Al día siguiente, me encontraba sentada en la mesa de una cafetería, lejos de casa, en algún lugar cerca de la playa, enfrente de mí estaba Dan con una expresión algo decaída. No pude evitar extender mis brazos y abrazarlo de manera fugaz.
Daniel me había contado todo el rollo que sucedió con sus padres y como lo habían echado después de que él se negara a tener citas a ciegas... con chicas.
— Me estoy quedando con unos amigos hasta conseguir mi propio departamento — dijo — Es una mierda lo que me está pasando, pero, que se jodan por no aceptarme tal como soy — comentó antes de mirarme fijamente — Ya sabes, deberías hacer lo mismo y abandonar a tu familia.
Ante sus palabras solo suspiré.
— No es lo mismo — repliqué — Mi madre es la única persona en casa que se porta de forma despreciable.
— No te olvides de tu hermano mayor — comentó dando un sorbo a su taza de té — Siempre anda como si tuviera un palo en el culo.
— ¿Por qué estás diciendo tantas malas palabras? ¿Dónde están tus clases de etiquetas? Además David ha sido así siempre, su personalidad es un poco retorcida, pero, lo entiendo — cuestioné risueña.
Daniel negó con la cabeza mientras sacaba su celular y se acercaba a mí.
— Desde que decidí ser yo, además, te gusta cuando maldigo — mencionó antes de hacer una mueca extraña.
— No quiero fotos — protesté, no me gusta que me tomen fotos, sobre todo fotos familiares no he tenido buenas experiencias al respecto.
— No seas aguafiestas Georgina — replicó — Déjame mostrarle a mis estúpidos padres que alejarme de ellos fue lo mejor que me ha pasado.
Rodé los ojos antes de empezar a hacer muecas que consideraba graciosas, cuando creí que había terminado me tomó por sorpresa el beso que Dan estampó en mi mejilla.
— ¿Era necesario? — cuestioné haciendo un puchero.
— ¡Claro! — canturreo Dan con una sonrisa — Revisa la publicación y lo verás.
Entre confundida y curiosa me metí en las redes sociales y contemplé con gracia lo que había colocado Dan en el post.
"La libertad al lado de esta mujer se siente como un sueño del que no quiero despertar, buenos días, princesa"
— ¿Por qué escribiste eso? ¿No temes que tus conquistas lo malinterpreten y crean que pudiste enderezar tus caminos chuecos? — cuestioné con curiosidad mientras llevaba a mi boca un pastelillo en forma de luna.
— No te preocupes, en este momento, estoy soltero, así que eso es lo de menos, además está publicación es para el jodido senador — alegó con el ceño fruncido haciendo que negara con la cabeza porque realmente su boca se había vuelto muy sucia, sin embargo, entendía que esta era su forma de liberar sus sentimientos conflictivos.
— ¿Quieres que crea que tenemos algo? — cuestioné intrigada por sus pensamientos.
— No exactamente, quiero que se de cuenta que estoy feliz, disfrutando y no en una esquina lamiendo mis heridas — añadió — Además será divertido ver su reacción cuando vea las fotos porque él te odia — proclamó haciendo que lo vea con extrañeza debido a que el senador nunca había demostrado su odio hacia mi persona — Te odia porque cree que tú fuiste la que me llevó por este camino de perdición, según sus palabras, desde que nos vio leyendo esos cómics yaois a los quince.
No pude evitar reír porque en realidad, él fue el que me metió en ese oscuro mundo del que no pude salir y ahora hasta escribía historias.
— La vida apesta — murmuré tomando otro pastelillo en forma de luna.
— No creo que tanto — señaló — ¿Acaso piensas que soy idiota? Te vi, Georgina, te vi, en la fiesta de tu hermana Emilia con ese dios griego y no estaban exactamente hablando del clima.
Miré a Dan con sorpresa mientras sentía mis mejillas enrojecer de la vergüenza.
— ¡No es lo que piensas! — protesté haciendo que levantara una ceja — ¡Oh, bueno, sí es lo que piensas! Aunque no sé realmente que está sucediendo entre nosotros.
Suspiré antes de contarle a Dan todo lo que había pasado entre Nicolás y yo. Cuando termine él solo me miró como si me hubiera crecido un tercer ojo o algo así.
— ¿Así que perdiste tu tarjeta V con este sujeto que recién conociste? — cuestionó incrédulo, bueno entendía su incredulidad — Aunque no te culpo, sin embargo, es algo extraño en ti, muy extraño.
— El alcohol y las hormonas me controlaron, además, nunca he estado soñando con un príncipe encantador, o algún cuento de hadas de nunca jamás, solo se sintió correcto hacerlo con él — proclamé haciendo que Dan se ría.
— ¿Y, cómo fue? — cuestionó haciendo que lo miré confundida.
— ¿Qué cosa? — cuestioné intrigada.
— Tener sexo con él, duh — se burló mientras se llevaba una dona a sus labios rojos cereza.
— No te lo diré — anuncié con voz cantarina — Sin embargo, tengo una cita con él, está noche — mencioné con anhelo.
— Así que no fue algo de una sola noche, ¿eh? — sentenció con una sonrisa — ¿Nicolás Caruso? ¿Eh?
— Ojalá que sea para siempre — dije en un suspiro.
Cuando regrese a casa me escabullí rápidamente a mi habitación tratando de no toparme con nadie, por suerte mi plan funcionó perfectamente. Así que, me tumbe en la cama mientras recordaba como había llamado a Nicolás esta mañana. Al recordar su voz sentí unas ligeras mariposas en el estómago, no, más bien parecía un tornado.
Miré la hora en el celular mientras pensaba lo que me iba a poner, obviamente, debía ser algo sexy, muy sexy, pero, tampoco vulgar.
Como le había dicho a Dan, no estaba segura de lo que estaba pasando entre Nicolás y yo, pero, amaba estos sentimientos descontrolados que crecían en mi interior, además no era tan ingenua para creer que se había enamorado de mí, pero, tampoco quería negar que deseaba que lo hiciera.
Toda la tarde estuve buscando mi atuendo mientras chateaba con Dan de cosas al azar.
Cuando el reloj marcó las 6 salí de mi habitación.
— ¿A dónde vas? — cuestionó mi hermano mayor haciendo que pegara un pequeño salto debido a que pareció de la nada.
— David, voy a encontrarme con unos amigos — respondí evitando su mirada gélida.
— ¿Qué amigos? ¿Daniel Du Pont?— cuestionó en un aluvión.
— Sí — acepté aunque no me iba a reunir con Dan, pero, tampoco quería que mi hermano supiera que me iba a reunir con Nicolás.
Ante mi respuesta la expresión de mi hermano se volvió más fría de lo normal mientras bajaba la mirada a los papeles que se encontraba revisando haciendo que me pregunte la razón por la que no está dentro de su estudio, si no aquí afuera como si fuera alguna especie de guardián. Deje de prestarle atención mientras salía.
Al llegar al lugar acordado tomé tres respiraciones lentas tratando de calmarme aunque no me sirvieron de nada porque cuando entré al restaurante y vi a Nicolás ahí contuve mi aliento.
¡Diablos! ¡Él es tan sexy!
Lo miré por algún tiempo hasta que él se percató de mi presencia.
¡Oh, no!
Plasmé una sonrisa en mi rostro mientras me acercaba a él, trate de mover mi cabello como en los comerciales de champú, sin embargo, fallé en el intento.
— ¡Hola! — saludé con la voz entrecortada — ¿Esperaste demasiado?
Nicolás me miró por un momento con esos hermosos ojos que poseía que me atraía como un imán.
— No, recién acabo de llegar — contestó mientras me señalaba para que me siente, pronto un mesero se acercó a nosotros.
— ¿Qué desean ordenar? — cuestionó.
— Lazaña de pollo con champiñones — pedí sin ver el menú debido a que este era un restaurante que siempre visitaba con Dan.
— Lo mismo que ella, además, una botella de vino, por favor — pidió Nicolás con su voz aterciopelada.
Cuando el mesero se fue a preparar nuestros pedidos un silencio algo incómodo descendió entre nosotros, me moví con algo de nerviosismo mientras contemplaba su aspecto.
Ahora que me daba cuenta, al estar tan cerca de él pude notar que Nicolás tenía un aire distante alrededor, se veía culto y refinado, era como si no perteneciera a este mundo.
— Vas a seguir mirándome por siempre — mencionó mientras chequeaba su celular.
— No te estaba mirando — mentí descaradamente haciendo que un hoyuelo se marcara en su mejilla de manera fugaz.
Nicolás levantó la mirada y se mordió los labios de una manera sensual, antes de negar con la cabeza.
— Pequeña mentirosa — musitó en voz baja haciendo que mi cara arda.
De repente Nicolás agarró mi barbilla entre sus manos mientras me atraía hasta que sus labios estuvieron a milímetros de los míos. Cerré los ojos esperando, en realidad, no sé que esperaba, tal vez que me besé, sin embargo, aquel beso nunca llegó. Abrí los ojos con algo de cautela mientras enfrentaba a aquel par de orbes que ahora se veían brillantes, había un deseo dentro de ellos que quemaba, me estaba consumiendo, nos estaba consumiendo con cada aliento que intercambiamos.
— ¿Por qué no me besas? — cuestioné confundida.
Nicolás cerró los ojos por un momento, cuando los abrió de nuevo todas aquellas tormentosas emociones que había dentro de ellos desapareció.
— Parece que te gusta jugar con fuego y quemarte — comentó antes de alejarse de mí.
El mesero que había estado esperando quien sabe por cuanto tiempo colocó los platos en la mesa antes de alejarse tan rápido como si su trasero estuviera en llamas.
Bajo la luz de la vela noté como Nicolás se llevaba un bocado a su boca dejando algo de salsa en la comisura de sus labios la cual limpio con su lengua de una manera encantadora que me hizo sentir envidiosa.
— Bueno, siempre han dicho que soy el tipo de persona que le gusta ver arder el infierno — señalé mientras lo miraba.
— Quiero aclararte algo antes de que este enredo inicie — comentó con voz seria haciendo que lo miré confundida — Primero que nada, no esperes amor de mí — enunció mirando mis ojos con firmeza — Me gustas, me siento tentado por ti, pero, si quieres mantener lo que sea conmigo debes tener en claro que lo único que vas a encontrar en mí es diversión, así que si lo que buscas es amor solo corre porque no soy el indicado.
— Nunca espere un príncipe azul — respondí con las emociones en conflicto.
Nicolás Caruso me estaba dando dos opciones, pero, no quería elegir ninguna de las dos, al ver sus ojos grises llenos de una profundidad sin fin, supe que estaba perdida porque yo realmente quería esto, quería estar con él, pero, eso no significa que había aceptado sus reglas porque yo también tenía las mías.
Además, yo era el tipo de persona que no sé rendía ante una negativa, por algo aún mantenía la esperanza de que la relación frígida que tenía con mi madre mejore algún día.
Y como deseaba que él se enamore de mí, lo iba a conseguir, después de todo, la atracción era algo parecido al amor y él claramente se sentía atraído por mí.
Tal vez pensar eso fue mi error, porque una cosa era el deseo y otra el amor, fui tonta al pensar que con esfuerzo y dedicación iba a conseguir algo más que un corazón roto, debí haber aprendido la lección con mi madre, después de todo, a pesar de todos mis esfuerzos por complacerla nunca obtuve nada más que desprecio a cambio, definitivamente, no amor, nunca amor.
Miré a Nicolás con una sonrisa en mis labios tratando de transmitir que no me iba a ir, que quería lo que ofrecía, porque que me condene el cielo porque realmente deseaba arder en el infierno de placer que podía encontrar entre los brazos de Nicolás Caruso.
Desde ya mi respiración se aceleraba con cada latido de mi corazón.
Yo quería esto, pero también deseaba su amor.
— Tampoco me gusta compartir, tu tiempo es mío, tu cuerpo es solamente mío, así como mi cuerpo es tuyo — dijo con una voz llena de sensualidad antes de seguir comiendo.
Mi corazón aleteo ante sus palabras, no sabía realmente en lo que me estaba metiendo pero realmente me gustaba cada segundo que pasaba con Nicolás.
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Comments
Jesus Castro Montero
En que terminara todo esto que pasara con Georgina se llegara a enamorar Nicolas de ella ho solo sera sexo magnífica novela
2024-11-14
1
Lili
Con estos personajes, puede haber muuuchas sorpresas...
2025-02-09
0
esterlaveglia
creo que el hermano de Georgina patea para el otro bando y le gusta Dan ...y Nicholas está enamorado de la hermana 🤔... menudo follón 😵💫😳
2024-07-21
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