. Había estado dudando todo este tiempo, solo por él, ya que Ben se negaba con tanto ahínco abandonar su casa— Podríamos enfrentar grandes peligros ahí afuera. No sabemos lo que nos espera...

—No me importa. Mientras esté a tu lado y del lado de nuestra familia, soy capaz de hacer lo que sea, Alex.

El hermano mayor volvió a sonreír y como era costumbre en él, revolvió con su mano los rizos castaños de su hermanito en una muestra de afecto que hace mucho no le entregaba.

—Entonces es mejor prepararnos desde ahora... —espetó con la emoción burbujeando en su interior— Esta noche nos retiramos de esta maldita ciudad.

...(...)...

Seattle

André arrastró el cadáver infestado hasta la sala de secretaria, donde lo encerró en el cuarto de la limpieza para evitar que el olor a podredumbre de aquel cuerpo en descompoaicion, pero que por alguna razón seguía moviéndose, fuera demasiado molesto para ambos. Bien sabía que no era bueno convivir con un cadáver ya que estos podían provocar otras enfermedades y atraer alimañas con su hedor.

Cuando cerró la puerta del cuarto de la limpieza, al mirar sobre su hombro se encontró con la intensa mirada de Zoe, la cual tenía un aspecto ciertamente preocupante. Tenía los ojos rojos de tanto llorar y la piel se veía más pálida y enfermiza de lo normal. Parecía estar a punto de desfallecer en algún momento.

Tenía las piernas temblorosas, pero a pesar de eso se mantenía erguida y fuerte en frente de él, o al menos lo intentaba.

—¿Estás bien? —le preguntó.

Zoe retiró la mirada de la puerta y tragó en seco antes de responder.

—No lo estoy... —sus manos comenzaron a temblar aún más— creo que me estoy volviendo loca. Aún puedo escuchar su maldita voz. No deja de gritarme y decirme la mala amiga que soy.

Ante esas palabras André frunció el ceño y miró hacia la puerta donde había encerrado a la infestada. La había golpeado bastante fuerte, tanto que incluso le había roto el cuello y la columna vertebral, por lo que no debería ser capaz de mover sus extremidades de cuello para abajo.

Nunca había visto a un infestado como ese. Cuando la infección explotó en el hospital, todos a su alrededor se habían vuelto completamente locos y comenzaron a morder y a atacar a todo lo que se movía. Pero esa cosa era diferente. Había contemplado con sus propios ojos como se movía y actuaba. Cuando Zoe la abrazó, no parecía tener intenciones de morderla o devorarla.

Pero el aura que rodeaba aún cuerpo era muy atemorizante. Era como una extraña sombra oscura con forma humana. No parecía ser algo provocado por un virus o la ciencia.

—Creo que deberías descansar —le dijo finalmente— Tuviste un accidente de autos hace apenas unos días por lo que es normal que te sientas así.

Zoe sonrió, pero no había gracia en sus ojos.

—Tienes razón... creo que... debería descansar.

Se dió la vuelta y se retiró por donde mismo vino, con paso lento y pausado. Parecía bastante afectada psicológicamente. Quiso creer que todo eso era una ilusión, que aquellas voces que escuchaba no eran reales. Pero no tardó en cambiar de opinión cuando se dispuso a retirarse el también y se detuvo en seco al escuchar aquella voz.

—¿Hermano?

Todo su cuerpo se paralizó de pies a cabeza. Los recuerdos no tardaron en invadir su mente como veneno en las venas y su puño se cerró con tanta fuerza, que hasta los nudillos se volvieron blanquecinos.

Intentó mantener la calma. Sea lo que sea que fuera esa cosa, al parecer tenía el poder de jugar con la mente de las personas y engañarlas con ilusiones. Por lo que no iba a caer en su jueguito.

Se obligó a mover sus piernas y avanzó hasta desaparecer en el pasillo contrario, sin dejar escuchar aquella voz femenina llamándola una y otra vez. Rogando por su ayuda.

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