Le pedí a Dan que me acompañé a casa, no porque iba a suplicar clemencia o a dar mi brazo a torcer, iba a ir porque había algunas cosas que necesitaba recuperar como; mi laptop que era mi medio de supervivencia.
Aunque Dan se mostró algo renuente decidió en última instancia acompañarme.
Cuando llegué, me sentí deprimida mientras veía la entrada rodeada de estatuas esculpidas en mármol blanco que la hacían ver como alguna mansión victoriana.
— Estamos aquí — comentó Dan con un dejó triste — Aún sigo pensando que es una mala idea.
— Solo voy a recoger mis cosas, no creo que no me permitan hacerlo — dije mientras me bajaba de su auto.
— Lo que digas, aunque deberías hacerme caso, después de todo, yo también fui echado de casa y déjame decirte que no es nada bonito, ellos te presionan con cualquier cosa con tal de lograr sus objetivos — argumentó con seriedad.
— Es mejor, si me doy cuenta por mi misma — alegue mientras me acercaba al guardia de seguridad que se encontraba en la entrada de la mansión.
Contemplé por un segundo el cielo que se encontraba rojizo antes de suspirar como si llevara el peso del mundo en mis hombros.
— Buenas noches — saludé.
— Señorita Georgina — mencionó el guardia con un aspecto nervioso.
Él era un hombre alto de tez trigueña con un aspecto algo fornido.
— ¿Por qué no has abierto la reja, Manuel? — cuestioné tratando de ser optimista.
Pero...
Ante mi pregunta el rostro del guardia se volvió rojo por completo, desde ya sabía que sea lo que sea que salga de su boca no me iba a gustar.
— ¡Lo siento! — se disculpó — La señora ordenó que no la deje pasar hasta que acepte disculparse de manera pública con la familia Rinaldi. Además, se le informa que todas sus cosas, ya sean joyas, ropa y electrodomésticos no serán devueltos hasta que recapacite.
— ¿Qué? ¡Esto debe ser una maldita pesadilla! — proclamé con ira — Ella no puede hacerme esto — negué mientras trataba de entrar para ser detenida por el guardia.
— Lo siento, señorita, pero, no puedo dejarla pasar, la señora fue muy estricta al respecto — se justificó cabizbajo — ¡Lo siento!
Dan tomó mi mano en señal de apoyo.
— Vamos, G — dijo mientras me alejaba — No hay nada que hacer.
— ¡Esto es demasiado! — exclamé — ¡No es justo!
— La vida no es justa señorita — replicó el guardia mientras me daba una mirada amable — Debería pensar mejor lo que le conviene.
Ante sus palabras solté un bufido lleno de ira antes de girar sobre mis talones y dejar más que mis cosas atrás. Me subí al automóvil con el corazón destrozado, por primera vez me sentí tan fuera de mí, sentí como si mi mundo se volviera a blanco y negro, sin ningún matiz de color, era como si toda mi existencia hubiese perdido sentido, era como si mi corazón se sintiera destruido.
— No llores, G — susurró Dan desde el asiento del conductor.
— No estoy llorando — protesté con voz nasal, aunque sabía que era una mentira, yo estaba destruida.
— Está bien, no lo estás haciendo — dijo tratando de consolarme mientras seguía manejando.
La oscuridad había descendido como una señal o algún preludio de desdicha eterna, no había estrellas, no había nada en el cielo, ni nubes, ni luna solo una negrura espesa.
Cuando llegamos a la residencia en donde se encontraba viviendo Dan, no pude evitar suspirar.
— Vamos — enunció Dan antes de bajar del auto.
Esto no me duele.
Esto no me duele.
Esto no me duele.
Esa frase me la seguía repitiendo en la mente como alguna especie de mantra.
Luego de entrar en el pequeño departamento de Dan, me eché en el sofá mientras observaba como Dan buscaba algo de helado y algunas películas.
— ¿Qué haces? — cuestioné intrigada al verlo encender el televisor.
— Sí vamos a sufrir por algo, preferiblemente que sea por una película — comentó risueño.
En la pantalla del televisor, la película ya se estaba reproduciendo.
— "Un paseo para recordar" — dije haciendo un puchero.
— ¿Acaso no te gusta? — cuestionó dándome un tazón de helado de chocolate.
— No es eso — señalé risueña — Es solo que me gusta mucho y desde ya, siento que mis ojos están llorosos al pensar en el final.
Dan negó con la cabeza antes de sentarse en el sofá, pronto la pequeña, pero, acogedora habitación cayó en un silencio sepulcral en donde el único sonido era el de Landon y Jamie siendo ellos mismos, además de mis suaves sollozos al rememorar su final.
A la mañana siguiente me sentí renovada, hasta el cielo lleno de nubes oscuras lo vi un poco más azul, era como si ningún problema me pudiera tocar, toda esta magia de buen optimismo se debía realmente a la noche deprimente que pase juntó a Dan, ese chico después de que terminó la película; "Un paseo para recordar", colocó la película "El niño de la pijama a rayas" y cuando esta finalizó iniciamos una maratón completa de películas corta venas, cada una más tristes que la anterior.
No sé si solo son especulaciones mías, aunque no lo creo, pero, cabe recalcar que con cada película que vi, me di cuenta de las intenciones de Dan, era como si quisiera que me diera cuenta de que no soy la única que sufre y que otros lo tienen peor, bueno si esa era su intención, tuvo éxito porque al ver tanta tragedia sentí que mi vida no estaba tan mal, al menos estaba viva, poseía salud y amigos que me querían.
— ¿Cuándo viene ese chico por ti? — preguntó mi mejor amigo desde la cocina.
— Creí que no te gustaba la idea de que me vaya a vivir con él tan rápido — dije con una sonrisa.
— Bueno — contestó alargando la o al final de su respuesta, clara señal de que algo estaba pasando — Está noche viene alguien importante para mí — señaló con un brillo especial en sus ojos — Por eso preguntaba para ver si aún seguía en pie tu ida con el adonis y si no es así, G, te puedo abrir una habitación en un hotel, solo por esta noche.
Dan me miró apenado mientras colocaba unos pancakes encima de la pequeña mesa de vidrio junto con un vaso de jugo de naranja.
Tomé el vaso entre mis manos mientras le daba un sorbo.
Ese alguien supongo que ha de ser la persona con la que está saliendo, je.
— Estoy muy agradecida contigo por creer en mí, y por darme refugio cuando todos me han dado la espalda — dije risueña — Nick dijo que vendría hoy en la tarde, así que no te preocupes mi Dan.
— Ya sabes, G, mi casa es tu casa y serás bienvenida cuando quieras — añadió mientras me abrazaba — Tú eres mi prioridad.
— Gracias, Dan — dije con un dejó de tristeza.
La tarde llegó demasiado pronto, en la mañana, salí a comprar algunas cosas básicas como; ropa, cosméticos, una laptop de segunda mano, todo esto gracias a la amabilidad de Dan, él me dio dinero debido a que no deseaba que deje que otros, con esto se refería a Nick, me pisoteen debido a mi situación económica.
Él realmente era un ángel, mi ángel.
Cuando llegó Nicolás, sentí mi corazón enloquecer, me sentí insegura por un momento, había una voz dentro de mí que me decía que me tomé todo con calma, pero, había otra voz que me susurraba que solo viva el momento sin arrepentimiento, debí escuchar a la primera, pero, no lo hice, así que recogí mi maleta con una sonrisa de oreja a oreja mientras me encontraba con el hombre que ocupaba la mitad de mis pensamientos.
El auto de Nicolás era de un color plateado tan parecido al color de sus ojos. Nick se encontraba de espalda hablando por su celular, espere hasta que termine de hablar antes de abrazar su espalda.
— Sí, lo sé — habló con una voz amable — No te preocupes, el proyecto saldrá bien, adiós, después seguimos hablando — dijo antes de mirarme con una expresión indescriptible antes de sonreír de una manera encantadora.
— Estás aquí — susurré con algo de nerviosismo.
— Lo estoy — respondió mientras depositaba un beso en mi frente — Vamos a casa.
Al escucharlo decir aquella frase mi corazón aleteo de una manera dulce.
— Sí, vamos a casa — secundé.
Yo que había perdido mi casa, mi familia y todo, ahora tenía un hogar, solo esperaba que este sea duradero y no se destruya como los castillos de arena en el denso mar de la desconfianza y la intranquilidad.
El camino de trayecto fue ameno, Nicolás me platicaba de su día, sobre algunos problemas que había presentado el proyecto que estaba llevando a cabo con los Rinaldi, por lo que entendí los permisos de operación estaban siendo detenidos, por ende, el proyecto estaba congelado, aunque él era el máximo inversor, no tendría tantas perdidas si este no podía ejecutarse, sin embargo, la familia Rinaldi estaría en un serio problema, puede que su compañía de construcción vaya a la quiebra.
— Pero, ¿por qué no les dan los permisos? — cuestioné intrigada.
— Hay rumores de que el terreno en donde se hará el centro comercial tiene vestigios culturales, además hay rumores de fraude — contestó — Dentro de un mes sabremos si es verdad aquello, aunque esperemos que no.
Asentí ante sus palabras debido a que si ese rumor era cierto, no solo los Rinaldi estarían perdidos, sino mi familia también.
Cuando llegamos a su departamento me sentí algo adormilada, había estado tan atareada caminando por las densas calles llenas de locales comerciales, buscando la mejor manera de no gastar el dinero que me había dado Dan.
— ¿Y las cosas con tu familia como van? — cuestionó Nick mientras abría la puerta de su departamento — ¿Aún te están dando la ley del hielo?
— Sí — respondí — Hasta que mi padre no regrese de su viaje de negocios no puedo hacer nada más que esperar.
— Seguro, que se solucionara hasta eso siéntete como en casa — musitó mientras me atraía a sus brazos — Todo estará bien ya lo verás.
Al estar rodeada de sus fuertes brazos me sentí segura, era como si ningún mal me podría dañar, esa era la magia que hacía en mí, Nicolás.
Había algo en él que me daba paz, era adictivo al igual que su belleza salida de otro mundo.
Antes de darme cuenta me encontré besando sus labios de manera dulce, como si solo quisiera sentir sus labios sobre los míos, su sabor, su calor, su pasión.
Tuve que alejarme de su lado debido al gruñido de mi estómago.
¡Qué vergüenza!
Nick sonrió antes de tocar mi cabeza con indulgencia.
— Vamos a llenar esa boca con algo más que besos — dijo haciendo que lo miré mal debido a lo sucio que sonó su comentario — Me refiero a comida — señaló con una sonrisa de lado.
— Estoy famélica — comenté con ligereza.
— Por esta noche tendrás que conformarte con pizza — dijo.
— No me importa, podría comer hasta basura del hambre que tengo — repliqué mientras lo veía dirigirse hacia la cocina.
Suspiré con cansancio mientras me sentaba en el sofá de cuero, las altas paredes de color beige junto con las macetas que mantenía alrededor me hacían sentir a gusto, demasiado para empezar. Cerré los ojos por un segundo mientras recordaba sin querer lo que había pasado esa noche, sin duda alguna había quedado traumada, el rostro lleno de ira de Ángelo me persigue como alguna especie de fantasma del que no me puedo deshacer, el susto que tuve no era algo que iba a olvidar fácilmente, no podía hacerlo aunque quisiera.
De un momento a otro sentí como si el aire me faltará, mis manos se sentían sudorosas y mi corazón empezó a latir de una manera caótica para nada agradable, yo realmente sentí que estaba muriendo.
Yo iba a morir en este momento...
— Georgina — escuché como alguien me llamaba pero no podía responder, no podía hacerlo — Vamos, inhala y exhala suavemente — dijo mientras sostenía mis manos — Estás teniendo un ataque de pánico.
— Nick, mi corazón, Nick — dije en un murmullo mientras trataba de calmarme.
— Respira, Georgina, solo respira — dijo con preocupación.
Después de algunos minutos pude calmarme.
— Bebe — ordenó Nick mientras me daba un vaso con agua.
Le agradecí con la mirada mientras bebía.
— Solo abrázame — dije cuando terminé de beber — Abrázame.
Nick me dio una mirada llena de compasión antes de hacerlo.
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Updated 29 Episodes
Comments
Jesus Castro Montero
Estoy bien atrapada con esta historia gracias escritora pir deleitarnos con tan bella novela
2024-11-14
1
esterlaveglia
vamos y seguimos.... me tiene atrapada la historia
2024-07-21
0
Elisa Patico
ufffff ambas películas re tristes
2024-01-19
3