—Tavito —Alejandro se acercó a su oído para susurrar en este—. Cúbreme esta hora, debo salir un momento.
—¿A dónde vas?
—Alice me pidió que nos viéramos cerca de la piscina y ya sabes...
—Claro —Gustavo fingió su mejor sonrisa y asintió lentamente—. Yo te cubro.
—El domingo que vayamos a cine te pagaré lo que quieras.
—Anda —habló sin mirarle, fingiendo no importarle lo que él estaba a punto de hacer—, ve antes de que el profesor regrese—. Alejandro le agradeció, siempre lo hacía, y luego se marchó, se fue a verse con una chica, otra más, cada vez esto era más frecuente, cada vez su ahora rubio amigo se mostraba más interesado en tener citas, con chicas. Alejandro ya no era un niño, y él tampoco, porque así mismo como en el pecho de su amigo crecía un sentir de relacionarse en algo más que una amistad con algunas mujeres, así crecía en el propio ese gran amor que sentía por él.
¿Por cuánto tiempo podría mantener esa dolorosa máscara de mejor amigo?, porque ya no lo era, Gustavo ya no veía a Alejandro como este lo hacía consigo.
—¡Gustavo! —Catalina, su amiga de diferente curso, le pegó un grito arrancándole una sonrisa, y sin hacerla esperar sacudió sus pensamientos y acudió a su llamado.
—¿Mechones fucsias y azules? —dijo él al mirarla.
—Esa es la nueva moda —la chica le guiñó un ojo coqueta—. Oye Gustavo, te necesito, necesito que me hagas un favor y es de vida o muerte.
—¿Qué quieres?
—Mi primo Jhosep viene de Canadá y necesito prepararle la súper fiesta de bienvenida.
—Eres una interesada, solo te acuerdas de mí cuando me necesitas.
—¡Eso es una gran mentira! —Ella técnicamente le respondió gritando—. Me gusta hablar contigo, pero siempre estás con Alejandro y él me cae como una patada en el estómago.
—¿Por qué hablas así de Alejito?
—Amargadito deberías llamarle, en fin, ¿vas a ayudarme?
—¿Qué tipo de fiesta quieres? —Gustavo ladeó sus labios mientras sacaba su celular de su bolsillo, él era muy extrovertido y amigable, le resultaba bastante fácil conocer personas y mantener afinidad con ellas, en el último año había engrosado su lista de amigos gracias a su actividad en sus redes sociales. Gustavo tenía muchos amigos, y aun así, solo tenía una persona favorita, esa misma que en esos momentos prefirió quedarse con Alice, en vez de pasarse el descanso con él—. ¿Acogedora, tipo círculo social o Party molesta vecinos?
—La más grande que se te pueda ocurrir, quiero impresionar a mi primo, cerrarle la boca.
—Primero una foto. —Gustavo posó junto a la baja chica sacándose fotos con gestos divertidos, escogió la mejor y sobre esta indicó lo que él llamó "La fiesta del año", no padres, sí alcohol, y en menos de un minuto ya tenía cerca de 100 "Me gusta".
—Sabía que tú eras el mejor. —La chica chocó su mano de la manera menos delicada posible y luego lo invitó a comer, para de una vez, ultimar detalles—. ¿Dónde conseguiremos alcohol?
—Tengo unos amigos en la universidad, ellos nos harían el favor de comprarlo, solo tenemos que darles el dinero. Espera, ya hablo con ellos. —El moreno comenzó a teclear en su celular, pero pronto descubrió la fija mirada de la chica sobre él—. ¿Qué pasa? Me pones nervioso.
—Tienes muchos amigos, pero solo te la pasas con tu Amargadito.
—Ya deja de llamarlo así.
—¿Ustedes tienen algo? —El moreno abrió ampliamente los ojos por la sorpresiva pregunta, luego rio nervioso.
—Claro que no, o sea, somos amigos desde antes de aprender a hablar.
—No sé cómo te lo aguantas, se nota que es un malcriado.
—Alejito es una buena persona, solo que no se la va con todo el mundo, si te dieras la oportunidad de conocerlo...
—No, gracias.
—Mis amigos universitarios dicen que ellos ponen la mitad del alcohol si los invitamos.
—¿Están buenos?
—¿Por qué me preguntas eso? —dijo él haciéndose el ofendido y la chica enarcó una ceja mirándole incrédula, entonces él renegó con la cabeza y sonrió. Que algunas personas dedujeran solo con verle que a él le gustaban los chicos le ponía de los nervios—. Son de primer año, y son deportistas.
—Diles que yo les reservaré una zona VIP.
Mientras Gustavo concretaba el alcohol, recibió un mensaje de Alejandro, luego otro, y otro, y otro, revisó su conversación y encontró cerca de diez mensajes que solo decían "Gustavo", así que respondió con un emoticón de una carita feliz, sin ignorar por mucho tiempo al chico que les estaba ofreciendo alcohol, pero Alejandro insistía al inscribirle.
—"¿Organizas una fiesta y olvidas invitarme?"
Gustavo respondió enseguida al mensaje de su mejor amigo. —"No olvidé invitarte, iba a decirte cuando te viese"
—¡Gustavo no me ignores por andar pendiente al celular! —reclamó la chica—. ¿Crees que necesitemos un DJ?
—No lo creo, ¡es vital un DJ!
—¿Dónde conseguiremos uno?
—¡Yo conozco uno! Ojalá esté disponible y nos cobre barato.
—Si todo sale bien, te bajaré una estrella.
—No te pongas romántica. —Gustavo pasó de los mensajes de Alejandro y comenzó a conversar con el DJ, un par de palabras, una confirmación y una nueva sonrisa se dibujaba en el rostro de la teñida.
—¡Eres genial! Creo que me estoy enamorando de ti.
—Solo eres una interesada. Cuando la fiesta acabe ni te acordarás de mí. —Su celular sonó, y sin perder la sonrisa, contestó la llamada, era Alejandro—. ¿Alejito?
—¿Dónde estás?
—En la cafetería, ¿tú dónde estás?
—Ya te vi —Alejandro le colgó sin decir nada más, y en un par de segundos se encontraba de pie junto a la mesa que compartía con Catalina, y ni siquiera le dedicó una mirada a la chica. Él estaba siendo grosero—. ¿Puedo saber por qué no respondes mis mensajes?
—Se dicen "Buenas" Alejito, más cuando hay una chica presente —dijo Gustavo a modo de regaño, y el rubio enarcó una ceja y bufó una molesta sonrisa, Gustavo volteó los ojos volviendo su mirada a su amiga. —Lo siento Catalina.
—¿También te vas a poner como mi padre? ¿Por qué pides disculpas en mi nombre?
—¡Porque me avergüenzas! —Gustavo fue duro y directo, tanto que hasta la chica se sorprendió, y sutilmente se despidió y apartó de ellos.
—¿Te avergüenzo?
—¿Cuándo te comportas así?, sí —Gustavo asintió—, me avergüenzas.
—Entonces ¿por qué andas de amigo con alguien que te avergüenza?
—Costumbre, tal vez. —Solo cuando vio resentimiento en los ojos de su rubio amigo, Gustavo comprendió que se estaba pasando con sus palabras, pero se sentía tan molesto, era algo que iba más allá de lo que hubo pasado recientemente, pero que tenía mucho que ver con lo que Alejandro estuvo haciendo antes de volver a él—. Alejito —Gustavo resopló agachando su rostro—, lo siento, no quise ser duro contigo —trató de tomar su brazo para invitarlo a sentarse con él, pero Alejandro se deshizo al instante de cualquier tipo de contacto.
—Anda —dijo Alejandro con severidad—, mejor ve a pedirle disculpas a tu amiguita.
Como nunca en su vida, Santiago se había despertado antes de que el reloj sonase, limpió superficialmente la casa, se duchó, vistió algo casual pero de buen ver y peinó cuidadosamente sus cabellos. Para cuando el timbre sonó, él salió disparado hasta la puerta, pero se tomó un respiro justo antes de abrirla.
—Veo que ya estás listo. —Y ahí estaba Fernando, hermoso como siempre, bien vestido y perfumado, perfectamente arreglado, y con un par de portacomidas en sus manos.
—Quería pedirte el favor de que me dejaras otra vez en el hospital. —Santiago hablaba con una sonrisa de idiota y no paraba de mirarle y sabía que se debía ver como un completo estúpido pero no era capaz de controlarse—. Si no es mucha molestia, claro.
—Sabes que no lo es —Fernando comenzó a retroceder lentamente—. Paso por ti antes de ocho.
—Muchas gracias por todo. —Santiago suspiró profundamente cuando estuvo dentro de su casa y con un gusto sin igual comió del desayuno que Fernando le preparó, y luego aseguró el almuerzo para calentarlo en la tarde. Todo sabía delicioso, todo, y lo mejor era que lo había preparado el mismo Fernando, para Santiago no había nada mejor que eso.
Sonriente, Santiago esperó que el castaño pasase por él y cuando este se detuvo frente a su casa volvió a emocionarse, pero sus ánimos cayeron al piso al ver a Alejandro ocupar el puesto del copiloto.
—Buenos días. —Santiago los saludó tímidamente tras subirse al auto.
—Buenos días Santi. —El moreno sufrió un ligero paro cardíaco al escuchar la forma amable con la que Alejandro se dirigía a él, pero al reconocer una traviesa sonrisa en sus labios, descubrió al instante que solo estaba siendo hipócrita. Estúpido mocoso.
—Buenos días Alejito. —Santiago le siguió el juego mostrando su más falsa sonrisa.
—Santiago —fue Fernando quien dijo su nombre—, Alejandro quiere decirte algo importante.
—Lo siento. —El moreno entreabrió sus labios mostrándose sorprendido, ¡Alejandro mentía! Y lo hacía descaradamente—. Siento haber sido grosero contigo.
—Tranquilo —ya no le era tan fácil forzar su sonrisa—. No hay problema con eso.
—Entonces papi, ¿cómo irás vestido a tu cita con Sara?
—Normal.
"Cita", con una mujer, y Santiago gastando su tiempo en verse lindo para él. Eso era triste, frustrante, tanto que el moreno se tornó cabizbajo y dirigió su atención a la ventana, tratando de mantenerse totalmente ajeno a la nueva conversación.
—Tienes que impresionarla, ella es toda una belleza y tiene tetas grandes.
—Alejandro cuida tus palabras —Fernando fue serio—. Aunque agradezco el dato.
—Es que a los hombres nos gustan las mujeres con tetas grandes, ¿o no Santi? —Alejandro le miró con malicia y Santiago sintió rozar sus límites. Sabía que esa particular conversación no era casualidad, sabía que Alejandro lo único que quería era joderle la existencia, sabía eso y muchas cosas más, pero ya no podía contenerse, guardar la compostura. Alejandro estaba a punto de hacerlo estallar.
—Sí —Santiago arrastró sus palabras—, a los hombres nos gustan las mujeres con tetas grandes.
—¿Podemos parar esta conversación aquí? —Fernando rio totalmente indiferente a lo que estaba pasando entre ellos, los estaba tratando como a dos mocosos—. Por cierto Alejito, trata de solucionar las cosas con Gustavo, por favor.
—No hables de él en mi presencia.
—¿Te peleaste con tu mejor amigo? —Santiago preguntó curioso, malicioso—. ¿Ni siquiera él puede aguantarte?
—Ese no es problema tuyo.
—¿Te duele que te diga la verdad en la cara? —Santiago estaba disfrutando poder desquitarse por lo menos una de las tantas que el rubio le había hecho—. ¿Sabes?, no lo culpo, seguramente tu amigo se cansó de ti, porque eres molesto, grosero y petulante.
Furioso, Alejandro giró su cuerpo para poder quedar cara a cara con él. —Prefiero ser todo eso y no un mariquita.
—Niños ya dejen de pelear, ha sido suficiente.
En ese punto Santiago no sabía que le molestaba más, que Alejandro le hubiese llamado "mariquita" delante de Fernando, o que este último le hubiese dicho "Niño", ¿¡Niño!? Santiago estaba tan ofendido que no volvió a abrir la boca en todo el camino, ni siquiera para agradecer y despedirse.
¿Niño?
¿Niño él?
Gruñendo de rabia, se encerró en su casa, ya eran cerca de las nueve de la noche y él no podía olvidar la matutina discusión, le llamó "Niño", como si él fuese un amiguito de Alejandro. ¡Él no era un niño maldita sea! ¡Él era un hombre!
Tirado en su cama, y a medio vestir, recordó también que ese hombre que le estaba empezando a gustar, tendría una cita con una mujer despampanante y de tetas grandes.
Vaya mierda en la que se había metido.
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Comments
Elizabeth Moreno
santi a Fernando le gustan las mujeres
2024-07-31
1
brizlianan
Si amigo, pero no puedes culpar a nadie, tu ya sabías que era hetero desde el principio, no es como que te hayan mentido 🤷🏻♀️
2023-07-28
7
brizlianan
Auch 💔 me recordó a Ao No Flag con Touma y Taichi
2023-07-28
1