...V...
La estancia se encontraba lúgubre e incómoda a pesar de ser tan temprano por la mañana. Las luces se hallaban tenues dando un aspecto aún más tenso y no mejoraba en nada el humor del duque quien yacía junto a su esposa discutiendo la reciente noticia del rechazo de su hija a una invitación del emperador.
Jonathan Asteria era el duque más poderoso del imperio, su facción era una de las más fuertes y había ganado fama y poder al apoyar a la corona en el levantamiento de las regiones del sur, además de que el padre de Jonathan, el duque anterior, había desarrollado una importante carrera militar lo que reforzaba aún más su influencia tanto en la corte como en la milicia. Jonathan posiblemente era el segundo hombre con mayor poder en el territorio y por supuesto estaba el hecho de que su casa había proporcionado un gran y amplio linaje de emperatrices a lo largo de la historia. Razón por la cual la única hija del matrimonio era la favorita para ocupar el cargo de madre del imperio.
Jonathan amaba a su hija con todo el corazón y en la medida en la que un padre puede amar y atesorar a su primogénita, y era por ese amor de padre que Jonathan anhelo lo mejor para Jocasta. Siendo ella única hija de un importante duque con ese nivel de influencia en la corte y el parlamento era seguro que las propuestas de matrimonio que tendría su hija en un futuro solo serían de jóvenes que buscarían mejorar su posición utilizándola a ella y a la casa Asteria. Para el duque eso era algo que no podía permitir. Nadie usaría a su hija para obtener influencia alguna, en ese instante para Jonathan quien deseaba proteger a su pequeña de un matrimonio oportunista nada era mejor y más seguro que la misma familia imperial.
Ningún hombre merecía a su hija, solo un emperador era digno y es así que buscando hacerle un bien y darle un provechoso futuro Jonathan junto a su esposa, la duquesa Dione, se propusieron en hacer a su hija aún más apta para ejercer el papel de princesa heredera.
En un mundo de nobles y codicia por el poder tener un buen apellido y prestigio no bastaban si una candidata a princesa no mostraba el nivel que se requería para ese papel. Formar parte de un linaje de gloriosas e inteligentes mujeres no era suficiente si no se estaba a la altura, por tal motivo, Jonathan decidió preparar a su hija desde edad temprana para que sobresaliera entre todas y demostrara la gloria de las mujeres del linaje Asteria. Jocasta, la perfecta niña Jocasta, había superado las expectativas como toda una mujer de tan prestigiosa familia y una heredera de emperatrices. En silencio obedecía, estudiaba y se preparaba siempre con una apacible sonrisa en los labios y un rostro calmado.
Luego de un tiempo el esfuerzo de Jocasta dio frutos cuando el rumor de “la hermosa rosa” que crecía en el hogar del duque llego a oídos del emperador. Rasa junto a su esposa la emperatriz regente buscaban candidatas para futura prometida del príncipe heredero. Tenía que ser una joven de buena familia, tener belleza y elegancia y demostrar además que podría ejercer muy bien tan importante cargo. Es así que el nombre de Jocasta Asteria resonó por los pasillos y fue nombrado por los nobles en la corte.
Unos días después el emperador mando la invitación a la casa del duque pidiendo una audiencia a la hija de Jonathan, ya que los rumores que circulaban alrededor de ella le habían complacido enormemente.
—¿Sabes lo que eso significa? —dijo Jonathan a su esposa con clara frustración —. Desairar una invitación del palacio es un insulto al emperador y a su familia, y hay que añadir además un posible rechazo a un compromiso hecho por el príncipe heredero. El emperador lo tomará como ofensa directa.
—Debe estar asustada son nervios de último minuto, Jonathan, dale tiempo para calmarse y verás que recapacitara.
Solo la duquesa permaneció con ese aire tranquilo intentando apaciguar a su esposo, Dione era la viva imagen de la elegancia, una mujer de carácter fuerte que sin duda sabía cómo lidiar con los problemas que involucraba a su familia y al emperador. Al igual que Jonathan amaba a su hija, no obstante siempre mantuvo sus reservas a lo referente a un posible compromiso con el príncipe heredero, entendía la fama de la familia de su esposo y las emperatrices de la historia que figuraban en ese árbol genealógico, para la familia del duque, a diferencia de la del resto de nobles, el nacimiento de una niña era visto como bendición y era una de las pocas familias que permitía que una primogénita mujer heredara el título de duquesa, las tierras del ducado y la herencia del padre.
Dione D’arcy, a quien su amado esposo solía llamar cariñosamente “Dio” en la intimidad, fue la hija de un barón que había hecho su fortuna luego de hacerse de un nombre en la milicia y siendo parte de la gran victoria del imperio contra los enemigos del territorio, razón por la cual había sido recompensado con un territorio y un título menor. Las tierras a su cargo no eran muy ricas y la fortuna no era nada en comparación con los grandes nobles como lo era un duque de la posición de los Asteria, no obstante, poseían lo suficiente para ser felices y la joven hija de la casa D’arcy creció con gracia y belleza lo que fue una suerte para su padre, ya que desde edad muy temprana Dione demostró no ser la típica hija de un noble. Ella adoraba correr por los campos lejos de la capital, dejar que su dorada melena se agitara con el viento, parecía una graciosa ninfa de los bosques salvaje y peligrosa, tan hermosa. Su padre insistía en casarla antes de que los años impidiesen que un hombre de buena posición la tomara como esposa, era un buen hombre a pesar de ser algo obtuso de mente, se preocupaba por su hija a su manera, para el viejo hombre, casar a Dione aseguraba que ella tuviese una vida prospera y segura. Cuando él muriese sus propiedades pasarían a manos de un pariente lejano, un sobrino de nombre Narciso quien sería el nuevo señor del territorio y procedería a ocupar su casa y su pobre hija quedaría en el desamparo, su dote para un buen matrimonio era todo lo que podía ofrecerle.
Pero entonces la desgracia cayó a la casa de los D’arcy y el corazón del anciano padre de Dione dejó de latir una fría mañana de noviembre, cuando las primeras nevadas empezaban a caer y se rumoreaba que ese año azotaría el más inclemente de los inviernos. Siendo solo ella y su padre, y con una madre que había fallecido desde que ella era muy niña, Dione quedo en el desamparo temerosa de lo que podría de sucederle ahora que no contaba con el apoyo de nadie. Por fortuna, luego de que los restos de su padre hubiesen sido depósitos en la cripta, un hombre, que se presentó a sí mismo como el mayordomo a servicio de la familia Asteria, fue quien le hizo de conocimiento que debido a una deuda de honor entre el duque Asteria y quien había sido su primer oficial cuando este se encontraba a servicio del ejército del gran ducado, el fallecido barón Edmund D’arcy.
Y fue así que, gracias a que su padre salvo la vida del duque Asteria en batalla, Dione paso a tutela y cuidado de aquella casa y paso a conocer a Jonathan Asteria con quien no simpatizo gratamente la primera vez que ambos se vieron. A sus ojos, Jonathan lucía como un joven noble consentido, nacido y criado en la grandeza. Dione a pesar de ser noble era de un rango tan bajo que era objeto de desdén por parte de la más alta nobleza del imperio. En circunstancias ordinarias ni Jonathan ni Dione hubiesen tan siquiera coincidido en las mismas reuniones y si es que lo hacían, el rango de aquel joven era tan alto que a ella jamás se le permitiría tan siquiera verlo a los ojos. Pese a la indiferencia de Dione y su actitud hostil hacia él, Jonathan en verdad deseaba entablar una amistad con aquella muchacha a quien su padre presento y le otorgo su patronato. Bastó uno de los más terribles accidentes en la historia del ducado para que ese deseo se hiciese realidad y fue así que cuando el heredero del duque más poderoso del imperio el joven Jonathan Asteria de 14 años, se encontraba persiguiendo un zorro de lomo plateado en los territorios del ducado. En descuido el pequeño animal a quien perseguía ocasionó que su caballo se descontrole provocando que Jonathan cayera en un lago congelado. Dione quien paseaba por ahí y al ver al hijo de su benefactor en peligro corrió en su auxilio metiéndose a las frías aguas logrando sacarle y arrastrarle hasta la orilla. El vestido de Dione al igual que su cabello estaban completamente empapados, el frío le calaba hasta los huesos y la piel blanca se tornó casi azulada aun así la joven dama se preocupó por el bienestar de aquel joven que estuvo al borde de la muerte.
Hermosa y generosa, salvaje como la misma madre naturaleza, para Jonathan esa dama era un ángel. Y de esa forma fue como Jonathan empezó a enamorarse de ella y su corazón cálido se regocijó al saber que Dione se preocupaba por él. Desde entonces supo que ella era la indicada para ser su esposa.
No importó que luego terminase dos largas semanas en cama con un fuerte resfrió y que luego Dione le golpease los hombros por haber sido tan descuidado y tonto como para cabalgar en medio de la nieve. Jonathan creía que aun estando molesta Dione era muy bonita.
“Joven duque, es usted un gran estúpido, ¿tiene idea del peligro en el que estuvo?” ―Dione también cayó enferma a causa de aquellas gélidas aguas, pero ella no desaprovecharía una oportunidad para reprender a Jonathan.
“Dione, te puse en peligro a ti también. Por favor, perdóname” ―suplicó Jonathan y sus ojos se encontraron con los dorados orbes de la muchacha quien rápidamente enrojeció, ya que incluso ella no era indiferente al atractivo del heredero del duque. Ojos azules como el océano y un cabello tan negro como la noche.
“Le perdonaré solo sí promete no cometer una insensatez como esa” ―respondió Dione ―. Recupérese pronto para la tranquilidad de su padre”
“¿Y la tuya Dione?”
“¿Joven duque?”
“Si me recupero, ¿también te sentirás tranquila?”
“Obviamente” ―respondió Dione con total honestidad.
Y el corazón de Jonathan saltó de alegría dentro de su pecho. El tiempo transcurrió y mil y un cosas acontecieron antes de que ambos se confesaran el uno con el otro. Jonathan creció para heredar el título de su padre y sucederlo en sus deberes tanto en la administración del ducado como en la milicia y en cuanto a Dione, fue educada como una gran dama de finos modales y una belleza que no poseía comparación. Viendo Jonathan que muchos hombres empezaron a solicitar la mano de la patrocinada del duque Asteria el miedo a perderla empezó a dominarlo y sin perder más tiempo pidió a su padre su bendición para poder pedir a Dione como su esposa. Dione era una patrocinada, fue educada por el hombre más influyente y poderoso solo por debajo del emperador, pero también era una noble nacida como la hija de un caballero que gano su título de barón por haber peleado en la guerra. Sin duda sería un acontecimiento escandaloso y que pondría el nombre de los Asteria en la boca de todos por quien sabe cuánto tiempo. Pero Jonathan estaba decidido a casarse con Dione con o sin el permiso del duque. Por suerte para él su padre aceptó aquel pedido, ya que Dione D’arcy se había convertido en una hija tan preciada que la sola idea de que se fuese lejos del ducado le causaba un inmenso dolor. Fue una suerte que ambos jóvenes gustasen el uno del otro. De esa forma todos en la mansión y en los círculos aristócratas dejaron de referirse a ella como Dione D’arcy “la patrocinada del gran duque” para ahora ser llamada “la gran duquesa de Asteria”
Su matrimonio era ideal, ambos caracteres se complementaban y eran en ocasiones como aquellas en donde solo Dione podía hacer que su esposo retomara el camino de la calma. Dione se casó por amor y deseaba que su hija tuviese esa oportunidad, pero también comprendió el temor de su esposo y lo apoyo en la decisión de proteger a Jocasta.
—No logro comprender —continuo el duque caminando de un lado al otro por todo el despacho —. Ayer estaba tan entusiasmada, tan feliz.
—Jonathan, te estás olvidando que Jocasta es una niña de 12 años, es natural que esté asustada e indecisa, es algo nuevo que marcara su vida a partir de ahora, el papel de emperatriz no es cualquier cargo y desde el instante en que nuestra hija porte esa corona los ojos estarán sobre ella y no importa lo muy entrenada que se encuentre, el miedo siempre estará presente. Aún es muy joven.
—Puede que tengas razón…
—Sabes que la tengo querido. Es hora de que empieces a poner la voluntad de tu hija sobre tus deseos.
—Solo quiero lo mejor para ella.
—Y no lo dudo cariño —Dione se acerca a su esposo y le acaricia el rostro en un gesto tan íntimo que hizo que la desesperación del duque se deshiciera —. Temo que en tu afán de buscar lo mejor y asegurar un buen fututo para nuestra hija le has arrinconado a aceptar una decisión tuya sin que ella pueda opinar al respecto sobre si es lo que verdaderamente desea.
—Pero tú estuviste de acuerdo conmigo —dijo Jonathan —. Apoyaste mi decisión y estuviste al pendiente de la formación de nuestra hija.
—Lo estuve querido, es cierto —respondió Dione dándole un suave beso en los labios —. Pero tal vez el que nuestra hija se niegue a ir a palacio y a aceptar un posible compromiso me hace pensar que puede que ella no desee todo eso y nosotros como padres debemos de aceptar esa decisión ¿O acaso la obligarías a casarse pese a su negativa?
—Sabes que no, yo me case contigo por amor, aunque el amor no es algo que sea muy común en nuestro mundo no obstante no me arrepiento de haber unido mi vida a la tuya, y mi deseo es que mi hija experimente eso, pero también temo por que este mundo es muy cruel y Jocasta como heredera de mi ducado será víctima de oportunistas y cazadores de posiciones.
—Tenemos que confiar en nuestra hija y en su capacidad para llevar su vida. Si ella quiere continuar con el camino que la lleve a palacio y al trono de emperatriz la apoyaré por que la amo, pero si ella se niega a aceptar al príncipe heredero tendrá mi apoyo también, no le daré la espalda.
Jonathan quedó en silencio por un breve tiempo mientras analizaba en profundidad las palabras de su esposa, Dione tenía la capacidad de ver más allá de las cosas y era en esa capacidad en la que Jonathan confiaba plenamente, al ver que su esposa había guardado silencio con el asunto del compromiso y la preparación de Jocasta le había dado la confianza para continuar al sentirse apoyado, no obstante ahora que era consciente de la opinión de su señora podía ver la situación con los mismos ojos que ella. El futuro de Jocasta le preocupaba, pero también lo hacía su presente. Si su hija a sus 12 años había tomado una importante decisión como esa ¿Quién era él para hacerla infeliz imponiéndola a un compromiso que ella rechazaba? Jocasta debido a su educación de dama ideal era mucho más madura y racional que las otras niñas nobles de su edad no obstante también seguía siendo joven y tenía el derecho a disfrutar de esa juventud.
—Es verdad —murmuro Jonathan.
—Me alegra que lo comprendas querido —respondió Dione en una sonrisa —. De seguro la doncella le comunico que deseas hablar con ella, no debe tardar en llegar así que te dejaré para que platiques con nuestra hija y te diga lo que ella opina al respecto y cuál es la decisión definitiva.
—Muchas gracias por aclararme el panorama Dio.
La duquesa le dedica una sonrisa a su esposo y una ligera reverencia antes de retirarse. Al abrir la puerta encuentra a Jocasta con el puño levantado y el rostro pálido al verse descubierta por su madre, al parecer Jocasta estaba a punto de llamar a la puerta y Dione la sorprendió.
—Buenos días, cariño —saludo la duquesa con una sonrisa cálida y un enorme entusiasmo. Puede que ese sea sido un saludo normal en ella, pero para Jocasta el oír su voz hizo que el corazón le temblase.
—Madre…
—¿Pasa algo hija? —Dione noto el malestar y el dolor en su mirada y pensó que era el miedo referente al compromiso ¿Tan malo representaba ser princesa heredera que Jocasta se tornó así de pálida?
—¡Madre! —la niña en un acto inesperado abraza a Dione de la cintura fundiéndose en un abrazo que contuvo durante mucho tiempo.
“Está viva, ¡Mi madre está viva!” pensó ella enjugando sus lágrimas en el vestido de Dione.
...***...
Al ver a su madre después de un tiempo que le supo eterno las emociones no dejaron de fluir de Jocasta quien tuvo como última imagen de su progenitora una cabeza deforme y cercenada depositada en frente de ella por Irisella con la única finalidad de atormentarla. Pero esa mujer estaba delante de ella, hermosa, alegre tan llena de vida con ese cabello dorado que acentuaba aún más el color níveo de su piel. Era así como quería recordar a su madre y no como aquella terrorífica imagen que aun ahora le sigue perturbando.
Su madre querida estaba viva lejos de la maldad y la envida de Irisella y Carles, puede que en su interior sea una mujer en el cuerpo de una niña, pero en ese instante no pudo evitar aferrarse a su madre y llorar como una pequeña que acababa de despertar de una horrorosa pesadilla y que buscaba un abrazo cálido y palabras de consuelo.
—Mi pequeña no tengas miedo todo saldrá bien —murmuro Dione abrazando a su hija e intentando calmar aquel llanto como solo una madre sabe hacer.
Jocasta levanta la vista y se encuentra con los ojos de su madre quien la mira con amor y tranquilidad, las suaves y tibias manos de Dione le acarician el rostro en un ademán de cariño y a la vez consuelo, los largos y blancos dedos de la duquesa le secan las lágrimas.
—Mamá, te extrañé mucho.
Nunca antes una palabra fue expresada con tanto cariño como lo era la palabra “Mamá”
—Mi preciosa niña —sonríe Dione —. Pero ayer en la noche te despediste de mí para irte a acostar.
Eso era cierto y Jocasta lo comprendió. El tiempo para ella y Dione eran tan distintos, la última vez que su madre la había visto fue apenas la noche pasada, en cambio ella que había vivido la conspiración de Irisella y la muerte de sus padres la última vez que vio a su madre viva fue el día de su coronación como emperatriz. Ambas se despidieron entre lágrimas y un cálido beso en la frente.
—Yo … Soñé que te perdía —respondió Jocasta intentando disimular el dolor en una sonrisa fingida aun así las lágrimas en sus mejillas la delataban.
—Mi pequeña, mamá siempre estará contigo ya sea a tu lado o en tu corazón. No llores solo fue una pesadilla ya paso.
—Sí, ya paso —sonríe Jocasta aun con los ojos llorosos pero la sonrisa de su madre y su suave voz fue suficiente para hacer que se tranquilice y el dolor junto con el miedo se disipasen.
“Tengo que sobrevivir, tengo que evitar que Irisella le haga daño a ella y a mi padre, tengo que proteger a mi familia, a Scilla e Inna a como dé lugar” pensó Jocasta con aquel deseo ferviente en su corazón. Ahora más que nunca debía de evitar su final y estar preparada para aquella víbora que dentro de algunos años vendría a su casa buscando perjudicarla a ella y a su familia.
—Todo estará bien hija, ya hablé con tu padre y creo que ahora está más dispuesto a oír tu opinión. Él te quiere mucho.
—Si mamá, muchas gracias —Jocasta besa las manos de su madre en un ademán de gratitud y cariño.
—Bueno, los dejo para que conversen mientras yo voy a inspeccionar cómo va el desayuno. No tarden los espero en la mesa —dijo Dione
—Si madre —dijo Jocasta.
Dione acaricio el rostro de su hija por una última vez para después alejarse del despacho de su esposo y dirigirse al comedor donde la jefa de las cocineras la esperaría junto con la doncella encargada de la mesa.
Una vez lejos su madre Jocasta se quedó en la puerta quieta y esperando la orden de su padre para ingresar. La tensión era palpable y se mentiría a sí misma si no admitiese que se encontraba sumamente nerviosa por lo que diría Jonathan acerca de su negativa de asistir a palacio y aceptar la propuesta del emperador de comprometerla con su hijo y hacer de ella la princesa heredera.
El duque Asteria observó a su hija en la entrada y percibió el nerviosismo en ella, a estas alturas jamás imagino que su propia hija llegase a tal punto de sentir miedo de hablar con él. Jocasta siempre fue una niña obediente y que nunca se negaba u objetaba algo a su padre, esta Jocasta era muy diferente a la de hace apenas un día.
—Puedes entrar hija, toma asiento y hablemos un poco sobre lo que mandaste a decir con la doncella.
Jocasta trago duro y supo que era el momento, camino hacia el escritorio de su padre y tomo asiento frente a él. Su corazón seguía emocional, ya que ver a su papá con vida era algo que le hacía muy feliz.
—Padre yo… —empezó a hablar Jocasta apretando su vestido intentando ordenar sus pensamientos y decir las palabras apropiadas para que su padre acepte su pedido y pueda estar a favor de evitar la visita a palacio y el compromiso.
—Antes de que digas algo quiero preguntarle algo hija ¿Eres consciente de las consecuencias que traería rechazar al emperador y a su hijo? Podrían especular sobre tu negativa, podrían especular sobre ti como heredera de nuestra casa y además sería muy complicado para ti Jocasta conseguir un compromiso más adelante porque pensaran que el emperador te rechazo por ser inadecuada.
—Soy muy consiente padre —respondió Jocasta.
El suspiro del duque fue profundo y con una carga de total agotamiento, aun así, su rostro se mantuvo calmado.
—Entonces dime, ¿Cuál es tu decisión final?
—Padre —un aura de determinación invadió el cuerpo de Jocasta y hablo con voz segura ante su padre, si quería que este cambiase de opinión tenía que mostrarle puntos válidos y además mantener confianza y seguridad —. Yo he meditado muy bien mi decisión y no deseo visitar el palacio imperial ni tampoco quiero aspirar a un compromiso con el hijo del emperador. Ser emperatriz es una pesada carga que no estoy segura de poder llevar a cuestas, padre no soy feliz ante la sola idea de vivir esclavizada en el palacio actuando como la dama perfecta cuando solo quiero quedarme aquí con ustedes y pasar mis años tranquila y feliz lejos del agobio de la gente. Solo quiero ser feliz, no quiero estar rodeada de maestros ni institutrices que me piden ser perfecta en todo, que me consumen la vida todos días. Tengo 12 años, quiero vivir como una niña de 12 y no como una futura princesa que pasara toda su vida bajo la constante mirada y escudriño de los demás nobles. Quiero ser la duquesa Asteria y no solo la princesa heredera, quiero casarme con alguien a quien yo elija y no aceptar a alguien a quien me impongan.
—Entiendo querida, pero entiendes tú que si rechazas al hijo del emperador será muy difícil para ti casarte, ¿verdad?
—Entonces aceptaré un noble de alto rango de otro reino si es necesario, pero no viviré encerrada en palacio, quiero ser capaz de decidir por mí misma mi futuro, papá … —por un segundo la voz de Jocasta se quiebra y es cuando sus emociones fluyen a través de esta, al fin todo lo que siempre anhelo decirle a su padre estaba saliendo a la luz —. Papá no quiero aceptar ningún compromiso que vincule a la familia imperial. Permíteme quedarme aquí contigo y mi madre.
Luego de aquel pedido desesperado la estancia quedo en total silencio. Jonathan oyó cada palabra de su hija y se mantuvo callado todo ese instante. Todo lo que Jocasta tenía que decir ya fue dicho y esperaba con todo su corazón que su padre haya podido entenderla y aceptar su decisión.
—Si eso es lo que quieres entonces daremos un paso al costado en lo referente a la familia imperial —hablo Jonathan al fin.
—Papá ... —Jocasta estaba sin poder creerlo, por primera vez en mucho tiempo el enorme peso que cargo sobre sus hombros desapareció.
—Eres mi única hija y jamás te obligaría a aceptar algo que tú no deseas, el único motivo por el que continúe presionándote de esa forma es porque creía que te hacía un bien al alejarte de los oportunistas que van a querer acercarse a ti buscando beneficios de tu posición, además al ver que aceptaste en silencio todo este tiempo y cumplías con lo que te pedía sin objeción me hizo creer erróneamente que eso era lo que tú querías, ya veo que no podía estar más equivocado hija. Así que lo que tú has decidido yo lo acepto y te apoyo, pero quiero que sepas que debes de estar preparada para lo que te esperara. Eres muy joven y puede que aún no lo entiendas, pero confió en que te seguirás fortaleciendo y te convertirás en la noble dama que sé que llegaras a ser y harás que los nobles que hablaran de ti y también sus hijos se traguen cada palabra. Yo te apoyaré y te protegeré todo lo que pueda y me sea posible, porque te quiero y no dejaré que nadie te dañe, pero debes aprender a pelear Jocasta y sobrevivir por ti misma en este mundo de fieras. Eres fuerte ya lo he comprobado —el duque sonríe a su hija con un gesto de orgullo —. E inteligente, y muy valiente. Nunca dejes de ser valiente Jocasta.
—¡Padre! —la niña se incorpora de su asiento y corre a abrazar al duque —. Muchas gracias padre.
Jonathan acaricia el cabello a su hija intentando apaciguar sus lágrimas. Aún le era extraño verla ser tan expresiva y emotiva. Desde que había empezado su preparación Jocasta dejo de mostrar sus sentimientos y se había encerrado en su pequeño mundo.
—Ahora debo partir cuanto antes hacia el palacio e informar sobre nuestra decisión final —dijo Jonathan suspirando cansadamente, aun así, no dejaba de sonreírle a su hija en un ademán de que al final todo estaría bien.
—Si padre —dijo Jocasta volviendo a guardar la compostura y caminando junto al duque hasta la salida.
—Descansa hija, todo ha terminado al fin —sonríe Jonathan.
Pero solo Jocasta sabía que apenas era el principio.
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^^^Continuará ^^^
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Updated 71 Episodes
Comments
Alice
Quero um papi assi por favor para mi e mis pequenos
2024-03-07
0
Norvis Padrino
Que hermosa novela
2024-01-10
0
Gallardo Adriel
me encanta esta novela ojala la termines autora
2023-08-25
1