...III...
Lo que pareció ser uno de los muchos romances ocasionales del emperador fue tomando importancia a medida en que el tiempo transcurría y el nombre de la señorita Beryllus se hacía más frecuente entre a corte. Carles la exhibía en bailes y eventos y siempre andaba de su brazo lo que rápidamente llamo la atención del resto de nobles quienes llamaron a Irisella como “La favorita del emperador”
Irisella estaba complacida y aceptaba aquel cortejo descarado. El emperador la colmaba de joyas y vestidos finos y le profesaba su amor como un joven amante a una damisela.
Pero ella quería más y tras seis meses de promesas de amor y muestras de afecto por parte de Carles un día empezó ejecutar su plan.
—Tus promesas son falsas, en realidad no me amas —gruesas lágrimas cayeron por sus mejillas, sus ojos color aperlados brillaron como si fuesen manantiales. Aquella imagen tan vulnerable y frágil no podía ser pasada por alto y Carles quien a esas alturas había sucumbido por completo no iba a permitir que su amada sufriera de esa forma.
—Ángel mío ¿Qué sucede? ¿Por qué dudas de mis afectos?
—No dudo de tu amor por mí —Irisella continúo llorando de forma desconsolada —. Pero tus acciones me lastiman y me hacen creer que quizás tus palabras de amor no son reales.
—¿Por qué dices eso?
—Yo-Yo puedo oír lo que ellos dicen, solo soy la amante de su majestad tan solo su entretenimiento.
—¡Falacias! —exclamo Carles con fuerza —. Eres la única dueña de mi corazón.
—Entonces demuéstrelo emperador, demuestre el amor que profesa tenerme. Haga que al fin nuestro amor triunfe y podamos estar juntos para toda la vida.
Las manos de Carles sujetan las de Irisella y se las lleva a los labios depositando en ellas un beso como muestra de amor absoluto.
—Pídeme lo que desees, yo te lo concedo serás mi más amada concubina y todo lo que poseo, todo cuanto tengo es solo tuyo.
—Si me amaras no me pedirías ser tu concubina ¿Eso es solo que significo para ti? Emperador usted me ha insultado, me ha tratado como una cualquiera ¡No vuelva a hablarme más nunca!
Irisella finge alejarse de Carles, su llanto era más intenso y su expresión de total dolor, al verla así de celestial y dañada algo en el pecho del emperador se estremeció, su anhelo por tenerla se intensificó al saber que la perdería ¡No podía permitirlo!
—¡Ángel mío por favor no! Perdóneme por haberla ofendido no fue mi intensión, solo dime lo que deseas y yo cumpliré tus anhelos.
—Yo quiero … —Irisella posa sus ojos rojos y llorosos en Carles dándole la imagen de una niña que necesitaba ser protegida del cruel mundo —. Yo quiero ser la emperatriz
—¿Ángel mío?
—Quiero ser tu esposa emperador, quiero amarte sin que hablen de nosotros y la única manera en que podemos estar juntos es convirtiéndome en la nueva emperatriz.
—Por ti eso haría y mucho más, no deseo a nadie ocupando ese puesto y usando ese título salvo tú.
—¡Emperador! —Irisella se aferra a Carles fundiendo su cuerpo con el de este en un abrazo intenso y largo —. ¡Soy tan feliz!
—¿Quieres casarte conmigo y ser mi emperatriz Irisella Beryllus?
—¡Acepto alteza!
Sin romper el abrazo Carles acaricia aquellos cabellos negros que a su tacto se sentía como una fina seda, tan suave que estaba seguro de que las nubes no se comparan a la sensación de aquellos suaves cabellos. Tan linda y valiosa, al fin la mujer de sus afectos será solo para él.
Y mientras Carles disfrutaba de sus pensamientos, Irisella sonríe de oreja a oreja de forma siniestra y burlona completamente complacida de que todos sus planes salieran tal y como ella quería. Ya casi podía sentir la corona de Jocasta sobre su cabeza, ya casi podía saborear su triunfo sobre ella.
—Esposo —murmuro Irisella.
—Dilo otra vez —suplico Carles.
—Esposo —repitió la señorita Beryllus con voz tímida y dulce.
—Te amo mucho.
—Y yo lo amo a usted emperador.
Ahora lo único que quedaba por hacer era deshacerse de esa odiosa mujer que tenía actualmente por esposa.
...***...
—¡Emperatriz! ¡Emperatriz!
Una fría noche invernal la puerta de la recámara de Jocasta se abrió de par en par dejando ingresar a su doncella Scilla Paulethe y a su dama de compañía la señorita Rotherin quienes venían sumamente alarmadas con la ropa de dormir aun puestas y alumbradas con la débil flama de una vela, sus voces eran de desesperación y pánico apenas y podían mantener la calma. Jocasta abrió los ojos pesadamente aun somnolienta por lo avanzado de la noche.
—¿Qué sucede? —la emperatriz se incorpora de su lecho confundida y alarmada por aquella intromisión —. ¿Por qué ingresan de esa forma?
—Emperatriz ¡No hay tiempo! Vístase pronto y salga de palacio, el emperador viene en camino liderando la guardia imperial ¡Van a apresarla!
—¿Qué? —todo vestigio de sueño se disipa del cuerpo de Jocasta haciendo esta se levante de la cama y corra hacia la ventana para comprobar con sus propios ojos aquello —. ¡Imposible! Pero … ¿Por qué?
—Se han descubierto fraudes en la administración del arca del imperio, un enorme desfalco de los impuestos de los nobles majestad, no se sabe cómo … Pero su firma figura en un documento comprometedor ¡Tiene que huir o su vida correrá peligro! —exclamo lady Inna vigilando la entrada.
Mientras tanto Scilla rápidamente viste a Jocasta con un vestido sencillo y la cubre con un fino chal para que se proteja del frío invernal.
—Mi señora eso es cierto, por favor salga por el pasillo oculto que llega al palacio de la reina madre y escape al norte —suplico Scilla.
—No voy a huir yo no hice nada malo, soy inocente, pero … ¿Cómo es que saben todo eso? ¿Quién les informo?
—Un mensajero desde el palacio del emperador es un fiel simpatizante de usted, es parte del consejo de justicia, vino a caballo hace poco informándonos de la venida de su majestad Carles y los cargos falsos que la acusan.
—Me quedare aquí y daré la cara
—¡Emperatriz! —grita horrorizada Inna al oír las palabras de su señora, sus ojos se desbordan en lágrimas —. ¡Señora por favor salve su vida! ¡Usted debe vivir, usted es nuestra madre imperial y nuestra esperanza, debe sobrevivir!
—Si me voy entonces estaré afirmando los cargos falsos que se me quieren impugnar y le daré una razón más a Carles para que ensucie mi nombre y el apellido de mi familia, no puedo permitirlo.
Pese al miedo en su corazón, Jocasta intentó ocultarlo en lo profundo y tranquilizarse o al menos aparentarlo, tenía que hacerlo si quería que tanto Inna Rotherin como Scilla Paulethe cayeran en la desesperación. Afuera el viento soplaba con fuerza, las ramas de los árboles golpeaban la ventana.
Se escuchan pasos acercándose seguido de voces, las luces del palacio de la emperatriz se encendieron como si el día hubiese al fin llegado. Las puertas de la recámara de Jocasta se abren de una patada rompiendo la madera para dejar ingresar a Carles escoltado por un pequeño ejército. Al fin el emperador había llegado.
Scilla e Inna se apresuran a hacer una reverencia y a agachar la cabeza, sus cuerpos temblaban apenas y podían mantenerse en pie.
—Mi señor emperador, sol de la nación, Jocasta la madre del imperio le saluda —dijo la emperatriz con rostro apacible y haciendo un saludo protocolar.
—Ahórrate las palabras, sucia bruja.
—¿Puedo preguntar la razón por la que irrumpes en mi alcoba en medio de la noche como un ladrón y en compañía de la guardia?
—Tus crímenes han sido expuestos no hace falta que sigas fingiendo dignidad cuando eres la mujer más taimada e hipócrita de todas.
—¿Puedo preguntar sobre esos crímenes de los que usted habla emperador?
Ahí estaba ese rostro odioso de nuevo. Aun cuando la muerte esté rondando cerca de ella, esa actitud fría y estoica continuaba dominando en ella, como si fuese una estatua imperturbable. ¡Cuánto la odiaba!
Carles lanza los papales incriminatorios firmados por la misma Jocasta donde se daba fe de las transacciones ilegales y la malversación de los fondos del estado. Su rostro fue triunfal al ver que pronto la mujer que amenazaba con quedarse con su imperio pagaría por ese atrevimiento.
—¿Qué significa eso?
—¿Qué significa? ¿Acaso lo niegas cuando tu firma y sello figuran ahí?
—Nunca en mi vida he firmado o sellado esos documentos, ¿Puede asegurar el emperador que fui yo?
—¡No juegues conmigo! Todas tus fechorías están detalladas en esos documentos. Desviaste los fondos del imperio hacia las arcas de tu propia familia. No cabe duda que eres el peón del duque ¿Acaso tenías como finalidad apoderarte de imperio y traicionar a la familia real? ¡Sucia usurpadora!
—¡Eso no es cierto! —por primera vez desde que se casaron Carles oye la voz de Jocasta.
—Al parecer podías enfadarte ¿Quién lo hubiese pensado?
—Las acusaciones son falsas, no he tomado ni una sola moneda de oro.
—También … —continuo Carles —. También he oído que has cometidos fechorías contra la honorable señorita Beryllus, has abusado de tu poder sometiéndola a un sinfín de tratos inhumanos y despiadados propios de una villana como tú. Le has golpeado con una vara delante de tus subordinados e incluso dejaste que tus damas abusaran físicamente de ella.
—Eso también es falso —se defendió Jocasta —. No me he encontrado con la señorita Beryllus desde aquella vez que bebimos té en su compañía. El emperador es el único que disfruto de presencia todo este tiempo paseándose por la corte y mostrando su afecto abiertamente.
—¡Deja de negarlo y lavarte las manos, villana, la señorita Beryllus ha declarado en tu contra y su testimonio es válido para tu castigo!
—¿Cómo puedes dejarte enceguecer de esa forma? —dijo Jocasta acercándose a Carles a paso lento —. Nunca me amaste, pero al menos tenía la certeza de que poseías sentido común. ¿Con qué argumentos válidos tomaste la declaración de la señorita Beryllus?
—Irisella es una noble dama hija de un barón, no dudare de su palabra.
—¿Entonces las palabras de la hija de un barón pesan más que las palabras de la hija de un duque?
Carles hace un gesto de molestia mientras se acerca peligrosamente hacia Jocasta, sus labios rozan el oído de esta para luego decirle con palabras duras y desalmadas.
—No me importa si eres culpable o inocente, no desperdiciare la oportunidad de deshacerme de ti, la junta de justicia creerá lo que yo diga que crea y no tendrás ni la más mínima oportunidad de sobrevivir. Te odio con todo mi corazón, el día de tu muerte fue lo más esperado desde que nos casamos y al fin se realizara. Tú y tu familia pagaran por haberse atrevido a apoderarse de mi imperio.
El cuerpo de Jocasta se paraliza mientras las lágrimas brotan de su rostro al oír a Carles mencionar a su padre y a su madre.
—¡No te atrevas! ¡A ellos no los toques!
Pero solo recibe burla por parte del emperador quien se divertía de causarle miedo a Jocasta. Había dado con su punto débil.
—Jocasta Asteria —dijo Carles a viva voz —. Por los actos en contra de la corona y por apropiación del dinero del imperio para el enriquecimiento de su propia familia se le remueve de su cargo como emperatriz y se le sentencia a pena de muerte por decapitación
—¡No! —se escuchó el grito de Scilla quien se arrodilla a los pies de Carles —. Piedad padre del imperio, piedad por nuestra madre.
—Lárgate de aquí, ustedes también serán castigadas por los crímenes que hicieron en contra de la señorita Beryllus.
—¡Emperador!
—¡Guardias! —ordenó Carles —. Lleven a la emperatriz y a sus damas a las celdas, denle 40 latigazos a ella y 20 a sus subordinadas. Luego prepárenlas para el tronco.
—¡No! ¡Emperador! ¡Por favor no! ¡Somos inocentes!
—Y corre a la casa de los duques, sufrirán el mismo castigo que su codiciosa hija.
El corazón de Jocasta se partió en mil pedazos, la ira le recorrió el cuerpo. Carles podía hacerle daño a ella, pero no permitiría que atente contra sus padres.
—¡No te atrevas!
—No hay nada que puedas hacer al respecto, esposa —se burló el emperador —. ¡Llévenla ahora!
Y la orden de Carles se ejecutó entre gritos y lágrimas.
...***...
Jocasta confío en ella quién fue cómo una hermana y le entregó todo su amor. Y a cambio ella le arrebató a su familia, su esposo e incluso su vida.
Una semana había pasado desde su encarcelamiento, pero los días parecieron años. Mientras yacía prisionera su juicio se estaba llevando a cabo, pero en su corazón sabía que aquello no era más que una formalidad más por parte de Carles para validar su sentencia. Las horas pasaban y Jocasta ya sentía la muerte muy cerca.
—Maldita … ―murmuro Jocasta Asteria quien hasta hace poco fue la emperatriz de una nación y hoy se veía reducida a una vil villana acusada de traición y quien pronto la muerte abrazaría.
Mientras los minutos pasaban para su ejecución la emperatriz con la mirada perdida y el cuerpo cubierto de cicatrices debido a los azotes recapitulaba el momento exacto en el que su vida empezó a desviarse hasta el camino de su perdición.
En ese instante se arrepintió de muchas cosas que paso por alto y que la arrastró a ese pozo sin fondo a la que fue arrojada. Para empezar, nunca debió de haberla querido tanto cómo se quiere a una hermana de sangre, nunca debió de haber confiado en ella, nunca debió de permitir que usurpara su vida…
—Maldita perra … —volvió a murmurar y esos ojos que se habían secado de tanto llorar encerrada en esa sucia celda llena de ratas ahora veían con furia y un fuerte anhelo de venganza.
La puerta de la celda se abre y una mujer de cabello negro y largo ingresa con una inocente sonrisa la misma que utilizo para enamorar a todo el mundo. Se para muy cerca de ella, en su cabeza llevaba puesta la misma corona que hace algunas cuantas semanas atrás Jocasta llevaba.
Jocasta no tenía que ser un genio para saber a qué se debía su burlesca presencia. Ella solo quería verla derrotada y marchita, convertida en prácticamente nada.
—Hola hermana —dijo Irisella —. ¿No es esto maravilloso? El emperador me pidió ser su esposa, mañana me convertiré en emperatriz.
Tan inocente y pura, tan angelical y hermosa; nunca nadie adivinaría que esa mujer era el mismo demonio.
—Pero claro, no podrás verlo —sonrió de pronto ella —. Para mañana a esta hora tu cabeza ya será cortada y tu cuerpo será echado a los perros.
Jocasta solo la miro con rabia y dolor mientras en su mente la imagen de sus padres siendo colgados hace apenas un día atrás le llena de una enorme furia que nunca antes había experimentado. Esa mujer de ahí era la que había orquestado la caída de su familia.
—Eres una perra … —dijo Jocasta con la voz cargada de una cólera contenida.
—Solo he tomado lo que siempre me ha pertenecido ¿Hay algo de malo en eso? ¿Por qué habrías de tenerlo todo tu sola? No mereces nada, nadie que haya nacido con riqueza y poder desde la cuna merece ni un ápice de misericordia. Todo de lo que disfrutaste en tu niñez ahora lo disfrutaré yo, Jocasta.
—Entonces disfruta tu nueva vida … —aun cuando la muerte está cerca de ella, la ex emperatriz Jocasta conserva la poca dignidad que le queda, no le daría el gusto de verla en la desesperación —. Disfruta de esa corona mientras puedas.
—Aférrate a eso mi querida hermana —dijo la bella mujer de negros cabellos —. Aférrate a lo único que te queda —una hermosa sonrisa se dibuja en su rostro —. Oh por cierto tengo algo para ti, pensé que te gustaría verla, después de todo, mañana vas a ser decapitada.
Jocasta abre los ojos de par en par sin poder creer que era lo que la que hace apenas unos días atrás era cómo su hermana le había traído cómo obsequio.
La cabeza de su madre fue colocada delante de ella, la piel de su cuello aún estaba abierta y sus ojos se encontraban en blanco, la carne estaba a mitad de la putrefacción y Jocasta contuvo un grito.
—¡Sucia arpía! —grito la ex emperatriz sin poder mantener su postura digna por más tiempo.
La mujer sonríe divertida.
—Eso bastó para sacarte de esa irritante calma ¿Quién lo diría?
—¡Me las vas a pagar! ¡Me la vas a pagar! ¡Todo este dolor! ¡Me las voy a cobrar!
Una carcajada resuena en la prisión.
—Deja de decir estupideces hermana no hay nada que ya se pueda hacer. Solo son ladridos de perra los que salen de tu boca, es inevitable y yo he ganado. He tomado todo lo que es tuyo.
Jocasta vio la cabeza de su madre puesta por Irisella muy cerca de ella, estaba irreconocible e hinchado de no ser por esa melena dorada no hubiese podido reconocerla. Su madre quien trajo a esa mujer a su casa y la trato como una hija había sido víctima de su buen corazón.
—¿Por qué? —murmuro Jocasta dejándose consumir por la obscuridad —. Ella te amaba … Fuiste una hija para ella.
—Pues era igual de estúpida que tú —se burla Irisella —. De hecho, siempre deteste a esa mujer, por su culpa mi madre perdió al duque Asteria, por su culpa naciste tú quien se apoderó de todo lo que me pertenecía en un principio.
—Estás loca…
—¿Es así? —sonrió Irisella —. Puede ser.
Una última sonrisa burlona y luego la mujer se retira bailando y cantando luego de haber fastidiado a la mujer que por años la trato cómo una hermana. ¿podría todo ser más perfecto? Todo lo que siempre quiso todo lo que siempre mereció lo había obtenido exitosamente. Mañana el emperador Carles la haría su emperatriz.
La ejecución fue llevada en la plaza pública y a primera hora, esa noche Jocasta no durmió sumergida en el miedo a la muerte. Mientras era llevada al tronco dónde el verdugo la esperaba, dirigió una mirada furtiva hacia el palco del emperador dónde encontró a su esposo al lado de la mujer que le desgracio la vida. Y su corazón tuvo odio puro por aquellos dos.
“Nunca olvides, nunca perdones” solo repetía eso en su cabeza mientras los soldados la llevaban al atrio principal. La imagen majestuosa de emperatriz que había ostentado todo ese tiempo ahora era remplazada por una de miseria, estaba apenas cubierta por un sucio vestido roto y manchado de su sangre, sus rubios cabellos fueron cortados para facilitarle al verdugo la tarea de cortar su cuello, sus uñas se hallaban rotas de tanto arrastrarse y arañar el suelo del dolor. Nunca antes nadie la recordaría.
“Nunca olvides, nunca perdones”
Su cuello fue tendido sobre el tronco bañado en sangre de su padre y su madre.
Le dirigió una mirada a aquella mujer y vio la sonrisa triunfal en su rostro. Ese ángel amado por el imperio que había engañado a todos con una falsa imagen de bondad ocultaba muy bien lo podrido de su alma.
—¡Mátenla! —ordena el emperador Carles y el hacha es bajada directamente a su cuello.
“Nunca olvides, nunca perdones”
Solo quería venganza.
...***...
Jocasta quedó suspendida en la nada, flotando entre la inmensidad de aquel extraño lugar, su cuerpo se encontraba desnudo y solo la obscuridad total la envolvía por completo ¿Acaso era así como se sentía estar muerta?
Una luz apareció de pronto en medio de la obscuridad y Jocasta enfoco su vista hacia aquel extraño punto. La figura de un zorro de nueve colas llamo su atención. Era enorme y de aspecto amenazador.
—¿Quién eres tú? —dijo Jocasta sin comprender que era lo que sucedía. Si ese lugar no era el cielo o el infierno ¿Entonces que era?
—Es el limbo —respondió aquel zorro para sorpresa de Jocasta —. Y mi nombre es Mundus, soy el dios de la justicia y veo que la vida no fue para nada justa contigo muchacha.
Los ojos de Jocasta se empañaron de nuevo al recordar como toda su vida había sido perjudicada por los egoístas y ambiciosos deseos de aquella mujer.
Es entonces que Jocasta reflexiono sobre lo que había sido su vida hasta sus segundos finales. Vivió para complacer a otros antes que a ella misma ¿Y todo para qué? ¿Qué le había valido ser una dama perfecta si por dentro dejo que su alma y espíritu perecieran? ¡No lo permitiría! Si tuviese una oportunidad esta vez corregiría sus errores y vivirá por ella y por nadie más. Además de vengarse de algunas personas quienes le hicieron miserable.
—Es cierto … —dijo Jocasta con la expresión en blanco, pero con un fuerte deseo de corregir sus pasos —. Confié en las personas en quienes no debí confiar y otros pagaron por mis errores, personas inocentes que no debieron morir.
No puede evitar llorar al recordar a sus padres, sus amados padres que buscando hacerle un bien le metieron sin querer en ese pozo, también recordó a Scilla e Inna quienes fueron fieles a ella hasta el final y ahora todos estaban muertos su vida destruida y su reputación ensuciada.
—¿Qué harías si regresaras? —dijo Mundus —. ¿Recuperarías tu antigua vida?
—Lucharía por una vida distinta —respondió Jocasta —. Y por supuesto haré pagar a quienes me hicieron esto.
La carcajada del dios es lo único que puede oírse en medio de la nada.
—Entonces haré tu deseo realidad, solo tendrás una sola oportunidad. Por favor has que me divierta.
Jocasta es arrojada a lo que creía ella creía que eran las profundidades del averno, se abrazó a si misma mientras la risa del dios zorro se disipaba hasta desvanecerse. Una fuerte luz la envolvió semejante al mismo sol, enceguecida se cubre los ojos confundida de lo que estaba sucediendo. Su cuerpo empezó a arder como si se estuviese quemando viva.
—¡Duele! ―gritó Jocasta sintiendo su piel deshacerse —. ¡Por favor!
—Pobre niña —dijo Mundus con lástima —. Has sufrido demasiado, vuelve hacia atrás y toma tu venganza.
¿Qué era esa inmensa sensación de paz? La sensación de ser quemada viva se disipó para dar paso a un cansancio abrumador, sus ojos le pesaban demasiado y sin poder evitarlo quedo inconsciente.
Por un segundo las palabras que se esforzó en recordar retumbaron en su cabeza.
“Nunca olvides, nunca perdones”.
...***...
Cuando Jocasta abrió los ojos creyó que había dormido por años, su cuerpo le pesaba y se encontraba bañado en sudor. A lo lejos el canto de las aves se podía oír gracias a la ventana abierta. ¿Cuándo había sido la última vez que escucho el canto de un gorrión?
Aún estaba sin poder creerlo ¿Todo había sido un sueño? ¡Imposible! Ella había muerto a pedido de su esposo y su hermana, sintió el hacha cortándole la cabeza, en su piel aún se encontraba la sensación de los látigos en su espalda, no fue una pesadilla.
Alguien llamo a la puerta.
—Lady Jocasta su padre la busca, despierte —llamo una doncella —. Hoy se anuncia su compromiso con el príncipe heredero Carles y debe alistarse pronto.
¿Qué fue eso? ¡Era la voz de su doncella de la infancia! Jocasta se levantó de la cama de un salto y corrió hacia el espejo cercano aun sin poder creerlo, aún albergaba la posibilidad de que todo hubiese sido un sueño. Vio su reflejo en el espejo y contuvo un grito de susto.
Había vuelto a la época cuando tenía doce años, vio sus manos detenidamente intentando buscar el paso del tiempo en ellas, pero eran pequeñas y blancas, las manos de una niña. Vio su rostro de nuevo, sus enormes ojos azules, su pequeña cara, era su rostro definitivamente, pero con varios años menos.
—Entonces no fue un sueño —dijo Jocasta sin despegar la vista de su reflejo —. Todo sucedió y el dios zorro me dio una segunda oportunidad.
—Señorita ¿Se encuentra usted bien? —dijo la doncella ingresando a la recámara de Jocasta. Una recámara rosa y lujosa típica de una niña aristócrata como la hija del duque —. Su madre pregunta por usted, hoy es un día muy importante.
Claro que lo era, en ese día fue cuando el destino de Jocasta se había decidido. Tenía que impedirlo.
“Nunca olvides, nunca perdones” aquel juramento que se hizo a sí misma durante su ejecución resonaron en su cabeza.
—Estoy bien —intento sonreír la pequeña, le cuesta disimular calma cuando por dentro miles de preguntas y sentimientos rondan su corazón y mente —. Solo me encuentro algo agotada por estudiar mucho.
—Usted es muy aplicada señorita —dijo la doncella —. Le diré a su madre que ya está en camino por favor tome el tiempo que necesite para recuperarse, mandaré a una criada a que le prepare su baño.
—Por favor —dijo Jocasta con voz suave.
Una vez sola en su recámara Jocasta se sentó en su cama y se puso a reflexionar sobre todo lo ocurrido hasta ahora. Sus pies quedaron colgando en el borde haciendo que recordara lo difícil de ser una niña.
Suspiró pesadamente y observó de nuevo su imagen.
—Aún sigo sin creerlo del todo, pero sea sueño u obra del dios zorro no voy a permitir que ella obtenga lo que quiere, primero voy a destruirla.
A partir de ahora dentro de cuatro años aquella mujer a la que le dio todo, su familia, amor, un lugar en la sociedad llegaría a su casa para tomarlo todo.
—Esta vez todo será distinto —dijo Jocasta —. Vamos a hacer pagar a unas cuantas ratas … Es una pena Carles, perderás tu imperio por una mujer que no es más que escoria.
Protegería a su familia, su prestigio y su vida.
—Romperé mi compromiso y le obsequiaré el imperio al rey Khaled Corvus llamado por todos cómo “El demonio carmesí”.
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^^^Continuará ^^^
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Comments
Izza Miguel
solo tengo una duda y la ex emperatriz que paso? se supone que aun cuando su hijo tome el imperio ell podría al menos considerar y defender a su nuera de la que tanto estaba orgullosa. donde estaba?
2024-06-19
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Neivi
la odio, la detesto
¡ juro que con todo mi corazón, la odio!!!
Creó que ni siquiera eso vasta para decir cuanto se ha ganado mi odio
2024-01-08
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Julissa Jimenez
ahora si como que está Emperatriz si me va a gustar. continuemos con la lectura
2023-06-25
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