Capítulo 12

Me sentía ridícula mientras sostenía en mis brazos a aquel hombre corpulento que ahora se encontraba llorando como un bebé. Y me daba cuenta de que él no estaba llorando por mí, él estaba llorando por mi hermana, Emilia.

Aunque quería pensar que esa tal Emilia era una persona al azar y no mi hermana, no pude hacerlo, me aleje de Nicolás con el rostro empañado de lágrimas haciendo que él se derrumbe de nuevo en el sofá, aunque deseaba despertarlo y pedirle un sin fin de explicaciones, no lo hice, no pude hacerlo, mi corazón se sentía morir, yo sentía que estaba muriendo.

— ¡Esto no me puede estar pasando! — pero, al ver el medallón que se encontraba tirado en el piso supe que todo esto era cierto, que todo lo que me estaba pasando era una innegable verdad.

El hombre que amaba, no me amaba, ja, él estaba enamorado de mi hermana.

¿Cuán risible era todo este asunto?

Recogí el medallón del suelo con las manos temblorosas, lo abrí con la esperanza de lo que cuidaba con tanto esmero sea la fotografía de algún familiar, pero, lo que me encontré fue una foto de mi hermana Emilia cuando esta tenía solo 14 o 15 años.

Así que ha estado enamorado de ella durante todo este tiempo, por eso me dijo que no me podía dar amor, era porque todas esas emociones eran para Emilia.

Sin soportar más el peso de la realidad, me deslicé sobre el suelo, todo esto era demasiado para asimilar.

No sé cuánto tiempo pasó porque todo se había vuelto irrelevante para mí, pero, cuando me levanté había tomado una decisión.

Con las emociones desbordantes empaque todas mis cosas, todo lo que me había pertenecido durante un mes, aunque por dentro me sentía destruida decidí no llorar, aunque era algo difícil contuve las lágrimas mientras dejaba que el frío calara mis huesos. Cuando termine de empacar mis cosas, decidí escribir una nota, esta fue mi despedida para él.

"Dijiste que cuando yo quiera, sea lo que sea que tengamos podía terminar. He decidido hacerlo, no quiero seguir enamorada de una mentira".

Luego de escribir aquello me rompí en un mar de lágrimas, no sé cómo conduje, pero, de un momento a otro estaba en mi casa.

Aún la fiesta se mantenía en pleno auge, había sonrisas y gritos de alegría. Me escabullí silenciosamente hasta mi habitación, mi refugio mientras rememore todos los momentos que había vivido junto a Nicolás, fue entonces que pude notar las señales de sus sentimientos no correspondidos hacia mi hermana Emilia.

Las miradas llenas de interés, su comportamiento huraño cuando fue la fiesta de compromiso, su evasión los días previos a la boda, realmente fui una ilusa al pensar que él estaba empezando a quererme, claramente él me lo había advertido, pero, pensé que podía derribar las paredes que rodeaban su corazón y hacerlo mío, fui realmente arrogante y estúpida, muy estúpida.

Pero...

Al menos pudo decirme que tenía a alguien más en su corazón, debió crear algún límite entre nosotros para que no cayera de manera estrepitosa.

¡Ah!

— ¿Por qué ella? ¿Por qué ella? — susurré para mi misma mientras recordaba todas las veces que había sido echada de lado debido a mi hermana Emilia.

De repente la puerta de mi habitación se abrió de manera rápida haciendo que no tuviera tiempo de limpiar las lágrimas rebeldes que caían de mis ojos.

Alce la mirada y la vi.

Emilia.

Ahí estaba ella parada en medio de la puerta con una sonrisa en sus labios que poco a poco se fue desdibujando debido a la expresión que mantenía en mi rostro.

— ¿Qué te pasa, Georgina? — cuestionó con curiosidad mientras se acercaba a mí — Estuve tocando tu puerta durante mucho tiempo, pero, no contestaste.

— Nada — respondí mientras miraba su aspecto y me preguntaba qué parte de mí estaba mal para que tanto mi madre como Nicolás no correspondan a mis sentimientos.

— Dime, ¿Ángelo se volvió a meter contigo? — cuestionó alterada.

— No — susurré — No es nada.

Emilia se quedó a mi lado durante un tiempo antes de rendirse y salir de la habitación. Tiempo después llegó mi madre.

¡Oh, no!

— Tú hermana salió de aquí con una expresión indescriptible — musitó — ¿Qué le dijiste que la importunó?

— Nada — respondí dándole una mirada de soslayo.

— Nada no creo que sea la palabra, al ver tu aspecto creo que te llevaste una decepción amorosa — sentenció mientras se acercaba a mi lado.

Con cada paso que daba mi corazón saltaba, algo me decía que sea lo que sea que iba a decir no me iba a gustar. Porque mi madre cada vez que hablaba conmigo mataba mi autoestima, no, ella no hablaba conmigo, ella me menosprecia y humilla como si esa fuera su razón de vivir.

— ¿Quizás el pobretón ya se cansó de ti, así como lo hizo con tu hermana en su momento? — preguntó con un aire lleno de burla.

— ¿Qué? — cuestioné con asombro.

— ¿Por qué me miras así? — cuestionó mientras deslizaba su mano por mi cabello — ¿Acaso no te dijo que antes salió con Emilia, pero, que de un momento a otro desapareció como si nunca hubiera existido? Al ver tu rostro lleno de estupefacción puedo ver que no lo hizo, déjame decirte Georgina, que sea lo que sea que tengas con ese tipo no va a durar, si ni siquiera lucho por tu hermana que es perfecta, ¿qué te hace pensar que lo hará por ti, una don nadie? Así que bájate de esa nube y pon tus pies en la tierra o seguirás estando a la sombra de tu hermana toda tu vida.

— Tienes razón — susurré mientras trataba de asimilar lo que me había dicho — No puedo seguir así, siendo mangoneada por todos, dejando que me humillen y me utilicen a su antojo, al menos, una vez en mi vida debo hacer valer mis sentimientos — dije mientras me levantaba de la cama y me dirigía hacia la puerta.

— ¿A dónde vas Georgina? — preguntó mi madre.

— ¡Georgina! — exclamó Emilia que se encontraba detrás de la puerta.

Aunque quise detener mis palabras no pude hacerlo. No quise desquitar mi frustración con ella, pero, lo hice, ya había aguantado demasiado, durante mucho tiempo lo hice y traté de no dejar salir ese lado egoísta y terrible que ocultaba en mi interior, sin embargo, en este momento salió.

Yo estaba herida, demasiado herida que deseaba que las personas que me rodeaban sea miserables junto a mí.

— ¡Me voy! — proclamé — Ya estoy cansada de que todos me comparen contigo, la chica perfecta, pues déjenme decirles que no lo soy, yo soy yo, Georgina, ¿es acaso mucho pedir que me vean a mí? — susurré con lágrimas en los ojos, lágrimas de impotencia — Estoy cansada de vivir bajo tu luz, haciendo lo posible para que me miren por mí, no por ser tu hermana, sabes... durante mucho tiempo he tratado de que me miren, pero, ¿por qué no me miran?, ¿por qué? — negué con la cabeza antes de soltar algo que me arrepentí de decir desde el primer momento que aquella frase salió de mis labios — Estoy tan malditamente cansada de ser tu hermana.

— ¡Georgina! — exclamó mi hermana, sin embargo, no le di tiempo a hablar porque yo ya estaba saliendo de aquella casa para no regresar jamás.

Aunque me sentía fatal por haberle gritado a Emilia la cual no tenía culpa alguna de lo me estaba pasando, no quería regresar, no ahora.

Conduje hasta la casa de la única persona que jamás me daría la espalda, Dan, cuando llegue el cielo aún se encontraba oscuro, estacione el auto, pero, no baje, porque necesitaba un tiempo a solas, además de que no deseaba despertarlo en este momento, ya mañana sería otro día, ya mañana vería la vida con otra mirada, al menos, esperaba que todas las emociones turbulentas que se gestaban dentro de mí se calmen.

Al recordar el rostro triste de Emilia y la cara de suficiencia de mi madre sentí unas inmensas ganas de golpear algo, no debí desahogar mi frustración con Emilia, ella más que mi hermana era mi amiga y aliada.

"¡Lo siento, espero no haber arruinado tu fiesta!"

Le envié un mensaje, sin embargo, por más que espere y espere no me llegó ninguna respuesta, pensé que estaba dormida así que lo dejé de lado, esperando que sea comprensiva y perdone mi arrebato emocional.

Cuando el sol empezó mandar sus rayos solares, salí del auto, sin embargo, antes de que pudiera comunicarme con Dan, vi algo que me sorprendió de una manera que no podía explicar.

Así que el hombre con el que estaba manteniendo una relación mi amigo Dan era nada más que mi hermano David.

¡Oh Dios Mío!

Como alguna clase de acosadora observé todo el intercambio que realizaban, desde la mirada dulce en los ojos de David hasta el beso algo imprudente que le dio Dan.

Me di un pequeño pellizco pensando que estaba soñando, pero, no fue así, yo estaba despierta y él que estaba devorando los labios de mi hermano David era Dan, mi frígido hermano mayor, el chico perfecto que ahora me daba cuenta de que no era tan perfecto.

Solo cuando David se fue salí de mi pequeño escondite sintiendo que había llegado a una realidad paralela o algo por el estilo.

Al pensar en lo que vi hace un momento no pude evitar pensar en la reacción dramática que tendría mi madre. Negué con la cabeza, ella no lo podía descubrir o sería el fin para mi hermano.

Toque la puerta de Dan por inercia.

— ¿Qué te olvidaste esta vez? — cuestionó, cuando vio que era yo mostró una expresión confundida — ¡Oh, G! ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está el adonis ese?

Solo cuando escuché su última pregunta recordé con frustración el drama que era mi vida. Sin querer me eché en los brazos de Dan mientras lloraba y olvidaba por un instante el descubrimiento que había hecho sobre la persona con la que estaba manteniendo una relación.

— ¡Dan! — susurré.

— ¿Qué te pasó, pequeña? — cuestionó mientras me ayudaba a entrar a su pequeño departamento en donde le platique todo lo que había pasado entre Nicolás y yo.

No deje ningún detalle fuera, desde el primer encuentro hasta ese maldito momento con el medallón en forma de corazón que guardaba la foto de su antiguo amor.

Con cada palabra que salía de mis labios sentí que estaba volviendo a vivir cada uno de esos momentos.

— Así como lo describes hasta yo podría confundir sus intenciones — susurró — Es un malnacido por tratarte como un remplazo de Emilia, no, malnacido es poco para alguien como él, este Nicolás es un completo canalla. Aunque él te dijo que no esperes amor de él es demasiado espeluznante que haya mantenido una relación contigo cuando siempre ha estado en su corazón tu hermana. Lo mejor que pudiste hacer fue cortar, no te preocupes ya aparecerá alguien más.

No podía sentirme consolada por sus palabras.

— Me arrepiento de haber desquitado mis emociones con Emilia — comenté mientras bebía un poco del té de manzanilla que Dan me había preparado durante nuestra conversación.

— Eres humana, G, y las palabras que te dijo tu madre sacaron tus frustraciones a flote, no debes sentirte mal por decir lo que sientes, deberías sentirte liberada porque al fin pudiste desahogar esas emociones negativas que apesadumbran tu alma — sentenció dándome una palmada en la mano — Debes saber que has estado reteniendo aquellas emociones durante mucho tiempo, fingir que no te importa que te comparen no era la solución, debías decirlo, debías hacerlo y te apuesto lo que sea que Emilia no está enojada contigo, solo se ha de sentir triste al saber todo el daño que las palabras de la prejuiciosa de tu madre han ocasionado en ti.

Bueno...

Al escuchar sus razones me sentí un poco mejor, aunque tenía mi corazón roto y quizás me tomaría demasiado tiempo repararlo pude percibir que este era el inicio de otro capitulo de mi vida, poco sabía que solo era el inicio de mi historia de desamor.

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Comments

Maria Gonzalez Gonzalez

Maria Gonzalez Gonzalez

jajajaja yo lo pensé por un momento pero no creí capaz a la autora de plasmarlo así y lo hizo, jajajaja jajajaja.

2025-02-26

0

Lili

Lili

Es compleja pero me gusta, porque a pesar de todos los entuertos, esta bien escrita...

2025-02-09

0

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Que malvada es la madre de Georgina hojala esa vieja se pudra en el fango por desgraciada

2024-11-14

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