16.

(...)

Brianna caminaba bastante bien, considerando lo herida que estaba su pierna derecha. Cojeaba con cada paso pero aguantaba bastante el dolor.

Jon caminaba a su lado sin dejar de observarla por miedo a que se cayera o algo así. Cargaba una mochila llena de comida enlatada, incluyendo la que habían comprado en aquella gasolinera. Aún quedaba bastante carretera por delante y no estaba seguro de hasta dónde podían llegar.

Si más no se equivocaba en cinco kilómetros adelante, deberían encontrarse con otra ciudad pequeña. Estaban caminando desde hace un tiempo pero en todo el camino, Bri no había dicho ni una palabra.

-¿En serio estás bien? -le preguntó por doceava vez en el día.

Bri asintió con la cabeza sin mencionar ni una palabra.

-No lo pareces -insistió Jon.

Brianna lo miró de soslayo antes de hablar finalmente.

-Están sucediendo muchas cosas raras últimamente, Jon. Primero el accidente de nuestra hija, y ahora este virus que al parecer hace enloquecer a la gente. ¿Cómo diablos crees que me siento?

Se detuvo abruptamente y lo fulminó con la mirada.

-Y para agregar, no tengo ni una puta arma para hacer algo al respecto. ¿Cómo crees que me siento, Jon? ¿De quién es la culpa?

Jonathan frunció el entrecejo ante la declaración de su esposa y arremetió:

-¿Cómo puedes decir eso? ¿No viste lo que sucedió en Seattle? Cada vez que tienes un arma en mano haces locuras como esa...

-¡Solo trato de recuperar a nuestra hija! -gritó una Brianna encolerizada, perdiendo al fin el poco control que le quedaba.

-¡Pues no lo estás haciendo bien maldita sea! -le devolvió el grito Jon, superando por mucho el tono de voz de su mujer. Tenía el rostro totalmente rojo.

Bri se quedó paralizada de la impresión. Nunca antes había visto a su esposo tan enojado.

De hecho, raras veces levantaba la voz.

Jonathan maldijo por debajo y se masajeó el puente de la nariz, intentando calmar sus emociones erráticas.

-Lo siento ¿ok? -bramó arrepentido-. No quise gritarte... pero no podemos seguir así, cariño. Tenemos que pensar y actuar bien si queremos recuperar a nuestra hija de alguna forma.

Se acercó a ella y le acarició el rostro con suavidad. Los tensos hombros de Brianna se relajaron de inmediato. Inhaló y exhaló lo más profundo que pudo intentando calmar su temperamento.

Alzó su mano y tocó a su esposo por encima de la mano más grande que la suya.

-Igualmente, necesitaremos armamento pesado para poder pasar por esa barricada -refutó Brianna- las buenas intenciones no serán suficiente.

Jon suspiró y asintió con la cabeza. Ciertamente su mujer tenía razón, pero en el fondo temía que volviera a perder el control. No quería que hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse al final.

-Sigamos caminando entonces -profirió- hay una armería en el siguiente pueblo si no me equivoco. Podremos encontrar lo necesario, creo.

-Ok, vayamos entonces.

Dicho eso continuaron con su camino.

Ya era mediodía cuando al cabo de un tiempo llegaron al pueblo cercano, pero el cielo continuaba sumamente nublado. Se extrañaron al notar lo desolado que se veía el lugar. Era un pueblo pequeño, por lo que tenía el mismo diseño que la gran mayoría. Una calle principal que conectaba con el centro de la ciudad donde había un parque diminuto y en el centro la estatua de algún fundador. En los costados se podían avistar los negocios cerrados y vacíos. La armería se encontraba justo al lado de una pequeña cafetería que afortunadamente no estaba muy lejos de la entrada del pueblo.

-¿Qué crees que pasó aquí? ¿Dónde está todo el mundo? -preguntó Jon sorprendido, mirando su entorno sin dar crédito a lo que veía.

-Posiblemente fueron evacuados -respondió Bri- viendo como están las cosas hoy en día, no me extrañaría. Hace unos días lo anunciaron en la radio, eso de que iban a evacuar las ciudades pequeñas.

-Tiene sentido.

La armería estaba completamente cerrada por un portón metálico que cubría la puerta y el ventanal de cristal. Un candado aseguraba el portón al suelo y no tardaron mucho en romperlo con un pedrusco.

-Fué fácil -admitió Bri con una suave sonrisa.

Levantó el portón plegable con un sonido bastante llamativo, mostrando la puerta de cristal que permitía la entrada al negocio y que por supuesto estaba cerrado. Bri cogió la misma piedra y lo lanzó contra el cristal, provocando que se haciera añicos.

Se adentraron al lugar, y para su sorpresa, no habían muchas armas en exhibición. Se habían llevado la gran mayoría, pero al menos habían dejado algunas pistolas y escopetas. La mala noticia era que todos los fusiles de asalto se habían ido.

-Que lástima -dijo Bri decepcionada, esperando ver algún M4 o aunque sea un mísero AK-47.

Las encimeras estaban vacías, sin embargo cuando sus ojos conectaron con aquella escopeta plegable SPAS-12, sus manos no dudaron ni un segundo en agarrarla como si ya fuera suya. Una sonrisa de emoción se formó en sus finos labios y Jon puso los ojos en blanco. Ella nunca cambiaría.

-Esta es mía -se la colgó en su hombro y prácticamente corrió hacia el mostrador donde encontraría las municiones en un cajón. Agarró todas las que pudo y las guardó en su mochila, luego colocó algunos cartuchos en la culata plegable de la escopeta.

Algo que le permitiría recargar con más facilidad.

Jon se adentró aún más a la tienda hasta llegar a una parte donde se vendía objetos de caza, como arcos compuestos, cuchillos se caza, y un bolso más grande para guardar todas las armas y municiones que podían.

Se llevó algunos revólveres y pistolas (que era prácticamente lo único que quedaba) dos escopetas más e incluso un arco compuesto con sus respectivas flechas. Su hijo pequeño era bastante bueno con el tiro con arco, por lo que esto al menos le permitiría defenderse.

-Llévate los cuchillos también -sugirió Bri a su espalda-. No sabemos cuando tendremos que luchar cuerpo a cuerpo.

-Creo que también deberíamos cambiarnos, la ropa de caza es más resistente que la que llevamos ahora. Tal vez deberíamos coger algunas para Zoe -inquirió Jon inteligentemente observando un maniquí vestido con una chaqueta de camuflaje bastante resistente, un pasamontañas del mismo material, y unos pantalones también de camuflaje oscuro verdoso, de acuerdo con la vegetación de esta parte del país.

Bri asintió con la cabeza de acuerdo, debían tomar todo lo que podían.

Al cabo de un momento, salieron de la tienda con un aspecto totalmente nuevo. La pareja vestía totalmente de camuflaje verde oscuro. Las respectivas almas sobresalían de los bolsos que cargaban en sus hombros. Se habían asegurado de casi vaciar la armería. Posiblemente en el futuro no tendrían otra oportunidad para vaciar otra armería.

En tiempos de anarquía como estos, los saqueos son bastante usuales.

Apenas dieron dos pasos fuera de la armería y el caos no tardó en armarse. De las tiendas de enfrente, varios disparos se alzaron en el aire desde una posición desconocida y de inmediato, por instinto,, ambos se volvieron a ocultar en la armería.

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