La venganza de los condenados

...V...

 

Las figuras encapuchadas transitaban por la ciudad mezclándose con el resto de habitantes que sin prestar atención a los forasteros continuaban con sus actividades diarias. Muchos eran aquellos que venían a la ciudad fronteriza del imperio desde los rincones más inhóspitos del continente por tal motivo no era de esperar que aquellos extraños de raro aspecto no causara un impacto mayor.

Todo era tan extraño y abrumador, el ruido de la gente, la constante vigilancia de los soldados del imperio patrullando las calles principales y las bestias tirando pesados carruajes tan alejado de todo a lo que estaban acostumbrados. Con cuidado ellos recorrieron las avenidas sin levantar sospechas.

― ¡Tú, pequeño ladrón regresa con eso! ¡Atrapen a ese sucio ladrón! ―la pasividad fue rota por el sonido de gritos e improperios, un hombre de tosco aspecto y con un enorme cuchillo en mano perseguía a un niño de vestimenta raída y pordiosera quien intentaba escapar de su perseguidor abriéndose paso entre la multitud.

― ¡Ayuda por favor! ―clamo el menor, sus delgadas piernas daban la impresión de quebrarse en cualquier instante como si fuesen débiles ramas.

Su huida era inútil nadie daría auxilio a un ladrón, dentro de poco seria capturado por la guardia y encerrado por hurto, el castigo para los ladrones sin importar la edad o el valor de lo extraído era la perdida de una o ambas manos, pero cuando el hambre se hacía presente hasta el punto de volverse insoportable, cuando se es parte de aquel grupo ignorado por muchos y tolerado por pocos perder una mano por un poco de pan era un precio a pagar para no morir de hambre.

En su intento por lograrse librar de su perseguidor el niño da un giro inesperado, pero choca abruptamente contra las piernas de alguien, el fuerte golpe hizo que callera al suelo dejando al descubierto su botín. El niño intenta recoger la longaniza y guardarla entre sus ropas para reanudar su huida, pero fue alcanzado por la víctima del robo.

―Aquí estás ladronzuelo ―dijo el hombre en actitud amenazante ―, no esperare a los guardias, te cortare la mano yo mismo.

―Por favor ―el niño intento buscar socorro en aquellos desconocidos, entre aquellos dos extraños y el hombre con el cuchillo de carnicero prefería a los primeros. 

―Ustedes dos forasteros no se involucren en esto o les diré a los guardias que son sus cómplices.

Uno de los hombres se descubrió el rostro mostrando una encantadora sonrisa, su cabello plateado resplandecía por los rayos del sol, su cara era tan atractiva que atrajo la mirada de las damas curiosas que se habían detenido a ver el incidente del ladrón.

―No es nuestra intensión involucrarnos en peleas buen hombre ―dijo ―, mi nombre es Alphonse y mi compañero y yo somos comerciantes venidos del reino de las tierras áridas

¿De las tierras áridas? Eso explicaba los atuendos extraños y el olor a incienso. 

―No me interesa quienes son ni de dónde vienen, ese mocoso es un ladrón y debe de pagar la fechoría que cometió.

―Entiendo ―dijo Alphonse sin desdibujar su apacible sonrisa, de uno de sus bolsillos extrajo una pequeña bolsa que contenía exactamente 6 monedas de plata y se la lanzo al hombre al frente suyo.

― ¿Qué es esto?

―Eso cubre lo que el niño se llevó y algo más por las molestias causadas, espero que quede satisfecho y que logremos superar este imprevisto.

El hombre al abrir la bolsa queda maravillado con lo obtenido, era una generosa cantidad.

―Son tan amables ―sonrió enormemente guardando el dinero en su delantal, su sonrisa se desdibujo al mirar al niño oculto tras el generoso forastero ―. Si vuelvo a verte cerca de mi tienda hare que los guardias del imperio vallan tras de ti.

Con el hombre retirándose y el problema aparentemente solucionado la multitud empezó a dispersarse y en aquella esquina solo quedaron los dos forasteros y el niño.

―Muchas gracias señor ―su rostro se incoó al suelo haciendo una postura de genuino agradecimiento.

―No te arrodilles niño, levántate del suelo ―esta vez hablo el compañero de Alphonse, quien al descubrir su capucha mostro un rostro cubierto por una máscara. Era inquietante y el niño tuvo que hacer un esfuerzo para no huir.

―Perdona a mi amigo, luce intimidante pero no lo es en absoluto. ―dijo Alphonse sonriendo al pequeño para infundirle confianza.

―No es como si quisiera lucir así, es asfixiante y encima con este sol abrazador, que tortura.

― ¿Hay algo que puedo hacer para agradecerles?

―Nos alegra tanto que preguntes ―dijo Alphonse ―. ¿Te gustaría ganarte una moneda de oro?

― ¿Una moneda de oro dice? ―exclamo el niño con entusiasmo, con ese dinero podía comprar un banquete, podía comprar suficiente comida para un mes y alcanzaría para la medicina de su abuelo.

―Una como esta ―dijo el compañero de Alphonse mostrándole una moneda dorada y reluciente.

― ¡Por supuesto! ¿Qué tengo que hacer?

―Antes que nada, dinos tu nombre pequeño ―pidió Alphonse.

―Mi nombre es Caesar ―respondió el niño cada vez más curioso por aquella propuesta que involucra un pago como ese.

―Veras, joven Caesar ―dijo el enmascarado ―. ¿Conoces al vizconde Rigardo?

―Claro que lo conozco es el noble más rico de esta región y el más tirano. 

― ¿Sabes dónde queda su residencia? ―pregunto Alphonse ―. Es importante que nos digas si sabes su ubicación te prometemos que seremos discretos y tu nombre no será pronunciado no involucraremos a nadie conocido tuyo.

Caesar dudo por un instante, una moneda de oro era mucho dinero más de lo que alguna vez tendría en su vida, pero ¿valía la pena exponerse de aquella manera? ¿Y si esos forasteros eran criminales y querían hurtar la mansión del vizconde? Rigardo no perdonaría a los involucrados pediría su cabeza a la guardia del imperio. Por un instante Caesar tuvo miedo.

―Mi abuelo está enfermo, es todo lo que tengo y soy todo lo que tiene. El trabajo para el vizconde Rigardo por muchos años en su residencia aun cuando no le pagaba como era debido y lo humillaba como si ser pobre y necesitar empleo fuera una razón para ser objeto de su entretenimiento. Ahora mi abuelo está enfermo y no tenemos dinero para su medicina, el vizconde me da miedo he visto como trata a sus sirvientes, golpea con fuerza y da migajas en vez de un salario justo. Mi abuelo tiene la espalda rota de tanto recibir de sus golpes y está condenado a pasar sus últimos días en cama, tengo miedo a ese hombre, pero también le tengo rencor. Les diré donde vive no me importa si son mercenarios o asaltantes, despojen a ese miserable de todo.

El forastero enmascarado se arrodillo a la altura del menor, al ver aquellos ojos rencorosos reconoció el mismo sentimiento de todo un pueblo oculto en lo más profundo de las montañas. Con cariño despeino la cabellera rojiza del niño.

―Te aseguramos que no somos asaltantes ni tampoco mercenarios, pero haremos que Rigardo y aquellos que están en complicidad paguen todos los crímenes.

Eso lleno de confianza aún más el corazón del niño y supo que, aunque aquel par de forasteros pudiesen lucir extraños no existía nada que temer.

―Los llevare hasta su residencia.

Caesar a paso presuroso recorrió las calles y avenidas de aquella ciudad, a sus espaldas los hombres lo seguían con cautela. Pronto se alejaron de la zona comercial y se adentraron cada vez más hasta la parte opulenta de Moreau.  Se detuvieron cuando llegaron a una enorme mansión de dónde provenía el ruido de una celebración, en la entrada una larga hilera de carruajes se encontraba estacionados.

―Es aquí ―dijo Caesar señalando el lujoso hogar del más grande comerciante de esclavos de la ciudad y cuya fortuna se forjo en base a la sangre y miseria de otros.

―Hiciste un buen trabajo estamos agradecidos contigo ―dijo Alphonse otorgándole a Caesar el pago prometido, una moneda de oro que le serviría a su abuelo y a él.

―Ustedes no me conocen y yo nunca los he visto ―enfatizo Caesar observando a los hombres, era necesario dejar en claro aquel detalle si quería proteger a su abuelo de una posible venganza de Rigardo.

―No es necesario que lo menciones nosotros lo sabemos ―hablo el enmascarado lanzando otra moneda de oro la misma que fue atrapa por Caesar antes de que esta lograse caer al suelo.

― Pero ¿qué?  ―dijo el niño observando confundido la segunda moneda en su mano.

―Esto es por lo valiente que fuiste, usa el dinero sabiamente y no vuelvas a robar ―el enmascarado se descubre el rostro y Caesar queda sorprendido, tras la máscara había un hombre joven de ojos negros y cuya mitad del rostro se encontraba marcada con una enorme cicatriz aun así sus rasgos eran fuertes y su expresión amable.

―Si señor ―dijo Caesar para luego salir corriendo a la dirección contraria rumbo a su hogar dejando a los dos desconocidos cerca de la mansión.

A medida que se alejaba su corazón latía con fuerza, no sabía quiénes eran aquellos sujetos ni sus motivos que lo ubicaban en Moreau, tampoco tenía en claro por qué lo ayudaron sin tener ningún vínculo de amistad o sanguíneo. Desde que su abuelo cayó enfermo y tuvo que dejar la escuela para buscar comida de la forma menos honesta posible no recibió ayuda de nadie, a nadie le interesaba si un anciano y su nieto morían de hambre. “Una manzana podrida” eso es lo que era, sin esperanza y resignado a ser parte de una estadística más una paria de la sociedad solo por haber nacido en la pobreza y sin ninguna posibilidad de sobresalir.

No permitiría que lo separasen de su abuelo y lo llevaran a un orfanato, su abuelo lo era todo para él y si la diosa había decidido que los días finales de su abuelo yacían muy cerca él lo pasaría a su lado y se aseguraría de no abandonarlo. Unas lágrimas bajaron por los ojos de Caesar ¿Cómo era posible que unos extraños habían sido tan amables con él de lo que alguna vez una persona de su ciudad natal lo fue en su vida?  Nadie ayudaría a un niño mendigo y ladrón con un abuelo enfermo. A partir de ese momento Caesar sintió que tenía una deuda de vida con aquellos hombres. 

Mientras tanto los dos forasteros ya ubicados cerca a la mansión observaron la entrada que, para ser propiedad de un vizconde, no se encontraba resguardada. Tal vez era la presunción de Rigardo y su creencia de que era intocable.

―Henos aquí príncipe ―dijo Alphonse.

―No me llames príncipe, no me corresponde ese título y no voy a usurparlo.

―Eres el único descendiente vivo de la línea real del clan, hijo del hermano de Serkan el segundo príncipe, eso te otorga el titulo por nacimiento Baris.

― ¡Basta, deja de decir eso! ―exclamo Baris Corvus cuyo rostro se vio desfigurado como consecuencia del ataque a su clan hacia tres años atrás ―. Mi primo está vivo mi corazón me dice que está aquí en esta sucia y corrompida ciudad, él es el legítimo príncipe y nuestro legitimo rey y no voy a descansar hasta encontrarlo.

Hacia un par de semanas atrás fueron descubiertos por un pequeño grupo de soldados del imperio, a pesar de ser solo un puñado Alphonse y Baris junto con algunos miembros jóvenes del clan lograron acorralarlos utilizando ventajosamente la geografía del lugar. Lastimosamente algunos lograron escapar mal heridos no obstante retuvieron a la gran mayoría de aquel grupo, mataron a la mayoría y dejaron con vida a uno, fue ese soldado quien confeso que Rigardo planeaba capturar más cuervos para venderlos en los mercados de esclavos, así como había hecho con aquel grupo de cuervos hace tres años.

Alphonse y Baris supieron lo que tenían que hacer, cortaron la cabeza al soldado y lanzaron sus restos al acantilado. Una vez que se aseguraron de que el resto del clan sobreviviente se encontraba resguardado y con suficiente alimento para evitar que se aventurasen más allá de la zona segura ambos se dispusieron a hacer ese largo viaje a la ciudad fronteriza del imperio con el único objetivo de asesinar a Rigardo antes de que este lograse hacerse con su objetivo.

―Baris, Khaled murió …

Aquel soldado les había informado que había oído sobre la muerte del príncipe y la reina a manos del comandante de la guardia fronteriza del imperio. Eso solo hizo que la cólera de Baris y el clan se acrecentasen.

Pero una noche antes de su viaje Baris había tenido un sueño que interpreto como una revelación, vio un cuervo prisionero sus alas yacían cortadas y lucía lamentable, el cuervo poco a poco desfallecía encerrado en aquella jaula. Al despertar abruptamente el primer nombre que se le vino a la mente fue el de su primo menor. Si al menos él había logrado sobrevivir entonces el clan renacería. 

―Khaled está vivo ―dijo Baris con una mirada endurecida, él también se vio obligado a madurar a un ritmo veloz ―. No perdamos más tiempo del que no tenemos e ingresemos de una vez.

Ambos hombres dirigieron sus pasos hacia su destino final, el destino de su pueblo dependía de la muerte de alguien.

 

...***...

 

―Su excelencia Rigardo está disfrutando de su celebración, obsérvalo beber y reír con sus concubinas ―los sirvientes de la mansión hablaban entre ellos apartados del resto de invitados a la reunión.

Khaled que pasaba sin prestar atención debido alcanzo a oír vagamente aquel comentario.

―Siempre que puedan ver esclavos luchar el humor de los nobles siempre mejora, ¿viste como aclamaban el espectáculo brindado por ese joven cuervo?

―Silencio, puede oírte ―murmuro el otro tirando del brazo a su compañero y observando con ojos temerosos a Khaled quien bebía un poco de agua y se limpiaba la sangre en su rostro y cabello.

Ninguno de los dos estaría ahí si no hubiese sido el mismo Rigardo quien les dio la orden de proporcionar toallas y bebida a los combatientes. 

―Mira nada más es aterrador, son como bestias. Apuesto a que no sabe hablar.

―No necesitan hablar si puede usar la espada, apuesto a que tampoco sabe leer.

―El amo Rigardo se muere por conseguir uno de esos, son como perros guardianes o eso es lo que escuche, cuando se les corta las alas se vuelven estúpidos.

Khaled continúo fingiendo ignorancia, quería saber que más tenían para decir. Era increíble como aquel par de idiotas lo creían sordo.

―Ese es el último cuervo ―susurro el otro ―. Todos murieron en trabajos forzados.

―Existen otros cuervos ―cuando el segundo sirviente hizo aquella mención Khaled dispuso toda su atención con una expresión de asombro, su corazón tembló.

― ¿Qué tonterías estas diciendo? ―dijo su compañero ―, ¿De dónde sacas algo como eso?

―Lo escuché el otro día cuando fui a su oficina a llevarle el café, estaba con un hombre un tal Hanzo, encontraron cuervos más al norte.

El hombre calló de forma abrupta debido a la fuerte mano que aprisionaba su garganta, su compañero se alejó aterrado por aquel suceso, intento escapar, pero cayó al suelo torpemente dando una imagen de total lastima. Por su parte Khaled quien había corrido con velocidad hasta llegar a aquel sirviente apretó la garganta del infeliz sometiéndolo, sus ojos se tornaron como la sangre y el odio recorrió su cuerpo, era como un perro rabioso.

― ¿Qué fue lo que dijiste? ―su voz era asesina.

―Yo-Yo …

― ¡Repite lo que acabas de decir!

El agarre se intensifico y el hombre suplicaba porque Khaled se apiadase de él y lo dejase libre sin daño alguno, le temía a ese cuervo desquiciado que a pesar de ser tan joven poseía un instinto asesino espeluznante.

―El amo Rigardo busca capturar más cuervos, se reunió con un hombre extraño de nombre Hanzo y planean dar una emboscada, es todo lo que sé por favor perdóname la vida te lo suplico ―entre lágrimas imploraba aquel sirviente.

Tan solo volver a oír aquel aborrecible nombre la furia que Khaled tenía guardada y reservada para el asesino de su madre se reavivo. 

―Si valoras tu vida vas a decirme donde yacen los otros cuervos o de lo contrario apretare tu garganta tan fuerte que destrozare tus cuerdas vocales. Tal vez lo haga y así dejas de hablar demasiado ―ejerciendo más fuerza Khaled somete aún más el cuello de aquel hombre.

―Ma-Más al norte del bosque obscuro, en una zona montañosa ¡Es todo lo que sé! ―a duras penas el aterrado hombre pudo decir, Khaled libera el agarre y el sirviente de Rigardo cayó al suelo.

Con dificultad se incorporó y escapo del lugar como quien mira a algo maligno y perverso, no era un demonio, pero era algo muy parecido.

Khaled salió del lugar y sus ojos asesinos buscaron a Rigardo, lo encontró rodeado de nobles disfrutando sin ninguna preocupación alguna. Su furia se acrecentaba cada segundo transcurrido, sus ojos carmesíes centellaban como si fuesen dos flamas, como un águila a su presa así Khaled Corvus avanzo hacia donde Rigardo se hallaba, sus manos no temblaron al momento de sujetar la espada, sintió como las fuerzas retornaban a su cuerpo.

Miles de emociones sobrecogieron al último de los príncipes, emoción, furia y necesidad de proteger a su pueblo tal y como su padre lo hubiese hecho y también su hermano, su héroe su modelo a seguir y quien valientemente dio su vida para asegurar su sobrevivencia.  ¿Qué diría Itachi desde el cielo al saber en lo que su pequeño hermano se estaba convirtiendo?

Ya era muy tarde puesto que había escogido el camino de la espada y la venganza. Khaled Corvus juro no detenerse hasta hacer pagar a todo aquel enemigo de su pueblo, se enfrentaría a los mismos dioses de ser necesario, pero no se detendría hasta que cada lagrima sea cobrada, una vida por otra vida, ojo por ojo y el imperio ardería en las brasas del infierno.

― ¡Rigardo! ―el fuerte grito de Khaled semejante al poderoso rugido de un joven león se deja oír llamando la atención de todos los presentes incluido del homenajeado.

La bestia que minutos antes los entretuvo con su espectáculo de sangre se había convertido en un animal salvaje y suelto que ponía en peligro a todos los asistentes.

―Pero si es nuestro campeón ―exclamo Rigardo fingiendo una sonrisa cuando en realidad se encontraba confundido y rotundamente molesto por aquella intromisión. Un asqueroso esclavo vulgar había entrado a su residencia ensuciando sus finos pisos de tierra y causando alboroto, que osadía era esa.

Una mirada endurecida y autoritaria dirigida al dueño del esclavo basto para que Galk se incorporara de su asiento para poder controlar la situación antes de que se le saliera de las manos.

―Regresa a donde perteneces cuervo ―dijo Galk dedicándole una mirada de furia mientras apretaba los puños ―. ¿Cómo te atreves a ingresar al hogar de un noble como el vizconde? ¡Estas abusando de su generosidad! 

Los murmullos se dejaron oír, los otros nobles pusieron rostros de repugnancia al ver a aquel esclavo vulgar e indisciplinado comportarse de aquella forma, algunos opinaban abiertamente y sin miedo a ser oídos que aquella “bestia” merecía ser disciplinada como era debido.

“Un esclavo pisando la residencia de un aristócrata que falta de respeto ¡Debe morir en el cepo!”

“¡Castíguelo!, ¡Rómpanle los huesos!”

 

―Ya oíste a tu maestro esclavo ―hablo Rigardo dejando de fingir condescendencia y mostrando al hombre despiadado que siempre fue ―. No muerdas la mano que te da de comer sucio perro, lárgate de mí vista y te perdonare la vida.

― ¿Perdonarme la vida?, no le debo nada al vizconde ―escupió Khaled como si sus palaras fueran veneno lo que causo la indignación de todos y la ira de Galk al ver a su joven cuervo revelarse.

“¡Castíguenlo!” ―las voces de los presentes se dejaron oír nuevamente ―. “¡Esto no puede quedar así!”

― ¡Arrodíllate cuervo! ―grito Galk con odio al verse ridiculizado enfrente del vizconde de aquella forma, a paso raudo se aproximó a Khaled con su fusta en mano y que siempre traía consigo en caso de un imprevisto como ese ―. ¡He dicho que te arrodilles!

Khaled recibió un duro golpe en el rostro, la piel se abrió y la sangre no tardo en brotar de la herida aun así Khaled no bajo la mirada ni se inmuto, sus ojos seguían reflejando el odio y su corazón seguía latiendo feroz.

―Se terminó ―fue lo que dijo y los ojos de Galk se abrieron por la sorpresa

― ¿Se terminó? ―repitió Galk levantando su fusta de nuevo y golpeándole el costado con mayor fuerza que la primera vez ―. ¡Yo diré cuando se termina!

El segundo golpe tuvo la potencia necesaria para hacer tambalear a Khaled, su cuerpo cayó de rodillas, pero con velocidad logro mantener el equilibrio y evitar el suelo. La sangre de su nueva herida no tardo en manchar su vestimenta y no disimulo la expresión de dolor puesto que si lo sintió a carne viva.

 

―Quiero a Rigardo ¡Denme a Rigardo! ―Khaled intento acercarse hacia el vizconde, pero fue retenido por la seguridad privada del noble quien haciendo uso de pesadas cadenas de hierro buscaban retenerlo como la bestia que era.

― ¡Ya he tenido suficiente contigo esclavo! ―Rigardo de León desciende de su posición para aproximarse al lugar del sometido cuervo.

―Mi señor ―dijeron sus hombres ―. Aléjese de ese perro mi señor.

― ¡Silencio! Se les olvida que sé cómo lidiar con los de su clase, son bestias ignorantes que carecen del raciocinio que solo poseemos aquellos que habitamos el imperio ¡No permitiré que un esclavo se atreva a faltarme el respeto en mi propio hogar! ¡Galk! Presta atención, porque voy a enseñarte como se trata a los perros desobedientes como este.

Rigardo dio la orden y uno de sus guardias trajo consigo una marca de hierro candente instrumento utilizado en la Yerra que era el acto de marcación de las bestias. Khaled intento liberarse sacudió su cuerpo con brusquedad, pero el resultado fue en vano.

―Eso es, lucha cuervo muestra resistencia ―dijo Rigardo con una mirada de desprecio hacia aquel muchacho ―. Es más placentero ver como ese valor que muestras se extingue poco a poco hasta que ya no quede nada. Una marca que te recuerde tu inferioridad es necesaria parar aplacar tu rebeldía.

A la orden del vizconde el hombre que traía consigo la marca descubrió el pecho de Khaled disponiéndose a quemarle la piel. Lejos de causar conmoción aquel acto solo avivo la expectativa entre los presentes que no despegaron la mirada ante ese despreciable acto como si se tratase del más increíble de los espectáculos.

Khaled no se rendiría, lucho en cada segundo para zafarse de sus captores y poder tomar la venganza que quería. Por causa de aquellos hombres como Rigardo y Hanzo su pueblo y muchos otros despreciados como el suyo eran tratados como simples instrumentos propiedad del imperio. Si Khaled tenía que morir en ese instante y lugar lo haría, pero antes se aseguraría de arrastrar a Rigardo consigo hasta el más profundo de todos los infiernos.

Aquellos ojos carmesíes destellaron con mayor fuerza haciéndolo lucir como todo un animal rabioso. Por un segundo Rigardo y Galk retrocedieron al verlo ya que sabían muy bien que los cuervos despiertan su instinto asesino y sus habilidades cuando sus ojos yacían rojos más luego recordaron que eran solo monstruos que no significaban peligro alguno, sus poderes se encontraban sellados.

Todo sucedió tan rápido que apenas y se percataron del ingreso de aquellos encapuchados al gran salón del vizconde Rigardo, uno de ellos con arco en mano no demoro en dispararle una flecha a uno de los captores de Khaled quien debido al certero impacto en la cabeza cayó muerto en el acto, Khaled viéndose libre y sin el peso de unas de las cadenas aprovecho aquel instante para liberarse y tomar su espada que yacía tirada en el suelo y de un movimiento veloz y preciso atravesó el corazón del hombre de Rigardo a su costado matándolo casi en el acto.

El objetivo de los recién llegados era simple y sin errores, ingresar a la mansión de Rigardo y aprovechar la algarabía para asesinar a aquel hombre que buscaba yacerse de esclavos provenientes del clan de los cuervos, pero ninguno de los dos esperó encontrarse con una escena de lo más deplorable. Fue la flecha de Baris la causante de la liberación de Khaled y ni el mismo podía explicar la necesidad por auxiliar a aquel muchacho.

Con furia Khaled Corvus apunta su espada hacia le garganta de Rigardo quien aterrado veía a la muerte rondando muy cerca y sin tiempo para escapar o a lo mucho reaccionar el arma de aquel joven cuervo atravesó su cuello haciendo un corte limpio y preciso.

La sangre de Rigardo broto sin control como si fuese el chorro de agua de una fuente, el oxígeno no lograba pasar por su laringe y era cuestión de tiempo para que muriese asfixiado, sus manos apretaron su garganta intentando detener la hemorragia, pero fue inútil. El hombre autoritario que acostumbraba a hacer todo lo que deseaba y sometía a aquellos que él consideraba inferiores fue remplazado por un pequeño cobarde que no deseaba morir, sus ojos suplicaban misericordia aquella que jamás fue otorgada para sus propias víctimas.

―Por-Por favor ―pidió Rigardo mostrando una patética imagen ante los ojos de Khaled.

― ¿Por favor? ― los ojos de aquel joven cuervo nunca estuvieron más rojos por la furia que en ese momento ―. ¿Pretendes que tenga piedad de un asesino?

―Tú-Tú y yo no somos tan diferentes cuervo ―con sus fuerzas finales Rigardo murmuró ―. Nuestras manos están igual de manchadas.

―Ahora tú morirás por las manos de aquel esclavo al que alabaste. Recuerda mi nombre y llévatelo a la tumba Rigardo, Khaled Corvus tomará tu cabeza ¡Y pondrá fin a tu miseria!

Sin perder más tiempo Khaled termino por rasgar la garganta de Rigardo cortándole la cabeza y poniendo de esa forma fin a su agonía y patética existencia.  Todo había concluido y cuando la testa cercenada del que hacía poco había sido una figura tan importante y reconocida entre la clase alta de aquella ciudad no era más que un cuerpo mutilado, un rostro cuya expresión de dolor y desespero quedo grabadas en aquella faz.

Los gritos de los presentes no tardaron en dejarse oír y segundos después una estampida humana se abalanzo rumbo a la salida temerosos de ser las próximas víctimas. Galk sin poder creer lo sucedido intenta escapar más la espada que Khaled portaba al momento de ponerle fin Rigardo salió despedida clavando la tela de su túnica a la superficie más cercana.

― ¿A dónde crees que vas? ―el timbre de voz de Khaled era amenazador, parecía un depredador aproximándose hacia una presa herida.

― ¡No te atrevas a morder la mano que te da de comer!

―Dile a Hanzo que será el siguiente ―dijo Khaled con una terrible aura de muerte tras de él ―. Dile que Khaled Corvus regreso del infierno para llevárselo.

 ― ¿Khaled Corvus? ―repuso Baris al escuchar aquel nombre ser pronunciado por aquel muchacho que tomó la vida de Rigardo en su lugar ―. ¡Alphonse! ¿Acaso escuchaste lo mismo que yo?

Alphonse estaba igual de sorprendido, aun así, un matiz de incredulidad se dibujó en él, siempre puede de existir la confusión.

―Eso es imposible, el príncipe Khaled…

― ¡Está vivo! ¡Khaled! ―llamo Baris con fuerza buscando llamar la atención de aquel muchacho tan joven y tan letal, puede que sea un error, puede que la necesidad por hallar a su primo lo hubiesen arrastrado hasta el borde del delirio, pero tan solo quería una confirmación, una muestra de que se trata del último hijo de Fugaku.

Al oír su nombre Khaled busco al dueño de aquel llamado, en el instante en que estaba a punto de ver a su primo la guardia de Rigardo alertados por el tumulto que logró escapar ingresan dispuestos a apresar al asesino de su señor, se asegurarían de que todo el peso de la ley del imperio cayera sobre aquel esclavo que se atrevió a rebelarse ante sus amos.

― ¡Vas a morir cuervo! ―clamaron los hombres con armas en manos intentando capturarlo, pero antes de que lograran apresarlo Khaled logró emprender huida.   

― ¡Está escapando tras él!

La adrenalina en su cuerpo hizo que el dolor de sus heridas no le impidiese correr por aquellos salones buscando una salida, al fin la halló llegando a una zona al aire libre en donde momentos atrás él y aquellos otros esclavos lucharon a muerte para entretenimiento del que ahora se había convertido en su víctima. A medida que los minutos transcurrían el agotamiento y dolor empezaron a sentirse con mayor fuerza que hace instantes, su cuerpo se encontraba al límite y se lo estaba haciendo saber no obstante juro que no daría la vuelta y no retrocedería hasta haber cumplido con su propósito y para Khaled ese propósito era la muerte de Rigardo y la caída del imperio.

Un segundo grupo de guardias alertados por la huida de aquel cuervo lograron anticiparse y tomaron una ruta alterna hacia el gran jardín de Rigardo en donde se prepararían para tenderle una emboscada. Sabían que el objetivo a capturar se encontraba herido y era cuestión de tiempo para que las escasas fuerzas que lograban mantenerlo en pie se desvanecieran haciendo su retención sencilla y sin perdidas. Aún era imposible de creer que un solo esclavo hubiese logrado movilizar a dos grupos de soldados entrenados para el combate, pero Khaled no era cualquier esclavo y eso lo supieron al ver aquellos ojos rojos y al sentir aquella aura asesina que de pronto tomó posesión de aquel muchacho. Era como estar persiguiendo a la criatura más obscura y malévola de todas y puede que no se equivocaran.

Con las rutas de escape bloqueadas y sin tener a donde más huir Khaled creyó por un segundo que sus esfuerzos serian infructuosos y que los guardias de Rigardo llegarían hasta él dispuestos a vengar la muerte de su maestro. Con todo en contra y sin ninguna otra alternativa al joven príncipe no le quedó de otro remedio más que considerar la última de sus opciones que podría permitirle escapar en dirección a su venganza o hacer que su captura y muerte sea más pronta.

Debía de volar, aunque no lo hubiese vuelto a hacer desde aquel fatídico día donde lo arrancaron de su hogar, debía de abrir las alas a pesar de que el tiempo transcurrido no le aseguraba que estas hubiesen logrado crecer por completo o al menos a aun tamaño que le permitiese elevarse.

Con todo en contra y con nada a favor Khaled decidió tomar el riesgo.

Tal y como aquella primera vez cuando intentó escapar por su vida intentando volar sobre el desfiladero Khaled tomo distancia y corrió lo más rápido que sus piernas le permitiesen en dirección al enemigo quien sin poder creerlo o sin saber cómo tomarlo observaban a su objetivo ir en encuentro hacia ellos, ¿Era valiente o increíblemente estúpido?

Dos inmensas alas obscuras brotaron de la espalda del joven cuervo causando temor y asombro entre sus perseguidores, Baris y Alphonse lo vieron a la distancia y al terminar de enfrentarse a algunos guardias inmediatamente fueron tras Khaled antes de que este lograse huir, Por años Baris tuvo la esperanza de hallar a su primo  aun antes de aquel sueño que para él fue suficiente para confirmas sus sospechas, no lo perdería de nuevo recorrería el mundo entero si fuese necesario con el único fin de rescatar a su primo. 

―Huira volando ¡Tenemos que ir tras él!

― ¡No lograremos esquivar las flechas a tiempo!

― ¡Entonces debemos de volar más alto que sus flechas! ―clamo Baris sin temor ni dudas.

Las alas de Khaled lo envolvieron por completo y con suma facilidad logró transformarse en aquella pequeña ave escurridiza que agitaba sus alas con ferocidad buscando elevarse y esquivar los disparos hechos por la guardia de Rigardo. Sus alas batieron con fuerza prueba de que habían logrado crecer bien luego de haber sido cortadas por Hanzo.

― ¡Está escapando! ―gritaron los hombres buscando cualquier oportunidad para atraparlo, pero todos los intentos ya habían sido agotados y Khaled ya se encontraba en medio del cielo alejándose por completo de todo.

Nunca antes el viento sobre sus plumas se sintió así de bien.

― ¡Ahora Alphonse! ―grito Baris abriendo sus alas y transformándose también en un cuervo, tenía como finalidad lograr dar alcance a su primo antes de que este pudiese tomar ventaja y terminase por perderse nuevamente.

― ¡Aquí voy! ―con rapidez y esquivando a todo aquel que se cruzara por su camino Alphonse se transformó en un lobo gris de gran tamaño quien levanto la alerta en los guardias confundiéndolo con una bestia salvaje que apareció de pronto.

Alphonse corrió tras de las dos aves que sobrevolaban encima suyo siendo el primer cuervo quien poco a poco se iba alejando de la mira de Baris y de este.

El lobo y el cuervo mayor intentaron darle alcance, pero Khaled se fue alejando cada vez más hasta perderse por completo entre las nubes siguiendo la dirección del viento.

 

...***...

 

¿Cuánto era que llevaba sobrevolando aquel vasto territorio? ¿Cuánto era que no sentía el viento traspasando su plumaje? No lo sabía con certeza al igual que no tenía noción del tiempo transcurrido. Sus alas se agitaban por instinto y por la voluntad del vendaval tal y como se agitaban las ramas de los árboles. Las fuerzas empezaban a abandonarlo y él sabía que solo era cuestión de tiempo para que cayera privado de energía y con agotamiento.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió, muy cerca de las fronteras entre el bosque que alguna vez abrió paso hacia lo que fue su hogar Khaled cayó estrellándose duramente contra el suelo y lastimándose aún más de lo que ya se encontraba. Estuvo tan cerca de lograrlo y en su corazón el joven cuervo maldijo su suerte por haberle negado la oportunidad de al menos perecer en su hogar. Khaled no deseaba morir en un territorio tan aborrecible como lo era el imperio de Ether, si al menos pudiese volver a ver un último atardecer en su pueblo con su gente y recordar a su hermano con alegría como quien recuerda a un salvador entonces al menos podría irse en paz.

El cuervo herido y moribundo cerro los ojos y su respiración apenas y se hizo indetectable, los latidos de su corazón fueron disminuyendo hasta que muy pronto de seguro se detendría por completo.

Pero el destino y los dioses son fuerzas tan caprichosas capaces de influir en cada escenario y momento decisivo en la vida de aquellos elegidos. Y Khaled para bien o para mal estaba destinado a labrarse un nombre que al ser pronunciado fuese el sinónimo del miedo y la tragedia para sus enemigos. Cuando Khaled se hallase al borde de la muerte seria cuando diese paso al demonio carmesí aquel rey de los cuervos con un apetito insaciable de venganza hacia el imperio de Ether y que no se detendría hasta ver cada cimiento hecho pedazos.

Khaled tenía que agonizar por largos días antes de ser rescatado por su primo y Alphonse y una vez a salvo en lo que quedaba de su pueblo recogería los pedazos de un clan fracturado.  Grandes guerras se levantarían y la espada de Khaled se alzaría en alto librando batalla sin darle cuartel a sus enemigos siendo el terror del imperio y de los demás pueblos que verían con amenaza nuevamente al clan de los cuervos.

Y cuando el demonio carmesí halla arrasado con todo a su paso, cuando su espada estuviese a punto de cortarle la cabeza a su mayor enemigo y su clan fortalecido retomase su lugar y recuperase su tierra es cuando su vida terminaría a manos de Sabaku no Gaara quien le tendería una trampa y tomaría su vida sometiendo a los cuervos nuevamente y esclavizándolos una vez más.  

Así debía de haber sido, así fue el designio de los dioses y las estrellas marcaban ese camino.

Salvo que el destino ya no era el mismo y los engranajes del tiempo habían vuelto hacia atrás. Alguien que no debió de haber estado allí apareció y en ese instante el camino de Khaled junto con su futuro fueron modificados en cuanto la vio.

Apenas y fue un segundo, un breve instante comparado con un suspiro. Sus ojos azules tan claros como el azul cielo y su dorada melena que se mezclaba con los rayos del sol caían como cascada de oro por sus hombros. El ángel de sus visiones se manifestó nuevamente, aunque ahora su aspecto lucía más joven de lo acostumbrado era casi como una jovencita que no sobrepasaba los 12 años.

―Pobrecito ―murmuro ella con suavidad levantando a Khaled del suelo con total delicadeza.

Las fuerzas se esfumaban de Khaled, pero logró mantenerse despierto debido al aura de luz que emanaba aquella niña, sintió los labios de ella posarse sobre su pequeño y débil pecho y su corazón se sintió un poco más fuerte.

―Pequeño guerrero ―Khaled la escucho decir ―, resiste por favor.

Y entonces él perdió el conocimiento.

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Comments

Kitty

Kitty

creo que hay un error .

porque menciona a Gaara

2024-11-17

0

Cori Shoes

Cori Shoes

me perdí!!!

2024-06-27

0

Cori Shoes

Cori Shoes

Kalehd perdiste tiempo en discusiones, debiste llegar sin llamado alguno y penetrarle el cuerpo con tu espada

2024-06-27

0

Total
Capítulos
1 "Fortuna emperatrix mundi"
2 "Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3 Una dama inquebrantable
4 "Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5 El gran duque Asteria
6 "El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7 "Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8 En lo profundo del bosque
9 "Érase una vez, un reino de cuervos"
10 "Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11 Llévame...hacía la eternidad
12 La agonía de un príncipe cuervo
13 La venganza de los condenados
14 El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15 "Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16 "¿Porque deseas salvarme?"
17 “Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18 El camino del buen caballero
19 "¿Quién se levantará para salvarnos?"
20 El corazón de un cuervo
21 Danza de cuervos y duelo de guerreros
22 "Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23 "Una manera de mantenerte atada a mí"
24 Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25 Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26 "Y llegará el día de tu regreso"
27 "Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28 "Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29 "Para mi querida Inna"
30 "Hasta que pueda volver a verte"
31 El niño que provino de las estrellas
32 Un silencioso grito, un agonizante corazón
33 "A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34 En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35 El reino sobre las montañas (primera parte)
36 El reino sobre las montañas (segunda parte)
37 El reino sobre las montañas (tercera parte )
38 El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39 Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40 Un deseo del corazón.
41 Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42 El camino del buen aprendiz
43 "Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44 La última esperanza
45 Justicia y venganza
46 "Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47 "Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48 El rey sin corazón (primera parte)
49 El rey sin corazón (segunda parte)
50 Nido de buitres
51 Los pecados de los desventurados
52 "La perfecta forma de atraerte a mí"
53 El destino de una rosa
54 La promesa (primera parte)
55 La promesa (segunda parte)
56 La dama de hierro
57 Primer movimiento
58 "Y he aquí la voluntad de los dioses"
59 "Una brecha entre tú y yo"
60 "Mantén tu espada en alto, guerrera"
61 El ángel que salvaguarda desde las sombras
62 "Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63 La flor de la locura (primera parte)
64 La flor de la locura (segunda parte)
65 La flor de la locura (tercera parte)
66 Tan brillante como las estrellas
67 "En camino a la gloria"
68 "El clamor de los rebeldes"
69 Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70 "Prisionera entre mis manos"
71 El inicio del fin (primera parte)
Capítulos

Updated 71 Episodes

1
"Fortuna emperatrix mundi"
2
"Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3
Una dama inquebrantable
4
"Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5
El gran duque Asteria
6
"El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7
"Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8
En lo profundo del bosque
9
"Érase una vez, un reino de cuervos"
10
"Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11
Llévame...hacía la eternidad
12
La agonía de un príncipe cuervo
13
La venganza de los condenados
14
El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15
"Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16
"¿Porque deseas salvarme?"
17
“Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18
El camino del buen caballero
19
"¿Quién se levantará para salvarnos?"
20
El corazón de un cuervo
21
Danza de cuervos y duelo de guerreros
22
"Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23
"Una manera de mantenerte atada a mí"
24
Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25
Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26
"Y llegará el día de tu regreso"
27
"Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28
"Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29
"Para mi querida Inna"
30
"Hasta que pueda volver a verte"
31
El niño que provino de las estrellas
32
Un silencioso grito, un agonizante corazón
33
"A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34
En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35
El reino sobre las montañas (primera parte)
36
El reino sobre las montañas (segunda parte)
37
El reino sobre las montañas (tercera parte )
38
El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39
Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40
Un deseo del corazón.
41
Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42
El camino del buen aprendiz
43
"Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44
La última esperanza
45
Justicia y venganza
46
"Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47
"Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48
El rey sin corazón (primera parte)
49
El rey sin corazón (segunda parte)
50
Nido de buitres
51
Los pecados de los desventurados
52
"La perfecta forma de atraerte a mí"
53
El destino de una rosa
54
La promesa (primera parte)
55
La promesa (segunda parte)
56
La dama de hierro
57
Primer movimiento
58
"Y he aquí la voluntad de los dioses"
59
"Una brecha entre tú y yo"
60
"Mantén tu espada en alto, guerrera"
61
El ángel que salvaguarda desde las sombras
62
"Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63
La flor de la locura (primera parte)
64
La flor de la locura (segunda parte)
65
La flor de la locura (tercera parte)
66
Tan brillante como las estrellas
67
"En camino a la gloria"
68
"El clamor de los rebeldes"
69
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"Prisionera entre mis manos"
71
El inicio del fin (primera parte)

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