—Pensé que hoy no podías venir.
—Te dije que vendría dependiendo de lo que pasara en el trabajo. —Fernando cruzó la puerta de su apartaestudio y siendo cortés pero nada cariñoso, caminó hasta una de las sillas sentándose inmediatamente en esta—. Necesitas un juego de sala.
—Ahorrémonos los rodeos y suelta de una vez lo que viniste a decirme.
—¿Siempre eres así de desesperado?
—Estoy aburrido, solo es eso —Santiago se sentó junto a él, y como de costumbre, fue incapaz de sostenerle la mirada.
—Eres un chico muy guapo, Santi.
—¡No me salgas con el maldito cuento de que encontraré a alguien mejor que tú! —Santiago golpeó la mesa, y visiblemente alterado volvió a ponerse en pie—. Si vas a acabar esto por lo menos invéntate una mejor excusa.
—No llores Santi. —El moreno limpió su rostro torpemente, ni siquiera se había dado cuenta en qué momento había comenzado a llorar, y no, no era tristeza, o tal vez sí lo era, pero había algo más profundo allí detrás, era un sentir amargo, desesperante, asfixiante—. Santiago esto es una locura.
—Nos acostamos Fernando.
—Lo sé, y lo siento.
—Ya, y según tú yo tengo que quedarme tranquilo porque me estás diciendo que lamentas haberte acostado conmigo.
—No tergiverses mis palabras. —Solo hasta entonces, Fernando cambió su semblante a uno mucho más serio y también se puso de pie—. He dicho que siento haberme aprovechado de ti y de la situación.
—No te aprovechaste de mí.
—Tienes dieciocho años Santi. ¡Ni siquiera tengo cara para saludar a la señora Carla! Y eso solo significa que estoy haciendo algo mal.
—Eso no parecía importarte el sábado. —Santiago habló mirando hacia otro lugar, con su rostro acalorado, son sus brazos cruzados sobre su pecho, con una actitud aparentemente dura, pero que a su vez, dejaba a flote toda su susceptibilidad—. ¡Qué más da! —el moreno bufó de pura molestia y sin mirar atrás avanzó en sus pasos hasta su cama—. Asegura la puerta al salir, gracias.
—Santi. —Fernando intentó tomarle por el antebrazo pero él con violencia se zafó de su agarre y se tiró en la cama abrazándose a su almohada listo para echarse a llorar. Afinó todos sus sentidos para escuchar la puerta cerrarse, porque tenía la certeza de que Fernando partiría, para eso había ido a visitarle, para acabar con todo y luego marcharse, pero lo único que Santiago sintió fue el calor de una persona acostándose junto a él, seguido de un necesario abrazo el cual no rechazaría por nada en el mundo—. Eres un gran problema —susurró Fernando estando muy cerca de él.
—Gracias por las lindas palabras —espetó Santiago en tono sarcástico, mientras que Fernando solo sonrió divertido y juntó sus cuerpos un poco más.
—Eres un lindo problema. —Fernando finalizó su frase con una simpática risilla y un sonoro beso sobre su oreja, y eso le valió para ganarse su perdón, o parte de este, así que girándose sobre su cuerpo quedó frente a él. Fernando era hermoso, lo era en demasía, aparte, él era ese algo que nunca había buscado, pero que había sido hecho para él, a su medida. Fernando era perfecto para Santiago, y Santiago quería ser perfecto para Fernando.
—¿Te arrepientes de haberte acostado conmigo? —No pudo evitar preguntarle.
—He sido un completo inmaduro Santiago, y lo siento. —El castaño hablaba bastante calmado, mientras que el corazón del moreno se alteraba y latía cada vez más fuerte—. No debí haberme acostado contigo cuando ni siquiera tenía en claro lo que tenía para ofrecerte, no fue un error, por lo menos yo no lo considero así, pero, creo que no fue lo más correcto.
—A mí me pareció que estuvo bien.
Fernando sonrió apacible, y lentamente delineó su rostro. —Bebé —cuando el castaño pronunció dicha palabra, su corazón golpeó su garganta, él estaba siendo tierno, le estaba tratando como a su dulce amante—. Las cosas que se hacen con demasiada prisa están destinadas a terminar mal.
—De igual manera —Santiago sonrió un tanto melancólico—, no hay forma de que "esto" termine bien.
—No soy la persona que te mereces.
—Pero eres la persona que quiero.
—Hay tantas cosas que ni siquiera sé cómo decirte.
—No seré imprudente, guardaré esto como nuestro pequeño secreto, en realidad —sus ojos se cristalizaron al mismo tiempo que su voz se quebró—, todo es más fácil de lo que imaginas.
—No lo creo.
—¿Me permites demostrártelo?, por favor.
Fernando fijó su intensa mirada en sus ojos, y luego la descendió hasta sus labios, justo antes de apresar los mismos en un intenso beso. Santiago hundió sus manos en sus cabellos y el castaño comenzó acariciar sus caderas y parte de su trasero, y justo en el momento en que Fernando se subió sobre su cuerpo, su celular sonó, era Alejandro, así que ambos se enfriaron y se apartaron un poco.
—Papi... ¿Puedes venir a recogerme?
—Pensé que irías a casa con Gustavo.
—Pues no ha sido así. ¿Estás ocupado?
—Ya voy por ti. Espérame donde siempre —Fernando colgó la llamada y acomodó sus ropas mientras se ponía de pie. Santiago se sentía un tanto incómodo, pero entendiendo que se trataba de Alejandro no dijo nada, solo se quedó sentado en la cama mirándolo atentamente—. Lo siento, es Santiago.
—¿Alejandro se volvió a pelear con Gustavo?
—No lo sé, aunque no lo dudo. No sé qué le está pasando últimamente —Fernando terminó de acomodar su ropa y sin perder tiempo volvió a besar sus labios como despedida—. Te llamo en la noche ¿vale?
—Espero tu llamada.
—Cuídate Santi. —Santiago esperó sentado que el mayor saliera de su apartaestudio y cuando esto sucedió cerró fuerte sus ojos y soltó un sonoro suspiro. Fernando seguía con él, Fernando había reconocido que tenían un "algo", que no era solo por experimentar, que no era la calentura de solo una noche, tenían "algo" y ya ambos lo aceptaban
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Comments
insomnio 1.0
mejor si te callas Fernando
2025-01-31
1
Elizabeth Moreno
buena historia
2024-07-31
1
Odile D'Salle
"lo siento", es en serio Fer?, la estás cagando.
2024-03-17
1