—Tavito —Alejandro se dio media vuelta para caminar de espalda mientras mantenía el paso mirando frente a frente a su moreno amigo—. ¿Por qué no querías que nos viesen juntos en la fiesta, pero aquí parece no molestarte?
—Yo —Preocupado, Gustavo intentó que el rubio caminara de la manera correcta pero no lo consiguió, así que se detuvo, y Alejandro también lo hizo—. Lo hice por ti, todos ellos decían que sin mí no eras capaz de hacer amigos y tú cerraste bocas.
—Entonces, ¿no te avergüenzas de mí?
—Yo estoy muy orgulloso de ti Alejito.
—¿Me lo juras?
—¿Tengo que hacerlo?
Alejandro sonrió, y él le imitó al instante, luego vieron a Santiago que los estaba llamando, en nada comenzaría la película. Alejandro como siempre, se sentó entre su padre y Gustavo, y como Santiago tenía más confianza con Fernando que con Gustavo se sentó junto al mayor. La película comenzó, y lejos de lo que llegó a pensar, Santiago sí pudo concentrarse en ésta, tanto que hasta olvidó que a su lado estaba la persona que más suspiros le había arrancado en su vida, aunque eso sí, le dedicó un par de miradas unas que otras veces y rozó en más de una ocasión su mano cuando compartieron las palomitas.
—No me gustó que el grupo de Berdmon muriera, ellos fueron los que más lucharon. —Las apreciaciones finales no faltaron al salir de la película.
—Yo escuché que ellos se convertían en extraterrestres. —Gustavo hablaba directamente con Alejandro, aunque sus ojos se perdían en ningún lugar por momentos—. Miento, ellos reencarnaban en otra especie terrestre.
—Qué aburrido, no vendré a ver la segunda parte, mi personaje favorito era Berdmon, y no me gustó su muerte.
—Berdmon no muere —Santiago no pudo aguantarse sus ganas de intervenir—, ni se convierte en extraterrestre. Lo más probable es que en la siguiente entrega aparezca su versión zombie... —sus labios se vieron interrumpidos por una fugaz mirada y una divertida risilla. Ahí estaba otra vez, quedando como un maldito niño delante de Fernando—, como en el juego.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo contaron.
—Santi... —Fernando le habló sin mirarle, se notaba divertido y un tanto burlón—, no le mientas a los niños.
Santiago soltó un sonoro suspiro y cargándose de valor se dirigió a los menores. —Soy mítico en el juego.
—¡Oh por Dios! Nosotros no hemos pasado de épico.
—¿Cuándo vas a casa a ayudarnos a rankear?
—¿Rankear? —Fernando miró confundido a Alejandro.
—Eso significa "ayudar a subir de nivel" —dijo Santiago enarcando una de sus cejas—. Deberías pasar más tiempo con tu hijo, no solo comprarle la consola de videojuego.
—Que va, si mi padre es malo para todo eso.
—La última vez que jugamos con él morimos por su culpa —complementó Gustavo.
—Alejito, Gustavo. ¿Pueden guardarse sus comentarios?
—Pero si es la verdad.
Y en esos momentos, sus frustraciones desaparecieron. Fernando también era un niño, un niño malo para los videojuegos pero niño al fin y al cabo, y a su vez, también era un gran hombre, un gran padre, uno que constantemente compartía momentos especiales con el dueño de su vida, su hijo.
—Santi —Alejandro se le prendió del brazo—. Ayúdanos a rankear. Mañana es domingo, puedes pasarte todo el día en casa.
—Mañana voy a estar todo el día ocupado, voy a mudarme.
—¡Pero si tú acabas de mudarte!
—Pero ahora viviré solo.
—¿Puedo ir a visitarte?
—Si tu papá te da permiso.
—Papi. ¿Puedo ir a casa de Santi?
—Alejito. —Gustavo soltó una estrepitosa carcajada—. Acabas de decirle "Papi" a Fernando en público.
—¡Yo no he dicho tal cosa!
—Sí lo hiciste. —Santiago se unió a la carcajada del moreno notando ambos como las mejillas del rubio se tornaban más y más rojizas.
—Ustedes escucharon mal.
—Sí Alejito. —Fernando arrastró sus palabras manteniéndose totalmente al margen de la discusión—. Puedes ir donde Santiago cuando quieras, y bueno, ¿qué quieren comer hoy?
—¡Pollo! —Alejandro alzó su mano, Gustavo le secundó, y tímidamente, Santiago les imitó. Todo el tiempo desde que llegaron al puesto de comidas hasta que la misma fue servida en la mesa, tanto él como Fernando permanecieron en silencio, solo intervenían de vez en cuando y de cuando en vez cada que Gustavo o Alejandro los involucraban en su activa conversación. El rubio era tan diferente cuando estaba su mejor amigo presente, él jamás llegó a imaginar que pudiese hablar tanto.
—Fernando. —Santiago vio cómo el mayor les servía a todos menos a él mismo—. ¿No vas a comer?
—No tengo hambre.
—Fernando tiene una cena romántica al salir de aquí —en esta ocasión Alejandro no hablaba con veneno en sus palabras, pero la información le dolió mucho más que si lo hubiese hecho queriéndole causar daño—. Así que tiene que guardar espacio en su pancita.
—Ya veo. —Santiago intentó darle una mordida a su presa pero no pudo, la boca de su estómago se había cerrado y su garganta se había anudado. Fernando tendría una cita al salir de allí, una cita con una mujer, a solas, donde hablaría de cosas que nunca hablaría consigo. Una cita de verdad.
—Santiago, ¿tampoco tienes hambre?
—Acabo de recordar que en casa hay una cena especial, hoy la señora Carla fue dada de alta y sus familiares decidieron reunirse y compartir una buena cena, además, debo aprovechar para despedirme de ellos, mañana me mudo.
—¿Has vivido solo antes? —Fernando preguntó y algo dudoso, Santiago negó con su cabeza.
—Será mi primera vez pero me siento preparado.
—Acostúmbrate a desconectar la plancha y a cerrar la llave del gas. —Santiago sonrió travieso por el comentario del mayor, y éste le brindó un gesto similar, luego volvió el silencio, uno peor que el anterior, ya que ahora Gustavo y Alejandro tenían sus bocas ocupadas devorándose el pollo—. Creo que ya es hora de irnos.
—Pero yo quiero quedarme, dentro de nada hay una presentación en la planta de abajo.
—¿Quién más se queda? —Fernando preguntó y Gustavo alzó su mano—. ¿Santi?
—Yo tengo que ordenar muchas cosas.
—Alejandro, antes de diez en la casa.
—Oki.
—Adiós Gustavo, adiós Alejito. —Santiago se despidió de ambos chicos, avanzando rápido para ir al paso de Fernando. Gustavo les miró algo extrañado, aun recordaba todas esas conversaciones donde Alejandro le decía no confiar en Santiago, en sus intenciones para con su padre, pero en esos momentos su rubio amigo parecía haber olvidado todo, Alejandro manipulaba tranquilamente su celular, ni siquiera le dirigió una mirada a su padre, y sobre todo a Santiago, cuando estos se marcharon.
—¿Desde hace cuánto no te molesta que Santiago esté cerca de tu padre?
—Desde ayer.
—¿Te cayó bien?
—Sí. —Alejandro hablaba sin apartar la mirada de su teléfono—. Y también descubrí que no es un mariquita.
En ese preciso instante, Gustavo odió su maldita curiosidad, todo seguiría yendo de maravillas si él no hubiese preguntado, pero no, tuvo que abrir su bocota, y Alejandro también. ¿Por qué simplemente no podía guardarse sus opiniones?
—Ya... —Gustavo suspiró un tanto melancólico—. ¿Y es muy importante que él no sea un "mariquita"?
—Pues claro, ¿quién quiere estar cerca de un mariquita?
Gustavo asintió y calló. No aceptaba lo que decía, en lo absoluto, pero era esa su forma de hacerle saber que le estaba escuchando, su forma de terminar por convencerse de una maldita vez cuál era la impresión de su mejor amigo sobre personas como él, porque a fin de cuentas, eso era Gustavo para Alejandro, un mariquita más.
—Alejito —dijo su nombre despacio, muy despacio, manteniendo su mirada baja en todo momento, sus ojos se habían cristalizado, no quería verse débil ante él —aunque no se caracterizaba por ser el más fuerte—, pero en esos momentos no quería ser el Gustavo cobarde de siempre, ya estaba cansado, no iba a ocultarle un segundo más su naturaleza, no iba seguir ocultándole quién era, aunque eso significase perderlo para siempre.
—¡Wow! —Alejandro rio al verle—. ¿A ti qué te pasó?
—Alejito. —Gustavo llenó sus pulmones de aire y sintiendo una descarga de lágrimas aproximarse, sacó lo que hacía mucho tiempo se había quedado atrapado en su garganta—. A mí me gustan los hombres Alejito. —El rubio no dijo nada, no hizo nada, solo se quedó mirándole sin formar ningún tipo de expresión en su rostro—. Yo soy un mariquita —un sollozo escapó con esa última palabra, y sintiéndose incapaz de poder contener su llanto, se puso de pie.
—Tavo...
—Por todos estos años de amistad —Gustavo tomaba grandes bocanadas de aire para poder hablar, ya que su voz perdía más y más fuerza por cada segundo que pasaba—, yo, yo te haré un gran favor —suspiró profundo—. Seré yo quien se aleje de ti. —Y con un rostro totalmente empapado de lágrimas, el joven moreno le dedicó una última sonrisa, algo triste, algo amarga, antes de marcharse de allí a pasos acelerados.
Alejandro no le siguió, él no entendía nada.
No pidió que se detuviera, no sabía qué decirle.
Alejandro no hizo nada. Él solo se quedó sentado, consternado, él no terminaba de entender lo que había sucedido.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 71 Episodes
Comments
insomnio 1.0
ay mi niño.....😭😭😭😭
2025-01-31
1
Roberta Medrano
algo normal entre nosotros, por eso jamás me enamoré de ninguna amiga y se los hacía saber desde el principio, para evitar eso precisamente
2024-08-21
1
Elizabeth Moreno
alejandro fuiste muy lejos tu padre te educo bien gustavo abriste tus sentimientos espero que no acabe esa amistad
2024-07-31
0