...II...
—¡KHALED! —el príncipe escucho un fuerte grito y reconoció de inmediato la voz de su madre —. ¡Khaled despierta! ¡Huye!
—¡Mamá! —grito Khaled y sus ojos se tornaron rojos como la sangre misma. Al fin lo había logrado y con aquellos ojos Khaled pudo librarse de lo que sea que en ese instante le atormentaba.
Las imágenes se disiparon, como pesadillas al llegar el alba. Khaled se encontraba aturdido y con el miedo aún impregnando su piel, el sudor recorría su frente y respiración se tornó inconstante y agitada. Aquel estado le empezó a debilitar, era la primera vez que despertaba la bendición del señor del fuego y sin embargo jamás imagino que sería así de agotador. Con sus últimas fuerzas intento alejarse y volar, pero por más que lo intentaba aquella se había convertido en una tarea complicada.
Sonidos de explosiones le llegaron y el fuerte impacto lo dejo sordo por algunos segundos. No podía oír nada tan solo un zumbido molesto que le impedía escuchar las palabras de su madre y hermano quienes corrían hacia él con rostros de alarma y pánico. Todo el bosque empezó a arder y las personas corrían intentando escapar de lo que sea que los estaba persiguiendo. Las flechas volaron y los cuerpos fueron atravesados cayendo en el acto y dejando estelas de sangre en la tierra.
Su madre gritaba con desesperación, su hermano intentaba hacer que él reaccionara y mientras tanto su padre se encontraba luchando contra aquellos invasores que una vez más habían venido desde su imperio para terminar de exterminarlos.
—¡Khaled reacciona! ¡Toma mi mano! ¡Toma mi mano ahora! —esa fue la voz Azzad, Khaled la escucho tan clara como el día y junto con aquella voz también escucho el llanto de los niños y el grito de las mujeres.
Azzad Corvus logro hacer una salida por entre unas de las aberturas de aquellas enormes piedras que formaban el monolito, introdujo la mitad de su cuerpo mientras estiraba su mano intentando dar con su pequeño hermano. Tenían que escapar de ahí antes de que los soldados del imperio diesen con él y lo asesinasen.
Khaled tomo la mano de su hermano con fuerza e Azzad halo de él haciendo que al fin lograse salir de aquella trampa mortal. Ya afuera Khaled quedó completamente horrorizado con lo que sus ojos veían.
Una vez más el territorio se bañó de sangre, una vez más los gritos de pánico y la muerte se manifestaban en un clan golpeado y masacrando hasta el alma.
Sonido de trompetas se oían en la lejanía junto con el paso brioso de los caballos galopando raudamente. El clamor de los soldados del emperador era como feroces rugidos de bestias hambrientas y salvajes en pos de víctimas para su sádico festín.
Por mucho tiempo el imperio dirigía a sus tropas de batalla hacia el territorio enemigo con la excusa de una campaña de reconocimiento de sus fronteras. La escuadra de soldados del ejército imperial marchaba listos y entrenados para acabar con todo lo que representaba una amenaza para el emperador y sus dominios. Tenían órdenes específicas y eran las de no dejar a ningún inmundo cuervo con vida. Aquellas criaturas forjadas por el demonio del fuego representaban un peligro aun cuando sus poderes se hallasen extintos.
Aquellos miembros del clan que lograron huir de las espadas transformándose en cuervos eran asesinados casi al instante debido a la lluvia de flechas lanzadas por sus perseguidores. Algunos pocos eran capturados con grandes redes y encerrados en jaulas fuertemente aseguradas.
Serkan Corvus lucho con valor contra la armada enemiga aun cuando juro ante la sagrada flama del señor del fuego que nunca más volvería a poner a su pueblo bajo la mira del imperio, pero ya no podía seguir tolerando aquella exposición de barbarie contra su gente, ya no podía seguir viendo la sangre de mujeres, ancianos y niños derramada como si fuesen bestias sacrificadas. El imperio asesino a su hermano y dejó a su sobrino sin padre; dejo viudas, huérfanos e hizo que muchos padres sepultaran a sus hijos.
Ya no podía seguir soportándolo, un rey jamás huía ni dejaba su pueblo a merced de fieros lobos. Lucharía como nunca y si debía de morir al menos no les daría la satisfacción de verlo suplicar por su vida, después de todo un cuervo jamás bajaba la cabeza ni daba la espalda al enemigo.
Enver lucho al costado de su rey protegiendo al mismo tiempo a la señora del clan Raissa Corvus. Libró batalla sin dejarse intimidar por ningún enemigo, su técnica era perfecta y su destreza hizo que más de un soldado imperial retrocediese o buscase apoyo de un compañero. Baris y Alphonse hacían lo propio formando una combinación tan excelente que bajo sus espadas un buen número de enemigos caían sin recibir oportunidad ni misericordia.
—Khaled tienes que escapar —pese a que su hermano intentaba infundirle valor, Khaled podía ser capaz de sentir el temblor en aquella voz. En su mirada el joven príncipe vio el miedo y la desesperación reflejados en aquellas cuencas tan oscuras como las suyas. Una mirada que no era propia de un guerrero como Azzad.
—¡Lucharé a tu lado! ¡He de pelear por mi pueblo!
—¡Tu pueblo te pide que huyas! —el clamor del primer príncipe era de desesperación.
Por un segundo aquellas palabras le fueron inauditas, toda su vida Khaled guardo su admiración para él, siempre anhelando algún día poder alcanzarlo, siempre esforzándose por ser igual de bueno. Ahora su hermano mayor le pedía algo tan deshonroso como era huir y dar la espalda a su pueblo.
—¡Basta! Lo que me pides no es digno de un Corvus, los Corvus no huyen ni se esconden, los Corvus luchamos y morimos por aquello que juramos proteger con nuestras vidas, tu rey está dando su vida, incluso tu mejor amigo pelea por el clan, ¡YO DEBO DE ESTAR A LA ALTURA DEL NOMBRE DE NUESTROS ANCESTROS!
Un golpe resonó de pronto y la mejilla de Khaled se tornó carmesí. La mano de Azzad aún se encontraba en alto y la sensación de hormigueo todavía yacía en su palma. Sus ojos lloraron por la oleada de emociones que en su interior sentía. Miedo, impotencia y frustración.
Solo Azzad era capaz de entender y ver tras las palabras heroicas de su pequeño hermano que anhelaba ser un soldado antes de aprender a blandir la espada. Puede que él y todos los que en aquel instante se encontraban luchando por sus vidas no tuviesen un final y sus vidas posiblemente sean arrebatadas por el imperio y su constante exterminio, pero Khaled todavía tenía oportunidad de sobrevivir, era él la última esperanza del clan de los cuervos.
Su pequeño hermano, su adorado hermano. Aquél niño que siempre corría tras él intentando alcanzarle, aquel pequeño cuervo que quería volar mucho antes de haber aprendido a abrir sus alas.
Y una herida fue abierta en un corazón joven, el lazo de hermano jamás sería roto.
—Está usted en lo correcto segundo príncipe —nunca antes Khaled había visto a Azzad actuar de aquella forma. Era un hombre con un propósito y un rostro tocado por los vestigios de una guerra.
—A-Azzad
—Nuestro padre se encuentra luchando contra el imperio, está dando la vida por cada hombre mujer y niño que yace a sus espaldas. Incluso nuestra madre no le teme a la muerte y pelea por su pueblo, yo he aceptado mi destino de perecer por la tierra por la que mis padres están dando la vida. Somos Corvus segundo príncipe, hemos sido pisoteados, pero jamás bajaremos la cabeza y al morir nuestras almas subirán con orgullo al cielo junto a nuestros ancestros, aun cuando la espada atraviese nuestros corazones estos seguirán latiendo, porque somos Corvus. Porque morimos protegiendo nuestra esperanza y esa esperanza es usted segundo príncipe.
Un gesto cariñoso en un momento tan doloroso y terrible, la mano de Azzad acaricia el rostro de su hermano y la sangre que yacía en ella mancha la suave y blanca piel del último de los príncipes. Khaled recordaría esa lágrima bajar por la mejilla de su hermano, recordaría su voz y aquellas palabras y aquella despedida que era en realidad un “Hasta siempre”
—Azzad no —en un intento desesperado Khaled toma la mano de su hermano.
—Eres la esperanza de un pueblo bañado en la sangre de sus propios hijos, eres la esperanza de una madre y un padre que anhelan protegerlo por, sobre todo, la esperanza de un hermano que sabe que morirá luchando por lo justo, y algún día cuando regreses a este reino de lágrimas donde nuestros cuerpos yacerán enterrados y las flores se habrán paso sobre nuestros restos recuérdenos su alteza. Nunca nos olvides mi pequeño hermano.
Cómo olas rompiendo entre las rocas las palabras de Azzad lo sobrecogieron y le hicieron más consiente de la realidad que le rodeaba. Después de todo era solo un niño que quería con desesperación luchar tal y como su hermano pero que desconocía las consecuencias de ser adulto.
—Tengo miedo, tengo miedo hermano —en un impulso que se alejó de todo lo que Khaled había aprendido y se había prometido se fundió en su hermano en un abrazo fuerte y hasta ahora contenido. Ya no era un príncipe, tan solo un niño aterrado que no deseaba alejarse de su familia y buscaba el consuelo de aquella persona a la que siempre quiso —. Vamos juntos Azzad, no me dejes solo. Tu eres el rey, tu eres el verdadero rey yo no —las lágrimas bajaron copiosamente por aquellos ojos —. Si alguien puede regresar y levantar a nuestro clan eres tú hermano mayor. Tú eres quien debe de sobrevivir.
—Se valiente hermano, se fuerte y sabio.
—¡No!
Una lluvia de flechas los sorprende en el momento menos indicado, Azzad en un movimiento rápido protege con su cuerpo a su hermano siendo víctima de mortales impactos en su torso.
—¡Azzad! —grito Khaled con desesperación y pánico al ver a su hermano caer herido —. ¡No te mueras! ¡Tienes que vivir! ¡No mueras!
El joven príncipe intenta por todos los medios arrastrar a su hermano y ponerlo a buen recaudo. Para un niño de su tamaño y constitución aquella hazaña era sumamente difícil. Tenían que moverse antes de que los soldados del imperio terminen su sangriento trabajo.
Haciendo uso de sus cada vez escasas fuerzas Azzad opone resistencia. Khaled intenta arrastrarle y apartarlo del campo de batalla en que se había convertido el lugar más sagrado de su clan, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito alguno.
—Tienes que moverte, tenemos que ir por ayuda.
—Khaled, tienes que dejarme ahora y escapar antes de que los soldados den con nosotros.
—No lo haré, deja de decir eso. No voy a abandonarte.
A lo lejos se escuchaban pasos de la armada aproximándose hacia donde los príncipes se encontraban. Azzad sabía lo que tenía que hacer, el dolor era inmenso pero la voluntad era fuerte. Conteniéndose el suplicio logro incorporarse por sus propios medios. Khaled podía ver las flechas clavadas en el cuerpo de su hermano y tuvo que ahogar un grito de horror.
—Azzad no lo hagas… —suplicaba él al comprender las acciones de su hermano y presentir lo que este estaba a punto de hacer. Intentó detenerlo, pero fue en vano. Su hermano había tomado ya una decisión.
Azzad Corvus al borde de caer en un charco de su sangre sonríe a su pequeño hermano de la única forma en la que él suele hacerlo, sus dedos se acercan a su frente y le da un suave toque dejando su sangre impregnada en la piel de Khaled. Aquella sonrisa tan propia de Azzad se dibujó en aquellos labios ahora carmesíes por la sangre.
—Lo siento Khaled, está será la última vez.
Un par de inmensas alas negras emergen de la espalda de Azzad las mismas que lo envuelven por completo como si fuesen enormes mantas de plumas. Para cuándo las alas se vuelven a abrir estás disminuyen en tamaño y un cuervo herido surge de entre ellas intentando alzar el vuelo a duras penas, con dificultad logra mantenerse suspendido.
—¡Azzad!
Pero su hermano ya no logró oír su llamado y si lo hizo no regresaría, estaba determinado en cumplir la promesa hecha a su madre y proteger a su hermano a cualquier costo. El imperio era muy grande y ellos tan pocos, aunque cada hombre del territorio luchase contra la armada imperial no saldrían vivos. Solo quedaba resguardar lo más importante y para Azzad y su familia lo más valioso era Khaled.
Su presencia alertó al grupo de soldados cuyas flechas le hirieron de gravedad en un principio, estos estaban en camino para cerciorarse que los disparos efectivamente hubiesen dado en el blanco. Tan hermoso y a la vez tan lamentable. Las plumas negras se tiñeron de rojo y su graznido atrajo al enemigo haciendo que estos desistieran de avanzar y dar con Khaled.
Una última canción de un príncipe caído, un último lamento lastimero. Por última vez él contemplo el cielo y nunca lo vio tan dorado. Cómo sus ancestros él estará en la noche, en el cielo estrellado y desde ahí vigilaría a su hermano, velaría siempre por él.
—¡Ey! ¡Miren ahí, es un cuervo! —alerta uno de los hombres al servicio del emperador divisando al animal mal herido.
El grupo rápidamente logra vislumbrar al cuervo mal herido y sin demora preparan sus arcos.
—¡Que no escape! ¡Ya conocen la orden de nuestro emperador! ¡No dejaremos a ningún inmundo cuervo con vida, protegeremos al imperio de aquellos demonios!
El rugido de los leones se deja oír y la sed de sangre se manifiesta de nuevo en ellos, las flechas son disparadas con un objetivo preciso.
El corazón del joven príncipe latió de forma presurosa, como caballos salvajes galopando por los montes. Mientras veía la figura de su hermano alejarse por entre los aires las lágrimas fluían por sus mejillas. Sus manos suprimieron un grito ahogado al escuchar los sonidos de una masacre que se suscitaba muy cerca de él, escuchó también el sonido de las flechas siendo disparadas y el último grito de aquellos que buscaron huir de sus perseguidores.
Sin poder contenerlo por más tiempo, aquel grito que había sido callado hasta ahora se dejó oír de forma desgarradora, aquel día Khaled Corvus perdió todo lo que le era importante, su familia, su hermano y a su pueblo, aquel día solo el rojo de la sangre quedaría grabado en sus recuerdos como un recordatorio de la sangre que había sido tomada, como un recordatorio también de que cada hombre mujer y niño víctima de la maldad del imperio serían vengados.
—¡Azzad! —grito Khaled cayendo de rodillas al suelo al presentir en su corazón que la vida de su hermano se había extinguido.
Tan solo el dolor resaltó de entre aquella sinfonía de muerte. El joven príncipe intento incorporarse, pero sus piernas torpemente se movían, como si su cuerpo aún no terminase de asimilar lo acaecido o tal vez era una parte de él que se negaba a abandonar a su hermano y a su gente.
Pero el mensaje de Azzad había sido claro y su hermano había dado la vida por él. Cumpliría su deseo y no permitiría que el imperio lo capturase.
Khaled se sobresaltó al escuchar pasos acercándose a su posición y se arrastró como pudo a un costado del sendero donde el follaje era espeso y sería más difícil para alguien ajeno al terreno dar con él. En ese punto el último cuervo en pie sabía que poseía una ligera ventaja al conocer con detenimiento aquel bosque perteneciente a su territorio, con suerte podría alejarse y huir a tierras altas cerca de los territorios de la tribu vecina.
Las pisadas se hicieron más cercanas y sonoras al igual que el ruido del metal de las armaduras. Como perros entrenados aquellos soldados al servicio del emperador recorrieron cada sendero y vigilaron cada matorral con detenimiento a la espera de hallar a algún sucio cuervo fugitivo. A sus espaldas tan solo quedo la estela de muerte que dejaron a su paso, los guerreros del clan e incluso su rey habían caído y tenían en cautiverio a la reina quien yacía retenida en una jaula. Sería un obsequio magnífico para el emperador como muestra de que el clan de los demonios había caído y el continente al fin sé había liberado.
Mientras la caravana de soldados transitaba terminando de liquidar a la última fuerza de resistencia Khaled observó cómo en una gran jaula de madera algunos miembros de su clan eran llevados. El último de los príncipes se permitió albergar aquella esperanza que creía ya extinta ¿Sería posible que en ese pequeño grupo de cuervos su hermano se hallase cautivo? Muchos de las aves ahí presas estaban mal heridas y otras eran de un tamaño menor lo que indicaban que en su mayoría eran cuervos jóvenes.
¿Cuál era el propósito si se suponía que el imperio buscaba erradicarlos por completo? Aquello no tenía sentido alguno, aun así, Khaled se mantuvo en silencio a la espera de la oportunidad idónea para moverse sin llamar la atención. Tan solo tenía que mantenerse muy quieto ignorando el olor a sangre y muerte, tenía que contener el aliento mientras los leones marchaban muy cerca de él y sus ojos ocultos entre los matorrales observaron el cadáver de su padre siendo arrastrado como si fuese un animal más.
Khaled dejó escapar un quejido debido a la conmoción de ver a su padre en aquellas condiciones, con rapidez se cubre los labios nuevamente cerrando los ojos con fuerza a la espera de que hubiese logrado pasar desapercibido. Pero la suerte no estaba de su lado y el dios de la fortuna no sonríe a aquella raza maldita, los perros de caza empezaron a ladrar de forma estridente al detectar aquel sonido y un olor demasiado familiar e inconfundible.
—¡Comandante los perros han detectado algo! —exclamo a viva voz uno de los hombres de Hanzo el líder del escuadrón encargado de limpiar las fronteras de los enemigos del imperio.
Hanzo era el nombre más temido y escupido por las tribus fronterizas del imperio y todo aquel que alguna vez había sido víctima de su perversidad. Era un hombre sin escrúpulos, crápula y un asesino despiadado que no desaprovechaba alguna oportunidad para satisfacer sus ansias de sangre. Bajo sus órdenes, y en conspiración con altos miembros del consejo de nobles, horribles crímenes se habían suscitado desde abuso de autoridad hasta enriquecimiento ilícito. Pocos sabían que la pequeña fortuna amasada a lo largo de los años por el comandante Hanzo era debido al comercio ilegal de esclavos. La Gloria y el reconocimiento por liberar al imperio de sus enemigos no le eran suficiente y Hanzo se aseguró de sacar el mayor provecho de las situaciones. Para Hanzo la vida de aquellos que él consideraba inferiores no valían más que la de una bestia de campo.
—¡Suelten a los perros! —clama Hanzo y su orden fue acatada en el acto.
Las pesadas cadenas que retenían a los canes caen al suelo levantando polvo y la salvaje jauría se lanzó ferozmente hacia los matorrales olfateando el origen de aquel rastro y gruñendo a lo que yacía oculto.
Los soldados solían entrenar grandes manadas de perros con la única finalidad de rastrear a los fugitivos que lograban librarse de su masacre. Los perros seguían las órdenes de Hanzo y bastaba una seña de este para que la jauría despedazara miembro por miembro y de forma tortuosa a la víctima del sadismo del comandante más desalmado de los 4 reinos.
Los perros de caza poco a poco se aproximaban hacia el punto en dónde Khaled se mantenía escondido. El joven príncipe intentó contener la respiración en aquel eterno instante en que sintió el aliento de las bestias chocar muy cerca de su nuca.
Solo era cuestión de tiempo, podía escuchar el gruñido cerca de su oído, cuando levantó la mirada se encontró con unos ojos asesinos e inyectados de sangre. Antes de que la bestia lograse morderle y arrastrar su cuerpo para exponerlo ante los hombres del emperador Khaled Corvus se arrastró mostrándose ante los asesinos de su clan. Sin perder más tiempo emprendió rauda huida tropezando con sus pies en algunas ocasiones, pero incorporándose en el acto para nuevamente volver a huir.
—¡Comandante aún queda una rata con vida! —el segundo al mando de Hanzo alertó.
—Liberen a todos los perros que tengamos y den caza a ese cuervo, arqueros preparen las flechas por si intenta huir por los aires. Ya sea vivo o muerto caerá ante nosotros.
Con velocidad Khaled corre por su vida mientras siente a sus perseguidores pisarle los talones. Las fuerzas amenazaron con abandonar su cuerpo más aun así Khaled no planeo detenerse en ningún momento, sabía que si lo hacía entonces el sacrificio de su hermano sería en vano y el último cuervo libre sería exterminado sin contemplación alguna. No les daría la satisfacción de verlo sometido.
En más de una ocasión cae al suelo lastimándose las rodillas por lo agreste del terreno, pero el dolor no es detectado por su cuerpo, cuando la adrenalina yace alta y la necesidad por sobrevivir impera entonces el dolor es indetectable y la voluntad es muy fuerte.
—¡Lo veo comandante! ¡No tiene escapatoria!
—¡Rápido! ¡Que no escape!
Cuando Khaled vio que el camino se encontraba separado por un acantilado supo que su final posiblemente había llegado. Su única alternativa era transformarse y volar, pero jamás lo había hecho y existía una enorme posibilidad en fallar y caer al vacío.
Los soldados del imperio se encontraban cada vez más cerca y el ladrido de los perros podían oírse claramente. Era ahora o nunca, Khaled Corvus tomó distancia y preparó su cuerpo para poder ejecutar su transformación, cerró los ojos y respiro profundo tan solo tenía una oportunidad.
—¡Ahí está Comandante! ¡Va a saltar!
—¡Disparen!
Khaled corrió con todas sus fuerzas y se lanzó al vacío, sus ojos negros inmediatamente se volvieron carmesíes y sus alas oscuras resurgieron, su cuerpo se hizo pequeño y se llenó de plumas al fino había conseguido. El cuervo se elevó esquivando las flechas lanzadas por los hombres de Hanzo y agito sus alas con ferocidad intentando aferrarse a la vida. Los cuervos encerrados graznaron dándole aliento a su príncipe, batían sus alas y sacudían la jaula que los mantenían cautivos.
“¡Príncipe escapé!” parecían decir “¡Vuele alto, hacia el sol! ¡Libre!”
Incluso su madre cautiva no dejaba de moverse y agitar sus alas alentando a su hijo a volar. Su esposo murió, su hijo mayor también había partido, no obstante, su pequeño tenía esperanza de sobrevivir a aquella masacre.
Pero Hanzo no estaba dispuesto a perder ante un pequeño e insignificante cuervo, escupió al suelo maldiciendo a aquella raza y se propuso a capturarlo a como fuera lugar.
Al verlo con detenimiento se percató que era un cuervo novato cuyo vuelo era bajo y pausado, estaba recién aprendiendo a volar. Sus labios esbozaron una retorcida sonrisa de victoria.
—¡Lancen las redes! —clamó y su orden fue acatada en el acto.
Una enorme red especialmente creada para capturar cuervos a una distancia mayor fue lanzada por los arqueros logrando atrapar al joven príncipe cuervo y atrayéndolo hacia Hanzo cuyo logro fue celebrado por sus hombres.
Por muchos que fueron los intentos de Khaled para librarse todos resultaron en vano. El movimiento de sus alas inexpertas solo lo aprisionaron aún más. Su cuerpo ya débil todavía quería continuar con la lucha, se negaba a caer ante el enemigo, se negaba que el sacrificio de su hermano haya resultado en vano. Mientras todavía le quedasen fuerzas él seguiría peleando.
Al ver al pequeño y escurridizo cuervo dentro de aquella red Hanzo sonrió satisfecho. Nunca pensó que algo tan insignificante le fuese a causar tantos inconvenientes. Pero nada lograba escapar del gran Hanzo y una vez más se había hecho todo según sus deseos.
Khaled Corvus intento librarse, pero fue en vano y las fuerzas amenazaban con abandonar su cuerpo.
—Me diste muchos trabajos pequeña alimaña —la mano de Hanzo sostuvo al cuervo de la garganta, se sentía tan poderoso al poseer total control sobre la vida de cualquier ser así que procuraba disfrutar de aquellos instantes de placer al máximo —. Podría terminar con tu vida aquí mismo, en este instante —sus dedos hicieron presión y el cuervo abrió el pico buscando oxígeno, la carcajada de Hanzo resonó —, pero tengo un destino mejor para ti —liberó la pequeña garganta del cuervo y vio cómo aquél buscó con desesperación poder respirar —, te puedo prometer que desearas que yo hubiese terminado con tu vida en este momento, así de malo será para ti asqueroso cuervo.
—Comandante la noche está por alcanzarnos, debemos montar las tiendas ahora antes de que la poca luz de día nos abandone.
—Háganlo —dijo Hanzo entregándole a Khaled a su segundo al mando Lars —pero antes córtenle las alas a esta inmundicia y pónganlo en la jaula junto al resto. Mañana temprano partiremos a Moreau y venderemos la carga en el mercado de esclavos.
—A sus órdenes comandante —Lars ejecuta una reverencia y se aleja con Khaled en manos dispuesto a ejecutar el pedido de su líder.
La noche cayó y en aquella fría jaula Khaled contemplo un cielo completamente vacío sin ni siquiera el consuelo de las estrellas. A su alrededor los otros cuervos de apilaban entre ellos dándose calor con sus plumas y protegiéndose de la fría brisa nocturna mientras que en sus mentes se preguntaban sobre el futuro incierto que les esperaba y temieron más que nunca.
Jamás volverían a su tierra ni verían a sus familias nunca más.
“Hermano… Padre” en su corazón Khaled los nombro. Al igual que el resto del grupo el miedo lo sobrecogía por completo, pero intento mantenerse sereno.
Y en medio del cielo nocturno una estrella brillo en lo alto con intensidad. Mientras aún existiese un pequeño rayo de luz en medio de la oscuridad Khaled Corvus tendría esperanza.
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Updated 71 Episodes
Comments
Rebecca H
Que gacho...
2024-02-10
0
Keisha Limage
Se me salieron las lágrimas 😭 leyendo éste capítulo...!!! Por los Dioses de verdad que puedes dar donde duele... Que te bendigan tu talento para escribir 😊, lo digo enserio muy pocas veces siento algo así!
2023-05-05
2
Vanessa Ibáñez Fernández
ahí autora que sufrimiento de capitulo, solo deseaba que alguien llegará a salvarlos maldita sea espero que todos los del imperio sufran cuando Jocasa les entregue el imperio
2023-02-16
3