Capítulo 20

La forma en la que dijo aquella frase hizo que sintiera miedo, parecía que por primera vez estaba descubriendo su verdadero ser. Estaba tan confundida con esta situación que lo único que deseaba eran respuestas.

Así que, miré a Nicolás por algún tiempo en el que él hacía lo mismo antes de hablar.

— ¿Qué está pasando? ¿Por qué me mantienes cautiva? ¿Qué fue lo que pasó entre mi madre y tú? ¿Cómo es eso de que estoy casada contigo? — cuestioné en un aluvión de preguntas, al ver que no tenía intención de responder grité — ¡Habla, por favor!

Nicolás me observó por algún momento antes de acercarse a mí, su expresión era indescriptible, así que, por reflejo me escabullí intentando mantener algo de distancia entre él y yo.

— ¿Me tienes miedo? — soltó con voz grave.

— ¿Acaso tú no harías lo mismo? — respondí mirando sus ojos que ahora solo me causaban escalofríos — Me tienes aquí encerrada, ¿acaso no debería tener miedo?

Él suspiró antes de sacar una llave del bolsillo de su pantalón.

— ¡Lo siento! — expresó — Creí que te podías hacer daño por eso te encadene.

— ¿Qué está pasando, Nicolás? — cuestioné confundida — ¿Por qué estás haciendo esto?

Él evitó mi mirada haciendo que frunza el ceño.

— Incluso si te digo la verdad no me creerías, así que caso tiene — soltó — Lo único que debes saber es que tú y yo estamos casados legalmente.

Luego de decir aquellas palabras se dispuso a soltar mi pie de las cadenas que lo tenían aprisionado.

— ¿Por qué no me explicas? ¡Y no soy tu esposa! — repliqué mientras me levantaba de su cama.

— ¿A dónde vas? — cuestionó cuando me vio girar el pomo de su puerta.

— A casa, no quiero estar aquí — dije con firmeza — ¿Acaso me planeas encerrar? — cuestioné viendo como se levantaba y se acercaba a mí.

De un momento a otro mi mano fue tomada por Nicolás mientras él me miraba con ojos profundos.

— No puedes irte, Georgina — mencionó con voz suave haciendo que sonría de manera fría ante sus palabras.

— No puedes detenerme — solté mientras me alejaba de él.

— Bueno, tú eliges — dijo acercando su cuerpo al mío haciendo que sintiera ese calor que había extrañado durante mucho tiempo — Por las buenas o por las malas, pero, te quedas aquí.

— Contigo todo es un maldito misterio, mira deja de comportarte como un lunático y déjame ir, ¿sabes que puedo acusarte de secuestro? — repliqué con ira — ¡Esto claramente es un secuestro!

— Tómalo como quieras, pero, solo estoy tratando de protegerte, así que aquí te quedas — soltó antes de abandonar aquella habitación dejándome envuelta en un mar de frustración.

Cuando él se fue intente salir de su habitación, pero, esta se encontraba cerrada con llave.

¡Maldita sea!

Sin tener nada más que hacer me dispuse a sentarme en la cama mientras intentaba averiguar los planes de Nicolás, al recordar aquella escena en la que fui atacada por mi propia madre me hizo sentirme fatal.

Ella hizo todo esto por el dinero, fue capaz de vender a su propia hija por el maldito dinero.

Y Nicolás...

¿Cómo pudo aceptar esto? ¿Por qué? ¿Estaba tan malditamente obsesionado conmigo para hacer lo que sea para tenerme a su merced?

Negué con la cabeza mientras me acostaba en la cama, me sentía tan cansada física y mentalmente que solo deseaba dormir. Así que lo hice, aunque luche durante mucho tiempo por mantener mis párpados abiertos, perdí la batalla en el intento.

Cuando desperté me encontraba siendo sostenida por alguien, con algo de pánico intenté liberarme del abrazo.

— ¿Estás despierta? — susurró Nicolás — No has comido nada, te traeré algo de comida.

— No te molestes, no comeré, lo único que quiero es que me dejes ir, ya jugaste demasiado conmigo para que lo sigas haciendo, ¿cierto? — cuestioné con voz monótona.

— Debes comer o te sentirás débil — mencionó tocando mi cabello — Solo come Georgina.

Aunque trato de engatusar mi mente como alguna especie de niño pequeño, me negué rotundamente, no quería caer en su juego y además debía recordarme a mi misma que no estaba aquí por voluntad.

— ¿Puedes soltarme?, me incomoda que pongas tus brazos alrededor — pedí.

— No quiero hacerlo, así como tú no quieres comer — comentó haciendo que mis dientes se aprieten ante su desfachatez.

Espere y espere por algún tiempo, pero, él seguía manteniendo sus brazos alrededor de mi cintura.

No tuve más opción que rendirme.

— Sí como puedes dejar de abrazarme — comenté con ira.

— Sí — prometió — Iré por la papilla.

Cuando Nicolás no estuvo en mi campo de visión me levanté de la cama hasta la puerta de su habitación la cual había dejado abierta, sin embargo, antes de que dé un paso afuera, Nicolás hizo su acto de aparición.

— Yo...

— ¡Eres tan astuta! — negó con la cabeza antes de guiar mi cuerpo hasta la cama de su habitación, aunque intente luchar contra él no pude vencerlo.

Él era demasiado fuerte.

— Bueno, al menos debo intentarlo — dije suspirando.

— Vamos, come — expresó Nicolás con voz cantarina mientras sostenía en sus manos una cucharada llena de papilla.

— Puedo hacerlo yo misma — alegué intentando quitarle la cuchara.

— Lo haré yo, piensa en esto como un castigo por tu osadía — dijo el hombre que me mantenía cautiva.

Si estuviera segura de que él no me atacaría si intentaba huir, hubiese luchado desde hace mucho tiempo, con todo lo que estaba haciendo Nicolás, ya no estaba segura de nada. Así que mejor era prevenir y buscar la mejor oportunidad para huir.

Cuando termine de ser alimentada unas fuertes náuseas me invadieron haciendo que corra al baño y bote todo lo que recién había comido.

— ¿Qué pasó? — cuestionó Nicolás con preocupación mientras sostenía mi cabello.

— No lo sé — respondí — De un momento a otro empecé a sentirme tan mal.

Cuando termine de vaciar mi estómago con la ayuda, aunque no deseada, de Nicolás me recoste sobre la cama mientras traía algunas compresas calientes y las colocaba sobre mi estómago.

— No me duele el estómago — protesté ante su extremo cuidado — Tal vez algo me cayó mal y por eso vomite.

Pero...

A la mañana siguiente luego de probar el desayuno tuve que correr al baño debido a las náuseas que me habían embargado.

— Llamaré a un médico, no es normal tu situación — enunció con preocupación.

— Creo que si me dejas ir mejoraré — señalé.

Nicolás ignoró mis palabras mientras hacía una llamada.

Cuando el médico llegó no pude evitar sentirme ansiosa debido a que él podía ser mi pase para salir de este lugar.

El hombre era una persona de edad media con una barriga protuberante, sin embargo, debido a su mirada amable me sentí con el valor para hablarle de mi situación cuando Nicolás salió de la habitación.

— ¡Ayúdeme, Doctor! ¡Estoy siendo retenida en contra de mi voluntad! — exclamé con nerviosismo.

— Señora Caruso, su esposo me habló de su condición mental y sus alucinaciones — señaló haciendo que abra los ojos debido a la incredulidad — Le haré un chequeo de manera rápida espero que coopere conmigo.

— Pero, realmente estoy siendo secuestrada — dije con los labios temblorosos.

— La esquizofrenia es algo grave — musitó mientras me miraba — ¿Hace cuánto tuvo su periodo, Sra. Caruso? — cuestionó haciendo que lo miré como una idiota al darme cuenta que desde hace mucho tiempo no había tenido mi periodo, que hasta la parte de esquizofrenia quedó en el olvidó.

Por favor, que no sea lo que esté pensando.

— Yo...

— Ha tenido náuseas, ¿Algún otro síntoma como cansancio, mareos...?

Ante sus preguntas asentí de manera rígida sintiendo que mi corazón latía de manera errática porque ya sabía el resaltado de mi diagnóstico.

Estaba embarazada.

— Sra. felicidades usted está embarazada, pero, para un diagnóstico más exacto le aconsejaría ir a hacerse un examen médico — dijo con una sonrisa que no podía compartir.

Sé que un hijo era una bendición y siempre había soñado con ser madre, pero, en este momento no podía ser feliz, no cuando su padre me había herido tanto y se comportaba como alguna especie de lunático.

Cuando entró Nicolás con una sonrisa de oreja a oreja no pude contener las ganas de herirlo así como él lo había hecho conmigo.

En este momento me daba cuenta de que realmente era la digna hija de mi madre, porque podía ser igual de hiriente que ella.

— ¿Por qué estás tan feliz? — cuestioné mirando su rostro — Lo más probable es que este hijo que llevo en mi vientre no es tuyo, ¿recuerdas? siempre nos cuidamos cuando tuvimos relaciones sexuales.

Al escuchar mis palabras el rostro de Nicolás se desencajo por completo.

— ¡Estás mintiendo! — susurró.

— ¡Oh, no lo hago! — proclamé con una sonrisa fría — Antes de ti tenía muchos novios.

— Pues no te creo — escupió con el rostro herido — Solo quieres desquitar conmigo tu frustración.

— ¡Oh, créelo querido! — dije mientras me levantaba y me enfrentaba a la tormenta que se desataba en su mirada.

Nicolás bajo la mirada como si ver mis ojos le doliera, negó con la cabeza antes de hablar.

— Ya sea que el niño que llevas en tu vientre sea mío o de otra persona, ahora eres mi esposa, Georgina — expresó con los dientes apretados — Te guste o no estaremos juntos hasta que la muerte nos separe.

Negué con la cabeza antes de reírme de mi misma de lo patética que era.

Después de todo, estaba haciendo lo mismo que mi madre le había hecho a mi padre.

Nicolas y yo estábamos hiriéndonos mutuamente.

— Eso lo veremos.

Después de descubrir que estaba embarazada Nicolás empezó a comportarse de una manera dulce, que a veces me hacía sentir culpable al mentirle, pero, luego recordaba que no debía sentirme culpable, eso era demasiado estúpido, después de todo estaba siendo retenida.

Aunque después de dos días en los que esta extraña relación que habíamos comenzado de nuevo, en donde una persona luchaba y la otra se resistía, llegó a un punto de inflexión.

— Georgina — mencionó Nicolás mientras me pasaba un bol con frutas el cual acepte de manera gustosa debido a que era lo unico que mi cuerpo no rechazaba.

— ¿Qué pasa? — cuestioné mientras comía.

— Te amo — enunció haciendo que casi me atore con la uva que había llevado a mi boca.

Nicolás me miraba fijamente como si realmente quisiera que creyera en sus palabras.

— No te creo — repliqué — Y si tu forma de amar es tan egoísta no la quiero, no quiero que me ames.

Al escuchar mis palabras Nicolás me mostró una expresión herida que hizo que mi corazón latiera de manera errática porque al ver su aspecto melancólico realmente quise creer que me amaba a mí, a Georgina, no a Emilia.

Realmente quería olvidar todo y solucionar lo que sea que teníamos. Pero, había demasiados obstáculos en este momento que tener una relación con Nicolás era demasiado exhaustivo porque siempre me iba a cuestionar sus intenciones, sus motivos , es decir, la confianza que anteriormente existía había desaparecido y todo se debía a sus acciones y decisiones que me volvían loca.

Después de todo él me tenía en cautiverio como alguna especie de pájaro, no me dio ninguna razón, ni excusa para justificar su forma de actuar, así que no importaba cuanto intentaba justificarlo mientras él no diga nada todo quedará solo en suposiciones.

— Quiero formar una familia contigo, Georgina — susurró con voz queda — Sé que mi forma de actuar ha sido nefasta y quizás mis razones te parezcan excusas por eso me he rendido, ya no quiero que explicarte nada, solo quiero comenzar de nuevo contigo, al menos dame esa oportunidad.

— ¿Aunque el bebé que tengo en el vientre no sea tuyo? — cuestioné.

— Aunque no sea mío, Georgina, lo amaré como si fuera mío — mencionó con voz grave mientras tomaba mi mano de una manera suave que se sentía como el toque de una flor — Eres lo que me mantiene cuerdo en este mundo, por eso no puedo renunciar a ti, para alguien como yo que nunca ha tenido nada, tenerte ha sido como un sueño y sé que por mi estupidez no te supe apreciar en su momento y me merezco sufrir y quedarme solo, pero, no puedo dejarte ir, no quiero hacerlo.

Sí...

Aunque sus palabras habían hecho que mi corazón se agite, no lo iba a perdonar, no ahora, quizás nunca, sin embargo, si aceptar su oferta sería mi pase para estar lejos de sus garras, la iba a tomar y ya veremos en el futuro que sucederá.

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Comments

Rodriguez Carvajal

Rodriguez Carvajal

A ver, yo creo que algo hizo la vieja bruja madre de G, como extorsionar, amenazar o encontró un punto débil de Nicolás, para actuar de esa manera, espero que sea por protegerla y que no cometa ningún error, por favor, que G se un poquito su brazo a torcer, solo un poquito Siiiii

2022-11-22

13

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Esoero que Georgina primero escuche lo que le tenga que decir para que tome una decisión

2024-11-15

1

Eva Doello

Eva Doello

pero el no puede retenerla asi. es muy egoísta

2025-04-01

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