...II...
Cuando Khaled abrió los ojos no sintió dolor alguno más que un ligero adormecimiento en el pecho y en una de sus alas. Sus ojos negros recorrieron el lugar confundido por saber dónde se encontraba ¿Había caído en manos del enemigo? ¿Acaso había muerto y ahora se encontraba en alguna especie de raro infierno rosa lleno de osos de felpa e inquietantes muñecas de porcelana? No lo sabía a ciencia cierta y todo era tan confuso para él quien juraba haber muerto debido a la gravedad de sus heridas y al agotamiento por ese largo viaje desde la ciudad de Moreau. Al observar mejor en donde se encontraba se percató que estaba acostado en un suave cojín de plumas inmaculado y que olía muy bien. Al ver con mayor detenimiento se dio cuenta que se encontraba en la recamara de alguna niña noble. Khaled sintió que su suerte no podría ir peor, ya no era un esclavo, pero al parecer se había vuelto en la mascota de alguna chiquilla rica que de seguro lo mantendría en una jaula por el resto de su vida.
¿Acaso su suerte puede ir aun peor? Sin poder usar sus alas y aun en un estado de cuidado le sería difícil poder escapar y más ahora que le era sumamente urgente regresar con su gente ahora que sabía que se encontraban reunidos y a salvo en terrenos más altos y lejos del imperio.
Al recordar el rostro de la dama de sus sueños cerro los ojos por un segundo e intentó evocarla una vez más, la había visto antes de perder la razón juraría que así había sido, pero al parecer todo fue el resultado de sus delirios por el dolor y el agotamiento. Incluso recordaba haber visto un rostro joven similar al de aquella dama dorada, los ojos eran los mismos resplandecían con la misma intensidad y brillo ¿Cómo era eso posible? Una pregunta sin respuesta y Khaled anhelo que alguien le aclarara la razón por la que había parado en aquel lugar.
La puerta de la habitación se abre y una agradable fragancia llegó hasta Khaled llevada a él por la ligera brisa que se filtró por la ventana abierta y que hacia danzar las cortinas. Era una fragancia dulce pero no lo suficiente como para resultarle empalagosa, inmediatamente después una melena dorada hace su ingreso como una lluvia de oro. Khaled levanta su pequeña cabeza y sus ojos negros observan a una niña venir hacia donde él se encontraba. Sus ojos azules lo vieron y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, el alivio en ella era tan notorio que tomó desprevenido al príncipe de los cuervos.
―Ya despertaste, ¡Que alegría! ―exclamo ella con entusiasmo al comprobar el buen estado del cuervo rescatado.
“Que niña tan extraña no les teme a los cuervos” ―pensó Khaled al verla tan feliz.
Por más que la observaba no podía dejar de verle el parecido con el ángel de sus sueños, aquel que le dio las fuerzas necesarias para resistir todo ese tiempo. Los ojos, el rostro incluso el color de su cabello todo era tan parecido que Khaled temió que se tratada de alguna especie de sueño y que al despertar se encontrase abandonado en los bosques.
―Claude tenía razón te ves demasiado bien, aunque no podemos confiarnos demasiado con tu tratamiento ¿verdad amiguito? ―Jocasta se acerca al cuervo convaleciente que reposaba en aquellos suaves cojines. Su rostro se aproxima a Khaled para verlo con detenimiento y asegurarse a su vez que efectivamente no había problemas con los vendajes.
“¡Demasiado cerca! ¡Ella está demasiado cerca!” ―pensó Khaled al ver ese bonito rostro a solo centímetros de él, sus pestañas eran largas rubias y se agitaban como pequeños abanicos. El corazón del pobre cuervo latió muy frenético y pensó que se desmayaría.
― ¿Te encuentras bien?
“¡No te acerques niña solo lo empeoras!” ―quería gritar el pequeño cuervo, pero solo graznidos era lo que salía de él.
―Debes tener hambre ―dijo Jocasta ignorando la conmoción causada en la pobre ave convaleciente ―. Espérame aquí por favor iré a traerte un poco de pan y agua, Claude dice que debes de alimentarte bien para que puedas recuperarte satisfactoria mente.
Khaled no sabía quién era Claude, pero agradeció aquella consideración. Luego de pasar largos días enteros sobrevolando sin probar bocado alguno pensó que necesitaba alimento para reponer energías. El cuervo abrió el pequeño pico en señal de estar de acuerdo y Jocasta con una sonrisa en los labios se apresuró a salir de su recamara y se aventuró a la cocina con la esperanza de encontrar algo que pudiese alimentar a su pequeño paciente. La madre de Sakura al saber la razón de su visita le obsequio una hogaza de pan que aún se encontraba suave. La joven dama agradeció y luego de hacer una reverencia en agradecimiento se retiró de la cocina y se dirigió de nuevo a su recamara.
“Eso fue rápido” ―pensó Khaled al verla ingresar nuevamente con algo envuelto entre sus manos ―. “Tenía la esperanza de observar este lugar con mayor detenimiento”
―Mira lo que conseguí para ti ―dijo Jocasta con orgullo y sin dejar de sonreírle a aquel lindo cuervo de plumaje obsidiana, es que no podía comprender como existía gente que pudiese odiar a tan inofensivas criaturas.
El cuervo grazno mostrándose un poco impaciente, su pico se abrió pidiendo alimento y la niña se apresuró a descubrir la hogaza de pan envuelta en una inmaculada tela, la fragancia del pan recién horneado es tan fuerte y aromática que en el acto inundo la estancia despertando el apetito hasta en la propia Jocasta. Khaled no recordaba la última vez que olio la deliciosa fragancia de un pan recién horneado, posiblemente jamás lo había hecho, en su clan nunca podían darse el lujo de obtener abundante trigo para la harina y ni que decir de los demás ingredientes necesarios y por supuesto aquellas hogazas duras y sin sabor que le daban en la casa de esclavos de lord Galk no se comparaba en nada a lo que esa niña noble tenía en las manos.
Jocasta partió el pan en dos mitades y la fragancia lleno los pulmones de aquel cuervo, con cuidado la joven dama corto una de las mitades en porciones pequeñas y que hicieran a su paciente un poco más sencilla la tarea de comer.
“¿Sabrá tan bien como huele?” ―pensó Khaled cada segundo más impaciente.
―Aquí tienes pequeño, come con cuidado que aun esta algo tibio ―dijo Jocasta acercando el pequeño trozo de pan al pico del ave ―. Descuida hay más que suficiente puedes comer tanto como desees.
“¡Es una maravilla!, sabe delicioso” ―se dijo Khaled devorando aquel manjar, quiso regresar a su forma humana para poder comer bocados más grandes, pero sabía que no debía hacerlo, al menos no hasta que sus heridas sanasen del todo.
―Me alegro que te guste ―sonríe Jocasta ofreciéndome más pan cada vez que sus dedos quedaban vacíos ―. Más despacio amiguito.
Pero Jocasta se dio cuenta de sus palabras y sus ojos se llenaron de melancolía. De seguro aquel pobre cuervo paso largos días sin probar alimento era natural que comiera de esa forma.
“Sus ojos están tristes” ―pensó Khaled deteniendo su alimentación por un momento para observar el rostro del pequeño ángel.
―Prometo traerte fruta fresca y semillas de calidad ―dijo la niña intentando mantener una sonrisa en medio de su melancolía ―. Tienes que comer muy bien para que sanes y puedas ser libre.
Puede que Khaled sea un cuervo ahora pero también era humano y no solo podía vivir de semillas y pan, no obstante, sabía que no podía ser exigente con la comida ofrecida.
“Comeré todo lo que me des niña, solo no pongas esos ojos tristes” ―Khaled no sabía porque eso le causaba un extraño malestar. Supuso que era porque esa joven dama guardaba un enorme parecido al ángel de sus sueños, aquella figura que en los momentos más angustiosos lo acompaño como una lámpara que alumbra un oscuro túnel.
El cuervo intentó levantarse de su pequeña cama improvisada pero debido a sus heridas recién curadas aquel simple movimiento se le dificultaba. Jocasta observa sorprendida aquel comportamiento y temerosa de que pudiese lastimarse aún más sus manos lo sostienen impidiendo que Khaled siga esforzándose.
― ¿Qué haces? ―dijo ella sosteniéndolo con cuidado, sus blancas y pequeñas manos acariciaron su plumaje, estas eran suaves y le dejaban una sensación tan agradable en los dedos ―. Te lastimaras si haces eso debes de estar tranquilo por un tiempo.
Khaled no estaba conforme, no se suponía que resulte de esa manera, por primera vez en mucho tiempo se sintió inútil incapaz siquiera de consolar a la persona que le brindo auxilio. Como última alternativa froto su cabeza en la palma de la mano de Jocasta, la niña se sorprende, pero no emite movimiento brusco alguno para espantar al pequeño cuervo. La sensación es agradable y la melancolía en los ojos de Jocasta se disipó para dar paso a una apacible sonrisa.
“No estés triste” ―pensó Khaled intentando darle ánimos aun cuando no era propio de él dichos gestos. Cuando se pasa un largo tiempo entre esclavos que solo tienen como propósito matar para sobrevivir no existía lugar para la compasión ni mucho menos la empatía. Khaled había abandonado su naturaleza hacía tiempo y poco a poco se transformó en un asesino que atacaba a la primera orden. Entonces, siendo un joven de quince años entrenado para hacer cosas aberrantes e inhumanas ¿Por qué intentaba aferrarse desesperadamente a aquella luz? ¿Por qué le invadieron unos fuertes deseos por ser salvado? Las heridas en su cuerpo ya estaban siendo curadas, pero por dentro todavía las llagas seguían palpitando dolorosamente.
―Me hace verdaderamente feliz que hayas podido sobrevivir ―dijo Jocasta con una sonrisa suave y sincera ―. Eres muy valiente y fuerte pequeño ¿lo sabias? Has luchado tanto por tu vida, debes de tener un propósito demasiado fuerte.
El único propósito que poseía Khaled era restaurar a su clan y tomar venganza hacia aquellos que fueron los causantes de la muerte de su pueblo, su padre, su madre y su hermano. Si existía una razón para aferrarse a la vida no era otra que el odio.
Un cuervo siempre sería un cuervo y la sangre siempre habría de despertar a las bestias.
“Necesito recuperarme pronto y buscar a mi clan” ―el deseo ferviente de Khaled empezaba a resurgir nuevamente, se sintió inútil al verse incapacitado y con su forma cambiante de cuervo.
Alguien llamo a la puerta y tanto Jocasta como Khaled se alertaron un poco.
―Joven maestra ―se escuchó la voz de una joven sirvienta al otro lado. Jocasta la reconoció al instante.
―Maya, adelante por favor.
―Gracias joven maestra ―respondió Maya ingresando a la recamara de Jocasta, con cautela sus ojos se dirigieron al cuervo dentro de la pequeña cesta y su rostro apenas y disimulo una expresión de terror. Los cuervos son de mala suerte, a donde estos iban la sangre y la tragedia los perseguía contaminando todo. Maya tuvo miedo por su pobre señorita, su buen corazón le impedía ver la verdadera naturaleza de los seres ―. La cena pronto será servida señorita ―dijo Maya haciendo una reverencia.
―En seguida bajo al comedor, eres muy amable por avisarme querida Maya ―respondió Jocasta con educación.
―Joven maestra ―el recelo de Maya hacia aquella ave no pasó desapercibido para Jocasta quien podía ser capaz de ver su desconfianza ―. ¿Se encuentra usted bien joven maestra?
Jocasta no podía culpar a Maya por compartir una creencia tan arraigada y antigua. El odio no es algo propio de la naturaleza humana, sino que al igual que con una semilla esta es sembrada en las mentes y corazones dejando que sus raíces infecten el juicio y solo permita que la desconfianza y el rencor injustificado imperen. La semilla de odio ya había sido plantada y Jocasta sabía que retirarla no iba ser trabajo de un solo día.
― ¿Por qué habría de estar mal? Este pequeño de aquí es tan lindo y apacible ―respondió Jocasta acariciando la pequeña cabeza de plumaje oscuro ―. ¿No quieres tocarlo un poco Maya?
La pobre de Maya puso un rostro de completo miedo cuando su joven señorita la invito a tocar a aquel cuervo. Khaled tampoco fue muy cooperativo al mostrarse amigable, sus ojos miraban fijamente a Maya en señal de advertencia y su pico abierto no dejaba de amenazarla con picarle una mano si se atrevía a tocarlo sin su consentimiento.
“No soy una jodida mascota , soy un asesino” ―pensó el cuervo protegiendo su orgullo al no permitir que nadie del imperio se atreviese a tocarlo más luego recordó que permitió que esa niña rubia le acariciara la cabeza ¡Pero nadie más salvo ella podía hacerlo porque fue quien lo recato!
―No creo que deba joven maestra ―dijo Maya.
“Si quieres conservar los dedos no me toques mujer del imperio”
―Es inofensivo Maya ―la ingenua Jocasta no podía ver al pequeño diablo salvo su querida amiga Maya.
―Me da miedo…
“¡Te morderé!”
―Es tan bonito.
―Si la joven maestra lo permite sería correcto dejarlo para otra ocasión ―por alguna razón Maya tuvo la necesidad de proteger sus dedos. Había escuchado que los cuervos solían alimentarse de carne humana.
―Está bien ―dijo Jocasta sin dejar de acariciar la pequeña cabeza suave ―. Ya verás qué inofensivo es.
―Estoy segura que si joven maestra ―dijo Maya disimulando su miedo con una sonrisa nerviosa, admiro la valentía de su joven señorita.
En el fondo, Maya agradeció de que el cuervo que trajo su señorita a la mansión estuviese mostrando buenos síntomas de recuperación. A diferencia de las demás personas en el imperio la joven doncella no era partidaria de agredir a aquellas aves por más desgracias que estas trajesen. Su abuela le había dicho que el odio de un cuervo agonizante era mucho peor que cualquier cosa existente en el mundo, el espíritu es tan rencoroso que constantemente buscara venganza. Es por eso que Maya optaba por alejarlos o simplemente salir huyendo sin mirar atrás, mientras más lejos estuviese de aquellas aves funestas su vida sería pacifica, pero ahora su joven maestra había traído a una de aquellas aves a la mansión. ¿A dónde escaparía ahora? No había a donde más correr.
Observó al cuervo y este a su vez la observó a ella y tan solo una mirada fue suficiente para percatarse de que aquel cuervo no era común y corriente. Existía algo en su mirada orgullosa y fija que no la convenció del todo.
Mientras tanto Jocasta algo ajena a la inquietud de su doncella se aleja del cuervo que reposa tranquilamente entre su improvisada cama.
―No hagamos esperar a mamá y papá no queremos preocuparlos ―dice ella caminando hacia la salida no sin antes girar por un momento hacia Khaled quien levanta la cabeza al escuchar la voz del pequeño ángel ―Por cierto, mi nombre es Jocasta Asteria, la siguiente gran duquesa.
Jocasta, aquella que tenía la fuerza para resurgir.
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Comments
Kitty
Esta en modo autoproteccion hasta cierto punto.
2024-11-18
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Kitty
solo se esta protegiendo en las circunstancuas que esta.
2024-11-18
0
Izza Miguel
ya no es "cría cuervos y te sacaran los ojos" ahora seria "no toques cuervo que te cortan el dedo" jajajaj
2024-06-20
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