Capítulo 7

Hoy era el día del compromiso entre los Rizzo y los Rinaldi.

La fiesta sería en la casa de los Rinaldi, por ende, Dan podía ir sin recibir malas miradas ni malos comentarios de parte de mi madre, al menos así no me sentiría tan sola.

— ¿Cómo me veo? — cuestionó mi hermana con nerviosismo.

— Te ves hermosa — señalé con una sonrisa — No estés nerviosa — consolé.

Emilia en realidad es muy bonita, tiene una cara pequeña en forma de corazón, un largo cabello negro al que le gustaba trenzarlo, unos ojos azules parecidos al cielo y unos labios rojizos que parecían pedir un beso. Aunque ella y yo teníamos diferente color de ojos y algunas otras características que difieren, teníamos ciertos rasgos parecidos.

— Georgina, tengo algo que decirte — escupió mientras se acomodaba los tirantes de su vestido beige.

— ¿Qué sucede? — cuestioné intrigada.

Emilia suspiro antes de tomar mi mano de manera dulce.

— Estoy embarazada — dijo.

No fue una sorpresa para mí, porque ya lo presentí desde que anunció su boda en medio de la cena de manera apremiante, después de todo, ella y Max habían tenido un noviazgo de 7 años, así que podían esperar más tiempo para casarse porque ya habían esperado tanto.

— Ya lo sabía — respondí dándole un abrazo.

— En realidad, aún no quería casarme con Max, no tan pronto, pero, mi mamá me presiono cuando se enteró de mi estado — musitó en voz baja — Ya sabes como es de moralista y prejuiciosa.

Solo pude suspirar ante sus palabras.

Porque sabía que ella tenía razón.

— Vas a brillar esta noche hermana — mencioné con una sonrisa — Ahora pon un arco en esos labios y que nada apague tu brillo.

— Te amo, Georgina.

— Yo también, Emilia.

Yo amaba a mi hermana, realmente lo hacía, aunque gran parte de mi vida había estado viviendo bajo su luz no podía odiarla porque ella nunca hizo nada malo en contra de mí, más bien, ella era siempre la que había tratado de ayudarme, de defenderme y de amarme de manera incondicional.

No podía odiar a este ángel.

Después de aquel episodio, me terminé de arreglar, en mi mente había demasiados pensamientos difíciles de alcanzar.

Sin querer marqué el número de Nicolás.

— Hola — comentó con voz nasal.

— ¿Qué te pasa? — cuestioné preocupada — Escucho tu voz un poco apagada.

— Nada — respondió cortante.

De pronto escuché como alguien le decía si iba a beber más y algunos ruidos.

— ¿Dónde estás? — pregunté intrigada — ¿Estás bebiendo?

— No es de tu incumbencia — escupió dejándome anonadada — ¡Lo siento! — se disculpó — No he tenido un buen día, lo siento, Georgina — dijo.

— Está bien, te llamaré cuando te sientas mejor — musité antes de colgar.

Cuando baje las escaleras para encontrarme con mi hermana no pude evitar sentirme incómoda, me preocupaba la condición de Nicolás.

¿Qué le habrá pasado para que esté de mal humor?

¡Ah!

Siempre he sido alguien curiosa y en este momento la curiosidad me estaba matando.

Al llegar a la casa de los Rinaldi me sentí un poco impotente al ver a Dan charlando de manera amena con un montón de jóvenes, el chico realmente parecía una abeja reina.

— Lo siento, chicos, llego mi único amor — anunció antes de acercarse a mí.

— Hola — saludé animada mientras lo atraía a mis brazos — Luces fabuloso.

— Tú luces como una jodida reina — argumentó sonriente — ¿Dónde está el adonis con el que sales?

— Tenía algo más que hacer — contesté — Es un chico ocupado.

— Vamos a bailar, G — dijo arrastrándome a la pista de baile.

Esta vez la fiesta era más tranquila en comparación con la fiesta de cumpleaños de mi hermana, después de todo ahora también había adultos presentes.

— Tu madre me lanza dagas con la mirada — comentó Dan con sorna — Sé nota que aún no le agrado.

Miré en la dirección en donde se encontraba y solo negué con la cabeza.

— Es difícil saber si te las está lanzando a ti o a mí — dije mientras le daba un beso en la mejilla.

Luego de bailar durante mucho tiempo, pasamos a degustar el banquete.

Emilia se encontraba al lado de Max sonriendo de oreja a oreja, parecía que nada iba a arruinar su felicidad en este momento. Esperaba que así fuera ella era una buena chica que se merece todo lo bueno de este mundo.

— ¿Por qué la boda se celebra dentro de un mes? — cuestionó Dan mientras tomaba un trago de su copa.

— No lo sé — respondí — Supongo que quieren empezar rápidamente su vida de casados, ya han esperado durante 7 años — justifique tomando un sorbo de mi jugo de naranja.

— ¿Por qué no estás brindando como todos? — cuestionó jalando un mechón de mi cabello.

— El champán nunca ha sido mi favorito — comenté risueña.

Después de aquel momento en medio del salón Max empezó a declarar sus sentimientos por mi hermana haciendo que me sienta emocionada.

Yo también quería eso, quería enamorarme y que me amen tiernamente.

En realidad, dentro de mí existía una chica que anhelaba el amor, había una niña que deseaba encontrar a su señor perfecto y vivir felices por siempre como en los cuentos de hadas.

— Georgina — mencionó Dan haciendo que lo miré confundida.

— ¿Qué pasa?

— Mi padre está aquí — dijo sonriente — Él siempre ha rechazado estos eventos debido a la atención indeseada, así que no puedo evitar pensar que vino por mí.

— ¿Será que quiere reconciliarse? — cuestioné intrigada.

— Ojalá — musitó Dan — Pero, lo dudo mucho.

El senador se veía serio mientras caminaba y felicitaba a mi hermana, sus ojos empezaron a escudriñar, como si estuviera buscando algo, exactamente parecía que estaba buscando al joven vivaz que se encontraba a mi lado.

Cuando los ojos del senador se encontraron con nosotros, primero mostró un ceño fruncido antes de asentir de manera fría.

— Parece que se ha arrepentido — comenté con ligereza.

— ¿Tú crees? — cuestionó con voz profunda — Mi padre es la persona más prejuiciosa que existe, no, espera, me equivoco, tu mamá le gana.

— En eso tienes razón — accedí sonriente antes de robar un bizcocho.

Aunque robar era demasiado.

Daniel suspiró antes de sonreír, parecía que había tomado una resolución acerca de algo.

— Iré a ver que quiere — sentenció antes de alejarse.

Al ver sus pasos nerviosos solamente pude suspirar, esperaba que pueda hacer la pases con su padre porque sabía que al igual que yo, Dan amaba a su familia y había anhelado que lo acepten tal cual es desde siempre.

Ese era su mayor deseo y esperaba que se cumpliera.

De repente me entraron unas ganas de ir al baño, como anteriormente había visitado esta casa sabía donde estaba, así que subí las escaleras con la mente en blanco, sin embargo, en mi camino me encontré con Ángelo Rinaldi. Él me miró de una manera para nada amable, parecía que me guardaba rencor por lo que había sucedido en el pasado.

El pasillo se encontraba algo desierto, quise regresar por donde vine, pero, decidí no hacerlo, más fuerte fueron mis ganas de orinar que mi miedo, así que sin temor entre al baño, después de todo no pensé que aquel hombre iba a conspirar contra mí con tanta gente alrededor.

Pero…

Olvide que el tipo era un idiota, porque, cuando salí del baño una mano se posó en mis labios mientras me atraía hacia sus brazos.

Todo paso tan rápido que no tuve el tiempo suficiente de reaccionar y solo caí en cuenta de lo que estaba pasando cuando me encontré tirada encima de una cama.

— Bruto, ¿qué te pasa? — protesté mientras intentaba levantarme.

Ángelo se río a carcajadas haciendo que me diera cuenta de qué estaba borracho.

— Te haces la muy ingenua, pero, eres una perra igual que todas — exclamó empujando mi cuerpo encima de la cama — ¡Maldita!

¡Oh, cielos! ¡Esto no me podía estar pasando!

Ángelo se estaba comportando como un maldito lunático.

Tenía miedo, pero, no me dejé amedrentar, no podía hacerlo porque estaría completamente perdida si lo hacía.

No sé de dónde saqué el valor para luchar, pero, lo hice, tomé una lámpara que se encontraba al lado de su mesita de noche mientras él se me echaba encima, cuando menos lo espero lo golpee en la cabeza.

— ¡Auch! — exclamó mientras se llevaba una mano a la zona afectada.

Pero, no me quede para ver más, no podía hacerlo porque sabía que lo que debo hacer es correr por mi vida cuando me encuentre en este tipo de situación así que lo hice.

Corrí y corrí...

Aunque pensé que no me iba a seguir debido a su condición, además de las personas que se encontraban alrededor, él lo hizo, causándome terror.

— Espera no más que te tenga entre mis manos, maldita perra, me la vas a pagar — proclamó agarrando mi mano.

— ¡Aux...!

No pude seguir hablando debido a que colocó una de sus asquerosas manos sobre mi boca.

Miré alrededor frenética, pero, no había nadie que me salvará.

Estaba a unos pasos de llegar a la escalera, solo faltaba poco para hacerlo, así que como no podía mover ni más manos ni mis pies, lo mordí con todas mis fuerzas.

— Debí haberte drogado — escupió intentando tomar mi mano.

Pero...

La sacudí antes de que la pudiera tomar ocasionando que se cayera por las escaleras.

Todo sucedió como si estuviera en alguna especie de película de terror.

En un minuto él se encontraba a mi lado y al siguiente estaba tirado en el piso rodeado de sangre, demasiada sangre.

— ¡Lo mató! — exclamó alguien.

— ¡Un muerto! — gritó otra persona.

— No, no es así — susurré mientras veía como el joven que me había ocasionado una de las peores experiencias de mi vida empezaba a toser.

— ¡Ángelo! — exclamó Max mientras sostenida a una pálida Emilia.

— ¿Qué está pasando? — cuestionó mi hermana antes de desmayarse por un breve momento.

Aunque lamente verla así, sé que nasa de lo que estaba pasando es mi culpa, porque yo no pedí nada de esto, solo me estaba defendiendo, solo eso.

— Esa maldita loca me tiró por las escaleras solamente porque le di un beso — escupió aquel odioso hombre desde el suelo mientras lo atendían.

— No es así, él quiso abus...

— ¡Cállate, Georgina! — exclamo mi madre con histeria haciendo que la mire fijamente — ¡No mientas! — gritó rompiendo algo más que mi corazón.

— Es la verdad — susurré, pero, a nadie le importó.

De pronto llegó una ambulancia que se llevó a Ángelo, él cuál presentaba algunos huesos fracturados.

La fiesta se había arruinado por completo. La mayoría de los invitados ya se había marchado, solo quedaba la familia Rinaldi y mi familia.

Todos me veían con expresiones complejas, pero, parecía que nadie se iba a poner de mi lado, debí haberlo esperado.

— Él quiso abusar de mí — señalé con ira — Solo me defendí — justifiqué mientras veía a Emilia la cual esquivaba mi mirada haciendo que me diera cuenta de qué estaba sola.

Ellos parecían buitres dispuestos a comer mis huesos en cualquier momento.

— Te he dicho que no digas mentiras — escupió mi madre antes de abofetearme — Has arruinado por completo la fiesta de compromiso de tu hermana, eres una deshonra para nuestra familia.

— Hermana, tú si me crees — susurré mientras me llevaba una mano a mi mejilla herida, pero no recibí ninguna respuesta.

Me sequé las lágrimas que caían de mis ojos tratando de justificar la falta de emociones de mi hermana como parte de su asombro, porque lo estaba ¿cierto?

Ella me creía, ¿cierto?

— Discúlpate — ordenó mi madre haciendo que la vea con incredulidad.

¿Ella me estaba pidiendo que me disculpe? ¿Es en serio?

Yo fui la perjudicada, yo debería recibir una disculpa.

— Mi hijo es un buen niño, él no haría algo tan inescrupuloso — señaló la señora Rinaldi con lágrimas en los ojos.

— Debe haber algún error — argumentó Max — Algo has de haber entendido mal, Ángelo es juguetón...

— Yo sé lo que pasó y eso no era un juego — escupí con voz llorosa — No me voy a disculpar.

De repente sentí un escalofrío que recorrió mi piel, sentí como si estuviera sola en el mundo, luchando en una oscuridad sin fin en donde no existía luz alguna.

Me sentí impotente.

— Solo hazlo — susurró Emilia con voz queda haciendo que la mire con asombro.

Emilia había sido más que mi hermana mi amiga, ella era la persona que más me conocía y sabía muy bien que yo nunca mentiría con este tipo de cosas.

Yo me sentí morir al ver sus ojos en blanco.

Mi corazón se estaba partiendo, porque mi única aliada me estaba dejando a mi suerte.

Mi padre había salido de viaje junto a mi hermano, él no podía salvarme, nadie podía.

— No lo haré — dije sollozando.

— Sí no lo haces olvídate que tienes familia, Georgina — exclamó mi madre dándome un ultimátum.

¿Por qué hacían todo esto? ¿Por el maldito dinero estaban vendiendo su conciencia? Ja. Debí haberle esperado que entre el dinero o mi persona elegirían lo primero.

— Ella no podrá ser su familia, pero, es la mía — proclamó Dan entrando de la nada haciendo que solloce por sus palabras — No llores, G, aún me tienes a mí, yo te creo y nunca te abandonaré — susurró en mi oído antes de levantarme al estilo princesa.

— Sí sales por esa puerta olvídate de nosotros —amenazó mi madre haciendo que quisiera bajarme.

— No te dejes chantajear — suspiró Dan.

Negué con la cabeza haciendo que me baje.

Dan me miró imponente mientras esperaba mi decisión.

— Yo nunca me sentí parte de esta familia — proclamé antes de levantar la cabeza y caminar por mi misma hasta la salida.

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Comments

Maria Gonzalez Gonzalez

Maria Gonzalez Gonzalez

Georgina se fuerte, tu puedes y no te dejes pisotear por esa familia que no te cree....una violación nunca se justificara y esa familia está dispuesta a entregarte en charola de plata por la ambición.🤬😡🤬😡

2025-02-26

0

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Me duele lo que le esta pasando a Georgina tener una madre tan malvada y una hermana que por no perder al novio crucifica a su hermanagrandiosa novela

2024-11-14

1

Carina Moreno

Carina Moreno

que asco de basuras son esas familias 🤮que hubiera pasado si la violaba?seguro dirían que ella lo provocó 😡

2025-01-22

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