El corazón de un cuervo

...CUARTA PARTE...

... ...

...I...

 

 

¿Y en dónde yace la misericordia de los dioses que desde el cielo observan, bajando las miradas, hacía un mundo corrompido y fragmentado? ¿Dónde se encuentra su benevolencia hacia aquellos que hincan sus rostros contra el suelo y con lágrimas en los ojos suplican por justicia y clemencia?

Como estatuas sin vida solo contemplan, mudos y enceguecidos, incapaces de tender su mano hacía el suplicante o levantar la espada contra el tirano. Solo su rueda sigue girando sin detenerse hasta el fin de los tiempos, lenta e inexorable, como una muerte anunciada. Y unos pocos se alzarán victoriosos benditos con la gloria sin importar lo ennegrecido de sus corazones mientras otros caerán aplastados por el peso de un mundo en su contra. 

Tragedia y comedia.

Y una dama es destronada y rechazada por los suyos y el cielo le dio la espalda para alzar a otra en su lugar. Gloria y flores a la nueva luna del imperio.

 

^^^“¡Bendita seas hija mía!”^^^

 

Todo era tan injusto.

“¿Por qué hace tanto frio?” ―pensó Jocasta sintiendo la helada sensación del viento gélido en su piel. Como una caricia glacial que le recordó a la frialdad de una espada contra la carne. Intentó moverse más su cuerpo no lograba ejecutar sus deseos, se asustó y presurosa abrió los ojos más no pudo ver nada más allá de sus propia nariz ―. “¿Por qué todo se encuentra tan oscuro?”

Dolor, eso fue lo que sintió, y pronto la calma se transformó en desesperación. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo? ¿Dónde estaban su padre y su madre? Quiso gritar, pero su voz apenas y podía brotar de su garganta, quiso desesperadamente incorporarse, pero el dolor sufrido solo le permitió mover algunos dedos y fue así que sintió el heno viejo y la dura y fría piedra de una celda. Todo era tan real y al mismo tiempo parecía formar parte de una pesadilla y su corazón se agito con fuerza mientras intentaba no caer en la desesperación aun cuando un temblor incontrolable empezó a dominar su cuerpo y la estremecedora sensación de miedo estuviese recorriéndole con la misma semejanza que una serpiente a su funesta víctima.

“No, No puede ser … ¡NO ES VERDAD!”

La joven dama creyó que se trataba de una especie de broma ¿Cómo era posible que se encontrase en aquel lugar? El dios zorro le había otorgado una segunda oportunidad, los engranajes del tiempo habían vuelto hacía atrás ¿¡Porque entonces había retornado al día de su ejecución!? Como caballos salvajes algo retumbo con fuerza en su interior y fue embargada por una mezcla de sentimientos y sensaciones que luchaban entre sí para imperar en ella; miedo, angustia y confusión.

La necesidad de sobrevivir la hizo reunir las fuerzas necesarias para incorporarse aun cuando el dolor de los azotes en su espalda fuese infernal, su ropa se encontraba con restos de su sangre y suciedad del lugar, sus uñas, al igual que el estado actual de su cuerpo, se hallaban descuidadas y rotas por arañar las paredes en un intento por hacer el dolor un poco más soportable. Dolor y miedo, sangre y rabia, una vez más Jocasta experimentaría el sufrimiento y la humillación de morir enfrente de sus enemigos.

Un chillido metálico es percibido y la emperatriz caída intenta averiguar quién se atrevió a ingresar a su celda. Al verla de nuevo la ira en su corazón volvió a arder con la misma intensidad de la primera vez, era aquella perra que le había arrebatado su vida y no conforme con eso ahora venía a regocijarse con su desgracia y a burlarse.

“― Hermana” ―dijo Irisella con una esplendorosa sonrisa decorando su bonito rostro, no obstante, ya no era inocencia lo que Jocasta veía, en su lugar, era la sonrisa de una hiena que está a punto de liquidar a su presa y hacerse de la gloria solo para ella.

Eso es lo que siempre fue Irisella para su familia, un lobo disfrazado en piel de oveja que en su interior maldecía la existencia de las dos mujeres que le habían brindado la mano y anhelando   fervientemente poder destruirlas y recuperar todo lo que ella creía le había sido arrebatado. Nada de lo que Jocasta hiciese lograría evitar su destino, ¿Quién podría contra el ángel del imperio? Una emperatriz corrupta nunca podría, una villana acusada con injusticia a quienes todos despreciaban y escupían renegando ahora de su existencia.

“―Tú… ―escupió la emperatriz con asco al solo verla. Cara a cara, ambas mujeres se encontraron, era tal y como Jocasta lo recordaba y eso posiblemente sea lo más aterrador y al mismo tiempo doloroso, ya que ella sabía lo que sucedería a continuación, lo supo al volver a ver el rostro hipócrita de Irisella.

Y entonces …

“― He traído un regalo para ti, querida hermana” ―la ahora nueva emperatriz mostró con orgullo y una sonrisa de triunfo la cabeza de Dione cercenada y desfigurada por el dolor sufrido en sus segundos finales de vida “―. Supuse que desearías verla, ya que pronto has de reunirte con ella.

A diferencia del grito y el llanto desgarrador de la primera vez, Jocasta contuvo su furia y le dirigió una mirada de odio puro y jurando en su corazón que no le daría la satisfacción de verla romperse una vez más. Aun cuando por dentro quisiese llorar al ver a su madre nuevamente reducida a eso, aun cuando la herida en su pecho hubiese sido abierta y el recuerdo traumático una vez más resurgió para torturarla. Jocasta calló y cerró los ojos evitando de esa forma seguir viéndola, si continuaba haciéndolo entonces sucumbiría al dolor y gritaría con furia maldiciendo el nombre de Irisella una vez más. 

“― ¿No vas a mirar?” ―el tono dulce de Irisella cambio drásticamente a uno burlón, su sonrisa se ensanchó y en sus ojos había vestigios de demencia y alegría salvaje “―. Ven y mira Jocasta, ¡Contempla el rostro de tu madre muerta!”

Pero la emperatriz no lo hizo y en su lugar sus puños se apretaron con fuerza y sus uñas rasgaron el suelo de piedra dejando huella de su furia y sufrimiento. Irisella podría verla en aquel estado tan demacrado y de completo abandono, podría burlarse de su apariencia si quisiese Jocasta no respondería, no obstante, a diferencia de la primera vez, no le volvería a dar la satisfacción de verla estallando de rabia y lágrimas, aun cuando quería hacer precisamente eso, Irisella nunca tendría esa satisfacción.

“― Yo, voy a matarte…” ―fue lo que dijo mientras sentía algo tibio bajar por sus mejillas, una vez más las lágrimas traidoras le habían fallado, una vez más el impacto de tener a su madre en aquel estado era demasiado fuerte como para contenerse ―. “Voy a tomar mi venganza, ¡Te mataré!”

Escuchó una risa y entonces unos fríos dedos la obligaron a levanta el rostro y al abrir los ojos vio a Irisella con aquella sonrisa de triunfo y satisfacción ¿Cómo era que había logrado ingresar a la celda?

“― No importa cuántas veces retornes al principio el resultado será el mismo” ―y aquellas palabras de Irisella hicieron que su sangre se helara y que su rostro se tornase más pálido de lo que ya estaba.

“Imposible…” ―pensó ella intentando no caer en la desesperación, aunque ya era muy tarde para eso porque lo estaba y a su vez se moría de miedo y una vez más sintió el aliento de la muerte rondando cerca a ella y reclamando la vida de la mujer que había logrado burlarla.

“―No te saldrás con la tuya…” ―dijo Jocasta intentando apartar su rostro de Irisella, pero esta última apretaba su mentón con más fuerza enterrando sus uñas en su piel.

“―Yo ya lo hice… ¡Yo ya he ganado! Nada de lo que hagas, nada de lo que intentes funcionara, todo lo tuyo es mío incluso tu vida que ahora yace en mis manos. Tomaré tu vida cuantas veces sea necesario, regresa el tiempo hacia atrás ¡Al final he de vencerte!”

Y fue entonces que Jocasta vio con horror cómo el rostro de Irisella empezó a transformarse ante sus propios ojos, sus facciones se volvieron más toscas y su pequeño y menudo cuerpo empezó a tomar altura, su negra melena fue remplazada por una cabellera rojiza una cabellera que se asemejaba al fuego del averno y que Jocasta reconocía perfectamente al igual que lo hacía con ese hombre ¿Cómo olvidarse de él con tanta facilidad? ¿Cómo olvidar la miserable vida que paso al lado suyo?, al fin de cuentas fue él mismo quien se encargó de firmar y sellar su sentencia de muerte y al volver a verlo Jocasta se reencontró con sus ojos fríos y asesinos que la veían como si tuviese deseos de terminar con su vida. Ojos inyectados de sangre y desprecio para con ella y su familia.

Sus peores temores se tornaron realidad.

Quiso decir algo, quiso gritar y a su vez escupirle a la cara, pero su cuerpo no reacciono, el miedo había logrado paralizarla y en su lugar solo lo observaba con terror. Al verlo Jocasta recordó sus días como emperatriz portando la corona que le había costado tantas lágrimas. Garra yacía a su lado, pero en su rostro solo existía desprecio para ella.

“¿Por qué no me ama?” pensaba Jocasta anhelando tan solo una vez ver ojos cariñosos en su esposo, pero no existía ningún gesto cariñoso en su esposo para con ella y cada vez que Carles la atrapaba observándolo la entonces emperatriz apartaba la mirada avergonzada mientras se preguntaba que pensamientos mantenía a su esposo tan concentrado. Ahora Jocasta podía ser capaz de responder eso. Él no hacía otra cosa que idear en un plan para desasearse de ella. En su mente el recuerdo de aquella noche en la que Carles la tomo prisionera retorno a ella como una última visión, el rostro frío y duro de su entonces esposo quien jamás en su vida tuvo un gesto de cariño hacia ella se quedó tan arraigado en su memoria. 

“―Ca-Carles” ―su voz salió a duras penas como un grito ahogado y en sus ojos solo existía el terror de volverlo a ver.

“―Puedes correr, pero no ocultarte querida” ―su mirada era aún más demencial que la de la propia Irisella hacía un instante atrás “―. Incluso si te escondes bajo la tierra, removeré montañas solo para dar contigo ―su gran mano poco a poco descendió hasta llegar a su cuello y fue entonces que ejerció la fuerza necesaria para cortarle la respiración.

Jocasta lucho por su vida, araño sus manos intentando librarse de aquel agarre, pero era como luchar dentro del agua, sus movimientos eran lentos y pesados. Todo resultaba ser en vano y una vez más ella sintió que moriría.

“Despierta” ―se dijo a sí misma dándose cuenta que todo aquello no podría ser más que una pesadilla ―. “Abre tus ojos”

Todo se volvió oscuro a su al redor y su visión se volvió nublosa. Solo el rostro de Carles permaneció y justo cuando sintió su vida esfumarse una fuerte luz la encegueció súbitamente y cuando sintió que su cuello se vio libre de aquel fuerte agarre Jocasta cayó al suelo como si algo o alguien la hubiese arrojado con brusquedad.

“¿Y ahora qué es lo que está ocurriendo?” ―pensó ella con desesperación intentando saber que era lo que estaba ocurriendo y que clase de pesadilla era esa.  No tardó en darse cuenta de que ya no se encontraba en aquella celda y en su lugar se vio en otro escenario que, para su desgracia, también le resultaba muy familiar.

Los fríos grilletes sujetaban sus muñecas tan fuertemente que las manos se le entumecen haciendo que sea sumamente doloroso, atrás quedaron los días en donde era conocida como la dama del imperio a la que todas anhelaban aspirar, una digna portadora del apellido Asteria y de la corona de emperatriz  ¿Quién la viese ahora?, su cuerpo está cubierto de una sucia tela raída cuya única finalidad era la de cubrir su desnudes, sus uñas estaban rotas y sucias a causa de arañar la pared al momento de recibir los latigazos previos a la ejecución.  Su largo cabello de oro ha sido cortado para facilitar al verdugo la tarea de cortarle la cabeza.

Un funesto día que quedaría marcado en Jocasta incluso más allá de su existencia, así como el viento frío de los inicios del invierno tocan su piel desnuda y dañada y las voces de aquellos que habían asistido a su ejecución para verla por última vez.

Sus ojos temblorosos se dirigen hacia el atrio principal donde se encuentra aquel quien hacía días atrás fue su esposo El emperador, el hombre que no tuvo escrúpulo alguno en usar dulces palabras falsas de cariño para obtener de ella el apoyo necesario para asegurar la corona, aquel que ante la estatua de la diosa dio por juramento su promesa de mantenerse a su lado y protegerla. Ahora otra era quien se encontraba a su lado ocupando el lugar que originalmente era de Jocasta, aquella niña tan amada por todos que supo desplazarla como un artefacto roto e inservible.

 

^^^“Yo ya no creo en dios”^^^

 

Incluso si no era más que un sueño era tan doloroso de contemplar, el emperador la observa con esos ojos fríos y burlones tan característicos en él que a Jocasta le parecieron como los de un demonio que disfrutaba de ver la desgracia de la emperatriz caída. Tan solo un estorbo, y las esperanzas que se permitió albergar se desvanecieron como si todo hubiese sido una especie de ensueño, una fugaz ilusión que jamás se vería realizada. Toda su vida tan solo anhelo la libertad que se le fue arrebatada, aquellas que se les fue otorgada a muchos desde el momento de su nacimiento más para un noble la libertad no era más que una utópica visión que los consuela en los momentos de desespero. Todo lo hizo por el imperio el mismo que ahora la condenaba.

 

 

^^^“Alabados sean los dioses que observa el sufrimiento desde lo más alto” ^^^

 

 

Ese es el final para ella, su vida transcurrió tan fugaz como una efímera y a su muerte su nombre sería aborrecido y escupido por todos aquellos nobles que antes la apoyaron y que ahora renegarían de su existencia llamándola “villana”. Y mientras ella escuchaba la multitud enardecida pedir por su pronta muerte su tembloroso corazón intenta dominarse y no permitir que la humillación pública a la que estaba siendo sometida lograse alterarla pese a que se encontraba en sus momentos finales. “Una verdadera dama se mantiene imperturbable”, así pues, era como debía de comportarse hasta el final puesto que era lo único que sabía hacer, obedecer como una buena dama, morir con elegancia.

 

 

^^^“¿Quién me recordará cuando deje este mundo? ¿Quién llorará mi muerte cuando mi cuerpo caiga desfallecido? ¿Quién pedirá por mi alma?” ^^^

 

 

Los abucheos no se hicieron esperar lanzando miles de insultos hacia ella y deplorándola. Pese a encontrarse en los momentos finales le dedico una mirada de odio hacia el que había sido su esposo por los últimos 5 años. Nadie de la corte lloraría por la emperatriz caída ni tan siquiera aquellos que juraron su lealtad, solo el pueblo lloraría por su madre, solo sus rezos clamarían piedad por ella, y serian ellos al final quienes sufrirían las consecuencias de las acciones egoístas de quienes debían de protegerlos. que lleno mi cabeza de ilusiones y esperanzas.

“—Maldita perra” —escupió Carles mirándola con desprecio mientras protegía con su cuerpo a una afectada Irisella cuyos aperlados se deshacían en lágrimas, la dama quien ahora vestía de pies a cabeza como si ya hubiese sido coronada como emperatriz buscó la protección de aquel hombre que había prometido salvaguardarla.

 

^^^“¿De qué lloraba esa mujer? Toda mi vida fue usurpada por ella” ^^^

 

“—Cariño” —dice Irisella con voz suave abrazando a su amante el emperador y buscando consuelo, tiembla de pavor tan solo al ver a Jocasta como si aún representase un peligro para ella.”

Y ya es el momento, su cuerpo se estremece y ella puedo sentirlo. Con ayuda del verdugo su cabeza es acomodada en el tronco de los condenados, todavía conserva restos de sangre de muchos otros antes que ella, puedo sentir sus suplicios y el miedo a la muerte.  La multitud guarda silencio mientras el largo cuello es depositado con suavidad. Los recuerdos de los sucesos que la llevaron hacia ese punto la invadieron sin que pueda hacer algo para evitarlo. Una niña solitaria nacida para ocupar el lugar de emperatriz, un esposo distante que solo la utilizo para afianzarse en el trono y una hermanastra tan hermosa y gentil que tomo todo el amor para sí misma.

Dolor, tristeza e ira es lo único que siente al recapitular su vida, vivir, morir y ser condenados al olvido, es lo que se merecía por confiar en quienes nunca debió de hacerlo.

Y el viento sopla y el frío hace que los dedos de los pies se congelan y entumezcan. Ella solo anheló que todo termine pronto, tan solo desea que los insultos se detuviesen y al final pueda ser libre lejos de Irisella y Carles, lejos de ese mundo tan doloroso.

El hacha cae sobre su cuello y Jocasta siento, una vez más, como su cabeza es separada de su cuerpo, sus ojos permanecen abiertos por unos segundos. Solo esos segundos son suficientes para ver la sonrisa de Irisella, esa sonrisa de burla que decora su rostro y fue cuando recordó aquellas palabras finales que retumbaron en su cabeza hasta los momentos finales.

“Nunca olvides, ni perdones”

 

^^^“Yo… Voy a destruir el imperio”^^^

 

... ***...

Sus ojos se abrieron mecánicamente y un fuerte grito resonó en su recámara. Completamente bañada en sudor y con el corazón agitado Jocasta despertó como un cadáver que había regresado de la muerte. El silencio de la noche se vio roto por su voz desesperada y las luces de la mansión no tardaron en ser encendidas. Su cuerpo todavía temblaba y en su cuello aún permanecía la sensación de la hoja del hacha traspasando su carne y hueso. 

“Una pesadilla, fue solo una pesadilla” ―se repetía Jocasta abrazándose a sí misma solo para comprobar que efectivamente lo ocurrido se trató de un sueño y todavía conservaba su segunda oportunidad. Sus ojos observaron aterrados la oscuridad de su alcoba mientras no muy lejos alguien aleteaba alarmado también por el abrupto despertar de su cuidadora.

― ¡Jocasta! ―dos pares de voces se escucharon con fuerza desde el otro lado de la puerta, la niña las reconoció incluso mucho antes de que ambos ingresaron abruptamente seguidos de las sirvientas y el mayordomo que también corrieron alertados por los gritos de la joven señorita de la familia. 

Al ver la desesperación y el miedo reflejado en los ojos de su hija, Dione corrió a abrazarla sin tan siquiera detenerse a pensar e ignorando a todos los presentes, incluido a su esposo. Dione la mantuvo cerca de su pecho de una forma tan maternal e instintiva como si quisiese protegerla de lo que sea que la estuviese persiguiendo. La niña era como una avecilla asustada, como un ciervo que se encontraba perdido y buscaba con desesperación retornar a casa y eso hizo que su madre no pudiese evitar recordar un suceso muy parecido a ese donde también vio a su hija desesperada y con lágrimas en los ojos aferrándose a su cintura. Jocasta quien a su corta edad solía mostrarse como una joven dama de emociones controladas había empezado a mostrarse como si la vida hubiese retornado a ella que incluso reía y lloraba con libertad, claro que Dione prefería verla feliz a como se encontraba ahora y eso hizo que la duquesa se preguntase la razón para el desespero de su hija y por qué ella se aferraba a su cintura como si tuviese miedo de perderla.

Tan solo con sentir el miedo y dolor de su hija los ojos de la duquesa no tardaron en llenarse de lágrimas mientras su blanca y suave mano acariciaba la rubia cabeza de su pequeña.

―Mamá ―dijo Jocasta sintiéndose tan pequeña e indefensa. Sus dedos apretaron con fuerza el camisón de su madre hundiendo aún más su rostro en el pecho de está. ¿Cómo escapar de su destino? ¿Cómo rechazar el designio de los dioses? Su corazón se desgarro y el miedo a morir volvió a envolverla. El tiempo avanzaba y el día de la llegada de Irisella se hacía más próximo, estaba ejecutando los pasos que creía necesarios para sobrevivir, pero ¿Por qué entonces sentía que no era suficiente?

“No quiero morir, no quiero que ellos mueran conmigo” ―pensó intentando aspirar del perfume de su madre para intentar calmarse. 

―Jocasta… ―esta vez sintió una gran mano acariciando su nuca y pudo reconocer en aquella voz preocupada y nerviosa a su padre quien sin saber lo que estaba sucediendo intentaba también confortar a su hija al verla en aquel estado desconocido para él.

El gran duque que se enfrentó a una de las bestias abisales y salió victorioso, aquel que era temido y un fiero guerrero en el campo de batalla justo ahora se sintió inútil sin saber que decir o hacer para poder consolar a su hija. Era desgarrador y muy en el fondo los deseos de llorar también querían imperar en Jonathan.

 ―Ya paso, no fue más que una pesadilla, nada de eso fue verdad ―dijo Dione al fin de calmarla sin dejar de besar su frente ni de secar sus lágrimas. Una sonrisa melancolía se dibujó en sus labios mientras el fuerte anhelo de saber que era lo que aterraba a su hija se manifestaba en la duquesa.

―Ya estas a salvo con papá y mamá ―esta vez fue la dulce sonrisa de Jonathan lo que termino por llenar de calma el corazón de Jocasta y en su rostro apenas y quedaron vestigios de sus lágrimas como roció de la mañana, algunas gotas todavía quedaban suspendidas entre sus pestañas.

“Papá y mamá” ―verlos juntos a pesar de los rostros de preocupación era en verdad reconfortante para Jocasta.

Y es así que los tres se fundieron en un abrazo ante la mirada de los sirvientes que no pudieron evitar observar enternecidos aquel hermoso cuadro. El rostro de Jocasta empezó a mostrar una sonrisa y se permitió disfrutar en silencio de la sensación el calor y cariño de sus padres pese a que su alma y mente eran las de una mujer adulta físicamente tenía la apariencia de una niña y al parecer, al igual que una pequeña, todavía tenía necesidad de ser amada. No importaba que todos pudieran verla tan frágil y vulnerable, solo quería a su madre y a su padre abrazándola y secando sus lágrimas, solo quería sentir el tibio toque de sus abrazos y saber que ellos la querían. Hubo un tiempo en el que anheló ese contacto con desesperación, en sus momentos más solitarios, cuando todos le dieron la espalda deseaba con fervor el cariño de sus padres, incluso cuando paso a formar parte de la familia imperial.

Sus dedos apretaron aún más la tela del camisón de su madre y su mirada poco a poco empezó a tornarse determinada. Ahora que los tres estaban juntos no permitiría que Irisella los superase, su presencia solo representaba el fin del ducado y el apellido Asteria y Jocasta no se lo permitiría, ahora más que nunca el deseo por derrotarla se hizo más fuerte.

Luego de un tiempo y cuando el sueño empezó a hacer que los parpados de Jocasta empezaran a ponerse pesados Dione le dio un beso en la frente y la arropo con cuidado asegurándose de que su amada hija pudiera tener un sueño más apacible. A un lado un cuervo recostado en su cómoda y pequeña cama observaba atentamente los sucesos que acababan de desarrollarse. Cuando Jocasta despertó abruptamente y de forma desesperada su primer instinto fue aletear y graznar con fuerza alertando de cualquier peligro. Ahora que todo se encontraba más tranquilo él también se permitió respirar aliviado.

― ¿Tú también estabas preocupado? ―la sonrisa de Dione lo tomo desprevenido y no pudo evitar sorprenderse y al mismo tiempo sonrojarse. No podía evitar ver los rasgos de Jocasta en ella, bueno, después de todo era natural, ya que eran madre e hija ―. No te preocupes, dejémosla descansar, la cuidarás ¿verdad? ―dijo la duquesa con suave voz.

―No creo que pueda responderte querida ―dijo Jonathan abrazando a su esposa con cariño, a pesar de que el gran duque del imperio manifestó en un principio renuencia en permitir que un animal tan temido y peligroso para el imperio estuviese bajo su techo, no obstante, permitió que su hija lo tratara e incluso tuvo que reconocer que aquella ave le llegó a agradar. Fueron más de una vez en las que Dione, Jocasta e incluso el mayordomo lo descubrieron durmiendo sentado en su escritorio con el joven cuervo reposando en su hombro o brazos.

―Oh, pero es muy listo, así que estoy segura de que me entiende ―dijo la duquesa a su esposo para luego volver a dirigirse a Khaled ―. Cuídala por mi ¿de acuerdo? Eres muy bueno.

Sintió la suave caricia de Dione en sus plumas obsidiana, fue un toque tan breve pero que logro apaciguarlo, luego de eso tanto los duques como el personal de servicio se retiraron dejando a Jocasta y a Khaled en la soledad y tranquilidad de aquella recamara. El cuervo no pudo evitar observar el apacible rostro de aquella pequeña dama dormida. Luego de la tempestad llega la calma y el joven cuervo podía comprobarlo con solo verla, incluso cuando sus pestañas estuviesen con vestigios de lágrimas ella se veía tan hermosa que Khaled ruborizado tuvo que apartar un poco el rostro temeroso de ponerse aún más nervioso de lo que ya se encontraba.

Dio un par de saltos desde su pequeño lecho hasta llegar al pecho de su cuidadora, a pesar del suave movimiento de este el cuervo pudo mantenerse estable, acerco su rostro a sus labios rosados y bonitos y con timidez froto su pico en un indirecto beso. Era tan hermosa como el primer rayo de luz que marcaba el inicio del alba. Si tan solo pudiese tocarla, si tan solo fuesen sus dedos los que apartaran ese mechón dorado de su frente y sus labios fuesen capaces de besar su mejilla.

Nunca antes deseo con desesperación poder volver a tener aquel cuerpo marcado solo para poder tocarla con gentileza y sentir a través de sus dedos la tibia piel de Jocasta y la suavidad de la misma. Pero para un cuervo que es un ser maldito aquel acto tan simple se le estaba prohibido. ¿Cómo un mortal se atrevería a tocar el rostro de dios? ¿Cómo se atrevería a desear poseerla y a arrebatarla de aquel imperio corrupto?

Un demonio codiciando un ángel.

“Si te mostrase quien soy en realidad ¿te asustarías?”  ―y sin apartar los ojos de ella, el cuervo hablo para sus adentros “―. ¿Qué es aquello que te aterra más que los cuervos?”

 

 

“Yo que anhelo destruir el imperio al cual perteneces… he descubierto que deseo protegerte más que a nadie en el mundo”

 

 

El corazón de los cuervos era tan misterioso.

.

.

.

 

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Comments

Rebecca H

Rebecca H

si le dice que es el príncipe kaled no creo.
pienso que hasta se alegraría

2024-02-10

0

Rebecca H

Rebecca H

pero lo que le dijo irisella y carles...
Me preocupa...
"así regreses varias. veces... yo ganare"
a que se referían???

2024-02-10

0

Flor

Flor

Literalmente un "beso de pico"😘😅🤡🙃

2023-05-15

3

Total
Capítulos
1 "Fortuna emperatrix mundi"
2 "Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3 Una dama inquebrantable
4 "Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5 El gran duque Asteria
6 "El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7 "Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8 En lo profundo del bosque
9 "Érase una vez, un reino de cuervos"
10 "Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11 Llévame...hacía la eternidad
12 La agonía de un príncipe cuervo
13 La venganza de los condenados
14 El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15 "Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16 "¿Porque deseas salvarme?"
17 “Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18 El camino del buen caballero
19 "¿Quién se levantará para salvarnos?"
20 El corazón de un cuervo
21 Danza de cuervos y duelo de guerreros
22 "Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23 "Una manera de mantenerte atada a mí"
24 Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25 Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26 "Y llegará el día de tu regreso"
27 "Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28 "Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29 "Para mi querida Inna"
30 "Hasta que pueda volver a verte"
31 El niño que provino de las estrellas
32 Un silencioso grito, un agonizante corazón
33 "A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34 En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35 El reino sobre las montañas (primera parte)
36 El reino sobre las montañas (segunda parte)
37 El reino sobre las montañas (tercera parte )
38 El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39 Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40 Un deseo del corazón.
41 Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42 El camino del buen aprendiz
43 "Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44 La última esperanza
45 Justicia y venganza
46 "Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47 "Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48 El rey sin corazón (primera parte)
49 El rey sin corazón (segunda parte)
50 Nido de buitres
51 Los pecados de los desventurados
52 "La perfecta forma de atraerte a mí"
53 El destino de una rosa
54 La promesa (primera parte)
55 La promesa (segunda parte)
56 La dama de hierro
57 Primer movimiento
58 "Y he aquí la voluntad de los dioses"
59 "Una brecha entre tú y yo"
60 "Mantén tu espada en alto, guerrera"
61 El ángel que salvaguarda desde las sombras
62 "Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63 La flor de la locura (primera parte)
64 La flor de la locura (segunda parte)
65 La flor de la locura (tercera parte)
66 Tan brillante como las estrellas
67 "En camino a la gloria"
68 "El clamor de los rebeldes"
69 Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70 "Prisionera entre mis manos"
71 El inicio del fin (primera parte)
Capítulos

Updated 71 Episodes

1
"Fortuna emperatrix mundi"
2
"Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3
Una dama inquebrantable
4
"Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5
El gran duque Asteria
6
"El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7
"Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8
En lo profundo del bosque
9
"Érase una vez, un reino de cuervos"
10
"Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11
Llévame...hacía la eternidad
12
La agonía de un príncipe cuervo
13
La venganza de los condenados
14
El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15
"Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16
"¿Porque deseas salvarme?"
17
“Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18
El camino del buen caballero
19
"¿Quién se levantará para salvarnos?"
20
El corazón de un cuervo
21
Danza de cuervos y duelo de guerreros
22
"Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23
"Una manera de mantenerte atada a mí"
24
Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25
Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26
"Y llegará el día de tu regreso"
27
"Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28
"Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29
"Para mi querida Inna"
30
"Hasta que pueda volver a verte"
31
El niño que provino de las estrellas
32
Un silencioso grito, un agonizante corazón
33
"A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34
En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35
El reino sobre las montañas (primera parte)
36
El reino sobre las montañas (segunda parte)
37
El reino sobre las montañas (tercera parte )
38
El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39
Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40
Un deseo del corazón.
41
Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42
El camino del buen aprendiz
43
"Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44
La última esperanza
45
Justicia y venganza
46
"Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47
"Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48
El rey sin corazón (primera parte)
49
El rey sin corazón (segunda parte)
50
Nido de buitres
51
Los pecados de los desventurados
52
"La perfecta forma de atraerte a mí"
53
El destino de una rosa
54
La promesa (primera parte)
55
La promesa (segunda parte)
56
La dama de hierro
57
Primer movimiento
58
"Y he aquí la voluntad de los dioses"
59
"Una brecha entre tú y yo"
60
"Mantén tu espada en alto, guerrera"
61
El ángel que salvaguarda desde las sombras
62
"Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63
La flor de la locura (primera parte)
64
La flor de la locura (segunda parte)
65
La flor de la locura (tercera parte)
66
Tan brillante como las estrellas
67
"En camino a la gloria"
68
"El clamor de los rebeldes"
69
Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70
"Prisionera entre mis manos"
71
El inicio del fin (primera parte)

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