Durante dos días pasé en casa escribiendo, debido a las palabras de Emilia mi madre no volvió a decir nada perjudicial hacia mi persona, sin embargo, no podía sentirme tranquila debido a que había empezado a tratarme como si no existiera. A veces sinceramente no podía entender su comportamiento, ¿por qué me trataba así? Es verdad que no soy perfecta, pero, nadie lo es, ni siquiera Emilia.
— Mamá, invité a alguien a cenar espero que no te moleste, él es el socio de Max y también un amigo de la infancia — comentó Emilia haciendo que deje de escribir para observarla.
La única persona que se me vino a la mente fue Nicolás, no pude evitar sentirme emocionada, en estos dos días había estado tratando de olvidar todo el enredo que sucedió aquella noche, pero, me fue imposible.
El silencio en la sala se sintió eterno, mi madre que se encontraba bebiendo un té de limón dejó la taza suavemente antes de arreglar su cabello con algo de gracia.
— ¿Quién es este amigo? — cuestionó alzando las cejas con arrogancia.
Emilia se deslizó hacia ella y la abrazo de manera fugaz haciendo que la expresión rígida en su rostro se suavice.
La luz del sol iluminó por un momento el rostro de mi hermana haciendo que se viera radiante.
— Es Nicolás Caruso, no sé si lo recuerdas, pero, vino a nuestra casa cuando tenía 14 años — comentó con ligereza — Se fue del país y ahora está de regreso.
Mi mamá arrugó las cejas antes de lanzarme una mirada fulminante.
— Ahora lo recuerdo — mencionó en su voz se notaba el menosprecio hacia Nicolás — Es ese pobretón al que Georgina le echo agua cuando estaba jugando con esos chicos marginales.
Yo no recordaba eso.
Tampoco sabía a que se refería con chicos marginales. Pero, conociendo su personalidad llena de perjuicios, seguro que se refería a mis compañeros que eran de clase media, mi madre era alguien que se basaba en el estatus social para relacionarse con alguien, fuera de eso, también contemplaba el carácter moral, por esa razón nunca le gustó mi mejor amigo Dan, aunque él era alguien pudiente, sin embargo, debido a su orientación sexual lo excluyo tácitamente de nuestro círculo social.
— Sí — señaló Emilia — Es él, aunque no lo llames pobretón, ahora es el socio mayoritario de Max.
— ¿Socio? ¿Dejo de ser un don nadie? ¿Nicolás Caruso? — cuestionó en voz baja antes de abrir sus ojos de color azul de una manera que la hizo ver graciosa — Es ese hombre que causo revuelo hace unos meses debido a los avances en cuanto a tecnología que ha desarrollado en los últimos años.
Dejé de hacer lo que estaba haciendo para escuchar con claridad lo que mi madre dijo mientras anotaba en un lugar de mi mente la nueva información que había descubierto de Nicolás.
— Sí, es él — contestó mi hermana risueña — Hace poco volvió al país para montar una sede de su empresa, además de buscar nuevos proyectos de inversión.
— Está bien — sentenció mi madre con un brillo especial en sus ojos — Además esta cena es para celebrar tu compromiso con Max, tienes derecho a invitar a quien quieras.
Emilia solo sonrió antes de levantarse de manera encantadora, sus ojos azules tan parecidos a los de mi madre parpadearon con entusiasmo antes de mirarme.
— Puedes invitar a Dan si quieres, Georgina — mencionó haciendo que sonría, antes de que me niegue mi madre me interrumpió.
— Ni te atrevas, Georgina, ese joven tiene prohibida la entrada a nuestra casa — comentó arrugando el ceño — No quiere que alguien con relaciones tan desordenadas manche la reputación de nuestra familia.
— Pero, mamá dijiste que podía invitar a quien quiera — replicó Emilia.
— No a alguien tan degenerado como él — contestó haciendo que frunciera el ceño.
— No te preocupes Emilia, Dan está fuera de la ciudad — comenté con una sonrisa falsa — Sí me disculpan, me retiro — comenté mientras me levantaba.
Cuando salí de la habitación pude escuchar a mi hermana llamarme, pero, no miré detrás.
No lo hice porque sentí que ai lo hacía la máscara que había perfeccionado con el paso del tiempo se podía resquebrajar.
Antes de que suba a mi habitación, una empleada se acercó con algunas bolsas, causando que me sienta curiosa.
— ¿De quién es eso? — cuestioné dudosa.
— El maestro Rizzo está aquí — comentó con una sonrisa.
¡Mi papá!
— ¿Dónde está la niña de mis ojos? — cuestionó mi padre mientras entraba por la puerta — ¡Ahí está! — exclamó mientras se acercaba a mí.
— ¡Papá! ¡Te extrañé! — murmuré abrazándolo.
Mi papá sonrió de manera dulce mientras revisaba mi apariencia, yo hice lo mismo con él.
No pude evitar sentirme preocupada al ver como sus ojos cafés lucían algo cansados, además su postura se veía encorvada, parecía que el viaje de negocios no fue como esperaba.
— Mi solecito, te ves ojerosa, espero que en mi ausencia no te hayas trasnochado tanto escribiendo — mencionó con una sonrisa dulce.
— Para nada — comenté con voz cantarina — ¿Me trajiste algún regalo? — mencioné con expectación haciendo que mi padre riera.
— A mi pequeña siempre le...
— Julian — interrumpió mi madre con una sonrisa — ¿Cómo te fue? — cuestionó mientras se acercaba y lo besaba en los labios de manera fugaz.
Mi padre suspiro impotente mientras tomaba su mano, ambos se veían muy bien, lucían como protagonista de una película de mediana edad, solo cuando estaba mi padre presente la expresión solemne en el rostro de mi madre se volvía amena, solo un poco, solo cuando él estaba se comportaba como una madre para mí y no como la madrastra de cenicienta.
— Lidia, amor, después te cuento — comentó con un aire un tanto melancólico, sabía que no serían buenas noticias — Les compré algunos obsequios — señaló mientras Emilia se acercaba.
— ¡Papá! ¡Te extrañé! — exclamó mi hermana con una sonrisa mientras se acercaba a él y a mi madre y se daban un abrazo de tres haciendo que me sintiera un poco triste.
Después de aquella reunión, todos fuimos al salón en donde mi hermano David se encontraba leyendo algunas revistas de negocio en donde pude vislumbrar el rostro de Nicolás.
Yo necesitaba leer esa revista.
— Ven David — comentó mi padre — También traje algo para ti.
De pronto el salón se sintió animado, bueno, tal vez este era el don de mi padre; mantenernos unidos, porque cuando él estaba presente las peleas y las miradas llenas de reproche desaparecían casi por completo.
Él era como el puente que unía a nuestras familias.
— Está caja es para mi solecito — susurró mientras me daba una caja pequeña de color rojo.
— ¡Ábrela! — animo Emilia con voz sonriente.
— Está bien — respondí mientras abría la caja bajo la atenta mirada de todos, cuando la abrí no pude evitar sorprenderme, creo que todos lo hicieron.
— Es hermoso — susurró mi madre mientras contemplaba el diamante negro en forma de corazón que mi padre me había obsequiado.
— ¡Gracias, papá! — dije dándole un pulgar hacia arriba — Luce mágico — señalé mientras lo veía.
— ¿No es demasiado costoso? — cuestionó mi madre con voz dura.
— Un amigo que tiene una mina me lo obsequió en compensación, en cuanto a sí es mágico, no lo sé, pero John me contó que su abuelo le dijo que perteneció a dos amantes que estaban condenados a la tragedia — contestó mi padre haciendo que me sienta interesada por esa historia — En cuanto a si es costoso, no te preocupes, Lidia, no cuesta tanto, más es su esplendor.
Después de decir aquellas palabras procedió a darle sus respectivos regalos a los demás, a Emilia le dio algunas artesanías que compró, además de un collar en forma de media luna, a David le dio una corbata con colores extraños y a mamá le dio un collar de diamantes negros.
— Gracias papá — comentó Emilia con diversión debido al sapo de madera que había entre las artesanías.
— De nada, mi lunita — respondió sonriente haciendo que todo el malestar que había mostrado cuando llegó sea cosa del pasado.
— La usaré para la noche de brujas — señaló David mientras miraba la corbata en sus manos, no lo culpaba, parecía que mi papá la había sacado de algún estudio de arte debido a todos los colores dispersos que tenía.
Sin embargo, a pesar de que mi mamá recibió el mejor regalo de todos, no se mostró contenta, más bien sonrió sin siquiera decir nada.
— ¿No te gustó tu regalo? — cuestionó mi padre confundido.
— No es nada — señaló con una sonrisa un tanto fría — Me iré a preparar para esta noche — comentó antes de retirarse.
— ¡Lidia! ¡Espera! — exclamó mi padre mientras la perseguía.
Emilia me miró con una expresión un tanto triste mientras jugaba con sus artesanías.
— ¿Qué le habrá pasado? — cuestionó David mientras me miraba.
Claramente, él sabía lo que le pasaba, incluso Emilia.
— No lo sé — susurré mientras mantenía aquella caja de terciopelo en mis manos.
Aunque esa fue mi respuesta sabía muy bien lo que le pasaba al contemplar la caja en mi mano, mi madre estaba molesta debido a que recibí un regalo igual al de ella, estaba celosa del favoritismo que mostraba mi padre hacia mi persona, eso era lo que le pasaba y lo que le molestaba.
Me dirigí a mi habitación con miles de pensamientos en mente, en mi mano sostenía la revista con el rostro de Nicolás, pensar en él me hacía sentir feliz y el saber que hoy vendrá a cenar me mantiene flotando como si estuviera caminando sobre nubes. Pero, además de felicidad sentí un poco de incertidumbre debido a lo que había pasado entre los dos en la fiesta de cumpleaños de mi hermana, él me gustaba, me gustaba mucho, tal vez su apariencia fue lo que llamó mi atención en un principio, después de todo, nadie puede resistir las cosas bellas, pero, al escuchar un poco más sobre el tipo de persona en la que se había convertido hizo que me enamore un poco más de él.
¡Ah, Nicolás!
Toda la tarde me pasé buscando que ponerme porque deseaba verme esta noche, hermosa, deseaba sentirme poderosa, como si el fuego no pudiera quemarme o el hielo no pudiera congelarme, más que un vestido, estaba eligiendo mi armadura para enfrentar al hombre que me tenía enamorada.
El tiempo pasó volando y pronto llegó la noche mientras platicaba por celular con Dan sobre cosas azar, alguien tocó mi puerta. Miré el reloj en mi mesita de noche sintiéndome algo confundida.
— ¿Quién es? — cuestioné.
— Soy yo, Emilia — dijo mi hermana detrás de la puerta haciendo que me sienta curiosa.
— ¿Qué pasa? — cuestioné mientras la miraba quedando un poco sorprendida al ver su belleza etérea.
Emilia se había puesto un vestido celeste que combinaba de una manera encantadora con sus ojos azules para nada parecidos a los míos que se veían entre verdes o mieles dependiendo de mi humor, sin embargo, algunas personas dicen que eran de color hazel y se sienten envidiosos cuando los ven sin saber que el color de mis ojos era algo que odie alguna vez, porque en vez de sentirme única al contemplarme en un espejo me hacía sentir deprimida, pero eso ahora es cosa del pasado.
Al mirar los ojos de mi hermana tan parecidos al zafiro no pude evitar pensar en mí yo más joven, el que no se había rendido aún con el amor de su madre, la que pensaba que si sacaba buenas notas su madre la amaría, sin embargo, me di cuenta de que nada de lo que haga o dejé de hacer podrá satisfacerla porque siempre buscaba faltas en mí, siempre, nunca celebró mis éxitos como lo hacía con mi hermana más bien los hizo parecer como si fueran fracasos, en ese tiempo no pude evitar sentirme herida al pensar que yo era la culpable del desamor sin motivo de mi madre, pensé que como no tenía los ojos azules al igual que mi hermana Emilia por eso ella me odiaba, al menos eso creí, sin embargo, cuando empecé a utilizar lentes de contactos azules me di cuenta de que yo no era el problema, que no había nada malo en mí, que la que siempre estuvo en el error era ella, siempre fue ella.
Así que deje de intentar ser como mi hermana y decidí empezar a vivir mi vida a mi propia manera, prometiendo que a pesar de mis sentimientos heridos y mi deseo de amor no iba a dejar de ser yo misma, iba a vivir mi vida a mi propia manera.
— Solo quería darte este collar, hermanita — dijo Emilia mientras tomaba mi mano y me entregaba un collar en forma de estrellas — Lo compré hace algún tiempo, pero, no creo poder utilizarlo no es de mi estilo, no sé por qué lo compré, creo que lo hice pensando en ti — mencionó risueña.
— Gracias Emi, no debiste hacerlo, al final y al cabo yo soy la que debería darte un obsequio — comenté apenada.
— No es necesario, me basta con que sonrías — contestó antes de marcharse.
Al ver su delgada espalda no pude evitar suspirar mientras veía el collar en mi mano.
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Comments
Jesus Castro Montero
Pienso lo mismo que la lectora Bella Maldonado que Georgina mi es hija de Lidia muere de celos y veo que la odia por qué todo lo que hace Georgina nada le gusta solo su papá y su hermana la quieren excelente novela
2024-11-14
1
Bella Maldonado Beltran
pienso que ella no es su hija ,por eso la vieja la trata mal ,tambíen creo que nicolas está enamorado de emilia .veo que se pondra interesante .
2024-02-25
7
Rosi Martinez
menuda madre la suya, que parece no ser su hija, no será que ella es hija del padre pero la madre es otra 🤷 😡
2024-01-29
0