—¿Fer?
—¿Te extraña que te llame a estas horas del día?
—En realidad sí. —Santiago dejó el almuerzo en su pequeña mesa, y ansioso pero gratamente sorprendido siguió la conversación sentado en su cama—. ¿No está Alejito en casa?
—Sí está.
Santiago frunció el ceño aun sin entender de qué iba esa llamada a esas horas. —¿No es muy arriesgado que me llames estando él en casa?
—Pues él me ha pedido que te llame.
—¿Estás bromeando?
—Alejandro quiere invitarte al cine como la última vez.
—¿En serio? —Santiago se emocionó imaginando un escenario similar al anteriormente vivido y se llenó de nervios cuando cayó en cuenta de que todo había cambiado. ¡No había forma de que pudiese disimular lo que sentía por Fernando delante de un siempre arisco Alejandro!— No creo que deba aceptar.
—Sería demasiado sospechoso si te negaras a ir, además conozco lo suficiente a Alejandro como para saber que sería capaz de sacarte de tu apartaestudio a las malas.
—¿Crees que sospeche algo?
—Lo dudo.
—Todo me parece tan extraño.
—A mí igual, pero solo debemos actuar con naturalidad.
—Claro, claro —Santiago trató de convencerse con vagas excusas—. Solo veremos una película y ya.
—Es como tener una cita familiar.
—¡No me ayudes Fernando!
—Quiero verte bien lindo ese día. —Fernando usó un tono coqueto para hablarle, y el corazón de Santiago volvió a ser un completo desastre—. Te llamo en la noche.
—Fer.
—¿Dime?
—Te quiero mucho.
No hubo respuesta, pero Santiago no la necesitaba, no aún, era consciente que era pronto todavía, que Fernando no sentía con la misma intensidad con la que él lo hacía, pero estaba dispuesto a esperarlo, darle su tiempo, él sabía que Fernando podría llegar a sentir lo mismo que él sentía.
—Oye, Fernando te invitó a ir al cine este sábado.
—No sé si pueda ir —Gustavo respondió a la petición de Alejandro sonando algo apagado.
—Pues Santiago irá, y yo pensé que tú tenías ganas de agradecerle el favor que nos hizo en el juego.
—No sé.
—No vayas Gustavo, no vayas, ya entendí.
—Vale. —El moreno suspiró pesadamente, mientras que Alejandro sonreía victorioso—. Iré solo porque va Santiago.
—Lo sé, porque ahora todos son más importantes que yo, ¿quién lo diría?
—Alejandro —Gustavo resopló pesadamente sobre su bocina—. Hazte un favor: Crece.
—¿Vendrás con nosotros? —preguntó Alejandro totalmente desentendido de lo que acababa de escuchar, su actitud era molesta, su tono de voz seguía siendo repelente, aunque no del todo, a fin de cuentas, era Tavito con quien hablaba.
—Sí, iré, ya te lo dije.
—Bueno, te veo el sábado.
—Alejandro, mañana tenemos clases juntos.
—Cierto, bueno, te veo mañana y luego el sábado.
—Saludos a tu padre.
Santiago no podía estar más nervioso por la nueva salida que tendría con Fernando y que incluía a Alejandro y Gustavo consigo. Seleccionó muy bien la ropa que usaría, quería verse bien, pero no demasiado, o tal vez sí. Su mente tenía muchas dudas, aun recordaba lo celoso que era Alejandro y no quería imaginarlo si llegase a enterarse de que entre su padre y él pasaba algo, seguro, él haría todo lo posible por separarlos, y lo comprendía. ¿Qué adolescente quería ver a su padre involucrado en una relación homosexual con un chico de 18 años?
—Solo es una salida normal. —Comenzó a hablase a sí mismo para relajarse, pero sus nervios volvieron a atacarle cuando su celular registró un mensaje enviado por Fernando en el cual le decía que ya estaba por pasar por él. Santiago se peinó a toda prisa y esperó en la puerta a que el auto llegara, y luego de unos minutos éste mismo se aparcó cerca de él, Fernando, Alejandro y Gustavo estaban frente a su nuevo hogar.
—Pensé que vivías más lejos. —Alejandro lo saludó con una sonrisa enorme—. Ya le dije a mi padre que nos trajera el otro domingo, ¿estás libre, cierto?
—Oh, sí, claro —Santiago respondió tímidamente, cerrando muy bien la puerta tras sentarse junto a Gustavo, estaba hecho un manojo de nervios, no sabía hacia dónde mirar, o qué decir, o cómo sentarse, su corazón latía fuerte, retumbaba en su interior, sus manos sudaban, y su boca había comenzado a secarse—. El otro domingo estoy libre.
—Buenas tardes Santi. —La inexpresiva voz de Fernando solo lo hizo sentir mucho peor. Entendía que el castaño quisiese disimular y todo lo demás, pero era extraño, e incómodo, ellos tenían algo, y debían comportarse como simples conocidos.
—Lo siento —se excusó el moreno—. Buenas tardes a todos.
—Santiago. ¿Te aplicaste medio frasco de perfume? —Gustavo se acercó a él para comprobar su suposición y luego se apartó dramáticamente mientras soltaba una fuerte carcajada—. ¡Me tienes mareado!
—Solo me apliqué un poco.
—¡Cierto! aquí me pega el olor —Alejandro también rio, y Santiago comenzó sentirse aún más incómodo, si es que era posible.
—Lo siento chicos.
—Tranquilo Santi. —Fernando habló pero esta vez lo hizo con hermosa sonrisa adornando sus labios—. Yo estaba pensando en cambiar de fragancia para el auto.
—Señor Fernando, su carro olerá a Santiago como por una semana.
—¿Una semana? —Alejandro rio fuerte al comentario de su amigo—. ¡Un mes completo!
—No sean exagerados. Solo me eché un poquito.
Y si en el auto se sintió inseguro e incómodo, al bajar de este todo fue mucho peor, Alejandro como de costumbre se prendió del brazo de Gustavo y juntos comenzaron apartarse de ellos, y Santiago no sabía si debía permanecer cerca o lejos de Fernando, porque todo podría salir mal y él no quería arruinar las cosas.
—Te ves muy guapo.
—Oh, gracias... —Santiago se ruborizó y guardó sus manos en sus bolsillos, él lo había hecho, le había dicho "guapo", había valido la pena el tiempo invertido en verse lindo para él—. Tú también te ves muy guapo.
—¿Me acompañas a comprar los boletos y lo demás?
—Oh sí, claro. —Santiago caminaba tras Fernando manteniendo su rostro agachado y marcando una distancia prudente, su corazón latía a mil por hora y sus manos habían comenzado a sudar hacía un buen tiempo, mientras que Fernando se veía fresco y relajado, como si nada pasase, aun cuando era él quien más tenía por perder. Estaban en la fila juntos, con mucha gente cerca pero juntos, aunque había un gran problema, todo ese tiempo habían permanecido en completo silencio y eso era extraño, por lo menos a él no le gustaba el silencio, quería hablarle, contarle muchas cosas, preguntarle por su vida, pero no conseguía mediar palabra, y cuando se atrevió a hacerlo, fue interrumpido por la presencia de un par de sonrientes y agitados adolescentes.
—Pa' ya sabemos qué queremos ver.
—Pero... —Fernando miró a su hijo frunciendo levemente el ceño—, quedamos en ver Happy Pink.
—¡Pero esa peli es de niñas! —Alejandro hizo un mohín antes de señalar el cartel publicitario de una película de acción—. Dos centímetros al infierno está en cartelera.
—Pero yo quiero ver Happy Pink —insistió Fernando, y Santiago se sintió un tanto desconcertado, sobre todo porque vio la publicidad de la película que Fernando proponía y era nada más y nada menos que una cosa rosa, gelatinosa y adorable junto a una mujer con toda la pinta de ser la villana, era una película animada, dirigida al público infantil.
—Decidámoslo democráticamente —Alejandro propuso levantando su mano enseguida—. ¿Quién vota por Dos centímetros al infierno? —Gustavo elevó también su mano, y Santiago se lo pensó, en la publicidad de la película que decía Alejandro se veía un auto arriba de cuatro tipos con toda las fachas de malotes, una sexy chica armada, y una especie de explosión tras estos, era un cartel bastante tentador—. Santiago, levanta tu mano.
—Bueno... —El moreno miró fugazmente a un serio castaño, y sin saber qué decir miró de vuelta a Alejandro—. Bueno, Fernando es quien paga.
—Exacto, si se quieren ver Dos metros al infierno páguensela ustedes.
—Pero pa'.
—Santiago. ¿Qué película quieres ver? —le cuestionó Fernando.
—Yo me conformo con cualquiera. —El moreno respondió rápidamente y algo titubeante. Llegó a imaginar que quedarían en salas diferentes con Alejandro y Gustavo viendo su película de acción y él junto Fernando viendo una película de niñas, pero se abofeteó mentalmente a los segundos. Si habrían de dividirse, él estaría donde Alejandro fuese, no quería poner en su contra a tan difícil obstáculo.
—Pa' —Alejandro no dejaba de quejarse—, por favor.
—Veamos hoy Happy Pink—Gustavo golpeó de manera juguetona el hombro de Alejandro—, ya luego nos vemos Dos centímetros al infierno.
—¡No quiero ver una peli para niñas!
—Es para público general —Fernando se defendió—. Pero vale, tienen de aquí a que llegue nuestro turno para convencerme. Aparte de Sangre, peleas injustificadas y armas utilizadas ridículamente. ¿Qué más tiene tu película?
—Hay un sexy bombón que maneja bárbaramente dos pistolas de asalto.
—¿La chica que usa falda de cuero en medio del desierto? Oh sí, muy convincente.
—¡Tú quieres ver una cosa gelatinosa con ojos de borrego degollado!
—Es una mascota artificial.
—Ese argumento sí que es ridículo.
—Ridículo usar ropa de cuero a mitad del desierto. —Fernando enarcó una ceja mientras daba los pasos finales que le llevaban a la taquilla.
Al final terminaron viendo Happy Pink ¿Por qué? Porque Fernando mandaba y era el del dinero. A Santiago le dio algo de vergüenza entrar a la sala junto a unos cuantos niño y se sintió mucho peor cuando a su lado se sentó una chiquilla de poco más de ocho años, pero Fernando se veía concentrado y algo feliz, aunque no lo expresase demasiado. ¿Resultado final de la película? Todos terminaron llorando menos Fernando.
—Les dije que les iba a gustar.
—Aún me quiero ver Dos centímetros al infierno. —Con su voz apagada, Alejandro hizo un puchero viéndose terriblemente adorable con su nariz roja y ojos hinchados, Gustavo aun sollozaba y él, procuraba limpiar cualquier rastro de lágrimas con gran disimulo.
—Gustavo. ¿Puedes llegar tarde a tu casa esta noche?
—Debo llamar a mis padres. —El alto moreno carraspeó su garganta para poder responder la extraña y esporádica pregunta de Fernando—. ¿Acaso iremos a otro lado?
—Los invitaré a ver la última función de su película violenta.
—¡En serio! —Los ánimos del rubio subieron a tope, y tras la sorpresa Gustavo también sonrió de pura felicidad, Santiago también se alegró, sería una nueva película donde estaría al lado de Fernando compartiendo momentos agradables, aunque sin poder tocarse. No todo podía ser perfecto.
—Pero primero vamos a comer.
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Comments
Elizabeth Moreno
santiago cerca pero muy lejos y alejo y Gustavo disfrutando del cine
2024-08-01
1
Solcito Allende
te tiraste a la pileta y no había aguaaaaa
2024-02-29
1
Diana Quintero
Santiago quiere comerse a Fernando 🤭🤭🤭 están tan cerca, pero tan lejos 😉😉
2024-01-19
3