Gustavo estaba cumpliendo con su palabra. En clases procuraba sentarse lo más lejos posible, y en descanso se juntaba con Catalina o varios amigos más haciéndole imposible acercarse a él. Quería pedirle disculpas pero aún no sabía cómo hacerlo, un "lo siento" nunca le había sonado tan insuficiente, y eso que estaba acostumbrado a remendar sus errores usando solo esas dos palabras.
Tal vez porque era Gustavo. Su mejor amigo, su compañero inseparable, la persona que mejor le conocía y a quien sin querer le había estado haciendo mucho daño. Él era diferente, con él ni siquiera había una gota de orgullo.
—Hey Alejandro ¿cómo vas? —Un compañero se sentó cerca de él llamando su atención por su voz ruidosa y escandalosa—. Los chicos están preguntando por si irás a la fiesta de Jasper.
—¿Gustavo irá? —Apenas sus labios se cerraron su consciencia se activó. ¿Por qué había preguntado eso?, ¿por qué estaba hablando sin pensar? Ya sabía que extrañaba a su amigo de eso no tenía dudas, ¿Pero lo extrañaba tanto como para decir su nombre antes de que siquiera su mente lo procesara?
—Qué importa —El chico le respondió con una sonrisa despreocupada—. Nosotros haremos una fiesta mucho mejor que la de ese mariquita.
Mariquita
Solo hasta ese momento Alejandro pudo comprender un poco de todo el dolor que esa palabra acarreaba consigo, y él que la estuvo diciendo delante de Gustavo por tanto tiempo. En los labios de ese chico comprendió lo que él nunca escuchó en los suyos: desprecio, rechazo, burla. Esa sola palabra era tan... destructiva.
—¿Por qué lo llamas así? —Alejandro ni siquiera pensó en disimular su molestia y usando un tono tosco y seco enfrentó su mirada—. ¿Él en algún momento te ha faltado el respeto?
—¿Qué te pasa? —Y la sonrisa del chico se fue borrando conforme a que su semblante se marcaba más frío y serio—. No vengas a decirme que no sabías que Gustavo era...
—¡Es que ese no es problema tuyo! —Molesto, Alejandro lo interrumpió y se paró de golpe de su silla llamando la atención de unos cuantos más—. No lo llames así y punto.
—Yo lo llamo como a mí se me dé la gana —mostrando su arrogancia, el chico se paró frente a él.
—¿Te hace sentir más hombrecito llamar mariquita a otros? —El "Ufff" coreado que soltaron los curiosos de turno no afectó ni un poco el malestar que sentía, quería agarrar a ese tipo a golpes, y la fuerza que no podía desatar por temor a hacer algo imprudente, la contenía apretando sus puños—. ¿Deberías comenzar a replantearte quién es el verdadero mariquita?
—¿Te has molestado porque insulté a tu novia? —El chico le increpó en tono burlón y cargado de un tóxico veneno. Pero a él no le importó, estaba acostumbrado a las bromas relacionadas a su cercanía con Gustavo, y ya hacía mucho tiempo atrás que había aprendido a no dejar afectar su amistad por comentarios malintencionados, así que lo que aquel chico había dicho para lastimarlo, solo le arrancó una satírica sonrisa.
—Eres un idiota Rafa, y de los más grandes. Me da vergüenza hasta discutir contigo.
—Estás pisando mal, Alejandro Valencia.
—Tú tampoco me conoces, pequeño hijo de puta.
—Chicos, ¿por qué no están en sus puestos? —El ingreso de la profesora a clases obligó a todos a volver a sus lugares, pero no por ello el ambiente se había calmado, aun podía respirarse la tensión en el ambiente. Alejandro aún sentía ese algo en su pecho que comenzaba a saturar su interior de ansiedad, pero en plena clase, un mensaje despejó sus oscuros pensamientos.
—"No tenías por qué hacer eso" —Era Gustavo, estaba allí, y tal vez lo estuvo desde un principio pero él estaba tan enceguecido que por primera vez en toda esa semana de andar peleados, no le buscó con la mirada. Quiso aprovechar la oportunidad para pedirle disculpas, pero algo le dijo que ese no era ni el momento ni el medio correcto para hacerlo, así que decidió postergarlo para otra oportunidad, ahora, reclamaría otra cosa.
—"Te prohíbo que vuelvas bloquearme" —Era cuidadoso al manipular su celular, no quería meterse en problemas con la docente.
—"Es mi celular" —La respuesta llegó acompañada de un emoticón que sonreía mientras sacaba su lengua. Gustavo no estaba molesto con él, por lo menos no tanto como él llegó a imaginar.
—"Me vale mierda, te prohíbo que vuelvas bloquearme"
—"¿Tú papi sabe que dices tantas groserías?"
—"¿Vas a acusarme?"
—"Tal vez"
—"Eso también me vale mierda"
—"Alejito, no me gusta que digas groserías" —Alejandro sonrió para sí mismo al leer aquel curioso "Alejito" y él que llegó a pensar que jamás volvería a ser llamado así por esa persona —"Hagamos un trato. Yo te desbloqueo de todas mis redes, pero tú me prometes no decir más groserías, ¿vale?"
—"Te doy mi respuesta después que lleguemos a mítico en Call of Honor"
—Joven Alejandro. —Cuando escuchó su nombre en la voz de su docente, enderezó su postura y la miró desconcertado, él la había ignorado completamente porque se la había pasado hablando con Gustavo—. Ya que lo veo tan sonriente en su puesto, he de suponer que ya conoce del tema, ¿quiere compartirnos un poco?
—Yo... —Alejandro carraspeó su garganta y todos rieron. El llamado de atención fue leve, así que el resto de la clase procuró mantener su celular guardado para evitar problemas, pero apenas sonó el timbre para el descanso lo primero que hizo fue sacarlo para leer una posible respuesta, y ahí estaba, un simple: "Está bien, iré a tu casa este sábado" que le dejó una sonrisa de idiota por el resto del día.
—¿Debo preocuparme? —Tirado en el sofá, y con el control del televisor en su poder, Fernando repasó con su mirada la figura de su hijo con una escoba en mano—. No recuerdo haberte amenazado aún con que hicieras los deberes.
—Pues déjame decirte que no todo el tiempo es necesario que me amenaces para que yo haga los deberes.
—¿Quién viene? —Fernando preguntó sin prestarle mucha atención.
—Gustavo.
—Pensé que estaban peleados.
—Pues ya no lo estamos.
El castaño rio divertido y de repente se sintió más entretenido viendo a su hijo asear la casa que en lo que pasaban en la televisión. —Ustedes dos pelean más que una pareja de novios.
—¿Qué clase de comentario es ese?
—Solo decía. —Fernando volvió a sonreír, y enarcando ambas cejas miró fijamente al empeñado rubio que hacía sus deberes como nunca—. ¿A qué horas pretendes decirme lo que tienes en mente?
—No sé de qué hablas.
—Sé que no arreglas la casa porque viene Gustavo —Fernando amplió aún más la curvatura de sus labios—. ¿Quieres dinero?
—No todo en esta vida es dinero.
—¿Entonces qué quieres?
—Que me dejes jugar en la videoconsola hasta tarde —Alejandro se detuvo para dirigirle una atenta mirada mientras arrugaba su nariz—. ¿Por fis?
—No me gusta que juegues hasta tarde.
—Trapearé tu cuarto.
—Vale, pero que Gustavo pida permiso desde temprano.
—¿Gustavo puede quedarse a dormir?
—Si sus padres no ponen problema, yo tampoco.
Fernando terminó por relajarse en el sofá dejando que su hijo hiciera los deberes del día, se lo merecía, esos momentos de relajación total sí que le hacían bien, solo le hacía falta un masaje en la espalda para completar el día. ¿Santi estaría dispuesto a darle un masaje como en aquella ocasión? Seguramente sí, ese muchachito loco se veía capaz de hacer cualquier cosa con tal de estar cerca de él, era lindo de su parte, nunca antes se había sentido tan deseado por alguien, pero luego recordaba que él estaba en edad de las hormonas alborotadas y caía en cuenta de que aquello que sentía el moreno solo era una ilusión, sentimientos que su pecho inmaduro aún no podía descifrar. Pronto se le pasaría, de eso estaba seguro.
—Pa', préstame el celular. —Alejandro se aceró a él a los pocos minutos de que Gustavo llegase a casa, y dudando un poco, el mayor sacó el móvil de su bolsillo.
—¿Dónde está el tuyo?
—Mi plan es de datos, el tuyo es de llamadas, y necesito hacer una llamada importante.
—No, no voy a dejar que malgastes mis minutos.
—Solo voy a llamar a Santiago para que me ayude a subir a mítico, te prometo que enseguida te lo devuelvo. —Escuchar a su hijo decir aquellas palabras, solo trajo un memorable recuerdo a su mente: El día de la cita, la respuesta de Santiago—. Pa' ¿me lo vas a prestar?
—No malgastes los minutos. —Fernando le pasó el celular y Alejandro desapareció de su vista. De ahí en adelante perdió completamente el sentido de la película que veía, solo pensaba en lo cercanos que se habían vuelto esos grandes enemigos, y en el trato que Santiago le dio a Alejandro aun cuando éste se comportaba de manera reprochable para con él. Si fuese una chica seguramente ya habría conquistado una partecita de su corazón. Hasta se daría una oportunidad pese a la diferencia de edad.
Fernando rio incrédulo, y despejando esos últimos pensamientos de su mente, buscó algo mejor para ver.
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Comments
Teresa Castillo
ojalá y Fernando se de cuenta que le gusta Santi
2024-10-04
0
Elizabeth Moreno
santy con tus encantos terminaras enamorando mad a Fernando alejo aprovecha la visita y disculpate aunque tambien estas enamorado de Gustavo
2024-07-31
3
Wallace_Ross
Usa paracaídas al momento de caer o... avientate
2024-07-19
1