Capítulo 3

Hay momentos en los que nos sentimos llenos de energía, como si pudiéramos comernos el mundo con nuestras manos, en este momento me sentía así.

La cena estaba a punto de iniciar, ya estábamos todos reunidos, mientras veía a las empleadas servir la comida no pude evitar sentirme un poco decepcionada debido a que Nicolás aún no hacía acto de presencia, aun cuando los padres de Max e incluso su desagradable hermano Ángelo se encontraba aquí, conversando de manera amena con mi madre la cual mantenía una sonrisa encantadora en su rostro mientras hablaba de extrañas anécdotas.

— Estoy feliz de que nuestros hijos luego de tantos años de noviazgo hayan decidido dar este gran paso — mencionó la señora Regina con una voz alegre — Además, de que mi hijo se va a casar con una chica tan buena y bella como Emilia — señaló antes de que sus ojos se dirijan hacia mi persona — Georgina luce hermosa esta noche — comentó la señora Regina con una voz suave — Nunca me había dado cuenta de que tienes un color de ojos encantadores.

— Sí — secundó Ángelo con una sonrisa ladina en su rostro que no me daba buena espina.

Aunque Ángelo y yo teníamos la misma edad nunca habíamos hablado debido a que él y yo no teníamos nada en común, además los malos rumores que lo acompañaban y su actitud hacía que no quisiera acercarme a él, a pesar de lo buen mozo que era con aquellos ojos de color oliva.

— ¡Muchas gracias! — agradecí un tanto incomoda por la atención no deseada.

— No importa lo bonita que sea, si al final sigue siendo una in...

— ¡Lidia! — refutó mi padre interrumpiendo sus palabras — Controla tu boca o harás que la cena sea incómoda.

— Muy bien — contestó mamá mientras le hablaba a la señora Regina sobre cómo andaba en busca de chicas de buena apariencia y buenos orígenes para que mi buen hermano mayor y futuro líder de la familia tenga citas a ciegas.

Miré a David el cual escuchaba las palabras de mi madre como si de él no se tratara, aunque era de su futuro del que estaban hablando.

No pude evitar suspirar con algo de melancolía, porque sabía muy bien que detrás de la expresión fría de mi hermano existía un hombre con muchos sueños que quedaron en el olvido debido a su cobardía por dejarse controlar como una marioneta.

David dejó de ser él y se convirtió en solo alguien que vivía para satisfacer el molde que le impuso nuestra madre.

Cuando estaba a punto de empezar a platicar con papá sobre cosas al azar, el timbre sonó haciendo que los nervios que anteriormente había controlado, de nuevo empiecen a hacer mella en mi ser.

Nicolás estaba aquí, él era el único invitado que faltaba.

Cerré los ojos tratando de mantener una expresión neutra en mi rostro, pero, no pude hacerlo debido a que cuando apareció detrás de la empleada con una caja de regalo y un smoking que se le pegaba como una segunda piel a cuerpo toda la cordura que pude reunir voló completamente por la ventana.

Él se veía tan sexy con aquel traje negro que combinaba perfectamente con el gris de sus ojos, su espalda ancha parecía confiable además de aquella sonrisa que despertaba un tornado dentro de mi corazón.

No pude evitar mirar su aspecto con fascinación, sinceramente había visto muchos hombres, pero, ninguno se puede comparar a él. Nicolás es sin duda alguna una especie de epítome de belleza.

— Bienvenido — comentó mi madre con una sonrisa más falsa que las de los anuncios de colgate mientras lo evalua con su fría mirada.

— Buenas noches, disculpen la tardanza, es solo que mi secretaria se olvidó de envolver el obsequió — señaló mientras mi mamá tomaba la caja.

— No debiste molestarte — comentó mi hermana con una sonrisa.

— No te preocupes, muchacho, recién íbamos a empezar a cenar — mencionó mi madre con una sonrisa un poco más real.

Nicolás tomó la mano de mi madre con elegancia hasta pasarla en sus labios, haciendo que un suspiro se me escape.

— ¡Gracias, por su comprensión! — exclamó antes de dirigir sus ojos hacia mi persona.

De repente sentí que todo el ruido del mundo desaparecía y me perdí en el color tormentoso de sus bellos orbes que me miraban de una manera que parecía que estuviera viendo mi alma, aunque no sabía como tomar su mirada, no pude decidir si eran buenas o malas noticias para este enamoramiento que siento por él.

— ¡Hombre, ven, siéntate! — exclamó Max con alegría, mientras le señalaba el lugar al frente mío.

— Entendido — contestó con una expresión indescriptible en su rostro.

Al lado de Nicolás se encontraban los padres de Max que desde que había llegado no le habían quitado los ojos de encima.

La cena comenzó de inmediato, los hombres empezaron a hablar de negocios, sobre nuevas inversiones y noticias de importancia. Mientras que nosotras empezamos a hablar sobre fiestas, celebridades y cosas al azar que sucedían en nuestro círculo social.

— Sí, Lidia como te decía, me entere que el senador va a desheredar a su hijo debido a las relaciones amorales que mantiene aun a su edad, dicen que se negó a cooperar en las citas a ciegas que trataban de imponerle y su padre se enfureció echándolo de la casa — comentó haciendo que deje de comer debido a que el hijo del senador es claramente mi mejor amigo Dan, aquel que me dijo hace solo un par de horas que estaba en la playa con unos amigos.

— ¿Lo echó? — cuestionamos al mismo tiempo David y yo.

No pude evitar mirar a mi hermano con extrañeza debido a que era extraño verlo inmiscuirse en estos asuntos desordenados debido a que su personalidad siempre ha sido del tipo introvertida.

La señora Regina asintió mientras mi madre suspiraba como si se sintiera mal por lo que estaba pasando, cuando claramente no lo estaba porque ella odiaba a Dan y odiaba mi amistad con él.

— Debió ponerle mano dura desde el principio— argumentó mi madre con ridiculez en su tono — Sí no que lo dejó hacer lo que quisiera, he aquí las consecuencias.

Mientras bebía mi copa de vino no pude evitar sentirme triste por mi amigo, sabía la razón por la que no me dijo nada de lo que le estaba pasando, todo se debía a su forma terca de ser, porque Dan era el tipo de persona que aunque se esté muriendo no pide ayuda.

Pronto abandonamos el comedor bajo la docena de halagos de los señores Rinaldi a nuestro cocinero y nos dirigimos hacia el salón principal en donde Emilia empezó a tocar el piano de manera armoniosa mientras los demás charlamos.

Al ver a mi madre bebiendo copa tras copa de vino supe que muy pronto habría un espectáculo, porque nada bueno salía cuando ella bebe de forma empedernida.

No pude evitar mirar a Nicolás quizás por enésima vez, aunque deseaba hablar con él y no sólo esperar a que nuestros ojos coincidan, decidí mantener mi distancia y esperar a que él lo haga para no verme tan desesperada, me mordí el labio mientras recuerdos dispersos de aquella noche invadían mi mente, ah, su torso desnudo, era un recuerdo recurrente en mi mente.

— ¿Qué te pasa, Georgina? — cuestionó mi hermana en voz baja cuando terminó de tocar el piano para darle lugar a David, el cual empezó a entonar una sonata de Bethowen — Tienes la cara roja ¿Acaso estás borracha? — preguntó.

Negué con la cabeza antes de volver a mirar a Nicolás con cautela.

— Tienes unos hijos tan encantadores, Julian — comentó el señor Walter, el papá de Max.

Mi papá solo sonrió mientras bebía.

— Estoy orgullosa de todos mis hijos, cada uno de ellos es un ganador en la vida, bueno, excepto Georgina, ella aún piensa en divertirse y no toma sus estudios en serio — comentó mi madre en voz alta.

Aquí vamos de nuevo, parecía que el postre era humillar a Georgina.

— Lidia, por favor — pidió mi padre, pero, al ver los ojos rojos de mi madre supe que ella no se detendría.

Me sentí un poco avergonzada debido a que Nicolás esta escuchando lo inútil que era, según mi madre, porque yo no me consideraba una inútil por perseguir mi sueño, más bien, sentía que era valiente por arriesgarme a lo incierto.

— Solo estoy conversando, Julian — sentenció antes de sonreír — Ella está empecinada en ser escritora, no abogada, no doctora, no ingeniera, ni nada por el estilo, la niña quiere escribir libros, ja, libros homoeróticos.

— Bueno...

La señora Regina no pudo continuar sus palabras debido a la interrupción de Nicolás.

— El mundo es un lugar tan vasto, en donde todos buscamos nuestra razón de ser — comentó Nicolás haciendo que lo miré, bueno, no solo yo, todos lo observamos esperando que continuará con sus palabras — Es normal seguir nuestros instintos y no encasillarse en estereotipos, es de valientes luchar por nuestros sueños, aunque el proceso sea difícil.

La sonrisa que se estampó en mi rostro no pudo ser más grande al escuchar sus palabras.

¡Ay, Dios! ¿Cómo no podía enamorarme de él?

— ¡Cállate, pobretón! — proclamó en voz alta mi madre haciendo que todo se vuelva silencioso.

La risa de Ángelo no pudo ser más obvia mientras miraba con condescendencia a Nicolás.

— Mamá, deja de beber — comentó Emilia con un rostro apenado mientras le quitaba una copa.

— ¡No estoy borracha! — gritó — Solo estoy hablando, es algo malo que diga lo que pienso sobre esa escuincla.

Mi padre negó con la cabeza antes de levantarse de la mesa.

— ¡Ella es tu hija! — señaló Emilia en un suspiro — Deja de tratar a Georgina como si no lo fuera. Cualquiera puede pensar que la encontraste en el basurero.

Mi madre solo se río a carcajadas mientras me miraba.

Érase una vez, pensé que era adoptada o que era la hija ilegítima de mi padre, hasta me había inventado una historia sobre mis orígenes porque creí que esa era la única razón viable para el desprecio de mi madre, pero, no era la respuesta correcta, porque tiempo después me hice una prueba de ADN con un mechón de su cabello dando como resultado un 99.99% de compatibilidad.

Yo era su hija verdadera carne de su sangre y ella mi madre.

— ¡Lo siento! — se disculpó mi padre — Ella cuando bebe se pone un poco loca, no tomen sus palabras en serio — comentó mientras trataba de alzar a mi madre la cual no cooperaba — Muchas gracias por venir, pero, creo que es hora de terminar esta hermosa velada.

— Gracias a ti y no te preocupes ahora somos una familia — comentó la señora Regina mientras se levantaba y se acercaba a mi madre — Adiós, querida.

— Adiós — susurró mi madre desde las brazos de mi padre que debido a la ayuda de mi hermano David pudo alzarla y ahora se dirigían hacia las escaleras.

— Los acompaño a la puerta — comentó Emilia mientras tomaba la mano de Max — Vamos.

Me despedí del señor Walter y de Ángelo.

— Espero verte de nuevo, Gina — dijo Ángelo con una sonrisa.

— Me llamó Georgina — corregí con el ceño fruncido mientras esperaba que se vaya ya para poder despedirme de Nicolás — No, Gina.

— Es de cariño.

— Pues no me gusta tu cariño.

Tras decir aquello se marchó no sin antes mirarme de una manera un tanto espeluznante.

Cuando Nicolás se acercó a mi lado, el ceño fruncido que tenía en mi rostro se deshizo mientras esperaba sus próximas palabras.

— Georgina — mencionó mi nombre con aquella

voz sensual que poseía.

— Nicolás — dije en un suspiro mientras sentía que mi corazón empezaba a latir de manera desordenada.

— Necesitamos hablar sobre lo que pasó — comentó con voz seria.

— ¿Te arrepientes? — cuestioné en un hilo de voz mientras observaba su expresión.

La luz en el salón hacía que sus ojos se vean brillantes y sus labios rojos. Al ver esos labios gruesos eran como una invitación a morderlos.

— No — musitó mientras me veía directamente a los ojos — ¿Y tú? ¿Lo lamentas?

— No — respondí con algo de incertidumbre — Lo único que lamento es no recordar todo lo que hicimos aquella noche, me gustaría conocerte, saber más de ti, quiero conocerte.

Nicolás puso un dedo sobre mis labios antes de deslizar aquel profano dedo por mi cuello de una manera seductora que hizo que apriete mis piernas y contenga la respiración debido a la expectativa.

— Empecemos desde el principio — comentó mientras depositaba una tarjeta en medio de mi pecho — Estaré esperando tu llamada.

Tras decir aquello se alejó dejándome confundida y echa un charco de lava.

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Comments

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Lidia se cree la última chupabas del mangl hojala alguien la baje de su podio

2024-11-14

0

esterlaveglia

esterlaveglia

al final tanto se da la madre de Georgina y no es más que una vieja borracha que no tiene dinero de gente para comportarse 🥴😵‍💫🤦‍♀️

2024-06-09

1

ana maria talbott

ana maria talbott

Esa señora tan exigente y con tan mal ejemplo el dinero no basta señora y ése Nicolás sólo busca quitar sus deseos... David, David tiene su sentimiento en Dan

2024-05-13

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