—Pensé que no te ibas despertar hoy. —Al abrir los ojos, Gustavo fue recibido en esa hermosa mañana por la más bella sonrisa que había visto en su vida—. Vamos a desayunar.
—¿Qué horas son?
—Once de la mañana.
—¡Tan tarde! —El moreno se sentó en la cama y limpió su rostro para terminar de despertarse—. Hoy quedé en acompañar a mi madre a hacer las compras.
—Ella te llamó, y yo respondí —Alejandro comentó sin perder su hermosa sonrisa—. Harán las compras en la tarde porque en la mañana le llegó visita.
—Es un milagro que Fernando no nos hubiese despertado a las ocho de la mañana. —Gustavo alborotó aún más sus cabellos y Alejandro asintió a su comentario—. ¿Se sentirá bien?
—Está más muerto que tú, creo que otra vez se quedó viendo una maratón de películas hasta tarde, por lo menos dejó hecho el desayuno. —Alejandro se levantó e inmediatamente le invitó a ponerse de pie, Alejandro al igual que él solo vestía una camisilla y una pantaloneta, estaban tal cual se habían acostado—. Vamos a desayunar.
—Voy al baño primero.
—Te espero en el comedor. —Alejandro le dejó solo en la habitación y Gustavo no perdió el tiempo para ir al baño, lavó su rostro y dientes, y se miró en el espejo. Sus ojeras resaltaban más que nunca, tenía cara de llevar una semana entera trasnochando. Según su propia opinión no se veía bien, para nada bien, y era un poco molesto tener que desayunar con la persona que le gustaba luciendo de esa manera, pero era aún más molesto que él siguiese pensando en esas nimiedades cuando Alejandro siempre le miraba de una misma forma: Como su amigo, su mejor amigo.
—Fernando cocina delicioso. —Gustavo se sentó en el comedor mientras Alejandro calentaba algo en una sartén. El olor ya se había adueñado de la casa, y era tan exquisito que inmediatamente se le abrió el apetito—. Creo que voy a secuestrar a tu padre.
—¿Quieres vivir con un maniático del orden?
—Tú has sobrevivido todo este tiempo. —Gustavo alzó la mirada observando en cámara lenta como un dulce y hermoso rubio le atendía llevándole el desayuno a la mesa para enseguida sentarse a su lado. Alejandro seguía siendo el mismo, todos sus miedos de años atrás habían sido aniquilados con su preciosa actitud, su Alejito al final había sido un buen chico. Pero, ¿se comportaría igual si supiese que él le gustaba?
—Gustavo, quiero hacerte una pregunta, pero es muy personal.
—Puedes preguntar lo que quieras.
—Es acerca de tu homosexualidad.
—Eso... —Gustavo agachó la mirada un momento y luego volvió a fijar sus ojos en él, en su hermosa presencia, en su precioso rostro—. No hay problema, pregunta.
—¿Cuándo comenzarás a actuar como gay? —Gustavo parpadeó un par de veces sin alcanzar a entender la pregunta—. Ya sabes, eso de actuar femenino y exagerado, como... —Alejandro bufó de pura resignación—. Olvídalo.
—Te entiendo —el moreno no pudo hacer más que sonreír por aquella pregunta—. Nunca voy a comportarme así Alejito, no todos los homosexuales tenemos que comportarnos de esa manera.
—Todos los que conozco se comportan así.
—¿Yo me comporto así?
—Pero terminarás haciéndolo. ¿No es así?
—No. —Gustavo le miró a los ojos sin perder su sonrisa—. Yo sigo y seguiré siendo el mismo que conoces.
—Vaya lástima, yo ya quería verte como toda una mariposa, espera... —Alejandro entreabrió sus labios por fracciones de segundos—. ¿Estoy siendo ofensivo?
—No. —Gustavo rio, y enseguida golpeó juguetonamente uno de sus brazos—. Pero estás abusando de la confianza, ¿qué es eso de querer verme como toda una mariposa?
—Pero es que imagínate: Tú vestido todo apretadito, maquillado y actuando como toda una diva. Mataría por verte así.
—¡Me gusta la ropa apretada!
—Pues es muy cierto —Alejandro añadió sin parar de reír, y el moreno volvió a golpearle—. ¿Cómo no me había dado cuenta que eras gay?
—No te das cuenta de muchas cosas Alejito.
—¿Escondes algo más? —El rubio enfrentó su mirada enarcando una ceja, y Gustavo se sintió perdido, atacado, en evidencia, su corazón latía más y más rápido y temía que el sonido que hacía fuese tan fuerte que alcanzase los oídos del rubio, porque de verdad, su corazón se había agitado desaforadamente.
—No escondo nada Alejito.
—¿Cuándo supiste que eras gay?
“El día que descubrí que me había enamorado de ti”.
Su corazón se aceleró aún más al procesar dicha respuesta en su mente, y quiso decírsela, de repente quiso confesarle sus sentimientos, pero al final eso terminaría metiéndolos a ambos en una posición incómoda y él no quería perder el pedacito de cielo que aún tenía.
—Hace mucho.
—¿Por qué no me habías dicho nada?
—Porque es difícil, muy difícil.
—Pero soy tu amigo, tu mejor amigo.
—Alejito.
—¿Tus padres lo saben?
—Planeo confesarlo pronto.
—¿Puedo estar contigo? —Esa pregunta, más su intensa mirada dejaron su corazón hecho nada por eternos segundos.
—¿Por qué lo harías?, digo… —Gustavo tragó saliva tratando de reducir el nudo que recién se formaba en su garganta—. No es necesario Alejito.
—Pero tú dijiste que era algo muy difícil de confesar.
—Lo es.
—¿Entonces por qué dices que es innecesario que yo esté a tu lado para apoyarte?
Con el corazón en la garganta, Santiago marcó el número de Fernando esperando con todo su corazón que fuese él quien respondiese. ¿Qué pasaría si Alejandro se daba cuenta que él llamaba a su padre? Santiago estaba siendo imprudente, pero él tenía verdaderas ganas de escuchar su voz o su respiración, cualquier cosas que viniese de él, quería sentirle.
—Hola Santi. —Y afortunadamente el castaño le respondió sonando bastante tranquilo, aunque algo soñoliento.
—Hola Fer.
—¿Fer?
—Lo siento —Santiago se excusó sintiéndose un tanto ansioso—. ¿Te molesta que te llame así?
—Es raro, pero me gusta. —Una pequeña risilla se hizo sentir, y al escucharla, una sonrisa boba se plasmó en los labios del moreno—. ¿Cómo amaneciste Santi?
—Bien, pero..., pero hubiese preferido que estuvieras a mi lado.
—Te preparé el desayuno.
—Pero no desayunaste conmigo.
—¿No crees que exiges demasiado?
Y tras esa pregunta su sonrisa comenzó a desvanecerse y la ansiedad volvió a adueñar de él, Fernando estaba ahí, al otro lado de la línea, siendo cortés y atento con él, siendo el mismo, sin cambiar absolutamente nada pese a lo que el día anterior habían hecho y eso despertaba miedo en el moreno, porque Santiago no descartaba la idea de que Fernando solo estuviese con él por experimentar, él mismo lo había hecho en el pasado, él también se involucró en un lío heterosexual solo por probar y comprobar que lo suyo eran los hombres, y temía, de verdad temía que de los labios de Fernando saliesen esas mismas palabras que él le había dicho a aquella chica en su momento.
—Fer, quiero verte.
—Hoy debo hacer muchas cosas.
—¿Y mañana?
—Todo depende de mi trabajo.
—¿Me estás sacando el cuerpo? —Santiago fue frío y directo, y aunque por dentro se estaba desmoronado a grandes pedazos, trató de mantenerse fuerte—. No soy un niño Fernando y yo entiendo muy bien...
—¿De dónde sacas esas conclusiones? —El castaño no se alteró si quiera un poco y eso solo incrementó su mar de dudas—. Iré a visitarte apenas tenga tiempo. ¿Entras a clases la otra semana cierto?
—Sí.
—¿Estás enojado?
—No creo que te importe saber eso.
—¿Por qué me tratas así?
Santiago se tomó un respiro cayendo en cuenta de que estaba siendo demasiado dramático, pero era Fernando y él le gustaba demasiado, y tenían algo, algo que no sabía que era pero se sentía como tener humo en la mano, estaba ahí, podía verlo, pero no había forma de que pudiese retenerlo, o si quiera, sentirlo suyo; y eso le frustraba y alteraba.
—Lo siento.
—Descansa Santiago.
—¿Solo me dirás eso?
—Tienes razón, tenemos que vernos. Creo que hay muchas cosas de las que tenemos que hablar.
—Yo también pensé mucho en ti, Fernando. —Santiago colgó la llamada y apretando su cuerpo contra la almohada se echó a llorar, era la rabia, era el miedo, era la maldita inseguridad. Estaba a punto de perderlo, él sabía. Fernando lo había llevado al cielo solo un día atrás, y muy probablemente cuando volviesen a verse le entregaría un tiquete directo al mismísimo infierno, porque no había forma de que él estuviese en paz en ningún lugar si Fernando le decía que lo sucedido había sido un error, o peor aún, que no había sido importante para él, que no había significado nada en su vida.
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Comments
Patricia Contreras
Pero para que empieza a hacerse historias en su cabeza? Fernando nunca le dijo que quería un compromiso,ni siquiera le dijo un té quiero y Santiago ya hasta quería casa propia, no así no va.
2024-08-26
1
Alma Delia Morales
😢😢😢😢😢pobrecito de Santy
2024-08-21
1
Elizabeth Moreno
santy con calma todo saldra bien gistavo que ganas de abrazar a alejo
2024-07-31
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