—¡Hasta que por fin te encuentro! —Catalina le interceptó a mitad de la fiesta, y él, sonriente, estuvo a punto pasar de ella ya que había prometido llevarle algo de beber al DJ, pero la insistente chica la obligó a escucharla—. ¡Mi primo está anonadado!
—Vino mucha gente.
—Mi primo sabe que no fui yo quien organizó todo esto y quiere conocer al autor intelectual, así que... —Ella tomó su mano y arrastrándolo consigo lo llevó hasta el interior de la casa. La fiesta era en el enorme patio de la chica, y en la sala estaban aquellos que solo querían conversar sin que la música alta les molestase—. ¡Jhosep! ¡Este es el famoso Gustavo!
Jhosep, alto, rubio, rostro fino y masculino, cuerpo delgado pero fibroso, labios que gritaban "¡bésame!". Gustavo tragó en seco antes de tenderle la mano.
—Hola. —Por primera vez en mucho tiempo, Gustavo se mostraba tímido al presentarse ante una persona, su presencia estaba cegando su vista, le estaba aturdiendo—. Mucho gusto.
—El placer es mío. —Él apretó su mano como saludo y también ladeó sus labios. Era hermoso, demasiado, era todo un peligro para su homosexualidad de closet.
—Entonces —Gustavo carraspeó su garganta para devolverle fuerza a su voz—. ¿Te ha gustado la fiesta?
—¿Qué es eso? —El rubio dio un par de pasos hacía él y con delicadeza acarició su oreja, su cuerpo tembló ante el roce—. Me gusta. Tengo uno parecido.
—¿En serio? —Sorprendido, el moreno palpó su oreja con su mano rectificando que se había puesto un arete en forma de serpiente que abarcaba casi toda la superficie de su oreja, un toque chip para su estilo, algo que comenzaba a gustarle mucho—. ¿También te gustan este tipo de cosas?
—Me encantan.
—Ok, me iré por unas bebidas, tranquilos, no se preocupen por mí —Catalina le guiñó un ojo poniéndole aún más nervioso de lo que ya estaba, luego desapareció de su vista dejándole solo con su primo, Gustavo se sentía incómodo, extraño, no encontraba palabras para hablar con el chico y sabía que habían muchos temas que podían tener en común, ¡pero ni siquiera era capaz de sostenerle la mirada!
—¿Vamos por unas cervezas? —Gustavo asintió sonriente a la pregunta de Jhosep, y en el camino las palabras fueron fluyendo. Tenían mucho en común, era sorprendente cuánto se parecían.
Por otro lado, Alejandro y Santiago se estaban adaptando más que bien a la nueva compañía, los temas de conversación eran cada vez más interesantes, y el alcohol ya comenzaba a amenizar el ambiente.
—Entonces, traigo tres cervezas, dos cocteles y ¿un vaso con hielo? —Todos en la mesa asintieron, y sonriente Alejandro fue hasta la cocina en busca del pedido de las chicas y el hielo para Santiago. Por lo general cuando iba a fiestas siempre se quedaba hablando con Gustavo y una que otras veces filtreaba con alguna chica, era la primera vez que se hacía con un grupo de más de cinco personas, era la primera vez que usaba sus encantos para romper el hielo, era la primera vez que consideró necesario abrirse un poco para no sentirse solo.
Al cruzar la cocina lo primero que le recibió fue la particular imagen de su "mejor amigo", bebiendo a pico de botella del mismo licor que él había comparado con Santiago, y eso que Gustavo tampoco tomaba. Lo miró fríamente y sin disimular, y Gustavo le sostuvo la mirada, se detuvo y se puso serio, pero no le dijo nada, ellos seguían peleados.
—¡Alejandro! pensaba que no ibas a venir. —Un compañero de clase palmeó su espalda, y él sonrió fingiendo complacencia, como si tuviesen confianza, como si fuesen grandes amigos.
—¿Por qué iba a faltar a la fiesta del año?
—Porque si no es con Gustavo no sales a ningún lugar.
—Pues está claro que puedo vivir sin él —Alejandro no cuidaba el tono de su voz, para él mejor si Gustavo le escuchaba—. ¿Dónde consigo cerveza? Jimena y su grupo quieren un poco.
—¿¡Estás con el grupo de Jimena!? —El chico literalmente lo grito—. ¡Ellas son de último año!
—Y yo soy Alejandro. —El rubio sonrió victorioso, y entre comentarios y chanzas esperó sus cervezas. Gustavo seguía ahí, de confiado con aquel chico, y él moría por dentro por preguntarle si ese acaso era su nuevo mejor amigo, pero tenía orgullo y no iba a hablarle, no en un buen tiempo. Alejandro suspiró profundo cuando tuvo que dar media vuelta, encontrándose esta vez con un Gustavo que no podía contener su carcajada y un alto rubio que no paraba de reír.
Era obvio. Gustavo no extrañaba su amistad.
Salió de la cocina con la cabeza en alto, entregó las cervezas a quien tuvo que entregarlas y sin que Santiago pudiera atajarle, llenó un vaso de whisky y se lo tragó en un solo intento.
—¿Te sientes bien? —El moreno le preguntó con los ojos totalmente abiertos.
—¡A la mierda mi padre! Yo quiero tomar esta noche.
—¡Seré yo quien se meta en problemas!
—¿Y qué más da? Ni que mi padre pudiera hacerte algo. —Las palabras de Alejandro le cayeron como un baldado de agua fría así que sin disimulo alguno, él hizo lo mismo. ¿Qué podía hacerle Fernando? ¿Regañarlo como a un niño más? ¿Quitarle la confianza puesta en él? Ni siquiera la necesitaba, menos cuando ya había decidido alejarse de él, es más, todo iría mucho mejor si el mismo Fernando era quien decidía apartarlo de su lado.
—Si siguen bebiendo así terminarán durmiendo en la calle. —Una de las chicas comentó mostrándose realmente preocupada pero ellos estaban tan sumergidos en sus propios mundos que ninguno de los dos la escuchó.
—¿Un ex?
—¿Perdón? —Su corazón amenazó con dejar de latir luego de que Jhosep le lanzara tan peculiar pregunta justo en el momento en que Alejandro abandonó la cocina.
—El chico que acabó de salir.
—No, para nada —Gustavo se apresuró en hablar—. Solo somos amigos, pero estamos peleados ahora mismo.
—¿Por qué pelearon?
—Por tonterías sin importancia.
—Los amigos no se pelean por tonterías —Jhosep comentó en tono juguetón—. Los novios sí.
—¿Puedes parar? —El moreno se puso repentinamente serio—. El tema es incómodo.
—¿Qué es incómodo? ¿Qué te moleste con tu supuesto amiguito o que insinúe que eres gay?
—Ambos.
—Pero eres gay.
Gustavo no podía creer la tranquilidad con la que él hablaba.
—Yo no soy gay.
Jhosep bufó una sonrisa ante su negación. —Lo eres —le miró a los ojos y ladeó sus labios—. Solo te falta un cartelito en la frente que diga: "Me gustan los penes". —Gustavo le miró sin poder decir nada, luego cayó en cuenta que eso lo dejaba peor, pero cuando trató de excusarse ya era demasiado tarde, él le había descubierto.
—Eres... —Gustavo apretó sus dientes sintiéndose algo intranquilo.
—¿Yo? —Jhosep volvió a sonreír con un gesto pícaro—. Yo soy heterosexual, lo soy hasta que un chico lindo me interesa—. Terminar esa frase con una mirada fija en sus ojos dejaba mucho qué desear, sobre todo si a eso se le añadía una sutil caricia sobre sus cabellos y una sonrisa que podía interpretarse de mil y un maneras. Él estaba causando estragos en su pecho, y lo estaba haciendo a propósito.
Santiago revisó su celular encontrando en éste un mensaje que Fernando había enviado hacía un par de horas, un simple "¿llegaron bien?". Lo miró fijamente y se vio tentado a responderlo, luego pensó en la posibilidad que estuviese durmiendo y no quiso molestarlo, pero yendo en contra de toda lógica mandó un "Sí", sin complemento ni nada, y quiso añadir algo más pero le daba vergüenza el imaginar a Fernando sintiéndose acosado por constantes mensajes que a esas horas ni debían importarle —escuchó a Alejandro hablando con él minutos atrás—, así que Santiago se aguantó las ganas y dejó su celular en la mesa.
—"¿La están pasando bien?" —Fernando le respondió un minuto después, y solo ese mensaje aceleró su ritmo cardíaco.
—"Alejandro no ha parado de bailar" —Con una sonrisa de oreja a oreja, Santiago comenzó a manipular su celular mientras de vez en cuando alzaba la mirada para ver a un alegre Alejandro bailando con varias chicas a la vez, con unos tragos encima ese molesto chico hasta era adorable.
—"¿Y tú?" —La respuesta correcta a esa pregunta sería un "No he dejado de pensar en ti" pero no podía decirle eso, ni siquiera dos botellas enteras le darían el valor para hacerlo.
—"También me estoy divirtiendo"
—"No parece. Suelta el celular."
—"Todos en la mesa tenemos nuestros teléfonos".
—"Hazte un favor. Deja de hablar conmigo y saca a una chica a bailar" —Santiago miró aburrido ese último mensaje y enarcando una ceja guardó su celular. Él tenía razón, además estaba ahí para divertirse, conocer chicos de su edad, remplazarlo en su corazoncito, y fijarse en alguien más ¿alcanzable?
Una vez más, su garganta volvió a calentarse por la fuerte cantidad de alcohol y no conforme, tomó una nueva copa. Sacó una chica a bailar sintiendo entonces los efectos del alcohol recorrer su cuerpo, estaba contento, ya se había subido a la burbuja de falsa felicidad. Pegó su cuerpo al de ella y ésta hizo lo propio sin parar de moverse a un mismo ritmo. Ella era genial y quería llamar la atención, él no buscaba ser el centro de nada, pero no podía quedarse atrás, menos cuando se había pasado toda la noche hablando de que allí solo había "niñitos de instituto" que no sabían bailar.
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Comments
Elizabeth Moreno
fernando no sabe que Santiago esta enamorado de el y espero que gustavo no acabe mal con el primo de su amiga
2024-07-31
1
Diana Quintero
a Fernando siempre le han gustado las mujeres y el no sabe que Santiago le atrae como hombre 😔😔
2024-01-19
5
brizlianan
hasta a mí se me rompió el cora, pero no hay que culpar a Fer, el no sabe de sus sentimientos ni de su orientación sexual
2023-07-28
7