"¿Porque deseas salvarme?"

...III...

 

La cena fue tranquila y con un aire ameno a comparación del alboroto del medio día. Ya pasado aquel incidente Jonathan se encontró de un mejor humor y así lo demostró en el transcurso de la velada. La noticia de que Jocasta empezaría su entrenamiento como sucesora de la casa del gran duque causo asombro tanto en Dione como en el viejo mayordomo Claude este último sobre todo quien conocía a la perfección el entrenamiento que todo aspirante a sucesor debía de ejercer. No por nada fue testigo del propio entrenamiento del mismo Jonathan cuya destreza con la espada y sagacidad lo hizo merecedor del título de gran duque sucediendo a su padre.

La noche se hizo presente y Jocasta se disculpó con sus padres por no poderse quedar a tomar el té después de la cena en el gran salón argumentando que tenía que curarle las heridas al cuervo rescatado y también requería un cambio de vendajes. Dione le sonríe y a Jonathan no le queda de otra que estar de acuerdo. Ambos vieron a su hija hacer una reverencia para luego alejarse rumbo a su recamara.

― ¿Desea un poco de leche antes de dormir señorita? ―pregunto Maya al ver a su joven señorita retirarse.

―Por favor ―pidió Jocasta ―. Si no fuese mucha molestia me gustaría un poco de pan y un pequeño cuenco vació. También dispone para que me traigan agua fresca y vendas limpias y pídele a Claude que te dé un poco de ese ungüento de yerbas.

―Claro que sí señorita ―responde Maya haciendo una reverencia.

―Muchas gracias Maya.

Una vez la joven doncella se alejó Jocasta reanudó su avance hacia su habitación, subió las enormes escalinatas hacía el segundo piso y recorrió el largo y amplio pasillo en dirección a sus aposentos.

―Ya estoy aquí ―dijo Jocasta con una amplia sonrisa anunciando su llegada. El cuervo levantó la cabeza al oír su voz y la ve ingresar, incluso su presencia iluminaba la estancia más obscura ―. ¿Te sigue doliendo? ―preguntó ella aproximándose hacia donde el cuervo reposaba y con sumo cuidado inspecciona el vendaje y la herida ―. Tenemos que cambiarte de vendas y limpiarte un poco para que no haya riesgo de infección.

“¿Por qué lo haces?” ―sin duda era la pregunta que Khaled deseaba hacerle ―. “Porque deseas salvarme?”.

Desde muy joven Khaled conoció la maldad del imperio y fue víctima del mismo. Khaled en lo profundo repudiaba a aquella nación que masacro a los suyos y asesino a sus padres y hermano, que los esclavizaron y los sometieron a los trabajos más denigrantes dejándolos morir de hambre y sobre esfuerzo. ¿Por qué Khaled tendría que tener compasión de un pueblo lleno de personas perversas? Gente que solo ve el disfrute en el dolor ajeno, gente que paga por ver la sangre de aquellos considerados impuros correr, gente que se llenan la boca alabando a una diosa mientras por un lado sus manos no dejaban de apretar el cuello de los oprimidos. El imperio estaba corrompido y el príncipe de los cuervos solo tenía rencor hacia ellos acrecentado aún más por sus deseos de venganza.

En un mundo donde todos lo veían con repulsión y anhelaban su muerte como quien desea la llegada del amanecer luego de una noche de penumbras, Khaled nunca pensó en encontrarse con alguien que mostrara verdadero interés en su seguridad y salud. Solo su madre lo cuidaba en las noches en donde la fiebre lo aquejaba, incluso en los días en que era torturado por Galk en el campo de esclavos Khaled cerraba los ojos e imaginaba las manos de su madre cuidando de él tan devotamente como siempre solía hacer en su infancia.

“Jocasta Asteria” ―repitió el nombre que no hace mucho se le fue mencionado y que le pertenecía a aquella niña ―. “Tengo una deuda contigo a partir de este momento, futura gran duquesa”.

Alguien llamó a la puerta sacando a Khaled de sus reflexiones. Jocasta da la orden para que ingresen y Maya se hace presente con todo lo solicitado por la joven señorita. Agua limpia, vendajes listos para ser usados y la medicina que Claude preparo especialmente para el tratamiento del ave además de la leche y el pan que Jocasta había pedido.

―Eso es todo lo que usted encargo joven maestra, ¿se le ofrece algo más? ―con una gentil sonrisa Maya se dirigió a su pequeña señorita. Puede que desconfiara del cuervo traído a la mansión, pero era capaz de comprender el gentil corazón de la futura gran duquesa. Jocasta estaba demostrando una cualidad importante para el manejo del ducado y era la capacidad para ser empáticos y apoyar a quien más nos necesite.  Esa era una duquesa de quien Maya estaría orgullosa de seguir.

―Todo está bien, muchas gracias ya puedes ir a descansar Maya puede que mañana vallamos a recolectar naranjas para hacer un pastel ―rio Jocasta con timidez, pero aun así lucia encantadora ―. Ya sabes, porque eche a perder nuestro paseo.

―Oh no fue así en lo absoluto ―rápidamente Maya negó aquella afirmación con mucha convicción incluso movió las manos frenéticamente de un lado a otro ―. Fue el mejor paseo que he tenido en mi vida tan emocionante y claro, los sustos no faltaron ―su risa llena la habitación de Jocasta y hasta ella misma se contagia de la alegría de Maya y termia riendo también ―. Pero joven maestra … ―la criada de los Asteria dirige uno de sus dedos al mentón en ademan reflexivo ―. ¿El gran duque no le prohibió las salidas? 

― ¡Ese es un detalle menor! ―sonríe Jocasta de forma nerviosa ―. Puedo hacerlo siempre que tenga la escolta adecuada, aunque temo que ya no podamos alejarnos tanto cómo la última vez.

Jocasta conocía a su padre y estaba segura que haría que todo el escuadrón su cargo la acompañase a recolectar naranjas.

―Bueno al menos tendremos mucha ayuda, podremos hacer muchos pasteles para todo el batallón ―Jocasta quería a Maya porque siempre tenía una actitud tan positiva por lo general las doncellas y damas del servicio en la mansión de la capital eran mayores y muy difícilmente le dirigían la palabra a no ser que sea para solicitar la confirmación de alguna orden. Maya era una muchacha joven y estaba tan llena de alegría y vitalidad y eso era tan refrescante.

― ¡Entonces lo haremos! ―dijo la joven señorita ―. Oh y llevaremos a nuestro amiguito también, el aire fresco le sentara de maravilla ―añadió dirigiéndose a su pequeño paciente que en realidad no era tan pequeño.

Maya ejecuta una reverencia y tras confirmar el paseo de mañana dejó a su joven señorita en la privacidad de sus aposentos.

―Bien ―dijo Jocasta acercándose al cuervo que reposaba de forma placida ―. Tenemos que tratarte para que te recuperes con rapidez.

Inmediatamente Khaled levantó la cabeza y notó todos los implementos traídos seguramente por la doncella, sus ojos se detuvieron en la leche y el pan tibio y su estómago gruño un poco, aunque el sonido no fue lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de Jocasta.

Con sumo cuidado la joven dama lavó sus manos preparándose para proceder a tratar por primera vez a alguien. Debido a que ya había visto a Claude limpiar la herida y tratarla de la manera correcta con anterioridad tenía un poco de conocimiento previo y de esa forma lo aplicó justo en aquel momento. Con delicadeza procuró sacar el vendaje sucio la herida aún estaba en proceso de curación por lo que todavía se podía ver la carne y un poco de sangre, aun así, Jocasta no se inmuto, sus manos hábilmente limpiaron los restos de ungüento una vez libre procedió a desinfectar, aquello lo hizo con precaución ya que lo que menos deseaba era provocarle a aquella ave un dolor mayor pero Khaled siguió sin inmutarse, ¿Qué era un ligero ardor comparado con los azotes, los golpes y las cortadas por espada?

―No te duele, ¿verdad? Eres muy valiente ―dijo Jocasta secándose un poco el sudor de la frente. Claude lo hacía ver tan sencillo, en ese instante ella valoro aún más la labor de los curadores. 

“Sus manos son muy suaves” ―pensó Khaled al ver la dedicación con que ella le trataba. Por un segundo el cuervo cerró los ojos y se dejó llevar por la refrescante sensación del ungüento sobre las heridas. El toque era tan delicado que apenas y sintió los vendajes nuevos siendo colocados con cuidado y precisión.

Finalizado el proceso Jocasta le da una amorosa caricia y le da de comer. En un abrir y cerrar los ojos el pan había desaparecido al igual que la leche. Ya saciado el cuervo reposo de nuevo en su pequeña cama.

La noche ya estaba avanzando y el sueño empezaba a dominar a la niña pronto ella también se colocó el camisón tras la mampara y cepillo sus dorados y largos cabellos.

Khaled agradeció el estar convertido en cuervo y no poner en evidencia su sonrojo y nerviosismo. Era un muchacho de quince años en la habitación de una chica ¡No existía una situación más incómoda y bochornosa que esa!

“Pero ¿qué le pasa? ¡No puede hacer eso chiquilla imprudente!” ―con el ala sana intento cubrirse los ojos.

Pero tenía que reconocer que se veía muy angelical con ese camisón blanco inmaculado y su largo cabello dorado y suelto.

―Buenas noches señor cuervo ―cantó ella apagando la luz y acostándose en su cama. La luz de luna se filtraba por la ventana dando un poco de claridad a la habitación y el aire fresco de aquella noche de verano ingreso sacudiendo las largas y delgadas cortinas.

 

Los minutos transcurrieron y se hicieron horas y el sueño ya había reinado en la estancia y tan solo se escuchaban las suaves respiraciones de los cuerpos.

Un aleteo rompe la quietud de la noche y Khaled abre los ojos alertado por la presencia de un desconocido intentando ingresar a la habitación de la niña del imperio, Su cuerpo se tensó, tan convaleciente como se encontraba no podría ser capaz de luchar si es que se tratase de un enemigo.

Un cuervo de mayor tamaño ingreso por la ventana abierta de la muchacha y es cuando Khaled se incorpora del lugar en donde reposaba y agita el ala sana en ademán de confrontación y todo eso ante una apacible Jocasta que reposaba en su lecho desconociendo lo que sucedía en su propia recamara. El cuervo recién llegado lejos de mostrar la misma agresividad del más joven se posó en el suelo y ante la mirada de Khaled se transformó revelando su verdadera forma.

Un hombre joven de aspecto muy semejante a Khaled se manifestó. Sus ojos eran también negros y su piel nívea se mimetizaba con el brillo de la luna que lograba filtrarse, una visible cicatriz de gran tamaño que cubría gran parte del lado izquierdo de su rostro, aun con todo eso Khaled pudo reconocerlo y si estuviese en su forma humana no hubiese dudado en lanzarse a los brazos del que quizás era su único pariente vivo.

―Príncipe Khaled Corvus ―habló Baris arrodillándose ante el cuervo convaleciente que reposaba en tranquilidad, a diferencia de Khaled los ojos de Baris se llenaron de lágrimas y estas bajaron copiosamente por sus mejillas, su corazón se llenó de dicha ―. Hemos venido por usted.

Khaled se mueve violentamente intentando incorporarse y acercarse a su primo más este viendo el estado del príncipe se apresura a detenerlo y a evitar que sus heridas se agraven debido a un brusco movimiento.

―Su alteza cálmese por favor ―Baris tuvo la osadía de decir eso cuando ni él mismo podía evitar que sus emociones afloraran ―. Se lastimará aún más si no se cuida en ese estado.

“Deja de decirme su alteza ” ―quiso decir Khaled ―. “Nos sabes cuanta felicidad me trae saber que estas vivo”.

Luego de dos largos años creyéndose uno de los pocos por no decir el ultimo cuervo existente Khaled se permitió albergar la esperanza de volver a levantar su clan aun cuando toda su familia hubiese perecido en aquella masacre, ahora no solo su clan prevaleció, sino que también su único familiar vivo se presentaba ante él con emoción sincera y notable alegría de verlo salvo.

Baris Corvus siempre lo supo, aun cuando todos le dijeron que no guardara esperanzas el continúo aferrándose a la creencia de que su pequeño primo había logrado sobrevivir y ahora con alegría veía que su corazón no se equivocó.

Los ojos de Baris se tornaron rojos como la sangre y los de Khaled hicieron lo mismo, ambos en una especie de trance se sumergieron en una realidad distinta y poco a poco el escenario cambio volviéndose un mundo oscuro y vacío en donde nada existía salvo ambos cuervos. En aquella realidad creada por Baris y en donde Khaled se vio sumido este último se encontraba en su forma humana y Baris no pudo evitar ver el gran parecido que tenía con su tía Raissa, la madre de Khaled y antigua señora del clan. El niño se volvió un joven adulto ante sus ojos dejando atrás al pequeño príncipe con ideales utópicos. Ya no poseía la mirada de un niño ni tan siquiera de alguien propio de su edad, era la mirada del odio lo que Baris pudo ver, era la mirada de alguien con un fuerte anhelo de venganza y lo reconoció porque él mismo poseía una muy parecida.

En la seguridad de aquella fortaleza mental que resguardaba las conciencias tanto la de Khaled como la de Baris ambos al fin se vieron libres de poder expresarse sin el temor de ser interceptados, después de todo aún se encontraban en el imperio y ese siempre seria territorio enemigo.

― ¿Están a salvo? ―fue Khaled quien rompió el silencio, su voz se encontraba cargada de todos esos sentimientos que súbitamente le embargaban; felicidad, emoción y esperanza.

―Logramos proteger a una parte de nuestro clan su alteza ―respondió Baris con una melancólica sonrisa al recordar ese difícil momento cuando se separaron del resto de guerreros liderados por Serkan para proteger a quienes no podían luchar ni defenderse de la salvaje masacre por parte del imperio ―. Su padre nuestro rey dio su vida en batalla permitiendo que un grupo conformado por mujeres y niños lograsen huir a tierras más seguras. Se quedó conteniendo el avance enemigo mientras Alphonse y yo intentamos resguardar a tantos como se pudiera en ese instante. Su alteza el rey…

―Él murió … ―fue Khaled quien termino la frase, aquella que fue confirmada con el silencio de su primo. Sabía que su padre había muerto, algo en su corazón se lo hizo saber aun así le dolía la pérdida de un hombre que pese a que paso gran pare de su vida sometido al imperio no dudo en tomar la espada nuevamente y sacrificarse por aquel clan que tanto amaba.

Khaled estuvo tan equivocado y estaba seguro que si Azzad hubiese seguido con vida se lo hubiese hecho saber después de todo solo Azzad podía comprender el complicado carácter de su padre.

―El rey dio su vida por nosotros alteza ―dijo Baris con orgullo ―. Y yo hubiera dado mi vida por él. Fue difícil buscar un lugar apropiado para ocultarnos y lo fue aún más intentar siquiera tomar el liderazgo de nuestro clan desquebrajado.

―Lo has hecho bien Baris ―los labios de Khaled se curvan en una media sonrisa melancólica ―. Gracias por todo.

Los ojos de su primo se bañaron en lágrimas nuevamente y cayó de rodillas dejándose vencer por el peso del mundo por primera vez desde que tuvo que asumir el liderazgo del clan.

―No llores ―ni el pedido de Khaled pudieron hacer que Baris frenara sus emociones, ¿Qué importaba? Estaba feliz, había tenido todo este tiempo que mostrar fortaleza por su clan, ahora se permitiría llorar tanto como quisiese.

―Todos dijeron que habías muerto, todos insistían en que debía asumir tu lugar y guiar al clan, pero no pude aceptarlo porque eso sería usurpar tu posición y nunca me atrevería a faltar a la memoria de mi tío de esa manera ―Baris sacude la cabeza intentando alejar aquellos pensamientos ―. ¿Dónde ha estado todo este tiempo alteza? Dígame qué tipo de vida miserable tuvo que pasar a manos de nuestros enemigos y mi espada vengara cada gota de sangre y cada lagrima suya derramada.

―Dime qué es lo sabes ―dijo Khaled observando a Baris con una mirada punzante que estremeció al segundo hasta llevarle a un punto en que sintió verdadero terror de un muchacho de apenas quince años ―. Puedes parecer alguien despistado, pero ambos sabemos que jamás te aventurarías a territorio del imperio sin la información necesaria. Los torturaste ¿no es así? A esos soldados ¿Los mutilaste? ¿Cortaste sus extremidades pieza por pieza hasta que solo quedasen torsos grotescos y repulsivos? ¿Los hiciste pagar por cada vida nuestra tomada por sus espadas?

―Yo-Yo ―Baris cae de rodillas, su cuerpo tembló al igual que sus manos las mismas que sujetaron la espada con que se encargó de propiciar una y mil torturas a aquellos soldados del imperio y una vez logrado su cometido ponía fin a sus insignificantes vidas ―. Yo lo hice ― ¿Cuándo fue que Khaled se volvió tan aterrador? ¿Cuándo fue que se convirtió en ese ser que con una sonrisa complacida y demencial demostraba satisfacción por saber el final de los hombres del emperador?

―Eres un buen guerrero del clan ―Khaled estira la mano y se la ofrece a su primo como gesto de benevolencia hacia este, pero, aunque sus actos mostraban una cosa, su expresión y mirada eran tan opuestas a sus intenciones. Ese ya no era un niño, era un demonio lleno de una sed insaciable de venganza

“¿En quién se convirtió?” ―pensó Baris al verle y el escalofrió volvió a estremecerle ―. “Es absolutamente aterrador y siento que podría matarme en un segundo si no fuese su pariente, sin embargo, este es el rey a quien deseo servir. Él es el único que puede otorgarnos nuestra venganza”. 

― ¿Tienes miedo? ―dijo Khaled y sus ojos rojos destellaron con fiereza ―. ¿Me temes Baris?

―Le temo ―no hay duda en la respuesta y Khaled sonríe complacido ―. Usted es alguien sumamente aterrador su majestad, es como una bestia que está a punto de atacar, sangre hay en su mirada y odio en sus palabras, aun así, yo … ―Baris levanta la mirada encontrándose nuevamente con aquellos ojos inquietantes ―, aun así, yo permaneceré a su lado por siempre.

Khaled se ríe estridentemente pasando sus dedos por sus oscuros cabellos, la risa poco a poco se vuelve en un rugido que haría estremecer hasta a las mismas bestias abisales. Baris solo lo observo sin poder creer todavía el enorme cambio que su primo había sufrido todo el tiempo que pasó cautivó en las garras del imperio. 

― ¿A mi lado por siempre? ¿Me estas jurando tu lealtad absoluta querido primo? ―una sonrisa se dibuja en esos labios.

“Este niño que ahora luce como un cachorro sanguinario se convertirá en un león voraz y despiadado” ―pensó Baris.

―Alteza, le entrego mi espada y mi vida. Disponga de ambas como le sean necesarias ―aquella era la mayor muestra de lealtad posible y Khaled sonrió complacido. Nunca dudo de su primo y sabia a la perfección que si existía alguien con los mismos deseos de venganza que él ese sería Baris.  

―Me preguntaste hace poco sobre mi paradero y como es que llegue a sobrevivir todo este tiempo ― empezó Khaled ―. Ahora te responderé primo mío.

Baris se mantuvo atento a cada palabra pronunciada por Khaled. Se aseguraría de hacer pagar a todo aquel enemigo del clan que se hubiese atrevido a perjudicar al legitimo rey de los cuervos.

―Fui capturado por el imperio y llevado a la región esclavista de Moreau. Vi la muerte de los nuestros tan cerca que lloré mientras la vida de cada uno de aquellos capturados por Hanzo se extinguían como la débil flama de una vela, presencié la muerte de mi propia madre tan cerca a mí que su sangre cayó sobre mi rostro y su cuerpo decapitado fue echado a los perros y devorado sin dejar más que los huesos. Mi hermano dio su vida por mí libertad y a cambio caí en las manos de los esclavistas que me arrojaron a una arena de duelo y me hicieron luchar para su entretenimiento.  Solo mi deseo de venganza fue lo que me dio las fuerzas necesarias para resistir a los tratos inhumanos a los que fui sujeto, el puro odio hacia todos aquellos que contribuyeron a la caída del clan de los cuervos. 

Cada palabra pronunciada por Khaled solo hizo que el rencor que Baris sentía hacia el maldito imperio resurgiera nuevamente. Mientras oía con atención todo lo sucedido y las vivencias de aquellos otros cuervos muertos sirviendo a los nobles de aquella despreciable nación un hambre justiciera empezó a apoderarse de él, sus puños se apretaron con fuerza hasta que la sangre de su mano dejo de recorrer aquella parte de su cuerpo y estas se volvieron blancas como si fuesen parte de un cadáver.

― ¡Malditos! ―rugió Baris de furia ―. ¡Pagaran por todo lo que hicieron y aun así su sangre derramada no bastara para satisfacer nuestro rencor!

La herida de Baris volvió a abrirse una vez más, su madre y padre también habían perecido en uno de los tantos asaltos del imperio quienes como ladrones atacaban ocultos en las penumbras de la noche y al amanecer el sol resplandecía sobre los charcos de sangre de un pueblo que luchaba para no extinguirse.

― ¿Entonces te unirás a mi venganza Baris? ―dijo Khaled ―. ¿Pelearas para mí y me ayudaras a tomar la vida de Hanzo y de todos aquellos involucrados en nuestro exterminio?

― ¡Lo hare su majestad! ―el cuerpo de Baris se hinca mostrándole total muestra de fidelidad a su primo ―. Es el legítimo heredero del clan y el único capaz de restaurarlo, no existe nadie más a quien desee seguir que no sea usted. Por eso debe regresar al territorio alteza y ocupar el lugar que le corresponde.

―Temo que no puedo reunirme con los míos al menos no por ahora ―dijo Khaled ―. Resulte gravemente herido en mi último enfrentamiento y se me hará imposible volar hasta el lugar en donde los nuestros yacen ocultos y a salvo.

―Podemos ir a pie por el paso montañoso, debemos de cuidarnos de las otras tribus aledañas, pero estoy seguro de que …

―Me niego ―declaró Khaled con determinación ―. Eso solo nos expondría a un ataque por parte de otros clanes que nos ven aún como amenaza. Los lobos son impredecibles y muy territoriales mientras que los osos son temperamentales, el paso por las montañas queda absolutamente descartado.

―No podemos irnos sin usted ―exclamó Baris ―. Este lugar no es seguro para ninguno de nosotros y usted correría un grave peligro si se llegase a saber su identidad ¡No podemos arriesgarnos! Alphonse puede despistar a los lobos, permitirán que alguien de su misma especie transite por su territorio.

―No deja de ser muy arriesgado y lo considero poco prudente ―dijo Khaled descartando cada palabra de Baris ―. Estaré bien siempre que logre mantener mi forma de cuervo hasta que mis heridas hayan logrado cerrarse por completo ―ante la muestra de desespero en su primo Khaled intentó apaciguarlo. De nada serviría movilizarlo en aquel estado, eso solo los expondría a peligros igual o mucho peores después de todo estaban bajo el techo de la mansión de un noble y no de cualquiera sino del gran duque ―. Debes saber muy bien Baris que el lugar en donde nos encontramos ahora es la mansión del gran duque del imperio, estamos dentro del territorio del ducado más importante de Ether.

―Eso explicaría la enorme presencia de soldados resguardando la mansión. Alphonse y yo divisamos un batallón patrullando los límites del territorio.

Esa debía de ser la facción del ejército más letal a cargo del gran duque. Khaled estaba sorprendido de saber que se encontraba a poca distancia de aquel escuadrón, estaba seguro que si ellos llegasen a saber que era el cuervo heredero del linaje Corvus no permitirían que continuase con vida.

― ¿Qué sabes sobre el gran duque? ―preguntó este.

―Según tengo entendido alteza el gran duque Asteria está a cargo de una importante tropa de guerreros de elite y forma parte de un gran linaje de espadachines al servicio del emperador además de que su casa ha sido la responsable de una larga e histórica cadena de emperatrices lo que le da una enorme relevancia en el imperio solo por debajo de la familia imperial. Es una especie de héroe, se dice que se enfrentó a una de las cuatro bestias abisales que moran este lado del continente “Caos” en la gran guerra del Oriente, es un aliado importante para el emperador y a su vez su mayor peligro. 

Khaled suspira con pesadez mientras se frota un poco el entrecejo.

―Definitivamente no gozamos de la buena fortuna que desearíamos y debemos de ser sumamente discretos para evitar activar las alarmas y hacer de esto una cacería ―aún era pronto para enfrentar a un enemigo de la altura del gran duque y Khaled lo sabía, puede que sea un asesino consumado, pero todavía le quedaba un largo camino que recorrer y aun muchas víctimas que tomar si deseaba consumar su venganza.

― ¿Qué haremos ahora alteza? ―habló Baris observando a su rey ―. No podemos permanecer ocultos en este lugar sin llamar la atención. ¿Deberíamos aprovechar la noche y tomar la vida de todos en esta mansión? ―Baris sonríe imaginando su espada bañada en la sangre de nobles del imperio ―. Están indefensos no sería difícil incluso si se trata del gran duque.

La mirada de Khaled cambió absolutamente destellando de furia, sus ojos rojos eran como los de un demonio ansioso por arrastra un alma al infierno. Baris lo observo con terror y sintió una enorme y pesada aura asesina sobre sus hombros. Él no podía comprenderlo ¿Cómo es que su primo que aparentemente mostraba desprecio para los asesinos de su clan se mostraba de esa forma ante un posible ataque a la mansión del gran duque?

―Atrévete a tocarlos y me olvidare que llevamos la misma sangre

―Ka-Khaled, pero ¿Por qué? ―Baris todavía seguía sin entenderlo.

Khaled tuvo que dominarse a duras penas ya que sabía que no estaba lidiando con uno de los esclavos de Galk a los que hizo frente muchas veces sino uno de los suyos, pero le era sumamente difícil controlarse ante la sola suposición de un atentado hacia la niña que le había protegido y salvado y quien era la viva imagen de su querido ángel.

―No permitiré que lastimes a la persona que me salvo ¿O es que acaso has olvidado las condiciones en las que me encontraba? Idiota, todavía no me he recuperado completamente.

―Yo, lo siento mucho ―dijo Baris completamente arrepentido por sus palabras ―. Dije eso sin pensar por supuesto que los Corvus tenemos honor y no dañamos a quienes nos brindan su ayuda, tenemos una deuda a partir de ahora con la persona que lo tiene bajo su cuidado.

Con alivio Baris vio a su primo menor calmarse a un punto en que el aura asesina emergente en él no hace mucho se había disipado por completo y la calma reinaba nuevamente.

―Escucha mis palabras con atención querido primo y date cuenta de la importancia de las mismas. El tiempo de tratamiento de mis lesiones no serán mayor a tres semanas y es cuando mi cuerpo se encontrará lo suficientemente fortalecido para poder volver a casa junto con ustedes, hasta entonces es importante que se mantenga cerca y pendientes de no ser descubiertos por el gran duque, su ejército o cualquier persona noble o no que habita esta mansión.

―Entiendo su alteza ―respondió Baris ―. Nos infiltraremos sin problemas y procuraremos ser lo más discretos posibles hasta el día de su recuperación hasta entonces estaremos pendientes de usted y al tanto del momento de nuestra partida.

Khaled sonrío más tranquilo y complacido por la disposición de Baris en permanecer a su lado hasta que el momento sea más oportuno.

―Alteza… ―Khaled dirigió la mirada hacia su primo y ve la curiosidad en aquel rostro ―. ¿Puedo saber el nombre de la persona a quien le debemos enormemente el que usted se encuentre ahora vivo y estable?

―La persona a quien le debo mi vida se llama Jocasta Asteria hija del gran duque y futura sucesora de su título ―respondió Khaled saboreando el nombre de su ángel, era un nombre tan hermoso que pronunciado por labios indignos debía de ser considerado un sacrilegio.

―Tengo conocimiento de que el gran duque tiene una hija ―dijo Baris―. Nuestras averiguaciones previas nos indicaban que ella era la mayor aspirante para convertirse en la prometida del príncipe heredero y en la siguiente emperatriz consorte.

― ¿Prometida? ―la palabra salió de los labios de Khaled como el veneno en una serpiente, no sabía cómo o porque, pero la sola mención de un posible compromiso de aquella muchacha le causaba un malestar en la boca del estómago.

―Hasta hace poco ―continuó Baris notando el repentino mal humor de su primo ―. Las ultimas averiguaciones indican que el compromiso no pudo darse y la joven dama Asteria renuncio a un posible título de emperatriz aun cuando encabezaba la lista de preferidas.

―Ya veo ―dijo Khaled ―. Eso explicaría el motivo por el que ella asumirá ahora el título de su familia. Si es tan capaz como dicen los rumores entonces considero que la decisión de abstenerse de convertirse en emperatriz fue la mejor.

―Majestad … ―habló Baris nuevamente ―. ¿Planea usted algo con la futura heredera de la casa Asteria? Permítame recordarle que una noble del imperio no es una buena opción si se trata de aliados. Ellos son nuestros enemigos principales.

―Uno nunca puede descartar nada Baris ―respondió Khaled ―. Hay algo en ella que me dice que tal vez tenemos el mismo propósito, cuando veo sus ojos reconozco la venganza y un apetito voraz de justicia.

―Ka-Khaled.

Una niña noble nacida en el imperio jamás le daría la espalda a su nación para aliarse a favor de un clan despreciado y maldito. Baris no podía ser capaz de entender el interés en Khaled en aquella muchacha. Guardo respetuoso silencio y asintió al pedido de su primo. Sin nada más que decir la ilusión creada por Baris se rompió y una vez más Khaled se vio en su forma de cuervo, su mirada aguda no se desvaneció en todo momento y su postura no dejó de ser solemne.

Baris hace una reverencia y se retira en medio de la noche dejando a Jocasta quien dormía desconociendo la llegada de aquel inesperado visitante. Tenía que informarle a Alphonse sobre los nuevos acontecimientos y la intensión de Khaled en quedarse el tiempo de su recuperación.

 

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Comments

Kitty

Kitty

Esta agradecido con Jocasta.

2024-11-18

0

Ginebra

Ginebra

Sii no la lastimes. 🌹

2022-09-19

6

Lina Maria Casas Pastrana

Lina Maria Casas Pastrana

Me encanta, gracias por hacer esta historia.

2022-09-08

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Capítulos
1 "Fortuna emperatrix mundi"
2 "Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3 Una dama inquebrantable
4 "Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5 El gran duque Asteria
6 "El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7 "Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8 En lo profundo del bosque
9 "Érase una vez, un reino de cuervos"
10 "Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11 Llévame...hacía la eternidad
12 La agonía de un príncipe cuervo
13 La venganza de los condenados
14 El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15 "Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16 "¿Porque deseas salvarme?"
17 “Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18 El camino del buen caballero
19 "¿Quién se levantará para salvarnos?"
20 El corazón de un cuervo
21 Danza de cuervos y duelo de guerreros
22 "Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23 "Una manera de mantenerte atada a mí"
24 Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25 Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26 "Y llegará el día de tu regreso"
27 "Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28 "Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29 "Para mi querida Inna"
30 "Hasta que pueda volver a verte"
31 El niño que provino de las estrellas
32 Un silencioso grito, un agonizante corazón
33 "A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34 En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35 El reino sobre las montañas (primera parte)
36 El reino sobre las montañas (segunda parte)
37 El reino sobre las montañas (tercera parte )
38 El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39 Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40 Un deseo del corazón.
41 Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42 El camino del buen aprendiz
43 "Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44 La última esperanza
45 Justicia y venganza
46 "Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47 "Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48 El rey sin corazón (primera parte)
49 El rey sin corazón (segunda parte)
50 Nido de buitres
51 Los pecados de los desventurados
52 "La perfecta forma de atraerte a mí"
53 El destino de una rosa
54 La promesa (primera parte)
55 La promesa (segunda parte)
56 La dama de hierro
57 Primer movimiento
58 "Y he aquí la voluntad de los dioses"
59 "Una brecha entre tú y yo"
60 "Mantén tu espada en alto, guerrera"
61 El ángel que salvaguarda desde las sombras
62 "Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63 La flor de la locura (primera parte)
64 La flor de la locura (segunda parte)
65 La flor de la locura (tercera parte)
66 Tan brillante como las estrellas
67 "En camino a la gloria"
68 "El clamor de los rebeldes"
69 Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70 "Prisionera entre mis manos"
71 El inicio del fin (primera parte)
Capítulos

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"Fortuna emperatrix mundi"
2
"Y en mis sueños yo puedo tocar el cielo y volar hacia la libertad"
3
Una dama inquebrantable
4
"Y el gorrión rompió la jaula y voló lejos hacía la libertad"
5
El gran duque Asteria
6
"El enemigo de mi enemigo, es mi amigo"
7
"Desde el reino de la nada yo la he guiado hacia ti"
8
En lo profundo del bosque
9
"Érase una vez, un reino de cuervos"
10
"Hacia lo alto, más allá de las estrellas, ellos vuelan hacia su libertad"
11
Llévame...hacía la eternidad
12
La agonía de un príncipe cuervo
13
La venganza de los condenados
14
El camino hacia la venganza, empieza con la espada
15
"Su luz me llena de calma, alivia mi dolor"
16
"¿Porque deseas salvarme?"
17
“Vuela tan alto que las manos de los mortales no puedan alcanzarte”
18
El camino del buen caballero
19
"¿Quién se levantará para salvarnos?"
20
El corazón de un cuervo
21
Danza de cuervos y duelo de guerreros
22
"Hasta que el viento del oeste te devuelva a mis brazos una vez más"
23
"Una manera de mantenerte atada a mí"
24
Aquel que logré hacerse de la gloria (primera parte)
25
Aquel que logré hacerse con la gloria (segunda parte)
26
"Y llegará el día de tu regreso"
27
"Y en mis brazos estarás sano y salvo"
28
"Yo extenderé mis manos sobre ti, yo sacaré tus lágrimas"
29
"Para mi querida Inna"
30
"Hasta que pueda volver a verte"
31
El niño que provino de las estrellas
32
Un silencioso grito, un agonizante corazón
33
"A ella quien me ha devuelto la esperanza, yo le otorgo mi lealtad"
34
En las alturas yacen los nidos de los cuervos
35
El reino sobre las montañas (primera parte)
36
El reino sobre las montañas (segunda parte)
37
El reino sobre las montañas (tercera parte )
38
El reino sobre las montañas (cuarta parte)
39
Y él, que fue bendito por la luna, conquistó la muerte.
40
Un deseo del corazón.
41
Un mundo de nadie, un pueblo maldito: Old Town
42
El camino del buen aprendiz
43
"Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis"
44
La última esperanza
45
Justicia y venganza
46
"Aquella que giró los engranajes del tiempo" (Primera parte)
47
"Aquella que giró los engranes del tiempo" (Segunda parte)
48
El rey sin corazón (primera parte)
49
El rey sin corazón (segunda parte)
50
Nido de buitres
51
Los pecados de los desventurados
52
"La perfecta forma de atraerte a mí"
53
El destino de una rosa
54
La promesa (primera parte)
55
La promesa (segunda parte)
56
La dama de hierro
57
Primer movimiento
58
"Y he aquí la voluntad de los dioses"
59
"Una brecha entre tú y yo"
60
"Mantén tu espada en alto, guerrera"
61
El ángel que salvaguarda desde las sombras
62
"Y dile a ella, que el miedo no yace en mi interior"
63
La flor de la locura (primera parte)
64
La flor de la locura (segunda parte)
65
La flor de la locura (tercera parte)
66
Tan brillante como las estrellas
67
"En camino a la gloria"
68
"El clamor de los rebeldes"
69
Hasta el fin del universo y en lo profundo del averno
70
"Prisionera entre mis manos"
71
El inicio del fin (primera parte)

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