Regreso a mi escritorio y anoto a todos los pacientes en una lista, para luego ir llamándolos uno por uno. Apunto los números de récord para ir a buscarlos, pero escucho la voz del doctor en el intercomunicador y dejo lo que estoy haciendo para ir inmediatamente a su oficina. Él se encuentra de pie frente a su escritorio, colocándose la bata. Su oficina se ha inundado del perfume varonil que trae puesto.
—Buenos días, doctor— saludo, ya que se me quería caer la cara de la vergüenza luego de lo ocurrido.
—Tenga— extiende unos billetes y los sostengo—. Hay treinta de cambio. La caja está guardada en la segunda gaveta de su escritorio. Todos los días debe pedirme el cambio, para que luego no me interrumpa mientras esté atendiendo un paciente.
—Perfecto.
—¿Ya le dijeron sobre sus obligaciones?
—No todo. De hecho, aún debo familiarizarme con mi área de trabajo.
—¿Suele vestirse así todo el tiempo?— su pregunta me confunde, pero más me incomoda la forma en que mira mis piernas.
—¿Disculpe?
—Con falda y medias.
—Sí. ¿Considera que no es adecuado presentarme así a la oficina? De ser así, mañana mismo cambio de vestimenta.
—No está nada mal, solo que debería estar más atenta.
—No volverá a ocurrir lo de hace un momento, doctor.
—No es importante. ¿Ya atendió al primer paciente? Hágalo pasar.
—Aún no. Debo buscar su expediente manual.
—Tan pronto lo tenga preparado, hágalo pasar.
—Gracias, doctor. Permiso— salgo de su oficina.
Voy directamente al cuarto de los expedientes y busco los primeros tres para ir adelantando. Tan pronto le tomo el peso al paciente, saco copia a su tarjeta de plan médico y le hago firmar la hoja de factura, le envío el expediente electrónico al doctor y traigo el manual en mano. Entro a la oficina y hago pasar a la paciente conmigo, él le sonríe a ella y me le quedo viendo por esa sonrisa tan atractiva que tiene. Ni siquiera mi antiguo jefe era tan apuesto. Es una lástima que suela ser tan serio y lucir tan amargado.
Regreso a mi escritorio y procedo a continuar con el trabajo. Ha habido mucho trabajo retrasado y los pacientes están cada vez tocando la ventanilla. Quería hacer todo a la vez, pero se me hace complicado. El doctor ha tardado mucho con la paciente que tiene y los demás han estado impacientes. En el momento que sale, trato de atenderla para darle todo lo que el doctor le ha dejado dentro del récord.
—Pasa al siguiente— pide el doctor por el intercomunicador.
Me apresuro tanto a pasar al siguiente que, a la paciente que debía atender, se fue y olvidé cobrarle el deducible. Antes de decirle algo al doctor, opto por buscar su número de teléfono para llamarle, pero no responde. Estoy cometiendo muchos errores. Viendo a una de mis compañeras, vuelvo a pedirle ayuda. Le cuento sobre lo sucedido y me observa detenidamente.
—Lo mismo le ocurrió a la otra secretaria y el doctor se puso furioso. No trabajo en tu área, solamente con los pacientes del asilo, así que no tengo conocimiento de tu trabajo. Lo único que puedo hacer es decirle al doctor por ti sobre lo ocurrido.
—No, eso lo puedo hacer yo.
—No deberías ser tan distraída. Es dinero que el doctor pierde.
—Lo siento mucho.
—No te disculpes conmigo, es con el doctor que debes disculparte. Por cierto, ¿qué edad tienes?
—24, ¿y tú?
—¿Por qué no respondes? — escucho la voz del doctor detrás de mí y volteo para enfrentarlo—. Durante horas laborales está prohibido hablar sobre temas no relacionados a la oficina. Hay mucho trabajo pendiente y estoy retrasado porque está distante de su escritorio y no atendió mi llamada.
—Lo siento mucho, doctor. Estábamos hablando sobre temas de la oficina—digo.
—Lo que sucede es que su secretaria dejó ir a la paciente sin cobrarle el deducible, y no encontraba la forma de decírselo, doctor.
—Eso no es cierto. Precisamente iba a ir a su oficina a decirle, doctor— me defiendo.
—¿Llamaste a la paciente? — cuestiona disgustado.
—Sí, pero no responde.
—Deje una nota en su récord para que cuando regrese pueda cobrarle.
—Lo haré de inmediato, doctor.
—Acompáñame— camina hacia su oficina y voy detrás de él—. ¿Sabe cómo preparar un certificado de salud?
—No, nunca he realizado uno.
—Le administro la tuberculina y le envío a hacer una prueba de VDRL. A los dos días regresa el paciente para leerse los resultados y para la preparación de su certificado. El resultado debe ser negativo para poder realizarse. Tiene un costo de $30.00. La Sra. Maritza ya se había realizado todo, solamente necesito que prepare el certificado. ¿Alguna vez ha utilizado una máquina de escribir?
—No, doctor.
—Regreso enseguida, Sra. Maritza.
Salimos de su oficina y caminamos al cuarto de expedientes. Hay una mesa donde se encuentra la máquina de la que habló y, es que ni la había visto antes. El doctor alcanza una silla y la señala para que me siente.
—Esto tomará algo de tiempo. Procure recordar lo que voy a enseñarle— conecta la máquina y saca un certificado en blanco, luego lo coloca dentro—. Si comete errores, no se preocupe, se puede borrar. Ponga sus manos en las teclas— hago lo que pide y sus manos se posan sobre las mías—. Debe poner las manos de esta forma para que, sin querer, no vaya a darle a la tecla de borrar— sus manos son suaves y mucho más grandes que las mías, no me había percatado de lo cerca que se encuentra, hasta ese momento que levanto la mirada. Su barba está refinada y su piel se ve muy limpia y blanca—. Procure acordarse de todo lo que hago— se me grabó hasta su olor.
Agito la cabeza al tener esos pensamientos impuros. Él es mi jefe y solamente me está ayudando, además de que es un amargado.
—Sí, he grabado todo con lujo de detalles— respondo embobada.
—¿Habla de mí o de lo que le estoy enseñando? — arquea una ceja, y casi mi cabeza explota.
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Comments
Yoha D' Boliivarr
hay pobrecita lo bueno es que tiene un buen colirio para los ojos 🤭🤭 jaja
2025-02-26
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rubi salgado
hay amiga pon atención o ceras despedida y eso no lo queremos
2024-11-29
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dies cas
jajaja /Facepalm//Facepalm/ el.primee día y están bien embolatada jajaja
2024-09-09
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