Por dos días consecutivos Santiago se negó a tener contacto con Fernando, y lo había conseguido, no le abría la puerta cuando éste tocaba en las mañanas, y tampoco contestaba sus llamadas. Ya había demorado demasiado tiempo en esa esponjosa nube que estaba a punto de reventarse dejándole caer, ya era momento de frenar las falsas ilusiones, era tiempo de despertar. Pero el viernes en la noche, su celular sonó, y le extrañó ver el número de Fernando en la pantalla, él solo le llamaba para saber cómo estaba la señora Carla, y siempre lo hacía antes de las cinco de la tarde.
—¿Hola?
—Santi, ¿estás despierto?
—Sí, estoy despierto. —Extrañado, el moreno frunció el ceño—. ¿Pasó algo malo?
—Alejandro tiene una fiesta, pero se peleó con su mejor amigo y no quiero que vaya solo. No me gustaría molestarte con esto, pero eres el único chico que me despierta confianza.
—¿Me estás pidiendo que vaya con Alejito a una fiesta?
—Por favor.
—Él y yo no nos llevamos bien, y lo sabes.
—Fue él quien propuso ir contigo, sabe que de otra forma no podría ir —Santiago se quedó en silencio al no encontrar las palabras menos duras para negarse—. Por favor, te compensaré muy bien por esto.
—Está bien. —¿Cómo decirle que no a alguien que había sido tan bueno con él?—. En unos minutos estoy allá.
—Sabía que podía contar contigo.
Era un idiota, un completo idiota, pero era Fernando y le estaba pidiendo un favor, estaba contando con él, le tenía en cuenta. Santiago suspiró profundo, se duchó, perfumó, se puso la mejor muda de ropa que tenía y también se colocó un pendiente en su oreja izquierda. Iría a una fiesta, con chicos de su edad, saldría a divertirse, a distraerse y ¿por qué no? Tal vez encontraría a alguien que le hiciera olvidar a Fernando.
—Qué guapo te ves hoy. —Imposible, él no olvidaría a ese maldito castaño en un buen tiempo, menos si se atrevía a volver a decirle cosas como esas mientras le recorría —de manera sana— con la mirada.
—¿Los demás días no me veo guapo? —Santiago fue coqueto, era su instinto, Fernando le gustaba, le gustaba mucho, y sentía tener la confianza para hablar de más, así fuese un poco.
—Hoy te ves especialmente guapo —Fernando le sonrió dejándole pasar, y luego caminó hasta el pasillo de las habitaciones. — Alejito, ya llegó Santiago.
El menor salió de su cuarto vistiendo un aburrido suéter, pero bien peinado y perfumado, Alejandro era guapo, de eso no había dudas, pero Fernando acaparaba tanto su atención que ni una oportunidad le dio para mirar con malos ojos a su hijo.
—Ya estoy listo.
—Llamemos un taxi —propuso el moreno.
—Yo puedo llevarlos. —Tanto Santiago como Alejandro voltearon los ojos al escuchar a Fernando.
—¿Quieres que me hagan bullying hasta que me gradúe?
—Iremos en un taxi —Santiago intervino con una dulce sonrisa—. Muchas gracias Fernando, pero no es necesario que nos lleves.
Fernando hizo mala cara, y suspirando sonoramente se acercó a Santiago cediéndole las llaves de su auto.
—¿Tienes permiso de conducir? —El moreno asintió aún sin poder creer lo que Fernando estaba haciendo, ¿tanta confianza le tenía?—. Me lo cuidas —Fernando volvió a suspirar—, y también me cuidas el auto.
A los minutos de estar conduciendo, Santiago se deshizo del incómodo silencio. Tenía que hacerlo, necesitaba detalles que Fernando no podía darle. —Y..., ¿qué tipo de fiesta es?
—Es una fiesta de bienvenida.
—¿Y qué vas a llevar?
—Es una fiesta de bienvenida no un cumpleaños —Alejandro respondió con obviedad—. Además, ni siquiera conozco al tipo ese.
—¿Y eso te da permiso de no llevar nada? —Alejandro le miró frunciendo el ceño pero él no apartó su mirada del camino—. ¿No te da vergüenza llegar con las manos vacías?
—¿Y qué le voy a comprar?, ni siquiera lo conozco.
—Eres muy inocente Alejito. —Santiago ladeó sus labios mientras se desviaba del camino, y aunque seguía mostrándose confundido, el menor no dijo nada. Pararon en una tienda de 24 horas y el rubio se condujo tras Santiago todo el tiempo—. ¿Cerveza o whisky?
—Da igual.
—Si llevas cervezas tendrás más oportunidades con chicas, si llevas whisky impresionarás a tus amigos. ¿Cuál prefieres?
—Cualquiera.
—¡Escoge una! —Santiago resopló cansado—. ¿O qué? ¿No eres capaz de tomar una decisión si papi Fernando no está contigo?
—Yo... —Alejandro habló titubeante, y llenando sus pulmones de aire, tomó una botella de whisky que le llamó la atención por su bonito diseño.
—Buena elección —el moreno sonrió orgulloso—. Es de las mejores..., y de las más caras.
—Pero yo no tengo dinero.
—Yo te la regalo. —Santiago dejó un par de palmaditas en su cabeza y enseguida le quitó la botella de la mano—. Tú no puedes sostener esto, eres menor de edad.
Pagaron y juntos caminaron hasta el auto, pero estando a solo pasos de este, Santiago le hizo detenerse, el mayor metió la botella en el auto y sin previo aviso comenzó a levantar su suéter.
—¿Qué haces? —preguntó Alejandro endureciendo sus facciones, arrugando marcadamente su entrecejo.
—Te hago un favor. —Santiago terminó de quitarle la prenda, le desajustó los dos primeros botones de la camisa que llevaba debajo, y luego alborotó sus cabellos—. Mucho mejor.
—Eso no era necesario.
—Claro que lo era, vamos a una fiesta no a la misa del domingo.
Aburrido, Alejandro tomó su acostumbrado puesto de copiloto y aunque no le gustaba en lo absoluto que precisamente Santiago estuviese manejando el auto de su padre, agradecía que éste no hubiese puesto problema para acompañarle, como también agradecía el hecho de que Santiago se estuviera esforzando en hacer las cosas más llevaderas.
—Dejemos las cosas claras. —Fue el moreno quien volvió a darle vida a su apagada compañía—. Que lleguemos juntos no nos obliga a estar juntos.
—Me parece perfecto.
—Pero entraremos juntos porque yo no estoy invitado y porque tú no querrás llegar solo, supongo.
—Entraremos juntos.
—Genial —Santiago bajó del auto, puso su mejor sonrisa de autosatisfacción y allí sí, le dio la botella al rubio chico—. ¿Por qué nunca sonríes?
—Porque no me da la gana.
—No sé por qué insisto en hablar contigo. —Pese a todo, Santiago caminó a su paso, y como acordaron, entraron juntos a la emocionante fiesta. Mucha gente, Dj, alcohol, era una buena fiesta, ya hasta Santiago estaba comenzando a olvidar que estaba allí de niñero—. Ahora tienes que ofrecerle bebida a los organizadores de la fiesta.
—Catalina me cae mal, estoy de pelea con Gustavo y el chico que recién llegó no lo conozco.
—¿Qué mierdas hacemos aquí?
—Es una fiesta. —Alejandro ladeó sus labios y guiñó uno de sus ojos en un gesto pícaro, divertido—. Una súper fiesta, ¿sabes cuántos días van a durar hablando de esto?
—Ya entiendo por qué le pediste a tu padre que yo te trajera —Santiago rio para sí mismo mientras que con su mirada repasaba el lugar—. En fin, como veo que eres de pocos amigos, y yo no conozco a nadie. ¿Qué te parece si nos quedamos juntos?
—Perfecto.
—¿Me sirves un trago? —Alejandro quitó el sello, y le sirvió un perfecto shot al moreno, este lo tomó sin hacer mala cara y el rubio como si nada, volvió a tapar la botella—. ¿Y el tuyo?
—Yo no tomo.
—¿Estás en una fiesta de esta magnitud y no vas a tomar?
—¿Sabes lo que te haría Fernando Valencia si descubre que llegué un poquito tomado?
—Vale —Santiago volvió a quitarle la botella—. De aquí en adelante ni siquiera tienes derecho a oler las cervezas—. Alejandro sonrió por el comentario de Santiago, y juntos acordaron unirse a un grupo de chicas, total, no iban a estar todo el tiempo solos, ellas no paraban de mirarles y ellos tenían alcohol, así que encajaban perfectamente.
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Comments
Patricia Contreras
Se va a poner celoso el amigo de Alejandro
2024-08-25
1
Elizabeth Moreno
esta fiesta sera para tener una buena relación de ahi para adelante
2024-07-31
1
Silvana Cartes
ojalá y mejore su relación y lleguen a ser amigos 😁
2024-02-26
2