"Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"

...VII...

 

—Buenos tardes, señorita, me dijeron que usted me mando a llamar. Dígame que necesita joven maestra —dijo Scilla haciendo una reverencia al ingresar.

Scilla Paulette era pequeña, una niña bastante menuda a pesar de tener casi la edad de Jocasta. Sus ojos eran color del jade y el tono de sus cabellos era similar al algodón de azúcar. Scilla mantuvo respetuoso silencio al estar ante la presencia de Jocasta, su madre le había dicho que ante los señores siempre mantuviese una postura respetuosa.

Jocasta le dedica una sonrisa amigable y se apresura a avanzar hacia ella para luego tomar las manos de una sorprendida Scilla quien no sabía cómo reaccionar ante aquel gesto de cariño por parte de la joven señorita. Por supuesto Scilla no sabía el cariño que le tenía Jocasta debido a una amistad de años que solo Jocasta conocía, la pequeña Scilla desconocía cuanto aprecio le tenía la joven hija del duque y lo que estaba dispuesta a hacer esta para vengarse de lo que Carles y Irisella también le habían hecho.

—Me llamo Jocasta. Tú eres Scilla ¿verdad? Estoy muy feliz de conocerte al fin.

—Si…Si —respondió Scilla ligeramente sonrojada por las acciones de su joven maestra. Una noble usualmente no se comportaba como ella, una hija de un noble apenas y dirigía la palabra a un sirviente si no era para pedir algo.

—Me dijeron que fuiste tú quien cuido del huerto de girasoles —la sonrisa de Jocasta era de felicidad genuina, tuvo que contenerse para evitar llorar al ver a su querida amiga Scilla de nuevo —. Te lo agradezco mucho Scilla.

—N-No fue nada —el rostro de Scilla era un poema a la confusión. ¿Por qué esta señorita era tan amable? Todo era tan distinto a como su madre le contó —. Me gustan las flores solo … Solo quise cuidarlas para que no murieran.

—Me alegro mucho, tienes unas manos muy buenas para la jardinería, estoy segura de que las flores son felices al ser cuidadas por ti.

—Señorita no diga eso —Scilla se sonroja aún más —. Solo soy la hija de la cocinera.

—No permitiré que digas algo como eso —responde Jocasta —. Ambas tenemos la misma edad y eres una persona muy agradable así que … —antes de que Scilla pudiese tan siquiera anticiparlo Jocasta suelta sus manos para luego inclinar su cuerpo en una reverencia —. Por favor Scilla Paulette seamos amigas.

—¡Se-Señorita! No haga eso por favor, usted es una noble.

—¿Entonces no aceptarás ser mi amiga solo porque soy una noble? —Jocasta levanta un poco la vista observando a Scilla con tristeza.

—Oh no, no la rechazo señorita, solo que no es correcto que una dama elegante como usted se relacione con la hija de una cocinera.

Jocasta recordó la primera vez que conoció a Scilla. Ella siempre paraba sola, constantemente asediada por las obligaciones y la preparación de princesa heredera. Las únicas visitas que se le permitían tener era la de los tutores e institutrices quienes la agobiaban con las muchas cosas que tenía que aprender si es que quería ser una emperatriz apta para gobernar. Muchas veces Jocasta lloraba en silencio oculta de la vista de todos. Tan solo deseaba huir, deseaba poder gritar para dejar salir aquella sensación de estar muriendo en vida.

¿Por qué no podía ser libre? ¿Por qué no le dieron la opción de elegir su propio camino? Pese a eso Jocasta lo soporto todo porque sentía que era su deber, que aquella dura formación solo era para buscar hacerla la emperatriz perfecta al igual que sus antepasadas que portaron la misma corona que ella portaría.

Un día en una clase de etiqueta ella se equivocó en su postura. Nunca antes le sucedió una cosa como aquella, pero su mandíbula estaba dos centímetros más debajo de lo que se requería en un saludo perfecto que debía de tener una futura emperatriz. La estricta institutriz le regaño sin dudarlo, y todo el día hizo énfasis en aquel error a pesar de que Jocasta logro corregirlo.

“Es una vergüenza que una futura emperatriz sea tan descuidada, si usted osara cometer aquella falta delante de un rey extranjero el imperio caería en desgracia al serle declarada la guerra”

Pronto, los murmullos de los demás maestros no dejaban de oírse diciendo cosas elegantemente hirientes, como si equivocarse se le estuviese prohibido, como si solo un error fuese suficiente para que todo el mundo se la comiera viva. No es como si ella lo hiciese adrede.

Sin poder resistirlo más Jocasta salió huyendo hasta llegar al jardín y al pie de un árbol la joven princesa lloro amargamente. Sus lágrimas bajaron por su rostro quemándole las mejillas, incesante al igual que una torrencial lluvia, tocaron la yerba fresca en sus pies regando la tierra con su sollozo.

—¿Se encuentra bien señorita? —escucho una voz a sus espaldas. Jocasta gira y se encuentra con una niña de su misma edad quien la veía con unos ojos de compasión y un rostro de mucha pena.

—Sí, estoy bien —respondió Jocasta intentando secar rápidamente sus lágrimas.

—Tenga —Scilla Paulette, la niña traída por su padre como aprendiz de doncella le ofreció su pañuelo en un gesto sumamente amable.

Jocasta dudo en recibirlo por un segundo, más luego lo acepto y seco sus mejillas con suma delicadeza, el pañuelo era sencillo, de un color rosa pastel y con un gracioso e infantil bordado, olía a lavanda y a jabón, eran fragancias que raras veces Jocasta olio juntas no obstante era tan familiar y confortable.

—Lo siento si no es demasiado elegante para usted joven señorita —Scilla bajo la cabeza avergonzada.

—No, es precioso muchas gracias —por primera vez en mucho tiempo una sonrisa se dibuja en los labios de Jocasta mientras apretaba fuertemente el pañuelo entre su pecho. Su corazón se sentía más calmado.

—Puede llamarme Scilla, señorita —sonríe la niña tímidamente —. Le he de servir a partir de ahora.

—Scilla —repitió Jocasta haciendo una reverencia —. A partir de ahora estaré a tu cuidado, muchas gracias por el pañuelo.

—Puede conservarlo —sonríe Scilla —. Por si la señorita necesita a alguien cerca, yo estaré acompañándola.

De esa forma aquella niña paso a estar cerca de ella consolándola cuando la situación se hacía cada vez más difícil. Sonriendo junto con ella, llorando a su lado, pero, sobre todo, defendiéndola cuando la maldad llego a sus vidas y las fue tomando una por una. Scilla fue una amiga desde el instante en que sus vidas se encontraron, incluso fue más hermana que la propia Irisella.

Por tal motivo, ella no veía a Scilla como alguien inferior, a sus ojos aquella niña que fue para ella como una hermana de sangre, era su igual porque hubo una vida en donde ambas compartieron las mismas alegrías y penas y el mismo fatídico destino.

Jocasta mueve la cabeza intentando alejar la tristeza y sonriéndole a una tímida y renuente Scilla al frente suyo.

—Scilla … —La joven señorita sujeta las manos de la niña Paulette —. Tú y yo somos iguales, porque ambas tenemos sangre y carne, reímos cuando somos dichosas y lloramos cuando nuestro corazón yace roto. Compartimos el mismo cielo, respiramos del mismo aire y cuando muramos serán las mismas flores las que crecerán en nuestras tumbas. Siendo todo eso lo que nos hace iguales ¿Por qué dices que somos tan distintas?

—Se-señorita —los ojos de Scilla no tardaron en ponerse lacrimosos al oír algo tan poco común y aun así hermoso de los labios de aquella noble tan hermosa y elegante.

—Así que, como ves, somos muy iguales y ahora podemos ser amigas.

—¿Usted en serio desea ser mi amiga señorita Jocasta? —por un segundo el rostro de Scilla se ilumina, tal vez y su madre se equivocó y los nobles no son tan diferentes después de todo.

—Por supuesto que deseo ser tu amiga —responde Jocasta en una sonrisa.

—E…Está bien señorita —al final, Scilla termina aceptando.

La alegría en Jocasta es infinita, sin dejar de sujetar las manos de Scilla empieza a dar vueltas con ella sonriendo de pura felicidad por primera vez en mucho tiempo.

—Mi querida amiga —dijo Jocasta sin romper el ambiente de dicha.

—Mi única amiga —al final Scilla también se deja contagiar por el entusiasmo de Jocasta dejándose llevar por aquel sentimiento de confort y de cariño.

Al fin su más grande aliada estaba junto a ella y esta vez, Jocasta se aseguraría de que ella sobreviviera, cambiaría el destino y se vengaría de cada una de aquellas personas que se atrevieron a hacerles tanto daño.

“Vivirás feliz Scilla, no dejaré que nadie te lastime amiga mía” — pensó Jocasta —. “Haré que la mujer que te acuso injustamente hasta buscar tu muerte obtenga exactamente el mismo dolor y la misma agonía que las dos sentimos al ver como todo nos era arrebatado”

 

...***...

 

Antes de la hora de la comida un segundo carruaje a toda marcha se detuvo en las puertas de la mansión el mayordomo y las sirvientas salieron a suma prisa a recibir al recién llegado.

—Bienvenido excelencia —lo recibe Claude haciendo una reverencia al ver a su señor descender del carruaje.

—Gracias Claude —responde el duque Jonathan quien rápidamente fue recibido por su familia que acababa de salir para darle la bienvenida.

—¡Padre! —Jocasta corre y salta a los brazos de su progenitor con una alegría tan genuina. El duque la recibe en sus brazos con sumo cariño y la deposita suavemente en el suelo.

—Princesa, que alegría verte.

—Te he extrañado padre.

—Y yo las extrañé a ustedes.

—Jonathan cariño —ahora es Dione quien recibe a su esposo con un beso en los labios y una caricia en el rostro —. Al fin estás aquí ¿Por qué has tardado tanto?

—¿Demorarme? Pero querida, las he seguido desde el instante en que tuve conocimiento de tu nota —respondió Jonathan.

Cuando el duque regreso a su hogar una vez concluido su visita a palacio y habiendo quedado en buenos términos con el emperador, se vio con la sorpresa de que su esposa y su hija se habían ido por tiempo indefinido al territorio del ducado. Rápidamente ordeno que su equipaje fuera alistado y acomodado en el carruaje. Pero al fin había llegado luego de 3 largos días de incómodo viaje, ahora solo le apetecía descansar por un largo tiempo en una suave cama.

—Mi señora la comida está servida —dijo el mayordomo dirigiéndose a Dione.

—Perfecto, por favor prepara el lugar de mi esposo y haz que lleven su equipaje a nuestra recámara.

—Si señora —el mayordomo hace unan reverencia para después retirarse no sin antes ordenar a dos jóvenes peones y una sirvienta que llevaran el equipaje del duque a su recámara.

En el comedor unas variedades de platillos sustanciosos los esperaban. Filetes, pescados y apetecibles vegetales todo deliciosamente preparado para el deleite del duque y su familia. Los sirvientes en la mansión del ducado sabían a la perfección los gustos de cada miembro de la familia de su excelencia el duque y se aseguraban de complacerlos en todo. El duque Jonathan era un amo muy querido y respetado no solo por sus sirvientes sino también por los habitantes de su ducado quienes recibían su apoyo para la construcción de escuelas y carreteras que ayudaran en el trasporte de sus cultivos a las ciudades cercanas. Por tal motivo cuando la noticia de que el carruaje de la casa ducal Asteria se aproximaba al territorio las personas del campo iban a la mansión trayendo sus cultivos como obsequio para el duque.

La comida transcurrió de forma tranquila, al fin después de mucho tiempo la familia se reunió para compartir un momento familiar en la mesa. Jocasta sonrió en silencio mientras se permitió disfrutar y atesorar aquel momento. Adiós a las comidas en su recámara, adiós a las meriendas en soledad y las cenas en silencio, ahora disfrutaría el tiempo con sus padres y se aseguraría de que esos días durasen por un largo tiempo.

Mientras Jocasta disfrutaba de la compañía de sus padres el duque explicaba a su familia sobre cómo le había ido en su audiencia con el emperador y en la decisión que se tomó.

—Despreocúpate Jocasta, el emperador lo ha comprendido y acepta tu decisión de declinar. Aunque dijo que era una lástima, ya que de todas las candidatas tu era la más idónea.

—Me halaga, pero creo que hay jóvenes mejores preparadas que yo no obstante me alegra ser de la alta estima del emperador —respondió Jocasta de forma cortes.

—Es un alivio que lo haya tomado de forma tan comprensiva, aunque no dudo que no tardara en elegir a una nueva candidata.

—Estoy segura de que nuestra futura madre del imperio será una emperatriz muy sabia —respondió Jocasta sintiendo muy en el fondo lastima por la nueva prometida de Carles. En un gesto de benevolencia Jocasta le regalaría la dicha de ser una joven viuda.

La comida transcurrió con calma y la atmósfera era muy amena. Una vez que los platos estuvieron vacíos las sirvientas trajeron el postre.

—El favorito de la señorita, tartaleta de fresa —dijo una de las sirvientas sonriéndole afectuosamente a Jocasta, ella la reconoció como una de las sirvientas de más temprano.

Era una joven mujer de rostro risueño y agraciado, su cabello castaño le llegaba hasta los hombros y vestía el habitual vestido negro con delantal blanca que llevaban las trabajadoras domésticas de la mansión.

—Muchas gracias —Jocasta correspondió la gentileza con una sonrisa igual de amistosa y gentil —. Disculpa ¿Puedo preguntar tu nombre?

—¿Eh? —la joven sirvienta se sorprendió un poco más no tarda en responder —. Me-me llamo Maya mi señorita.

—Que nombre tan bonito.

El rostro de la sirvienta enrojece mucho al oír de los labios de la angelical señorita un halago tan bonito. Tuvo que hacer un duro esfuerzo para contener las lágrimas de la alegría.

—Co-con permiso señorita Jocasta, señora, su excelencia —dijo Maya haciendo una reverencia y retirándose con las mejillas de un bonito color carmín.

El mayordomo que se había percatado de eso sonrió divertido.

—Por cierto, querida —dijo Dione —. ¿Qué harás mañana? Tienes mucho tiempo libre ahora que ya no eres candidata y las campiñas son tan hermosas.

Jocasta sabía a donde quería llegar su madre con aquella pregunta. Dione amaba el campo y la jardinería, después de pasar un largo tiempo sin un contacto con su hija era comprensible que quería recuperar el tiempo perdido y ahora que el dichoso entrenamiento era cosa del pasado tenía la oportunidad de hacer lo que siempre quiso con su hija.

—Estaba pensando en explorar los alrededores mañana si es que el día es bueno, aunque aún no termino de decidirme del todo —dijo Jocasta.

—¿Por qué no van tú y tu madre a dar un paseo mientras yo reviso algunos asuntos del ducado? Aprovecharé que me encuentro aquí y revisaré unos cuantos documentos.

—Eso sería divertido —dijo Dione entusiasmada —. Querida ¿Qué dices?

—Está bien madre —respondió Jocasta con una sonrisa —. Si, será divertido.

—¡Perfecto! —exclamo la duquesa complacida de tener un día con su hija más luego su expresión de felicidad rápidamente se desvaneció al recordar algo de suma importancia que se le había presentado de forma imprevista —. Oh por la diosa, lo olvidé por completo. Tengo que ver documentos administrativos de la mansión, así como el mantenimiento y los honorarios de los sirvientes. Debo hacerlo ahora si quiero tener tiempo para disfrutar más adelante.

—No te preocupes mamá lo podemos dejar para otra ocasión —intento animarla Jocasta al ver la tierna expresión de tristeza de su progenitora.

—No querida, no te quedes encerrada por mi culpa —pese a su tristeza la duquesa intenta animarse por su hija —. Puedes ir a dar un paseo mañana con una escolta apropiada.

Una joven señorita con un alto rango en camino de convertirse en dama como lo era la hija del duque, tenía de tener una escolta apropiada que la acompañase y la cuidara de los peligros del exterior, aunque los soldados y guardias propios de las casas ducales eran los encargados de cumplir con esas tareas, cuando se trataba del campo tan solo bastaba con una doncella o sirvienta que pudiese vigilarla y alertarla de los peligros, el campo era seguro no obstante jamás se podía subestimar nada.

La comida terminó sin mayores novedades y Jocasta se retiró a su recámara para desempacar y acomodar su guardarropa con la ayuda de Maya quien había sido seleccionada aquella tarde por la duquesa para ser la acompañante de su hija y su doncella momentánea en lo que durase su estadía. Maya estaba sumamente emocionada por la oportunidad de estar con la pequeña señorita y se prometió dar su mejor esfuerzo.

—¿A dónde le gustaría ir señorita? Los terrenos del duque son muy hermosos y aún más en esta época del año, las flores más bellas yacen en las campiñas y el aire es tan puro.

Jocasta lo medito con cuidado, el territorio era tan amplio y enorme y las campiñas eran igual de amplias que parecieran que no tuvieran fin. Existía, sin embargo, muy cerca al bosque que limitaba con sus tierras, un árbol del que había oído hablar a su madre en su primera línea de vida hacía muchos años atrás un día antes de su matrimonio con Carles.

Cuando Dione supo que estaba embarazada de 4 meses inmediatamente hizo maletas y decidió ir al territorio para poder llevar su estado de forma tranquila lejos de la curiosa mirada de las damas de la nobleza a pesar de la oposición de su esposo y de su médico que no veían prudente un viaje tan largo en el estado de Dione en donde cualquier cosa por más pequeña que sea podía hacer que el niño peligrara. Dione siempre demostró que ella hacia lo que le aprecia conveniente y no se dejó asustar por aquellos hombres, es así que el viaje se realizó bajo las condiciones de Jonathan y luego de tres días se encontraron en la mansión del territorio.

Pero el viaje no fue del todo beneficio para el estado de Dione, quien ni bien llego a su destino presento dolores y malestares. Rápidamente fue llevada a su cama donde las sirvientas y el médico que Jonathan mando a traer desde la capital le brindaban cuidados y hacían todo lo posible para su mejoría y el bienestar de aquella criatura. Al parecer el viaje fue muy pesado y el embarazo de Dione era de alto riesgo por el historial de abortos espontáneos que presento la duquesa con anterioridad. Puede que para personas ajenas al círculo de confianza de la duquesa aquella acción fuese de lo más impudentes teniendo ella conocimiento de su delicado útero, pero en ese momento Dione sintió que estando lejos del estrés y fastidio de la nobleza entrometida cuyos chismes y malas intenciones habían hecho que sus dos primeros hijos no natos perecieran era lo que necesitaba para poder tener un embarazo tranquilo y a su vez proteger a ese bebé.

Esa noche tan dolorosa y desesperada Dione suplico al cielo que le permitiesen tener la dicha de ver a su bebé nacer, imploro para que aquel pequeño pudiese ver la luz de una nueva vida. Se negaba con todas sus fuerzas enterrar a otro pequeño, se negaba ser llamada de nuevo “la duquesa del vientre muerto”.

En medio de sus rezos y de sus lágrimas el cansancio la fue venciendo, de esa forma Dione se sumergió en un sueño profundo que como suaves manos fantasmales la envolvieron por completo y la arrastraron a la vez hacia lo más hondo de su subconsciencia haciendo que sea imposible ya de poder diferenciar lo real de lo que no era.

El viento era helado a pesar de que el día lucio despejado y con una luz clara y brillante, Dione sintió en sus pies la humedad del roció de la yerba y se dio cuenta al ver detenidamente que se encontraba en las campiñas lejanas a la mansión muy cerca al bosque obscuro que limitaba con las tierras de su esposo. El viento iba aumentando y sus cabellos se mecían al ritmo de las flores de la pradera, muchos colores la rodeaban haciendo que por un instante su corazón se sintiese feliz.

Antes de que Dione pudiese dar un paso al frente para apreciar las hermosas flores algo diminuto paso por su costado con suma velocidad y segundos después persiguiendo al primero una figura un poco mayor pero no lo suficiente venia tras este. Dione retrocedió un poco y observo a las dos figuras que le pasaron de largo y se dio cuenta de que el primero era un pequeño zorro carmesí y la segunda una niña rubia y de vestido blanco que jugaba alegremente junto al pequeño animal. Ambos daban brincos y volteretas, la niña reía como si la presencia de Dione no fuese percibida por ella.

La duquesa no pudo verle el rostro, por instantes el viento hacia que sus cabellos rubios la cubrieran y cuando esta intentaba alcanzar a divisar algún detalle el rostro se volvió difuso y difícil de diferenciar. En algún momento la niña dejo de correr y de reír y se recostó en la yerba cerrando los ojos. Dione intento acercarse más sus pies no le obedecían, quiso decir algo, pero la voz se le había apagado. Sin saber que hacer la duquesa hizo una expresión de tristeza y desesperación. El zorro que yacía junto al cuerpo de la niña se alejó de ella y se acercó a Dione quien veía como el pequeño e inofensivo animal iba cambiando de aspecto y aumentando de forma hasta adoptar la figura de un enorme zorro de ojos profundos y figura imponente.

—Humana ¿A qué has venido a mis dominios? —incluso su voz gruesa llenaba a Dione de una infinita calma en lugar de miedo.

—Mi bebé —Dione se tocó el vientre y luego señalo a la pequeña, sus lágrimas cayeron al comprender que la niña rubia recostada en el suelo posiblemente sea su hija y que yacía muerta a sus ojos —. Mi bebé … —suplico de nuevo —. Salva a mi bebé.

El zorro gigante hizo una expresión de disgusto y meneo la cabeza con brusquedad.

—Humana ¿No estás viendo bien? ¡Está dormida!

—¿Está sana? —las lágrimas de Dione no dejan de caer a pesar de que una sonrisa de alivio se dibujó en sus labios —. ¿Mi bebé vivirá?

—Vivirá siempre que hagas lo que yo te diga —respondió el zorro escarbando en la tierra y desenterrando unas semillas que Dione no pudo reconocer a que planta pertenecía, jamás en su vida las había visto.

—Lo haré —dijo sin dudar.

—Toma una de estas semillas que te obsequio y siémbralo en este mismo lugar antes de que el sol salga y come su fruto, solo así tu hija se salvara.

—Gracias —Dione se inclinó a levantar una de las muchas semillas de la tierra y se la guardo muy bien en el bolsillo de su camisón.

—Has de saber mujer humana que aquella niña que llevas en tu vientre es hija mía, puesto que a ella he bendecido y la he guiado desde el reino de la nada hacia ti. Cuidadla y protegedla y serán benditos ustedes. Dañadla y mi furia caerá en aquellos quienes osaron lastimarla. Yo velaré siempre por mi hija. Dadle amor y no temas, ya que ella es la verdadera reina.

—La verdadera reina —repitió Dione haciendo énfasis en aquellas extrañas palabras. El fuerte viene se hizo tan violento que tuvo que cubrir su rostro para evitar el daño.

El zorro le dio la espalda y se alejó de ella dirigiendo sus pasos hacia la niña recostada en la fría yerba. El olfateo un poco a la pequeña para luego lamer su rostro en un gesto de cariño y cuidado. El viento se volvió tan incrementé que Dione observo como su hija no nacida se iba deshaciendo en forma de pétalos naranjas hasta volar muy alto sin que la vista humana pudiese darle alcance. La duquesa extendió los brazos al cielo claro con los ojos en lágrimas suplicando para que regresara a sus brazos, pero de nada sirvió.

El zorro giró hacia la imagen de Dione y poso sus ojos profundos en las cuencas violáceas de la mujer.

—Ya está a punto de amanecer —dijo este —¡Despierta!

En el instante en que la orden fue dada Dione abrió los ojos regresando a su realidad. La noche ya se había disipado y la mañana se abrió paso con los rayos solares que se colaron por la ventana. El corazón de Dione aún se encontraba acelerado por aquel enigmático sueño ¿Fue solo un sueño? Miles de dudas rondaron por su mente confundiéndola aún más. De pronto noto algo en su mano derecha, al abrir y exponer la palma vio para su sorpresa que una semilla reposaba en su mano, una única semilla semejante a la que había visto en su sueño. No tuvo que penarlo dos veces para incorporarse de su lecho rápidamente. Una sirvienta que yacía cerca de ella se despertó en el instante en que Dione se levantó y se colocaba la bata.

—Señora no debe moverse, el médico dijo que…

—Déjame, tengo que ir al campo.

—Aún está delicada mi señora —la anciana jefa de las sirvientas intento hacer que su señora volviese a la cama por todos los medios.

El vientre de Dione aún punzaba dolorosamente y sentía como la pequeña vida en su interior se extinguía como una débil flama a la merced del inclemente viento. Como aquel viento que vio en sueños y se había llevado a su hija lejos de ella. De esa forma la duquesa apretó los dientes y los puños y se tragó el terrible dolor que la consumió por completo.

—Me siento de maravilla —mintió ella.

—¿Es así señora? Entonces llamaré al doctor de inmediato para informarle que ya despertó y que se siente mejor.

El dolor era tan insoportable que Dione sintió que algo le atravesaba el cuerpo y le cortaba en dos. Aun así, ella sonrió de forma serena sin decir palabra alguna.

—Antes … —dijo al fin apretando aun los puños —. Quisiera ir al campo a respirar aire fresco y recostarme en la yerba, eso le haría bien a mi bebé.

—¿Desea que le acompañe señora?

—Claro que si Phina, puedes acompañarme —respondió Dione —. Ven ayúdame a incorporarme y llévame a las praderas más allá de las tierras de mi esposo, cerca al bosque que limita con estas.

A la mención de aquellas tierras lejanas la vieja sirvienta pego un respingo con un rostro sorprendido y al mismo tiempo incrédulo. Su señora no podía pedir algo como eso. Era muy difícil llegar a pie a esos terrenos y la duquesa no se encontraba en las mejores condiciones para tener una caminata tan agobiante y si se iba en carruaje lo agreste del camino también podría traerle complicaciones a la duquesa y su embarazo.

—Señora yo no puedo…

Rápidamente sus manos fueron sujetadas con fuerza por Dione quien con ojos suplicantes le pidió ayuda. La anciana Phina se encontró confundida.

—Ayúdame por favor Phina, te lo ruego con todo mi corazón.

La criada dudó por un instante y pensó en llamar a su señor el duque e informarle sobre la petición de su esposa, más algo en los ojos de Dione hizo que desistiera de la idea de darle aviso a Jonathan, es así que con un largo y hondo suspiro la anciana criada Phina acepto en ayudarla aun cuando la idea le pareció descabellada.

La sirvienta le ayudo a cubrirse con un grueso abrigo y con cuidado salieron de la habitación bajaron de las escaleras llamando la atención del mayordomo y las otras sirvientas que notaron a su señora aparentemente recuperada.

—Buenos días señora —dijeron estás haciendo una reverencia al verla bajar.

—¿Ya se siente mejor señora desea que le sirvan el desayuno? —pregunto Claude el mayordomo notando el semblante pálido de la duquesa.

Dione niega de forma cortes sujetándose muy fuerte del brazo de la anciana mujer.

—La señora quiere dar un paseo y tomar un poco de aire —fue Phina quien respondió para fortuna de Dione cuyo dolor era tan fuerte que apenas y podía hablar.

—No creo que sea prudente que la señora este fuera de la cama, será mejor que…

—Solo iré al jardín por un momento a tomar algo de aire, estar en la cama me agobia demasiado, Claude pide que me lleven una taza de café con leche por favor, tengo antojo de algo dulce.

—Como ordene usted señora —antes de retirarse a la cocina Claude hizo una reverencia.

De esa forma Dione y Phina libraron el primer obstáculo, cruzaron las puertas y salieron de la mansión. Rápidamente se dirigieron hacia donde se encontraba estacionado el carruaje. El cochero al divisar a Dione se inclina respetuosamente en señal de saludo.

—Quiero ir al campo más allá de la mansión cerca al bosque —dijo Dione subiendo al carruaje con ayuda de Phina quien en todo momento le sirvió de apoyo.

A diferencia de los trabajadores de la mansión el cochero no hizo pregunta alguna, más si le pareció extraño el pedido de la duquesa. Aquellas tierras eran casi inhabitadas y se decía que la entrada al bosque estaba maldita. Era terreno de dioses y demás bestias.

El viaje fue a ritmo moderado, un aumento de velocidad y Dione estaría en peligro de esa forma en 45 minutos ya se encontraban en el lugar señalado. Phina ayudo a bajar del carruaje a su señora con sumo cuidado, el más brusco movimiento podía dañarle. El corazón de esta latía muy aprisa y el dolor en su vientre se intensificaba, ella sabía que su hija moriría su tardaba más tiempo por tal motivo intento darse prisa.

Desesperada avanzó por el terreno arrastrando sus pies, sus manos abrazaban su pequeño vientre intentando proteger a la niña que llevaba adentro. Cerca al bosque de sus sueños justo en el límite entre el campo y aquella arboleda en un punto exacto donde la luz del sol caía Dione escarbo la tierra con sus manos haciendo un pequeño agujero. Phina no podía más que observarla confundida mientras se preguntaba si quizás su querida señora había caído en delirios.

Dione entierra la pequeña semilla que se le fue obsequiada y la cubre con la tierra mojada por el rocío de aquella mañana, en su corazón pidió con desesperación que la niña dentro de su vientre llegase a nacer para ver la luz de un nuevo día. Sus manos inmaculadas ahora estaban sucias y sus uñas tan llenas y pulcras se llenaron de tierra, aun así, ella no dejó de enterrar sus dedos y pedir con desesperación. Dione rezo una súplica a los cielos y a aquel zorro de sus sueños para que cumpliera la promesa que le hizo. Justo en el instante en que sus lágrimas tocaron la tierra un pequeño brote germino ante sus propios ojos y la de una incrédula Phina que no podía concebir como un milagro como ese se estuviese desarrollando ante sus ojos.

El brote se convirtió en planta y la planta se hizo un pequeño arbusto, de una de sus ramas creció una fruta de extraño aspecto y apetitosa. El sol hizo que las hojas resplandecieran e iluminaran el punto exacto donde germino. Dione acerco su mano hacia la misteriosa fruta y la arranco de la rama, era sumamente ligera y se veía apetitosa rápidamente se la lleva a la boca y le da un enorme mordisco.

—¡Señora no pruebe eso! —grito la anciana sirvienta viendo como su señora se arriesgaba de esa forma.

Pero Dione ya habiendo probado aquel primer bocado termino devorando toda la fruta y enterró la semilla nuevamente en la tierra. La desesperada duquesa sintió como algo en su interior se regeneraba y el dolor que la estaba agobiando desde hacía días atrás se disipaba para dar paso a la calma. Se tocó el vientre para comprobar el estado de su bebé aún no nacido y un latido fuerte se manifestó como señal de que aquella niña viviría.

Un segundo carruaje llego levantando polvo tras su paso y de forma rauda desciende el Duque Jonathan Asteria quien había sido alertado de la desaparición de su esposa de la boca del mayordomo Claude.

—¡Esposa! —el grito desesperado y amargo del duque Jonathan resuena al ver a su esposa de rodillas con el camisón sucio y las manos llenas de tierra. Al verla de esa forma su primer pensamiento fue que quizás ella perdió la razón.

—Jonathan —respondió Dione con una sonrisa que no se permitió mostrar en mucho tiempo y ahora le salía tan natural como un respiro.

—¿Qué se supone que estás haciendo? Se supone que debes de estar en cama descansando y me informaron que escapaste de la mansión para venir hasta aquí. Dione ¡estás en peligro de aborto y de perder la vida! ¿Sabes lo preocupado que estaba?

—Jonathan… —dijo Dione tomando las manos de su esposo con suavidad, para su sorpresa Jonathan corresponde el gesto sujetando su mano con fuerza como quien desea mantener a la persona amada cerca, a la vez este le dedica una mirada dolida —. Todo está bien ahora… ya no me duele y está más fuerte que nunca.

—Pero…

—Ven aquí — Dione dirigió la mano de Jonathan hacia su pequeño vientre y permite que este sienta un poco a la bebé que creía en su interior.

Al sentir el tacto de su padre, la bebé saltó de alegría.

—¡Está latiendo! —dijo Jonathan —. ¡El bebé está bien!

—Ella se ha fortalecido ahora y nacerá sin problemas, ya no hay nada de lo que debemos preocuparnos esposo mío.

—¿Ella? —inquirió Jonathan notando como su esposa se refirió a su pequeño —. ¿Es una niña?

—Si —asiente Dione con una sonrisa —. Lo vi en un sueño, pero estoy segura de que será una niña.

Tanta fue la alegría que recorrió el cuerpo de Jonathan al saber que tendría una hija y que esta se encontraba en buen estado que cargo a su esposa abrazándola muy fuerte dejando salir todo el amor que sentía por ella.

—Tendremos a una duquesa.

Dione asintió y de esa forma ambos retornaron a la mansión. A pedido de Jonathan su esposa fue revisada por el médico de la familia y este corroboro la recuperación de la duquesa y la reciente vitalidad del embarazo. Los meses fueron tranquilos a partir de ese momento y la salud de Dione se acrecentaba. Cuando los nueve meses se cumplieron y era el momento de dar a luz, el duque y la duquesa lloraron de felicidad al ver su anhelo realizado en una hermosa niña. La noticia se propagó rápidamente por toda la corte y fue el tema más hablado en los pasillos de palacio y en las reuniones sociales y de esa forma todos supieron que después de dos generaciones al fin una niña había nacido en la facción más famosa y poderosa del imperio, una niña con un glorioso linaje de emperatrices tras ella.

Una niña nacida para ser emperatriz.

 

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Comments

luna dawn

luna dawn

ooooooo/Joyful//Joyful//Joyful/súper interesante

2024-07-30

1

Izza Miguel

Izza Miguel

será mi adora Jocasa la hija de aquel zorro, espero que si, que emocio la

2024-06-19

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Vanessa Ibáñez Fernández

Vanessa Ibáñez Fernández

esto me emociona cada vez más

2023-02-15

8

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Capítulos
1 "Fortuna emperatrix mundi"
2 "Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3 Una dama inquebrantable
4 "Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5 El gran duque Asteria
6 "El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7 "Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8 En lo profundo del bosque
9 "Érase una vez, un reino de cuervos"
10 "Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11 Llévame...hacía la eternidad
12 La agonía de un príncipe cuervo
13 La venganza de los condenados
14 El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15 "Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16 "¿Porque deseas salvarme?"
17 “Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18 El camino del buen caballero
19 "¿Quién se levantará para salvarnos?"
20 El corazón de un cuervo
21 Danza de cuervos y duelo de guerreros
22 "Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23 "Una manera de mantenerte atada a mí"
24 Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25 Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26 "Y llegará el día de tu regreso"
27 "Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28 "Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29 "Para mi querida Inna"
30 "Hasta que pueda volver a verte"
31 El niño que provino de las estrellas
32 Un silencioso grito, un agonizante corazón
33 "A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34 En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35 El reino sobre las montañas (primera parte)
36 El reino sobre las montañas (segunda parte)
37 El reino sobre las montañas (tercera parte )
38 El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39 Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40 Un deseo del corazón.
41 Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42 El camino del buen aprendiz
43 "Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44 La última esperanza
45 Justicia y venganza
46 "Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47 "Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48 El rey sin corazón (primera parte)
49 El rey sin corazón (segunda parte)
50 Nido de buitres
51 Los pecados de los desventurados
52 "La perfecta forma de atraerte a mí"
53 El destino de una rosa
54 La promesa (primera parte)
55 La promesa (segunda parte)
56 La dama de hierro
57 Primer movimiento
58 "Y he aquí la voluntad de los dioses"
59 "Una brecha entre tú y yo"
60 "Mantén tu espada en alto, guerrera"
61 El ángel que salvaguarda desde las sombras
62 "Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63 La flor de la locura (primera parte)
64 La flor de la locura (segunda parte)
65 La flor de la locura (tercera parte)
66 Tan brillante como las estrellas
67 "En camino a la gloria"
68 "El clamor de los rebeldes"
69 Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70 "Prisionera entre mis manos"
71 El inicio del fin (primera parte)
Capítulos

Updated 71 Episodes

1
"Fortuna emperatrix mundi"
2
"Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3
Una dama inquebrantable
4
"Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5
El gran duque Asteria
6
"El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7
"Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8
En lo profundo del bosque
9
"Érase una vez, un reino de cuervos"
10
"Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11
Llévame...hacía la eternidad
12
La agonía de un príncipe cuervo
13
La venganza de los condenados
14
El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15
"Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16
"¿Porque deseas salvarme?"
17
“Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18
El camino del buen caballero
19
"¿Quién se levantará para salvarnos?"
20
El corazón de un cuervo
21
Danza de cuervos y duelo de guerreros
22
"Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23
"Una manera de mantenerte atada a mí"
24
Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25
Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26
"Y llegará el día de tu regreso"
27
"Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28
"Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29
"Para mi querida Inna"
30
"Hasta que pueda volver a verte"
31
El niño que provino de las estrellas
32
Un silencioso grito, un agonizante corazón
33
"A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34
En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35
El reino sobre las montañas (primera parte)
36
El reino sobre las montañas (segunda parte)
37
El reino sobre las montañas (tercera parte )
38
El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39
Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40
Un deseo del corazón.
41
Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42
El camino del buen aprendiz
43
"Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44
La última esperanza
45
Justicia y venganza
46
"Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47
"Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48
El rey sin corazón (primera parte)
49
El rey sin corazón (segunda parte)
50
Nido de buitres
51
Los pecados de los desventurados
52
"La perfecta forma de atraerte a mí"
53
El destino de una rosa
54
La promesa (primera parte)
55
La promesa (segunda parte)
56
La dama de hierro
57
Primer movimiento
58
"Y he aquí la voluntad de los dioses"
59
"Una brecha entre tú y yo"
60
"Mantén tu espada en alto, guerrera"
61
El ángel que salvaguarda desde las sombras
62
"Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63
La flor de la locura (primera parte)
64
La flor de la locura (segunda parte)
65
La flor de la locura (tercera parte)
66
Tan brillante como las estrellas
67
"En camino a la gloria"
68
"El clamor de los rebeldes"
69
Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70
"Prisionera entre mis manos"
71
El inicio del fin (primera parte)

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