...IV...
Los latigazos en su espalda eran como fuego perforando su carne, dos profundas zanjas se formaron abriendo su piel y exponiendo una enorme abertura carmesí. El grito era desgarrador y las manos se le deformaron del dolor al igual que su rostro. Solo sus ojos se mantuvieron secos y su corazón imperturbable, su cuerpo podía sentir todo el malestar y la tortura, pero por dentro en su espíritu Khaled Corvus jamás se doblegaría.
Tres años fueron los que transcurrieron para Khaled y el niño se transformó en hombre a pesar de aún no haber alcanzado la edad adulta. Pero no solo la mayoría de edad volvía hombres a los niños sino también las experiencias a las que se exponían y para ser un muchacho de quince años con un físico entrenado Khaled Corvus tuvo que aprender a atacar antes de ser atacado y matar antes de que lo maten.
Los cuervos tenían el instinto asesino en sus cuerpos cómo los leones a la caza, era tan natural en ellos cómo caminar o hablar y Galk supo cómo aprovechar esas habilidades y sacar el mayor provecho. Le enseño a usar la espada y lo expuso a un mundo donde la misericordia y la compasión no tenían cabida. Aquél que se dejaba llevar por sus emociones no solo perdía la batalla sino también la cabeza, pero Khaled ya lo había perdido todo en la vida y la espada se convirtió en su amante y amiga.
Con la destreza de un prodigio aprendió el arte del combate, era como un perro entrenado que saltaba al ataque a la primera orden de su amo y la sangre de sus rivales a menudo yacía en sus manos. El niño murió y el asesino se abrió paso, su brutalidad era tal que inclusive las bestias le temían y huían ante su presencia. Gracias a él, Galk se hizo de una fortuna.
No obstante, aunque fuese el favorito de Galk eso no lo salvaba de los azotes. Khaled era bueno, demasiado, y los duelos con los otros esclavos duraban menos tiempo de lo esperado. Pero eso era algo que Khaled no podía evitar ¿Cómo ir en contra de sus instintos? Los asistentes cada vez pedían ver más y pagaban para eso. Como castigo Galk lo amarraba a un enorme tronco en el centro de la arena y lo azotaba con fuerza hasta abrirle la piel y exponer su carne. Su espalda, la parte de su cuerpo que desde muy niño sus padres le enseñaron a proteger por ser en donde se hallaban sus alas yacía destrozada, cuando a un cuervo se le cortan las alas estas demoran años en volver a crecer ¿Alguna vez volvería a volar? ¿Llegaría el día en el que sentiría el viento en su plumaje?
No lo sabía, ni siquiera lo intentaba, había pasado tanto tiempo con un collar y una cadera que se sentía más bestia que hombre. Pero en su corazón, en lo profundo de su ser Khaled Corvus aún anhelaba su venganza.
—Eres un perro desobediente aprenderás a obedecer a tu señor esclavo —con látigo en mano Galk hablo —. Puede que cinco días sin agua ni pan y atado a ese cepo bajo este inclemente sol te vuelva una buena bestia.
Khaled solo guardaba silencio, raras eran las ocasiones en donde emitía palabra alguna.
—No importa cuánto te golpee siempre serás un mocoso obstinado. Si no me hicieras ganar tanto te vendería a las minas.
A veces Khaled solo cerraba los ojos y recordaba a su familia, ¿Estarían velando por él? ¿Su querido hermano y amada madre lo estaban protegiendo? Incluso anheló el consuelo de su padre.
En algunas ocasiones cuando Khaled pasaba mucho tiempo bajo el sol solía tener visiones del pasado que se manifestaban ante él. A veces eran sueños de su infancia y memorias que creyó enterradas cómo su padre y su madre consolándolo y dándole fuerzas para continuar con vida, otras veces eran sucesos extraños con personas que no recordaba haber conocido. Pero de entre todas sus visiones había una capaz de arrancarle una sonrisa en medio de su dolor.
Ella era hermosa como el amanecer y dorada como el primer rayo de sol. Cuando Khaled se encontraba al borde de desfallecer por la deshidratación ella colocaba sus suaves manos en su rostro y con dulzura le sonreía. Era como el agua cristalina, como una refrescante brisa y sus ojos azules parecían poseer el océano en ellos.
“¿Quién eres?” —Khaled intentaba decir, pero las palabras difícilmente brotaban de sus resecos labios. —“¿Quién eres tú bello ángel?
Pero no encontraba respuesta en ella, tan solo un silencio que lejos de ser inquietante le llenaba el corazón de calma. Aquél corazón ensombrecido, quebrado y ardiendo en deseos de venganza era apaciguado solo por aquella visión angelical.
“Se fuerte” —su mirada parecía decir a veces —.” Se fuerte y valiente”
Y Khaled resistiría por ella.
...***...
Al amanecer del quinto día dos esclavos arrastraron el cuerpo de Khaled a pedido de Galk y lo arrojaron al pozo de agua. Con ferocidad Khaled emergió escupiendo agua y tosiendo intentando expulsar el líquido de sus pulmones, un coro de burlas se dejó oír.
¿Khaled estaba mal? No se suponía que el castigo terminase antes de lo esperado, Galk era tan amante de la disciplina como avaro. Las heridas en su espalda formaron costras y dentro de algunas semanas pasarían a convertirse en cicatrices, las mismas que ya ostentaba en su cuerpo.
―Arrójenle un trozo de pan y denle otro cambio de ropa —Galk apareció haciendo que los sonidos de burlas cesaran. Con látigo en mano se dirigió a sus esclavos —. Es el cumpleaños del vizconde Rigardo y se organizará una batalla en su honor y me han pedido a mis mejores bestias para entretener a sus invitados. Cuervo —prosiguió dirigiéndose a Khaled—, espero que tu lección haya sido aprendida, mientras más tiempo dures en la arena de duelo mayor fortuna me traerás.
Los nobles solían pagar muy bien por aquellos sangrientos espectáculos, no había nada mejor que ver morir a esclavos enemigos del imperio como si se tratase de una puesta en escena. Después de todo, aquel que era ajeno a Ether era considerado una bestia sin la capacidad de sentir y como tales debían de ser tratados.
Las órdenes de Galk se ejecutaron en el acto y un puñado de sus mejores hombres fueron preparados para el combate, los criados limpiaron las armaduras y afiliaron las espadas para que al momento de blandirlas pudiesen perforar la carne con mayor facilidad. Todo debía hacerse conforme a los deseos del jefe y si algo fallaba se aseguraría que el responsable pagara en el cepo.
Después de todo un cliente tan importante y rico como lord Rigardo era una verdadera fortuna y tenía que ser tratado con la mayor de las consideraciones, se sabía que pagaba muy bien si el espectáculo lograba serle de su satisfacción y era muy asedio a las contiendas de esclavos. Un verdadero fanático de aquel deporte sangriento.
Galk no podía pedir más y caber de la felicidad, cuando asistió al llamado del vizconde sus ojos brillaron de codicia y acepto sin objeción alguna todos los pedidos del noble.
“Quiero a tus mejores hombres” ―había dicho este con una radiante y soberbia sonrisa ―. “Es mi celebración y deseo entretener a mis invitados con solo lo mejor, te pagare bien por la vida de cada perro que muera, estarás satisfecho”
No había perdidas solo ganancias, Galk no dejaría pasar el pedido de aquel ilustrísimo cliente, después de todo sin Rigardo su negocio no hubiese tenido futuro y se encontraría en la ruina. Rigardo el lord de la fusta el primero en iniciar con la trata de esclavos.
Rigardo De León era el vizconde más importante en la región fronteriza de Moreau en el imperio de Ether y fue el pionero en la comercialización de esclavos en la región. A pesar de su edad avanzada era un hombre de la aristocracia amante de la buena bebida y el placer de las mujeres ya que en sus setenta y ocho años contraído matrimonio ocho veces, aquellas actitudes que a pesar de los años eran conservadas desde la época de juventud. Rigardo era un acérrimo a las celebraciones y no escatimaba en nada al momento de festejar.
Nacido en noble cuna Rigardo supo disfrutar lo que era una vida de opulencia desde edad temprana, su padre vivía al estilo de un duque a pesar de que sus ingresos no siempre reflejaban la realidad. Sus tierras no eran las mejores y se la vivían acumulando deuda tras deuda a lo largo de los años hasta que los días de champagne terminaron de forma abrupta y debido a la acumulación de deudas la familia se vio al borde de perder lo único valioso que poseían y era la mansión.
¿Qué hacer? ¿Cómo lograr librarse de la pobreza? ¿Cómo es que lograrían proteger su único patrimonio? Incluso las únicas e insignificantes propiedades fueron embargadas por los acreedores dejándolos a puertas de la miseria.
Cómo único hijo Rigardo tuvo dos opciones, arriesgarse a perder el hogar de sus padres o hacer fortuna rápidamente. Como hombre aficionado a las apuestas y fiel cliente de los salones donde se juega y se bebe Rigardo de forma astuta supo cómo utilizar sus conexiones y amistades hechas gracias al juego, de entre todos estos uno resalto, era un capitán de la guardia cuyo regimiento estaba encargado del a seguridad de las fronteras.
Habían capturado a algunos “salvajes” que buscaban ingresar a su territorio por “el paso de sangre” un conjunto de desfiladeros donde yacían yacimientos de ocre que le daba a las rocas y montañas una tonalidad carmesí muy semejante a la sangre.
“Me darás la mitad de la ganancia o no hay trato amigo mío” ―dijo el capitán bebiendo un buen trago.
El acuerdo fue aceptado por Rigardo y de esa forma se dio inicio a lo que hoy sería una de actividades económicas más lucrativas del imperio. Secreta y aberrante pero muy favorecedora.
De esa forma Rigardo empezó su vida como comprador de esclavos víctimas de la expansión del imperio quienes eran arrancados de sus tierras legítimas y pasaban a servir a amos aristócratas y tiranos. La fortuna de Rigardo fue en aumento a costo de las lágrimas y la tragedia de otros, fue uno de los primeros en iniciar el infame oficio de la esclavitud y hoy en día veía como el fruto de su trabajo había generado enormes beneficios.
No se arrepentía de nada y se enorgullecía de todo, Rigardo se sintió el noble con mayor influencia y poder de todos, incluso aún más grande que los duques y marqueses, puede que su apellido no sea el más aclamado en los registros históricos ni su casa haya sido favorecida con altos honores, pero fue aquel pionero que supo darle al imperio una razón más para ser temido.
La mansión era un ir y venir de sirvientes, los invitados de su señoría no tardarían en llegar y todo tenía que estar preparado para su recibimiento. Afuera en el gran patio de la mansión una improvisada arena de duelo se alzaba, a pesar de las prisas con que se trabajaba para levantarla la opulencia era visible.
La celebración dio inicio sin mayores contratiempos, el vizconde Rigardo hizo su aparición entre aplausos y felicitaciones de la nobleza invitada, las risas hicieron eco y las primeras parejas se aventuraban a la pista de baile disfrutando de la orquesta y la melodía interpretada.
Mientras la aristocracia disfrutaba de la opulencia y elegancia del banquete ofrecido por su anfitrión afuera en sus jaulas los esclavos que se batirían a duelo escuchaban las risas en la lejanía y la música de la orquesta. Algunos en silencio con la vista perdida, otros en cambio apuntaban la mirada hacia la mansión y sus corazones se llenaban de amargura y rechazo.
Khaled con los ojos cerrados y recargado en los barrotes intentaba ignorar las quejas de sus compañeros y evocar como todas las veces antes de salir a duelo la protección de sus ancestros. Era reservado y raras veces solía dirigirle la palabra a alguien, al principio lo hacía por cautela y su propia seguridad, nunca se sabía cuándo se toparía con un esclavo dispuesto a delatar a otro con el único fin de conseguir privilegios, conforme el tiempo transcurría ya no lo hacía por desconfianza sino por el simple hecho de encontrarle una razón para hacer una amistad, se suponía que tenían que luchar a muerte entre ellos al menor descuido aquel con quien compartiste la cena intentara atacar antes de ser atacado. Las amistades formadas ahí eran hipócritas y tenían como único fin encontrar la debilidad del otro y la primera lección aprendida por Khaled fue jamás mostrarse débil ante nadie y cuidarse siempre las espaldas.
―Cuervo ―dijo un hombre corpulento de gran tamaño y a quien Khaled con anterioridad había cortado una mano, razón por la cual un gancho se hallaba donde debía de estar su extremidad ―. ¿Es cierto que eres el único de tu raza? ―su voz era burlona y con desdén, incluso entre aquellos que sirven como el objeto de entretenimiento del imperio existía segregación y discriminación. Un cuervo siempre seria marginado a donde quiera que estos fueran ya sea en el imperio o el resto del gran continente, después de todo eran una especie maldita forjada para la destrucción, ahora que se hallaban privados de su poder y grandeza solo eran escoria.
― ¿Es cierto que lloraste como niña cuando corte tu cuerpo a mi antojo? ―responde Khaled sin dirigirle la mirada.
― ¡Mocoso impertinente! ―con brusquedad el hombre mayor toma a Khaled del cuello y lo levanta en peso de forma agresiva, sus ojos eran como dos llamaradas ardiendo en odio puro, detestaba a aquel cuervo más que al mismo Galk ―, no hay día en que no lo recuerde y no hay día en que no quiera asesinarte ― escupió ―. Creyéndote especial, mirando a todos con presunción, no eres nada cuervo, tan solo el último de una sucia estirpe que se extinguirá contigo. Los otros como tú ya deben de haber sido lanzados a las fosas comunes, han muerto como moriremos nosotros y como morirás tú.
―Yo no voy a morir.
Constantemente Khaled repetía aquellas palabras, para recordarse a sí mismo que aún quedaban cuentas que ser saldadas, no descansaría hasta hacer pagar al asesino de su madre y al responsable del exterminio de su clan.
El hombre lo suelta bruscamente y en su rostro solo yace la burla.
―Todos moriremos tarde o temprano cuervo somos remplazables, hasta tú.
―Entonces me asegurare de ser el último en quedar en pie.
El hombre estaba dispuesto a reanudar su ataque hasta que Galk llega poniendo fin a la pequeña contienda. El hombre le dirigió una mirada asesina a Khaled para regresar a su lugar en el otro extremo.
―El evento dará inicio y su excelencia el vizconde está muy entusiasmado ―hablo Galk abriendo la enorme jaula donde transportaba a sus guerreros. El sonido de las cadenas al andar se mezclaba con las sinfonías de la orquesta en la mansión.
Khaled y el pequeño grupo seleccionado especialmente para entretener a Rigardo y al resto de invitados se movilizo a paso pesado hasta el lugar donde todo se llevaría a cabo. No era una arena de gran tamaño como la que estaban acostumbrados, no obstante, serviría con su cometido sin problemas.
Cuando los hombres de Galk hicieron su aparición los aristócratas asistentes a la celebración de Rigardo aplaudieron y brindaron. Las damas agitaban sus pañuelos saludando a aquellos que dentro de pocos minutos se batirían a muerte solo para su disfrute. En el palco de honor lujosamente acomodado en compañía de sus novias el anfitrión levantaba su copa en señal de que estaba rotundamente complacido.
―Mi señor Rigardo ―en medio de la arena Galk abrió los brazos teatralmente haciendo una reverencia al agasajado ―. Mis más sinceras felicitaciones por ser este un día tan especial, ahora por motivo de su celebración y con el fin de entretener a tan ilustres miembros de la aristocracia de nuestro noble imperio, le he traído a mis mejores guerreros que se batirán a duelo de forma valerosa en honor a Rigardo De León “el lord de la fusta”.
Los aplausos nuevamente se dejaron oír y las voces corearon el nombre de Rigardo en agradecimiento por aquel espectáculo.
Los hombres de Galk seleccionaron el arma de su preferencia y se prepararon para adentrarse a la arena. El miedo a la muerte era tan recurrente, pero habían aprendido a vivir con ella, cuando se es el objeto de satisfacción de los deseos sangrientos de un grupo de personas la muerte siempre se hallaría presente como un fantasma rondando en cualquier instante y siendo el recordatorio constante de que tarde o temprano seria ella quien tuviese la última palabra.
―Que el combate de inicio ―anuncio Rigardo con efusividad dando por inaugurado el evento. A su proclamación un coro de ovaciones y aplausos se hicieron manifiesto.
Los guerreros se alistaron para la contienda, las espadas chocaban entre ellas y la sangre empezó a bañar la tierra causando la algarabía y el deleite de los asistentes quienes celebraban cada golpe dado y cada herido caído en combate, cuando el vencedor lograba someter a su víctima con fuertes gritos y vítores ellos pedían que la vida del perdedor sea tomada.
La vida de un esclavo era solo servir como entretenimiento y siendo aquello para lo único en lo que eran buenos sabían a la perfección como hacer un gran y brutal espectáculo. Los cuerpos cortados y bañados en sangre y sudor se movían al ritmo de la danza de la muerte al esquivar y atacar al mayor descuido del oponente. Los peleadores eran buenos y el enfrentamiento era a la par al final solo el más fuerte es quien resulta en pie y la victoria junto con la fugaz gloria le pertenecen, así como el total dominio sobre la vida de su oponente. Y luego cuando el momento de gloria finalice, cuando los aplausos y los coros se hayan detenido no quedara nada más que un hombre solitario en una arena de sangre.
Khaled se encontraba agotado, debido al tiempo bajo el sol inclemente y la intemperie su cuerpo no había logrado recuperarse ocasionando que sus movimientos fuesen más lentos y pesados, a duras penas le costaba esquivar un ataque y en muchas oportunidades estuvo en peligro de ser herido de muerte, pero con todas esas limitaciones logro salir victorioso de su contienda y su nombre fue proclamado como vencedor. Como acto final tenía el destino de su enemigo en sus manos, elevo su espada y observo al público que celebraba su victoria y la caída del rival y con fuertes voces pidieron la cabeza del perdedor.
― ¡Muerte! ―gritaron como leones voraces ansiosos de festín.
― ¡Mátalo esclavo!
La espada descendió hacia la garganta del objetivo, los ojos de la víctima temblaron al sentir en su piel el frio del metal, ninguna lagrima broto de sus cuencas porque había aceptado su muerte desde el instante en que supo que se enfrentaría al cuervo. La mano de Khaled dudó por un instante, busco con la mirada a Galk en el palco principal con la esperanza de que lograse detener aquel fatal pedido, pero no encontró respuesta en él salvo una mirada endurecida y autoritaria.
La suerte ya estaba echada y Khaled tuvo que cumplir la funesta tarea, la espada desciende con velocidad y corta la piel con tanta facilidad como si cortara una fina tela, la sangre empezó a brotar salpicando toda la arena causando que la algarabía se desatase y el júbilo volviese a imperar.
Un niño que aprendió a ser hombre de la peor manera posible, en cada muerte hecha por su mano una parte más de aquella inocencia se esfumaba y solo quedaba vestigios de lo que alguna vez fue. ¿Quién era ahora? ¿el príncipe? ¿el cuervo? Khaled se estaba perdiendo entre un mundo de muerte y codicia.
―Veo que tu joven guerrero es un combatiente admirable ―hablo Rigardo observando a Khaled bañado de sangre en medio de la arena de duelo, aquello era una hermosa imagen no existía nada más exquisito que la visión de un guerrero con la sangre de su enemigo contemplando el vacío.
―Es uno de los mejores a pesar de su edad ―afirmo Galk con orgullo ―. Claro que su habilidad para la muerte proviene de sus raíces, es un cuervo al fin de cuentas.
―Con que un cuervo ―sin despegar la mirada de Khaled el vizconde hablo ―. Que raza más fascinante es esa.
―Soy afortunado en tener al último ejemplar vivo, he oído que lo suyos perecieron en las minas y otros no resistieron los trabajos forzados.
―Los cuervos son completamente inútiles cuando se les emplea para cualquier otra cosa que no sea la espada ―añadió Rigardo ―, es una suerte que todos sus poderes se encuentren sellados o no podría imaginarme siquiera el terrible caos que se suscitaría, sería el fin del mundo, demos gracias a la diosa.
―Demos gracias.
― ¡Demos gracias al imperio! ―clamo Rigardo levantando en alto su copa.
― ¡Alabado el emperador Reto luz del imperio y nuestro padre! ―lo secundaron el resto de nobles asistentes.
― ¡Felicidades al campeón! ―continuo el festejado ―, por habernos entretenido con tu acto de valor te damos las gracias y te decimos, puedes irte en paz.
El resto de los invitados aplaudieron aclamando al vencedor.
Con una expresión seria Khaled observo a Rigardo y a cada rostro de júbilo a su alrededor conteniendo su total desagrado. Aquellas personas que hoy lo alababan eran las mismas que escupían en cualquiera ajeno a su amado imperio, eran las mismas personas que celebraban cuando un esclavo moría o un soldado de Ether asesinaba a un cuervo. A pasos cansados Khaled se alejó de la arena de duelo, su cuerpo aún necesitaba reponerse de los días pasados en confinamiento. No le importaba las flores cayendo sobre el charco de sangre formado con la sangre de su rival, ni tan siquiera su nombre siendo pronunciado por efusivas voces, solo quería cerrar los ojos y evocar la imagen de su ángel.
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Comments
Empoderada
pero que historia más cautivadora, no puedo con cada capítulo qué he leído me lleno de anciedad, presiosa historia muy buena solo espero que cuando quiere el sello de sus poderes sean exelente los capítulos nada de relleno solo como va hasta ahora
2023-06-20
2
Anonymous
Me recuerda a Espartaco y Gladiador.
2023-03-19
0
Vanessa Ibáñez Fernández
que tristeza... solo espero que este también renazca y pueda salvar a su familia, esa esperanza no la pierdo
2023-02-24
1