—Entonces —tras largos minutos de silencio, Fernando se decidió por iniciar una corta conversación, puesto que estaban a punto de llegar a su destino—, ¿mañana te vas?
—Comenzaré desde cero.
—Si quieres te puedo ayudar con el trasteo
—La única forma de que puedas ayudarme es manteniéndote lo más lejos posible. —Santiago hablaba seco, no era bueno fingiendo, ocultando, o disimulando, él prefería ser directo, a él simplemente no le daba la gana hacer de cuentas que no le había confesado a Fernando cuánto le gustaba.
—Voy a extrañarte.
—No lo creo. —Melancólico, Santiago dejó que sus yemas jugaran con el cristal de la ventana, iba a extrañarlo, iba a extrañarlo más de lo que el otro pudiese imaginar, pero hasta mejor que las cosas se diesen así, era mejor reventar esa burbuja antes de que subiera más alto—. Estarás demasiado ocupado como para andar extrañando a un "niñito".
—Aun no entiendo en qué estabas pensando cuando te fijaste en mí —Fernando reacomodó el retrovisor para poder mirarle a los ojos a través del espejo, y apenas el moreno se dio cuenta, le sostuvo la mirada.
—¿Sabías que ese es el causante de muchos accidentes?
—¿Tus ojos? Porque eso es lo único que me está distrayendo.
—No juegues con mis sentimientos Fernando. —El moreno se abrazó a sí mismo, negándose a mirar a ese maldito retrovisor, pero perdió demasiado pronto, y en un parpadeo, su mirada volvió a hacer contacto con la del mayor—. Eres muy lindo Fernando, tu forma de tratar a las personas hace que deseen estar cerca de ti, y cuando abres tus brazos para abrigar a otros se siente una acogedora sensación. Dan ganas de abrazarte y no soltarte nunca.
—Eres muy joven...
—No voy a olvidarte —Santiago le interrumpió tajante—, no quiero hacerlo, me conformo con guardar tu bonito recuerdo por un buen tiempo, porque sé que pasarán muchos años antes de encontrar en mi camino a alguien como tú.
—Eres muy guapo, te apuesto lo que quieras que antes del mes tendrás un lindo novio prendido de tu mano.
—Mi corazón no es de cartón Fernando, te voy a olvidar, lo sé, y voy a reírme por lo idiota y patético que he de verme en estos momentos, pero antes de eso pasarán varias noches de llanto y pena, soy sincero.
—Tienes razón. —Fernando frenó el auto justo frente de la casa donde se estaba quedando Santiago—. Suenas patético.
—Suerte en tu cita. —Santiago trató de abrir la puerta pero el seguro estaba puesto, y tampoco encontró el botón para quitarlo—. Fernando. ¿Puedes quitar el seguro?
—Claro. —Santiago escuchó una especie de "clock", pero al instante escuchó el mismo ruido una vez más.
—Fernando...
—Tú me pediste que quitara el seguro.
—Pero volviste a ponerlo.
—Lo siento. —Santiago volvió a escuchar la misma seguidilla de sonidos un par de veces más, e intentó abrir la puerta aprovechando cualquier descuido, pero le fue imposible.
—Te estás comportando como un niño.
—Es mi auto, me comporto como se me dé la gana —Fernando siguió quitando y poniendo el seguro, y el moreno aburrido, pero sonriente, se recargó completamente sobre su asiento.
—Ahora no me bajaré de aquí hasta que no me abras la puerta.
—Como toda una princesa.
—No te burles de mí —Santiago no podía parar de sonreír de oreja a oreja, estaba triste, estaba feliz, estaba pendejamente ilusionado—. ¿Qué te pasa hoy? Te estás comportando como todo un niñito.
—¿Lo de la cena especial era mentira?
—Totalmente.
—¿Tienes hambre?
—Aún no, pero espero encontrar algo decente en la nevera cuando me dé.
—¿Qué prefieres comer? ¿Comida chatarra o de restaurante?
—Tu comida. —En respuesta a su comentario, nacieron nuevas sonrisas—. Aunque respondiendo a tu segunda pregunta, mataría por una buena porción de pizza.
—Conozco un lugar especial —Fernando puso en marcha el auto, y algo extrañado, Santiago buscó una vez más su mirada a través del retrovisor.
—Fernando, ¿no tenías una cita?
—La tengo.
—¿Vas a llevarme? —Santiago preguntó incrédulo.
—¿No puedo?
—Hoy estás raro Fernando. —Santiago sonrió divertido viendo como el auto volvía a la autopista—. ¿Por lo menos puedo saber en qué estás pensando?
—En invitarte a una cena de despedida, ¿no puedo hacerlo?
—¿Y tu cita?
—Tú eres mi cita. —Santiago bufó una sonrisa, pero transmitiendo miedo, inseguridad y un toque de esperanza buscó su mirada a través del retrovisor. ¿Qué le estaba haciendo?
—¿Una cita por lástima?
—Más o menos.
—No la quiero.
—Anoche no me porté muy bien contigo, y como ya mañana te vas, pues quiero hacerte un lindo detalle este último día.
—Entonces vayamos a un restaurante.
—Pensé que querías pizza.
—¿Llevarías a una chica a comer pizza en su primera cita?
—No —Fernando respondió tranquilamente—. Pero tú no eres una chica.
—Pero quiero que me trates como una verdadera cita y no como al amiguito de tu hijo.
—Al amiguito de mi hijo nunca lo invitaría a una cita —Fernando comentó en tono obvio y cómico, y las sonrisas reaparecieron—. ¿Me permites hacer una llamada?
—Depende...
—Oh. —Fernando sonrió travieso mientras aparcaba el auto en un reconocido local de comidas rápidas—. Voy a llamar a una dama para cancelar una cita.
—Solo no te pases de coqueto.
Fernando rio sonoramente y se bajó del auto primero, Santiago lo imitó pero no fue tras él, el moreno buscó una mesa y se distrajo mirando el menú. El castaño regresó en menos tiempo del esperado, al parecer, solo había hablado lo necesario.
—¿Ya se te abrió el apetito?
—Desde que bajé del auto, huele delicioso.
—Las mejores pizzas del mundo las encontrarás aquí.
—¿Acostumbras a venir con Alejito?
—Cuando saca buenas notas lo traigo.
—Ustedes dos son muy unidos. Él te quiere mucho.
—Y yo lo amo.
—¿Lo ves? —El moreno sonrió hermosamente, sin quitarle la mirada de encima, era mucho más difícil ocultar todo lo que sentía sin el retrovisor de por medio—. No es una locura que un hombre ame a otro hombre.
—Es muy diferente.
—¿Lo amas?
—Tú ganas Santi. —Fernando volvió a sonreír y enseguida ambos procedieron a hacer su pedido—. Solo para aclarar —el mayor curvó sus labios con suavidad y le miró con atención especial, quería que lo escuchara—. Nunca me metería con alguien quien solo le lleva tres años a mi hijo, así que si fueses una chica estaríamos en una situación similar.
—¿Puedo preguntar algo?
—Claro.
—¿Siempre eres así de atento con todos los que conoces?
—Me caíste bien.
—¿Eso significa que no?
—Eso significa que de verdad te convertiste en una personita especial en mi vida —el castaño intentó acariciar sus cabellos, pero él se lo impidió, porque sabía que ese simple gesto revolvería sus sentimientos, porque no quería llorar ahí, porque sabía que muy probablemente no volverían a verse, y si lo hacían, solo serían dos extraños que no tenían nada en común—. Cuando dije que iba a extrañarte, hablaba en serio Santiago.
—Cuando hagas el desayuno recordarás la porción que le guardabas y llevabas al muchachito gay de la esquina.
—Al chico con quien mi hijo tuvo su primera borrachera —Fernando arrugó la nariz, pero el moreno no se sintió regañado—. ¿Sabes? Acabo de recordar algo curioso. Cada que estoy en una cita mido el grado de interés haciendo una pregunta.
—¿Cuál?
—Es que a ti no tengo por qué hacértela.
—¿Ni siquiera amerito saber cuál es la pregunta?
—Si te dijera que tengo un hijo de 15 años, ¿qué pensarías?
—Que me encantaría rankear con él todo un domingo por la tarde. —Santiago sonrió pero sus ojos se pusieron acuosos, por su parte, Fernando ni siquiera fue capaz de medio curvar sus labios. Sabía que Santiago era sincero, creía en lo que Santiago le había dicho, confiaba en él, aunque no tanto como para confesarle que esa había sido la mejor respuesta que nunca antes le habían dado.
—Ya llegó nuestra orden. —Su sonrisa apareció y por lo menos su apetito no cambió. Él y Santiago se comieron rápidamente todo lo que les sirvieron, y mientras esperaban la cuenta el silencio volvió a hacerse presente—. ¿Qué piensas estudiar?
—Periodismo.
—Espero verte en las noticias muy pronto.
—Por supuesto, entre mis planes de vida está hacer una locura que amerite salir en televisión —dijo Santiago bien orgulloso y Fernando negó con su cabeza pero sonrió, pagó la cuenta de la noche y procuró adelantarse para poder abrirle la puerta del copiloto, mientras hacía un gesto de cortesía.
—Princesa.
—No me importa que seas mayor que yo. Voy a golpearte si me sigues tratando así. —Santiago no paraba de reír, pero pronto ocupó su lugar, Fernando también tomó el suyo y en completo silencio condujo nuevamente a su destino. En realidad no había mucho qué decir, porque cualquier cosa que dijesen los llevaría a ese punto—. Fernando —susurró Santiago cuando el auto se detuvo una vez más—, fue una linda cita. —Santiago mordió sus labios para no llorar, aunque fue inútil, estaba repleto de sentimientos, estos debían fugarse por alguna parte, lo quería mucho y pronto iba a perderlo, a veces ni siquiera le importaba saber que él solo era un imposible, a Santiago solo le bastaba con tenerlo cerca, pero ni eso. Con cuidado, limpió sus lágrimas y aclaró su garganta antes de volver a hablar—. Yo de verdad, de verdad solo deseo lo mejor para tu vida.
—Digo lo mismo.
—Adiós Fer.
—Santiago. —El menor atendió su llamado, siendo sorprendido por un superficial beso sobre sus labios, y tras éste, una cálida sonrisa—. Sé feliz.
Santiago parpadeó incrédulo, su corazón se detuvo, sus labios quedaron entreabiertos, él no entendía nada, pero tampoco quiso preguntar, porque en los ojos de Fernando solo vio a alguien que sentía lástima por él.
—Tú también —el moreno terminó de bajarse del auto y sin mirar atrás cruzó la puerta de la casa de la esquina.
Ya no habría más Santi.
Su lindo vecinito se marchaba.
A Fernando no le gustaba esta noticia, ni un poquito, sabía muy bien que estaba mal extrañarlo de la manera como lo estaba haciendo, pero para qué negar que le haría mucha falta, los días que él estuvo merodeando por su vida rompieron de golpe su aburrida monotonía, pero ahora que se iba todo volvería a ser como antes, solo él y Alejandro —un Alejandro cada vez más distante—, el trabajo y la casa.
¿Estaría mal pedirle una nueva cita?
—Por supuesto que sí Fernando —se regañó a sí mismo mientras guardaba su auto en el garaje, y sintiendo su cabeza dar vueltas, fue hasta la cocina en busca de algún relajante, pero lo que se encontró dentro de la sala desvió sus pasos hacia esta, Alejandro lloraba desconsoladamente sobre el sofá.
—Alejito, ¿qué te pasa?
—Papi... —La última vez que escuchó esa palabra en medio de llantos y sollozos, fue cuando Alejandro apenas tenía ocho años y accidentalmente un auto había atropellado a su perro, el dolor fue tal que Alejandro permaneció tres días sin hablar y no volvió a tener una nueva mascota por el resto de su vida—. Papi le he hecho mucho daño a Gustavo. —El menor comenzó a hablar mientras y sin ningún tipo de delicadeza limpiaba su rostro.
—¿Puedo saber qué pasó?
—Gustavo hoy me confesó que era un mariquita, y ¿te digo que he estado haciendo todos estos días? —Ver a su hijo llorando como lo hacía cuando era un niño pequeño desplazó las penas de sus propios problemas personales, sus palabras hirientes revolvieron algo turbio en su interior, su percepción de algunas personas provocaron lástima y amargura dentro de su pecho. ¿Era ese el Alejito que había criado?—. Le he dicho que no me gusta que un mariquita esté cerca de mi padre, dije cosas muy feas contra Santiago y sin darme cuenta todo este tiempo lo estuve lastimando a él, Gustavo ya no quiere hablarme, y me siento mal.
—¿Y solo se te ocurrió ponerte a llorar? —Fernando enarcó una de sus cejas y se dirigió a él sin ningún tipo de cuidado, estaba algo mosqueado por lo que estaba escuchado—. ¿No crees que tu amigo en estos momentos necesita una sincera disculpa?
—No sé cómo hacerlo.
—Si aprendiste a despotricar contra alguien —el castaño endureció aún más el tono de su voz mientras echaba a andar sus pasos lejos de él—. Aprende también a pedir disculpas.
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Updated 71 Episodes
Comments
insomnio 1.0
así kede:
👁👁
👄
2025-01-31
1
Teresa Castillo
se me parte el corazón 💔💔😭😭
2024-10-04
0
Elizabeth Moreno
alejo solo tienes que disculparte y respetar su orientación sexual y Fernando una nueva cita con Santi destrozaría su cotazon
2024-07-31
1