Santiago sonrió poniéndose de pie, y antes de que consiguiese separarse del mayor, este se levantó tomándole de la mano. Iban a acostarse, y Santiago ya se estaba muriendo de los nervios solo porque Fernando había enredado sus dedos con los suyos.
—Estás sudando.
—Hace calor —se excusó Santiago con una nerviosa risilla, luego miró la cama sin saber muy bien qué más hacer, por lo menos Fernando no le dio tiempo a su mente para divagar, Fernando reclamó sus labios siendo mucho más pasional que antes, mucho más posesivo, más picante, incluso, no esperó a que corriera mucho tiempo para arrastrarlo consigo, dejando a ambos acostados en la cama.
—Santiago. —Fernando sonrió un tanto divertido, mientras que tranquilamente se colaba entre sus piernas—. Yo nunca he estado con un hombre, así que puede que sea algo torpe.
—No hay forma de que tú seas torpe, eres perfecto.
—No soy perfecto Santi. —Fernando se le echó encima volviendo a sus labios y con movimientos sensuales y precisos comenzó a restregar su cuerpo contra el suyo, y entre beso y beso se fueron despojando de sus prendas. Santiago trató de apresurarlo en un par de oportunidades pero el mayor mantuvo la delicadeza hasta que consiguió que ambos quedasen en ropa interior, y deslizando sus manos por sobre su piel, Fernando llegó justo al lugar donde el elástico de su bóxer se ceñía a su cuerpo, arrancándole un par de jadeos en el camino.
La mano de Fernando se coló bajo su ropa interior, y con una traviesa sonrisa comenzó a masturbarle mientras le veía a los ojos, y lo peor era que él no podía controlar sus gemidos, ni el color de sus mejillas.
—Lo haces demasiado bien para ser tu primera vez con un hombre.
—Tengo uno igual. —El castaño mordió sus propios labios aumentando el ritmo de su mano, ya comenzaba a hacerse más evidente su faceta caliente, mientras él seguía comportándose como un niño tímido y nervioso—. Como hombre que soy, sé muy bien como tocar a otro hombre.
Hombre. Le había dicho hombre.
Fernando sonrió porque sabía lo que eso significa para él y Santiago mandó por un caño sus miedos y nerviosismo, así que aferrándose a su cuello le besó como él quería hacerlo, con deseo, con pasión, con verdaderas ganas, Fernando no solo correspondió a su nueva demanda sino que no dejó de tocar su cuerpo con la maestría con la que venía haciéndolo, se estaban devorando, estaban consumando algo que en su momento, ambos trataron de ocultar.
—Santi —Fernando susurró entre jadeos—. Quiero entrar. —El corazón de Santiago comenzó a latir realmente fuerte y un ligero temblor se hizo presente en su cuerpo, no era que no supiese que terminarían en eso, solo que unir su cuerpo de esa manera con la persona que amaba era algo que revolucionaba su interior, aunque aparentemente, lo que estaba sucediendo no significase mucho para el otro.
Santiago sabía cómo eran las cosas con Fernando.
—Claro. —Santiago deslizó su ropa interior, y Fernando miró su entrepierna con una ladina sonrisa. Santiago se sintió abochornado, gratamente avergonzado—. No me mires así, me pones nervioso.
—Abre un poco más las piernas. —Santiago cubrió su rostro con su antebrazo e hizo lo que él le dijo, pero Fernando no se quedó conforme con esto—. Santiago, necesito que me guíes. —El moreno gruñó fuertemente, y con su respiración agitada apartó su brazo y le miró a los ojos.
—Esto es tan vergonzoso —dijo Santiago comenzando a ruborizarse, Fernando rio al verle, y de manera juguetona comenzó a mordisquear su rodilla.
—Eres realmente lindo Santiago.
—No sé cómo guiarte. —Santiago resopló un par de veces y llenó sus pulmones de aire antes de volver a referirse a él—. Eres tan diferente a los anteriores.
—¿Los anteriores? —El castaño enarcó una ceja y le dedicó una fija mirada, Santiago quiso preguntarle el porqué de ese gesto, pero ese no era el lugar y mucho menos el momento para hacerlo—. ¿Por qué cierras las piernas Santi?
—¿Así está bien? —Fernando asintió satisfecho, y caminando con sus dedos por sobre la piel de Santiago, llegó hasta su entrada, bordeando esta con una sutil caricia que consiguió que Santiago echara su cabeza hacia atrás y que por inercia, juntase sus piernas.
—Abre las piernas. —Más colorado que antes, Santiago le obedeció, y Fernando volvió a acariciar y presionar su entrada con la yema de sus dedos—. Sé que por aquí no pasará nada si no lubrico antes, ¿cierto?
—En el tocador hay lubricante.
—Y dime Santi —con completa calma. Fernando se inclinó todo lo que pudo hasta alcanzar el pote que contenía el gel translucido, y aplicándolo sobre sus dedos, volvió a acariciarle como antes, salvo que esta vez comenzó a presionar con intención de introducir uno de sus dedos—, ¿qué hace un chico soltero y que vive solo, con lubricante al pie de su cama?
—Esperando que el hombre de sus sueños lo use en él. —Santiago por fin le miró a los ojos guardando no solo completa seguridad en su mirada, sino también, un toque de picardía—. ¿Tal vez? —añadió con una coqueta sonrisa y Fernando no le dijo nada, él solo amplió la curvatura de sus labios introduciendo por fin uno de sus dedos en su interior.
Sin apartar la mirada de sus ojos, Santiago comenzó a jadear con algo de descaro mientras movía sus caderas tratando de intensificar el placer. Fernando trató en varias oportunidades de meter un segundo dudo pero fallaba, y por cada intento erróneo ambos sonreían, hasta que por fin lo consiguió, y cuando Santiago manifestó comodidad y placer en su cuerpo, Fernando buscó con desespero sus labios.
Fernando podía sentir con palpable claridad cómo Santiago se dilataba, como también podía sentir a su propio cuerpo clamar por más. Joder, cómo lo ponía ese chico. Guardando el cuidado que le caracterizaba, Fernando sacó sus dedos de su interior para proceder a colarse él mismo entre sus piernas, aplicó lubricante sobre su propio miembro y mientras presionaba intentando entrar, observó el nervioso y ansioso rostro de Santiago.
—Tranquilo —susurró despacio, acarició su cálida piel, le brindó una dulce sonrisa y luego sí, concentró toda su atención en entrar sin hacer mayor daño, y cuando lo consiguió, volvió a buscar sus labios para seguir matando sus ganas de él, para terminar de perderse en su cuerpo, para concretar lo que no debía ser concretado, pero que disfrutaba como hace mucho no lo hacía.
No era solo sexo, Fernando lo sabía. Santiago le gustaba más que un polvo cualquiera, ese moreno despertaba emociones en su interior que ponían a vibrar su cuerpo, que llenaba de calidez su alma, y estando allí, en su cama, entregándose a él y recibiendo su calor todo se intensificaba, lo que estaba haciendo y sintiendo era tan caliente que Fernando sentía quemar más que su piel, mucho más, era más que sexo definitivamente.
—Fer —entre jadeos, Santiago dijo su nombre y le miró de una forma que Fernando no olvidaría nunca, se sintió amado, deseado, se sintió jodidamente querido—. Fer, me encantas.
—Tú también me encantas —respondió sin dudar y volvió a besarle mientras lo embestía, acariciaba y se saciaba de su cuerpo, Santiago era todo un deleite, una maravilla.
—Me encanta sentirte dentro.
—Me tienes loco —confesó Fernando estando preso del deseo y la lujuria. Su cuerpo chocaba contra su cálida piel y el calor que Santiguo emanaba se colaba entre sus fibras en cada uno de sus poros encendía su interior, le despertaban más ganas de él.
—Eres delicioso Fer.
Fernando se corrió en su interior y poco después Santiago lo hizo con ayuda de su parte. Ambos sudaban y tenían el corazón acelerado, pero también, ambos se miraban y sonreían mostrándose totalmente tranquilos, relajados.
Fernando lo había hecho con un hombre, y no se sentía diferente, nada en él había cambiado, solo había matado unas terribles ganas que le estaban consumiendo, pero extrañamente y pese a sentirse totalmente satisfecho, quería mucho más de él, de ese lindo moreno, Fernando aún tenía ganas de Santiago.
—Oye Fernando, tengo una duda. —Algo tembloroso, el moreno comenzó a moverse sobre la cama hasta conseguir ponerse de pie—. ¿Te molestó lo que dije sobre mis ex?, es que...
—¿Quieres que te hable de tetas? —Fernando le cortó tajante y Santiago le miró mostrándose algo confundido—. Tú no me hablas de tu pasado, yo no te hablo del mío. ¿Te parece un buen trato?
—No pensé que fuera a molestarte.
—No estoy molesto —Fernando también se puso de pie y le robó un corto beso—. Solo que es algo incómodo. —El castaño le dedicó una sincera sonrisa y dejándole aún muy confundido comenzó a recoger su ropa.
—¿Ya te vas?
—Con mayor razón te prohíbo que me hables de tu pasado. —Fernando rio incrédulo y Santiago hasta entonces se percató de que él recogía y doblaba en una esquina la ropa de ambos—. No me voy aún Santiago, ahora vamos a ducharnos juntos y luego dormiremos un rato, solo que no quiero que se arrugue la ropa. —Santiago le esperó paciente sin poder controlar los latidos de su corazón y tras una merecida ducha, volvieron a la cama.
Estaban completamente desnudos, Santiago podía sentir su cálida respiración chocar contra su nuca, como también podía sentir uno de sus brazos pasar sobre su cuerpo, abrazándole placenteramente.
—Fernando. —Santiago apenas y pudo alzar el tono de su voz, tenía tanto miedo de preguntar—. ¿Piensas volver? —Pero al final lo hizo, para bien o para mal quería saber si su sueño acababa ahí o si habría una nueva oportunidad, por lo menos una más, sabía que de igual quedaría inconforme, pero quería guardar en su piel lo máximo que pudiese de él.
—Solo si me invitas.
—Las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ti.
—¿Solo las puertas?
Santiago rio divertido y con un poco más de confianza, entrelazó sus dedos con los del castaño. —Mis piernas también.
—Ya duérmete Santiago. —Fernando rio en todo su cuello, y una extraña embriaguez se adueñó de su cuerpo. Santiago se quedó profundamente dormido antes de darse cuenta y al despertar buscó el cuerpo de Fernando a su lado, y este no estaba, pero antes de decepcionarse y de caer en depresión, pudo ver la figura del castaño en la cocina, y solo hasta esos momentos agradeció que su hogar fuese tan pequeño.
A causa del frío, Santiago terminó por envolverse completamente con una cobija antes de caminar hacia el castaño, quien ya estaba bien vestido y peinado.
—Fer —Santiago habló aun con sus ojos entrecerrados—. ¿Qué horas son?
—Cuatro de la mañana.
Santiago pareció despertar de golpe y más animado, volvió a hablarle. —Alejandro está solo en casa, ve pronto.
—Alejandro no está solo, Gustavo se quedó a dormir en casa.
—Cierto, ahora recuerdo que ellos estaban rankeando juntos.
—Rankear —Fernando soltó una ligera risilla terminando de preparar unos sándwiches y algo de jugo natural—. Me gusta esa palabra.
—No tenías por qué hacer el desayuno.
—Quería ser atento contigo. —Fernando guardó ambas cosas y luego de girarse observó de arriba abajo al dulce moreno totalmente envuelto por una colorida cobija, y sin darle tiempo a reaccionar le abrazó completamente y volvió a besarle—. Vayamos a la cama, aún puedo llegar una hora tarde.
Ocurrieron muchos gestos memorables en esa ocasión, pero sin lugar a dudas, nada superaba el hecho de que Fernando aun cuando estaba listo para marcharse, decidiese quedarse un rato más junto a él. El plan desde un principio solo consistía en un simple encuentro sexual, pero ahí había algo más, ambos los sabían, y aunque a Santiago le agradaba y mucho la idea de poder tener algo con Fernando, le asustaba sobremanera todas las implicaciones que dicha relación podría acarrear consigo.
Fernando y su vida hasta ese punto, Alejandro y su aprobación, la perspectiva homosexual, la edad, la familia del mayor, su propia familia. Santiago apretó sus ojos tratando de no pensar, y se dedicó solo a sentir, y podía sentirlo, ahí estaba Fernando, junto a él.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 71 Episodes
Comments
insomnio 1.0
Ayyy Santi, quien te viera 👀
2025-01-31
1
Roberta Medrano
nuestra cabeza siendo nuestro peor enemigo a veces nos quita nuestros mejores momentos por su intromisión.
2024-08-21
2
Elizabeth Moreno
santy cumpliste tus sueños y ahora que hara Fernando
2024-07-31
0